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Meditación del Papa Francisco sobre la resurrección de Cristo

“El cuerpo no es un obstáculo o una prisión del alma”: el Papa Francisco recuerda la concepción cristiana del cuerpo al meditar en la aparición de Cristo relatada por el Evangelio de este domingo (Lc 24, 35-48). ).

“El cuerpo es creado por Dios y el hombre no está completo hasta que sea una unión de cuerpo y alma”, explicó el Papa antes de la oración mariana de Regina Caeli, este 15 de abril de 2018, en la Plaza de San Pedro.

“Jesús, que venció la muerte y resucitó en cuerpo y alma, nos hace comprender que debemos tener una idea positiva de nuestro cuerpo”, insistió el Papa.

Deploraba los ataques contra los cuerpos de las víctimas de la “esclavitud” moderna como ataques al cuerpo de Cristo.

Pero es toda la historia humana atravesada por la resurrección de Cristo y el Papa ha invitado a “resaltar la novedad de la vida que él siembra en la historia,para guiarla hacia los cielos nuevos y una tierra nueva”.

Palabras del Papa antes del Regina Caeli

Queridos hermanos y hermanas. ¡Buenos días!.

En el centro de este tercer domingo de pascua está la experiencia del resucitado hecha por sus discípulos esto está evidenciado especialmente por el evangelio y nos introduce una vez más en el Cenáculo donde Jesús se manifiesta a los apóstoles dirigiendo a ellos este saludo: “Paz a ustedes” (Lc 24, 36). Se trata de la paz interior y de la paz que se establece en las relaciones entre las personas.

El episodio relatado por el evangelista Lucas insiste mucho en el realismo de la Resurrección, Jesús no es un fantasma. De hecho no se trata de una aparición del alma de Jesús sino de su presencia real con el cuerpo resucitado.

Jesús se da cuenta que sus apóstoles están turbados al verlo, están desconcertados porque la realidad de la Resurrección es para ellos inconcebible. Creen que ven un fantasma; pero Jesús resucitado no es un fantasma, es un hombre con cuerpo y alma y por esto les dice a ellos: “miren mis manos y mis pies: soy realmente yo” “Tóquenme y mírenme; un fantasma no tiene carne y huesos, como ven que yo tengo” (v 39). Y porque esto no parece bastar para vencer la incredulidad de los discípulos. El Evangelio dice una cosa interesante: era tanta la alegría que tenían dentro que no lo podían creer: “¡tanta alegría no es posible!”, decían los discípulos, entonces Jesús les dice a ellos ¿tienen aquí algo para comer? (v 41).  Le ofrecieron pescado; Jesús lo toma y se lo come delante de ellos, para convencerlos.

La insistencia de Jesús sobre la realidad de la Resurrección ilumina la perspectiva cristiana sobre el cuerpo, eso no es un obstáculo o una prisión del alma, el cuerpo está creado por Dios y el hombre no es completo si no está en unión de cuerpo y alma.

Jesús que ha vencido la muerte y es resucitado en cuerpo y alma nos hace entender que debemos tener una idea positiva de nuestro cuerpo, eso no puede transformarse en ocasión o instrumento de pecado, porque el pecado no es provocado por el cuerpo sino por nuestra debilidad moral, el cuerpo es un don estupendo de Dios destinado en unión con el alma a expresar en plenitud la imagen y semejanza con él, por lo tanto estamos llamados a tener un gran respeto y cuidado de los demás.

Toda ofensa, herida o violencia al cuerpo de nuestro prójimo es un ultraje a Dios creador, mi pensamiento va en particular a los niños, a las mujeres, a los ancianos maltratados en el cuerpo, en la carne de estas personas nosotros encontramos el cuerpo de Cristo burlado, calumniado, humillado, flagelado, crucificado.

Jesús nos ha enseñado el amor, un amor que en la Resurrección se ha demostrado más poderoso que el pecado y la muerte y quiere redimir a todos aquellos que experimenten en el propio cuerpo la esclavitud de nuestros tiempos.

En un mundo donde prevalece muchas veces la prepotencia contra el más débil y el materialismo que sofoca el espíritu, el Evangelio de hoy nos llama a ser personas capaces de mirar en profundidad llenas de estupor y de alegría grande por haber encontrado al Señor resucitado, nos llama a ser personas que saben recoger y valorizar la novedad que él siembra en la historia para orientarla hacia cielos nuevos y tierra nueva; nos sostenga en este camino la Virgen María a cuya intercesión materna nos confiamos con confianza.

 

 

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