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Apuntes para la vida: Vivir de Apariencias Destacado

El hombre tiende a buscar la recompensa y el aplauso fácil en esta vida. Cuando esto desborda los justos límites del deseo, se convierte en una forma de existencia. Es lo que está sucediendo en la actualidad, donde el cultivo de la imagen, en el marco de lo políticamente correcto, lo invade todo. La sociedad presente, es como un gran plató donde hay que mostrar el mejor perfil a costa de lo que sea. Se ha instalado la guerra de las vanidades sustentada por la supremacía de la mentira, llamada hoy “postverdad”. Ya no interesa tanto la honesta identidad, ni la verdad de los hechos, ni la satisfacción del deber cumplido. Lo único importante es situarse en la “cresta de la ola” de lo social, profesional o político, prescindiendo de cualquier referencia ética. Para esto, si es necesario, se manipula la propia realidad, se falsifica la histórica y se rompe la conexión entre la razón y el comportamiento.

Así tenemos que el individuo, se encuentra expuesto a un exhibicionismo social, representando en cada momento lo que verdaderamente no es. Las razones para vivir de las apariencias pueden ser muchas: ocultar errores, sacar beneficios económicos, búsqueda de honores, herir a otras personas, evitar explicaciones, etc. Estos bienes son superficiales y son comparables a la espuma, al humo o al sueño, ya que la vanidad anula el buen sentido, nos aleja del mundo real y es la causa principal de las corrupciones de todo tipo.

La vanidad y la mentira se convierten en armas políticas y económicas cuyos efectos han sido amplificados por las nuevas tecnologías. Los poderosos de turno, han hecho del mentir una nueva cultura, donde los expertos en “ingeniería social” estudian y maniobran los sentimientos de la gente, aún los más sagrados. Lo peor, es que cuando se vive de pura apariencia, uno termina creyéndose las propias mentiras y se resiste a la verdad edificante que se pueda presentar. En palabras del Papa Francisco, estamos ante una enfermedad social que es: “la osteoporosis del alma: los huesos desde afuera parecen buenos, pero dentro están todos corroídos. La vanidad nos lleva al engaño”.

Ya el sabio del Eclesiástico decía: “guardate de mentir y de añadir mentiras a mentiras, que eso no acaba bien” (7,12). La mentira acarrea enfrentamientos y hace imposible la vida social. Jesús nos alerta que no hay nada oculto que no salga a la luz (cf. Lc 8,12; Mc 4,22). Tengamos confianza, al final, más tarde o más temprano, el “esplendor de la verdad” ilumina la inteligencia y modela la libertad del hombre, para edificar una sociedad más libre, donde brille la verdad que conduce a la paz.

 

+ Juan Del Río Martín
Arzobispo Castrense de España

 

 

Modificado por última vez en Jueves, 26 Abril 2018 09:26

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