900px Escudo de España mazonado.svg    et    armada    escudo ejercito del aire    EscudoGuardiaCivil.svg    National Police Corps of Spain Badge.svg

Apuntes para la vida: Pascua del Espíritu

La cincuentena pascual finaliza con el día de Pentecostés, en el cual se conmemora la efusión del Espíritu Santo sobre los discípulos en Jerusalén, el inicio de la marcha de la Iglesia y el envío de los apóstoles a proclamar a las naciones el Evangelio de Cristo (cf.  Hech 2, 1-11).

 Esto no es algo que pasó y poco tiene que ver con el presente, sino que se realiza y actualiza en cada Pentecostés. El mismo fuego del Espíritu que prendió en los discípulos que, “perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María la madre de Jesús” (Hech 1,14), ese acontecimiento se repite en el alma de los creyentes y del nuevo Pueblo de Dios. La Virgen y los apóstoles son referentes obligados de cómo hemos de recibir al Espíritu Divino, que nos capacita para confesar nuestra fe en Cristo, Dios y hombre verdadero.

La historia del arte representa a Nuestra Señora en el centro del coro de los apóstoles. Ese lugar privilegiado nos habla de cómo Ella es el camino recto para encontrarnos con su Hijo y es escuela de oración para aprender hablar con Dios y servir a los hermanos. Por ello, cuando la Iglesia busca a Cristo, llama siempre a la casa de la Madre y le pide: “muéstranos a Jesús”.

Los discípulos, pensaban que después de la crucifixión de su Maestro, pronto vendrían por ellos. En ese ambiente temeroso, celebraban el Pentecostés hebreo, que rememoraba la entrega a Moisés de la Ley. Sucedió un hecho que no esperaban (cf. Hech 2,14-41): el Espíritu del Resucitado se manifestó y se posó sobre cada uno de ellos, recibieron la Nueva Ley del Amor inscrita, no en piedra, sino en sus corazones y se vieron transformados en testigos valientes de Jesucristo, Hijo de Dios vivo, Salvador y Redentor del mundo.

Esta experiencia de la Iglesia primitiva, nos enseña a reconocer y orar al Espíritu Santo, Tercera Persona de la Trinidad, Defensor y Consolador de los seguidores de Jesús, Principio de la Iglesia: “Padre amoroso del pobre…dulce huésped del alma…brisas en las horas de fuego…  sana el corazón enfermo…reparte tus siete dones…salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno” (Secuencia).

Arzobispo Castrense de España

Volver
facebook_page_plugin