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En la Base Coronel Maté en las actividades deportivas y de festividad de San Juan Bosco, patrono de los especialistas, se ha realizado una recogida de alimentos para Caritas Castrense Base Coronel Maté, Colmenar Viejo, que donará al Orfanato Madre Teresa de África (Malí). 

1ª lectura: Por fe, conquistaron reinos. Dios tendrá preparado algo mejor a favor nuestro.

Lectura de la carta a los Hebreos 11, 32-40

Hermanos:

¿Para qué seguir? No me da tiempo de referir la historia de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel
y los profetas; estos, por fe, conquistaron reinos, administraron justicia, vieron promesas cumplidas, cerraron
fauces de leones, apagaron hogueras voraces, esquivaron el filo de la espada, se curaron de enfermedades,
fueron valientes en la guerra, rechazaron ejércitos extranjeros; hubo mujeres que recobraron resucitados a sus
muertos. Pero otros fueron torturados hasta la muerte, rechazando el rescate, para obtener una resurrección
mejor. Otros pasaron por la prueba de las burlas y los azotes, de las cadenas y la cárcel; los apedrearon, los
aserraron, murieron a espada, rodaron por el mundo vestidos con pieles de oveja y de cabra, faltos de todo,
oprimidos, maltratados; el mundo no era digno de ellos: vagabundos por desiertos y montañas, por grutas y
cavernas de la tierra. Y todos éstos, aun acreditados por su fe, no consiguieron lo prometido; porque Dios tenía
preparado algo mejor a favor nuestro, para que ellos no llegaran sin nosotros a la perfección.

Salmo: Sal 30, 20. 21. 22. 23. 24
R. Sed valientes de corazón los que esperáis en el Señor.

Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para los que te temen,
y concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos. R.

En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas;
los ocultas en tu tabernáculo,
frente a las lenguas pendencieras. R.

Bendito sea el Señor,
que ha hecho por mí
prodigios de misericordia
en la ciudad amurallada. R.

Yo decía en mí ansiedad:
«Me has arrojado de tu vista»;
pero tú escuchaste mi voz suplicante
cuando yo te gritaba. R.

Amad al Señor, fieles suyos;
el Señor guarda a sus leales,
y a los soberbios
les paga con creces. R.

Aleluya Lc 7, 16
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Un gran Profeta ha surgido entre nosotros.
Dios ha visitado a su pueblo. R.

 

Evangelio: Espíritu inmundo, sal de este hombre.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 5, 1-20

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos.

Apenas desembarcó, le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo.

Y es que vivía entre los sepulcros; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado
con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para
dominarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras.

Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó con voz potente:

«¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes».
Porque Jesús le estaba diciendo:

«Espíritu inmundo, sal de este hombre». Y le preguntó:

«¿Cómo te llamas?». Él respondió:

«Me llamo Legión, porque somos muchos».

Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.

Había cerca una gran piara de cerdos paciendo en la falda del monte. Los espíritus le rogaron:

«Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos».

Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos
dos mil, se abalanzó acantilado abajo al mar y se ahogó en el mar. Los porquerizos huyeron y dieron la
noticia en la ciudad y en los campos. Y la gente fue a ver qué había pasado.

Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su
juicio. Y se asustaron.

Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban
que se marchase de su comarca. Mientras se embarcaba, el que había estado poseído por el demonio le
pidió que le permitiese estar con él. Pero no se lo permitió, sino que le dijo:

«Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia
de ti».

El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él;
todos se admiraban.

1ª lectura: Dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre.

Lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13

Buscad al Señor, los humildes de la tierra, los que practican su derecho, buscad la justicia, buscad la
humildad, quizá podáis resguardaros el día de la ira del Señor.

Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor. El resto
de Israel no hará más el mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca.

Pastarán y descansarán, y no habrá quien los inquiete.

Salmo: Sal 145, 6c-7. 8-9a. 9bc-10
R. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino
de los cielos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos. R.
El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.

El Señor guarda a los peregrinos. R.
Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R.


2ª lectura: Dios ha escogido lo débil del mundo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 26-31

Fijaos en vuestra asamblea, hermanos, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos,
ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo
débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.

Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta,
de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el
cual se ha hecho para nosotros sabiduría, de parte de Dios, justicia, santificación y redención.

Y así - como está escrito -: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».

Aleluya Mt 5, 12a
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Alegraos y regocijaos,
porque vuestra recompensa será grande en el cielo. R.

 

Evangelio: Dichosos los pobres en el espíritu.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo
su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi
causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

1ª lectura: Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.

Lectura de la carta a los Hebreos 11, 1-2. 8-19

Hermanos:

La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve. Por ella son recordados los antiguos.

Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin
saber adónde iba.

Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas, y lo mismo Isaac y Jacob,
herederos de la misma promesa, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y
constructor iba a ser Dios.

Por fe, también Sara, siendo estéril, obtuvo “vigor para concebir” cuando ya le había pasado la edad,
porque consideró fiel al que se lo prometía.

Y así, de un hombre, marcado ya por la muerte, nacieron hijos numerosos, como las estrellas del cielo
y como la arena incontable de las playas.

Con fe murieron todos estos, sin haber recibido las promesas, sino viéndolas y saludándolas de lejos,
confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan están buscando
una patria; pues, si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver.

Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.

Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.

Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; ofreció a su hijo único, el destinatario de la promesa,
del cual le había dicho Dios: «lsaac continuará tu descendencia». Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder
hasta para resucitar de entre los muertos, de donde en cierto sentido recobró a Isaac.

Salmo: Lc 1, 69-70. 71-72. 73-75
R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo.

Suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas. R.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza. R.

Y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán para concedernos
que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días. R. 

Aleluya Cf. Jn 3, 16
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Tanto amó Dios al mundo,
que entregó a su Unigénito;
todo el que cree en él tiene vida eterna. R.

 

Evangelio: ¿Quién es este? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 35-41

Aquel día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos:

«Vamos a la otra orilla».

Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó
una fuerte tempestad, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa,
dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole:

«Maestro, ¿no te importa que perezcamos?». Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar:

«¡Silencio, enmudece!».

El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo:

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Se llenaron de miedo y se decían unos a otros:

«¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!». 

1ª lectura: Soportasteis múltiples combates. No renunciéis, pues, a la valentía.

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 32-39

Hermanos:

Recordad aquellos días primeros, en los que, recién iluminados, soportasteis múltiples combates y
sufrimientos: unos expuestos públicamente a oprobios y malos tratos; otros solidarios de los eran tratados
así. Compartisteis el sufrimiento de los encarcelados, aceptasteis con alegría que os confiscaran los bienes,
sabiendo que teníais bienes mejores, y permanentes. No renunciéis, pues, a vuestra valentía, que tendrá
una gran recompensa.

Os hace falta paciencia para cumplir la voluntad de Dios y alcanzar la promesa.

«Un poquito de tiempo todavía, y el que viene llegará sin retraso; mi justo vivirá por la fe, pero si se
arredra le retiraré mi favor». Pero nosotros no somos gente que se arredra para su perdición, sino hombres
de fe para salvar el alma.

Salmo: Sal 36, 3-4. 5-6. 23-24. 39-40
R. El Señor es quien salva a los justos.

Confía en el Señor y haz el bien,
habitarás tu tierra y reposarás en ella en fidelidad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón. R.

Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él actuará:
hará tu justicia como el amanecer,
tu derecho como el mediodía. R.

El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus caminos;
si tropieza, no caerá,
porque el Señor lo tiene de la mano. R.

El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los salva porque se acogen a él. R.

Aleluya Cf. Mt 11, 25
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.

 

Evangelio: Un hombre echa semilla y duerme, y la semilla va creciendo sin que él
sepa cómo.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús decía al gentío:

«El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta
de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola:

primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque
ha llegado la siega». Dijo también:

«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza:

al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta
que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar a su sombra».

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo
exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

El jueves 19 de enero el Arzobispo Castrense, recibió la visita del sacerdote D. Juan Antonio Ruiz Rodrigo, director del Instituto Español Bíblico y Arqueológico (IEBA) de la Casa de Santiago en Jerusalén, dependiente de la Conferencia Episcopal Española.

1ª lectura: Evoco el recuerdo de tu fe sincera.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1,1-8

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, para anunciar la promesa de vida que hay
en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de
Cristo Jesús, Señor nuestro.

Doy gracias a Dios, a quien sirvo como mis antepasados, con conciencia limpia, porque te tengo siempre
presente en mis oraciones noche y día.

Al acordarme de tus lágrimas, ansío verte, para llenarme de alegría. Evoco el recuerdo de tu fe sincera,
la que arraigó primero en tu abuela Loide y tu madre Eunice, y estoy seguro que también en ti. Por esta
razón te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por imposición de mis manos porque, pues
Dios no nos ha dado un espíritu cobardía, sino de fortaleza, amor y de templanza.

Así pues, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma
parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.

Salmo: Sal 95, 1-2a. 2b-3, 7-8a.10
R. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre.
Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor. R.

Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él afianzó el orbe,
y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente». R.

Aleluya Lc 4, 18
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El Señor me ha enviado a evangelizar a los pobres,
a proclamar a los cautivos la libertad. R.

 

Evangelio: La lámpara se trae para ponerla en el candelero. La medida que uséis la
usarán con vosotros.

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 21-25

En aquel tiempo, Jesús dijo al gentío:

- «¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en
el candelero?

No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no haya nada oculto, sino para que salga a
la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga». Les dijo también:

- «Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al
que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene».

1ª lectura: Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando el nombre de Jesús.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 22, 3-16

En aquellos días, dijo Pablo al pueblo:

«Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad; me formé a los pies de Gamaliel
en la exacta observancia de la ley de nuestros padres; he servido a Dios con tanto celo como vosotros
mostráis hoy. Yo perseguí a muerte este Camino, encadenando y metiendo en la cárcel a hombres y mujeres,
como pueden atestiguar en favor mío y son testigos de esto el mismo sumo sacerdote y todo el consejo de
los ancianos. Ellos me dieron cartas para los hermanos de Damasco, y me puse en camino con el propósito
de traerme encadenados a Jerusalén a los que encontrase allí, para que los castigaran. Pero yendo de
camino, cerca ya de Damasco, hacia mediodía, de repente una gran luz del cielo me envolvió con su
resplandor, caí por tierra y oí una voz que me decía:

“Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?”. Yo pregunté:

“¿Quién eres, Señor?”. Me respondió:

“Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues”.

Mis compañeros vieron el resplandor, pero no oyeron la voz que me hablaba. Yo pregunté:

“¿Qué debo hacer, Señor?”. El Señor me respondió:

“Levántate, continúa el camino hasta Damasco, y allí te dirán todo lo que está determinado que hagas”.

Como yo no veía, cegado por el resplandor de aquella luz, mis compañeros me llevaron de la
mano a Damasco.

Un cierto Ananías, hombre piadoso según la Ley, recomendado por el testimonio de todos los judíos residentes
en la ciudad, vino a verme, se puso a mi lado y me dijo:

“Saúl, hermano, recobra la vista”. Inmediatamente recobré la vista y lo vi. Él me dijo:

“El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, veas al Justo y escuches la
voz, de sus labios, porque vas a ser su testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. Ahora,
¿que te detiene? levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre”».

Salmo: Sal 116, 1. 2
R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R.

Aleluya Cf, Jn 15, 16
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo os he elegido del mundo - dice el Señor -,
para que vayáis y deis fruto,
y vuestro fruto permanezca. R.

 

Evangelio: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 16, 15-18

En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo:

«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.

A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas
nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las
manos a los enfermos, y quedarán sanos».

Un sincero homenaje a los caballos y perros policiales en la festividad de San Antonio Abad en Sevilla, que fueron bendecidos por nuestro Diácono

 En un acto presidido por el Subdelegado del Gobierno en Sevilla, don Carlos Toscano Sánchez, acompañado del Jefe Provincial de Sevilla, don Ernesto López Ganfornina

Junto a las Unidades Especiales de Guías Caninos y caballería de la Policía Nacional hemos podido ver representación de otras corporaciones tales como el Ejército, Policías Locales, Guardia Civil o Bomberos

1ª lectura: He aquí que vengo para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad.

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 1-10

Hermanos:
La Ley, que presenta sólo una sombra de los bienes futuros y no la realidad misma de las cosas, no
puede nunca hacer perfectos a los que se acercan, pues lo hacen año tras año y ofrecen siempre los
mismos sacrificios.

Si no fuera así, ¿no habrían dejado de ofrecerse, porque los ministros del culto, purificados de una vez
para siempre, no tendrían ya ningún pecado sobre su conciencia.

Pero, en realidad, con estos sacrificios se recuerdan, año tras año los pecados. Porque es imposible que
la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.

Por eso, al entrar él en el mundo dice:

«Tú no quisiste ni sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo; no aceptaste holocaustos ni víctimas
expiatorias. Entonces yo dije: He aquí que vengo - pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de
mi - para hacer, ¡oh Dios! tu voluntad». Primero dice: «Tú no quisiste ni sacrificios ni ofrendas, ni holocaustos,
ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la ley.

Después añade: «He aquí que vengo para hacer tu voluntad». Niega lo primero, para afirmar lo segundo.
Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación de cuerpo de Jesucristo, hecha
una vez para siempre.

Salmo: Sal 39, 2 y 4ab. 7-8a. 10. 11

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito.
Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios. R.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios,
entonces yo digo: «Aquí estoy». R.

He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios,
Señor, tú lo sabes. R.

No me he guardado en el pecho tu justicia,
he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad
ante la gran asamblea. R.

Aleluya Cf. Mt 11, 25
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.

 

Evangelio: El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 3, 31-35

En aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
La gente que tenía sentada alrededor le dijo:

«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». El les pregunta:
«¿Quienes son mi madre y mis hermanos?».

Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:

«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana
y mi madre».

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