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El Bautismo Cristiano

bautismo de jesus1El episodio del rio Jordán, donde Jesús se hizo bautizar lo encontramos en los cuatros evangelistas: ¿Cómo Aquel que va redimir al hombre y no debe tener pecado, realiza este gesto de purificación? Para manifestar desde el principio de su vida pública su solidaridad con todos los pecadores. Su misión no será otra que donde “abundó el pecado, sobre abunde la gracia” (Rom 5,20). Él, por ser de naturaleza divina, estaba libre de pecado, no necesitaba ninguna ceremonia catártica. De está manera, el bautismo pasa a ser para el cristiano la inmersión total en la vida de Jesucristo.

El milagro de la Teofanía en el Bautismo del Señor continúa realizándose en el seno de la comunidad de sus discípulos. Porque mediante el bautismo en Cristo, somos incorporados a su Cuerpo que es la Iglesia. En ella, recibimos del don de la fe y la gracia de los sacramentos, somos consolados con el bálsamo del perdón y del reencuentro con Dios, se percibe el gozo de la asamblea de los bautizados y bajo su “sombra” caminamos en este “valle de lagrimas” hacia la patria celestial donde esperamos encontrarnos con la “Gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo” (Tit 3,4).

Estamos ante un hecho de la vida de Jesús, que contiene en sí algo profundamente misterioso y que reclama una actualización continua en nuestras vidas. Preguntémonos:¿cómo vivimos nuestro bautismo? ¿Somos apóstoles y testigos ante el mundo de esta hermosa realidad de ser “hijos en el Hijo”? La gracia bautismal debe marcar toda nuestra existencia cristiana.

Por eso mismo, lo primero que debemos percatarnos es que la conversión y purificación personal es algo sustancial para descubrir y aceptar a Jesucristo como nuestro Salvador. Segundo, quienes acogen a Jesús, han de realizar también su propia misión, que no es otra que prolongar en el mundo la liberación de las ataduras del pecado que esclaviza a la humanidad. Tercero, la vida cristiana tiene como uniforme la humildad, porque lo nuestro no es seguir e imitar a los poderosos de este mundo, sino a Aquel que siendo de condición divina “fue contado entre pecadores”. De ahí que, por el sacramento del Bautismo debemos ser “otro Cristo” para los demás.

Juan del Río Martín
Arzobispo Castrense de España

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