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Apuntes para la vida: Iglesia en Salida

El pontificado de Francisco está acentuando la acción misionera de la fe. El concepto “Iglesia en salida”, nos remite a que miremos al primer Pentecostés, de cómo Pedro y los demás apóstoles entendieron que no debían quedarse encerrado en el cenáculo, sino expandir el Evangelio a todas las gentes.

Jesús de Nazaret ha querido que su Iglesia fuera la continuación viva de su presencia salvadora en medio del mundo: “como el Padre me ha enviado, así también os envió yo”(Jn 19,20), pero “Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él” (Jn 3, 17). Así, por la ley del misterio de la Encarnación del Verbo, el anuncio del Evangelio se incorpora en cada cultura, pueblo y época. De ahí, que el tema central de la tarea evangelizadora de todos los tiempos, no puede ser otro que Dios revelado en Cristo como Redentor y Salvador de los hombres: “Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia” (Col 1,17; cf. Ap 22,13).

El Concilio Vaticano II fue un don del Espíritu que dispuso a la Iglesia del siglo XX para enfrentarse con los desafíos de la modernidad. Sin sus documentos y el magisterio de los últimos Papas no estaríamos hablando hoy de “nueva evangelización”. La acción misionera en el nuevo milenio, no puede ser una reduplicación de la primera, ni una táctica proselitista. Es ante todo, una renovación espiritual de la vida de las Iglesias locales, que requiere clara identidad cristiana, coraje para atreverse a transitar por los actuales escenarios culturales, utilizar nuevos métodos, tener un leguaje comunicativo que llegue a la gente. Y sobre todo, ilusionarse con el anuncio a las naciones de la alegría del Evangelio que: “llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús” (Francisco, EG, 1).

Los cristianos, como bautizados en Cristo, somos “discípulos misioneros”, que por medio del testimonio de vida, hacemos realidad el misterio amoroso de una Iglesia joven, alegre y servidora de los pobres. De esta forma, será signo de esperanza en la complejidad de la sociedad actual.

Juan del Río Martín
Arzobispo Castrense de España

 

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