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San Manuel González. Obispo de los Sagrarios abandonados y modelo de catequista.

Con gran alegría, muchos cristianos hemos recibido la noticia de la canonización por parte del Papa Francisco de D. Manuel González, Obispo que sirvió al Pueblo de Dios en Málaga y en Palencia.

Como comentaré mas adelante, de su vida y enseñanzas podemos sacar amplio provecho, en mi modesta opinión, también en el ámbito de nuestra Iglesia castrense. D. Manuel nunca fue militar, pero fue un gran español y de sus virtudes podemos obtener un recio ejemplo de fe, alegría, servicio  y cercanía con aquellos mas pobres, especialmente los que padecen de ignorancia religiosa.

De lo mucho que hay sobre su biografía, encontré el siguiente resumen:

Sevillano. Nació en 1877 en el seno de una familia humilde y profundamente religiosa. Su padre, Martín González Lara, era carpintero, mientras su madre Antonia se ocupaba del hogar. Ya de pequeño sirvió como seise en la Catedral de Sevilla.

Se ordenó sacerdote en 1901 y siendo todavía un cura joven, se comprometió a predicar unas misiones en el pueblo de Palomares del Río. Esperando y gozando con lo que suponía iba a  encontrar allí pastoralmente (grandes conversiones, gentes devotas, etc…), allí vivió  la frialdad de un pueblo descreído que le recibió con indiferencia.  Pero hubo algo peor que le produjo una sacudida al corazón, algo que cambió su vida: a Jesús Abandonado, en un Sagrario  sucio y olvidado.

”¡Qué esfuerzos tuvieron que hacer allí – nos cuanta él mismo – mi fe y mi valor para no volver a tomar el burro que aún estaba amarrado a los aldabones de la puerta de la iglesia y salir corriendo para mi casa! Pero no huí. Allí me quedé un rato largo y allí encontré mi plan de misión y alientos para llevarlo a cabo: pero sobre todo encontré… allí, de rodillas ante aquel montón de harapos y suciedades, a través de aquella puertecilla apolillada a un Jesús tan callado, tan paciente, tan desairado, tan bueno, que me miraba…”

Fue su ideal para toda la vida. Servir a jesucristo, y llamar a acompañar especialmente aquellos sagrarios donde el Maestro residía abandonado en medio de la indiferencia de los no creyentes, pero sobre todo ante la indiferencia de los cristianos.

Fue llamado a ser el Obispo de Málaga, donde entre otras cosas construyó el actual seminario, sembrado de detalles catequéticos y amor   al sacerdocio católico.

Tengo que contar una anécdota que escuché de labios del sacerdote  que me condujo al sacerdocio, D. José Jiménez Juárez, canónigo malagueño, discípulo de este santo obispo y condiscípulo de varios mártires, entre ellos del ya beatificado Diácono Juan Duarte. No creo descubrir nada que no esté ya relatado seguramente en algún estudio por ahí...

Tras construirse el Seminario de Málaga en su actual emplazamiento sobre un cerro, se planteó el problema de como llevar el agua hasta allí. El tema se puso tan complicado que D. Manuel pidió que todo el Seminario mayor y menor, por turnos de vela ante el Señor en la custodia, pidieran a Jesús el agua tan necesitada. Y efectivamente, tras 24 horas de peticiones de los seminaristas, D. Manuel indicó el sitio donde se debía buscar...y se encontró un magnífico manantial que surte agua de excelente calidad hasta hoy  .

También en Málaga, donde vivió  tantos gozos, el Señor le reservaba cruz, y fue perseguido por los intolerantes de la época,  En 1931, incendiada su casa, y para salvar la vida,  hubo de huir a Gibraltar. Ni siquiera en este destierro dejo de catequizar a cuantos chiquillos se encontraba por la calle.

En plena guerra civil, el Papa lo manda a Palencia, donde estuvo hasta su muerte en Madrid en 1940.

¿Y cual es la relación que veo de este nuevo santo con la pastoral castrense?

Desde nuestra pertenencia a nuestra Iglesia diocesana nos hacemos partícipes de todos los gozos y dificultades de la Iglesia Universal, y por ello, también la Iglesia castrense se encuentra empeñada en una  Nueva Evangelización.

D. Manuel fue un hombre que tuvo de adaptarse a las difíciles circunstancias del momento histórico que le toco vivir, pero  fue también un adelantado en la Iglesia de su tiempo. Su amor por Jesucristo Eucaristía marca su vida, pero es también muy importante la dimensión pastoral y catequética de este santo Obispo. Pienso que  podemos encontrar en sus escritos  multitud de sugerencias pastorales absolutamente validas para nuestra misión evangelizadora castrense, especialmente para los sacerdotes y -como no-  para la catequesis, pues fue D. Manuel un gran catequista de la gente sencilla.

 Cuando hoy en día la reflexión teológica guiada por el Magisterio del Concilio Vaticano II y de los últimos grandes papas nos habla de una Nueva Evangelización y de como ésta debe realizarse por medio de una adaptación al hombre de hoy y a la diversidad cultural, en D. Manuel encontramos un pastor alegre, acogedor, comprensivo, animoso en la búsqueda de aquellos medios y tiempos para presentar a Jesucristo de una manera atractiva y hasta graciosa. Graciosa en lo espiritual y graciosa y simpática en lo humano, ya que D. Manuel era un andaluz que ejercía de tal, y le costaba comprender a un catequista gruñón o a un  sacerdote avinagrado.

De sus primeros años de sacerdocio abundan anécdotas divertidas que contagian alegría y entusiasmo por el apostolado aún en los momentos mas difíciles. Sabia adaptar su apostolado a las circunstancias, abriendo la iglesia a la hora en que los obreros pasaban cerca para que pudieran entrar. Y animaba a los catequistas a buscar los niños en la calle y darles allí mismo la catequesis, si es que era difícil hacerlo en la escuela o la parroquia. En definitiva,una pastoral que acoge , de puertas abiertas, pero que  también se apresta a salir a la búsqueda de la oveja perdida.

También los capellanes castrenses, a veces, nos encontramos con sagrarios desiertos. También, a veces , hemos de salir a buscar nuestros fieles, acercarnos a ellos allí donde se encuentran, en su labor profesional de servicio a la paz entre las armas...Y hemos de idear como evangelizar, como catequizar allí donde podamos y de la manera que las circunstancias permitan. Y por todo  ello podemos recordar las palabras que tantas veces ha repetido nuestro Arzobispo, D. Juan del Río, llamando a tener las puertas de nuestras capillas y de nuestras parroquias siempre abiertas. Abiertas en lo humano,y abierta en su materialidad.

El capellán castrense, en palabras de nuestro Arzobispo, de cara a una Nueva Evangelización, es heraldo de la alegría, y se nos pide ser alegres siempre.

Véase de cuanto ejemplo nos puede servir San Manuel González, aunque no fuera militar.

Desde el lugar donde descansan sus restos, por decisión  suya se puede leer este epitafio a modo de postrera y permanente catequesis...“Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, esté siempre diciendo a los que pasen: ¡Ahí esta Jesús!, ¡Ahí está! ¡

                                                                                                   

                                                                                                       M.Gómez

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