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1ª lectura: Habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como Dios.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1, 16-25

Hermanos:

No me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree, primero
del judío, y también del griego. Porque en él se revela la justicia de Dios de fe en fe, como está escrito: «El
justo por la fe vivirá».

La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que tienen la
verdad prisionera de la injusticia. Porque lo que de Dios puede conocerse les resulta manifiesto, pues Dios
mismo se lo manifestó.

Pues lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, son perceptibles para la inteligencia a partir
de la creación del mundo a través de sus obras; de modo que son inexcusables, pues, habiendo conocido
a Dios, no lo glorificaron como Dios, ni le dieron gracias; todo lo contrario, se ofuscaron en sus razonamientos,
de tal modo que su corazón insensato quedó envuelto en tinieblas. Alardeando de sabios,
resultaron ser necios y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes del hombre mortal, de
pájaros, cuadrúpedos y reptiles.

Por lo cual Dios los entregó a las apetencias de su corazón, a una impureza tal que degradaron sus propios
cuerpos; es decir cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y dando culto a la criatura y no
al Creador, el cual es bendito por siempre.

Amén.

Salmo: Sal 18, 2-3. 4-5

R. El cielo proclama la gloria de Dios.

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra. R.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje. R.

Aleluya Heb 4, 12ad

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

La palabra de Dios es viva y eficaz;
juzga los deseos e intenciones del corazón. R.

Evangelio: Dad limosna, y lo tendréis limpio todo.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 37-41

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuese a comer con él.

Él entró y se puso a la mesa.

Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo:

«Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad.

¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro?

Con todo, dad limosna de lo que hay dentro, y lo tendréis limpio todo».

16/10/2023 - Lunes la 28ª semana de Tiempo Ordinario.

1ª lectura: Por Cristo hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre los gentiles.

Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1, 1-7

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para el Evangelio de Dios, que fue prometido
por sus profetas en las Escrituras Santas y se refiere a su Hijo, nacido de la estirpe de David según la carne,
constituido Hijo de Dios en poder según el Espíritu de santidad por la resurrección de entre los muertos:

Jesucristo nuestro Señor.

Por él hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre todos los
gentiles, para gloria de su nombre. Entre ellos os encontráis también vosotros, llamados de Jesucristo.

A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados santos, gracia y paz de Dios nuestro Padre,
y del Señor Jesucristo.

Salmo: Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4

R. El Señor da a conocer su salvación.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Aleluya Cf. Sal 94, 8a. 7d

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

No endurezcáis hoy vuestro corazón
escuchad la voz del Señor. R.

Evangelio: A esta generación no se le dará más signo que el signo de Jonás.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles:

«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo
de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre
para esta generación.

La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los
condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón,
y aquí hay uno que es más que Salomón. Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta
generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y
aquí hay uno que es más que Jonás».

1ª lectura: Preparará el Señor un festín, y enjugará las lágrimas de todos los rostros.

Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a

Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos,
un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados.

Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el lienzo extendido sobre todas las
naciones.

Aniquilará la muerte para siempre.

Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros, y alejará del país el oprobio de su pueblo - lo
ha dicho el Señor -.

Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios. Esperábamos en él y nos ha salvado. Este es el Señor en quien
esperamos. Celebremos y gocemos con su salvación, porque reposará sobre este monte la mano del Señor».

Salmo: Sal 22, 1b-3a. 3b-4. 5. 6

R. Habitaré en la casa del Señor por años sin término.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.

2ª lectura: Todo lo puedo en aquel que me conforta.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19 20

Hermanos:

Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy avezado en todo y para todo: a la hartura y al hambre, a la abundancia
y a la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir
mis tribulaciones.

En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en
Cristo Jesús.

A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Aleluya Cf. Ef 1, 17-18

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El Padre de nuestro Señor Jesucristo
ilumine lo ojos de nuestro corazón,
para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama R.

Evangelio: A todos los que encontréis, llamadlos a la boda.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para
que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que
dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está
a punto. Venid a la boda”.

Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás agarraron a los
criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos
asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego dijo a sus criados:

“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos,
y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda”.

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del
banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no
llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”.

El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores:

“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

Porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos».

1ª lectura: Echad la hoz, pues la mies está madura.

Lectura de la profecía de Joel 4, 12-21

Esto dice el Señor:

«Que se movilicen y suban las naciones al valle de Josafat, pues allá voy a plantar mi trono para juzgar
a todos los pueblos de alrededor. Echad la hoz, pues la mies está madura; venid a pisar la uva, que el
lagar está repleto y las cubas rebosan.

¡Tan enorme es su maldad!

¡Muchedumbres, muchedumbres en el valle de Josafat!

Pues se acerca el Día del Señor en el valle de la Decisión.

Se oscurecen el sol y la luna, y las estrellas perderán su brillo.

El Señor ruge en Sión y da voces en Jerusalén; temblarán cielos y tierra. Pero el Señor es abrigo para su
pueblo, refugio para los hijos de Israel. Sabréis que yo soy el Señor, vuestro Dios que vive en Sión, mi santo
monte. Jerusalén será santa y los extranjeros no pasarán más por ella extranjeros.

Aquel día, las montañas chorrearán vino nuevo, las colinas rezumarán leche, y todos los torrentes de Judá
bajarán rebosantes.

Y brotará una fuente de la casa del Señor que regará el valle de Sitín.

Egipto será una desolación y Edón un desierto solitario, por la violencia ejercida contra Judá, cuya sangre
inocente derramaron en su país.

Judá será habitada para siempre y Jerusalén de generación en generación.

Vengaré su sangre, no quedará impune. El Señor vive en Sión».

Salmo: Sal 96, 1-2. 5-6. 11-12

R. Alegraos, justos, con el Señor.

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R.

Los montes se derriten como cera ante el Señor,
ante el Señor de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre. R.

Aleluya Lc 11, 28

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios
y la cumplen. R.

Evangelio: Bienaventurado el vientre que te llevó. Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo:

«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él dijo:

«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

1ª lectura: El Día del Señor, día de oscuridad y negrura.

Lectura de la profecía de Joel 1, 13-15; 2, 1-2

Vestíos de luto, haced duelo, sacerdotes, gritad, servidores del altar.

Venid y pasad la noche en sacos, servidores de Dios, pues no hay en el templo de vuestro Dios ofrenda
y libación.

Proclamad un ayuno santo, convocad la asamblea, reunid a los jefes, a todos los habitantes del país en
la casa de vuestro Dios y llamad a gritos al Señor.

¡Ay del día!

Se acerca el Día del Señor, llega como ruina arrolladora.

Tocad la trompeta en Sión, gritad en mi monte santo, se estremecen todos los habitantes del país, pues
llega el Día del Señor.

Sí, se acerca, día de oscuridad y negrura, día de niebla y oscuridad, como el alba sobre los montes,
avanza un gentío innumerable, poderoso como nunca la hubo ni lo habrá tras él por generaciones.

Salmo: Sal 9, 2-3. 6 y 16. 8-9

R. El Señor juzgará el orbe con justicia.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
proclamando todas tus maravillas;
me alegro y exulto contigo,
y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo. R.

Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío
y borraste para siempre su apellido.
Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron,
su pie quedó prendido en la red que escondieron. R.

Dios está sentado por siempre
en el trono que ha colocado para juzgar.
Él juzgará el orbe con justicia
y regirá las naciones con rectitud. R.

Aleluya Jn 12, 31b-32

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera - dice el Señor -.
Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. R.

Evangelio: Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 15-26

En aquel tiempo, habiendo expulsado Jesús a un demonio, algunos de entre la multitud dijeron:

«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo:

«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha
dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con
el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de
quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo
de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado
guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las
armas de que se fiaba y reparte el botín.

El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.

Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por lugares áridos, buscando un sitio para
descansar, y, al no encontrarlo, dice: “Volveré a mi casa de donde salí”.

Al volver se la encuentra barrida y arreglada.

Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre
resulta peor que el principio».

 

1ª lectura: Llevaron el Arca de Dios y la colocaron en el centro de la tienda que David le había preparado.

Lectura del primer libro de las Crónicas 15, 3-4. 15-16; 16, 1-2

En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todo Israel, para subir el Arca del Señor al lugar que le
había preparado. Reunió también a los hijos de Aarón y a los levitas.

Luego los levitas levantaron el Arca de Dios tal como había mandado Moisés por orden del Señor: apoyando
los varales sobre sus hombros.

David mandó a los jefes de los levitas emplazar a los cantores de sus familias con instrumentos musicales
- arpas, cítaras y platillos - para que los hiciesen resonar, alzando la voz con júbilo.

Llevaron el Arca de Dios y la colocaron en el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron
holocaustos y sacrificios de comunión de Dios. Cuando David acabó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en
nombre del Señor.

Salmo: Sal 26, 1. 3. 4. 5

R. El Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo. R.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R.

Él me protegerá en su tienda el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca. R.

Aleluya Sal 39, 3d. 4a

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Afianzó mis pies sobre roca
me puso en la boca un cántico nuevo. R.

Evangelio: Bienaventurado el vientre que te llevó.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantando la voz, le
dijo:

«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él dijo:

«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

1ª lectura: Tú te compadeces del ricino, ¿y no me he de compadecer yo de Nínive, la gran ciudad?

Lectura de la profecía de Jonás 4, 1-11

Jonás se disgustó y se indignó profundamente. Y rezó al Señor en estos términos:

«¿No lo decía yo, Señor, cuando estaba en mi tierra? Por eso intenté escapar a Tarsis, pues bien sé que
eres un Dios bondadoso, compasivo, paciente y misericordioso, que te arrepientes del mal. Así que, Señor,
toma mi vida, pues vale más morir que vivir». Dios le contesto:

«¿Por qué tienes ese disgusto tan grande?».

Salió Jonás de la ciudad, y se instaló al oriente. Armó una choza y se quedó allí, a la sombra, hasta ver
qué pasaba con la ciudad.

Dios hizo que una planta de ricino surgiera por encima de Jonás, para darle sombra a su cabeza y librarlo
de su disgusto. Jonás se alegró y se animó mucho con el ricino. Pero Dios hizo que, al día siguiente, al
rayar el alba, un gusano, atacase al ricino, que se secó.

Cuando salió el sol, hizo Dios que soplase un recio viento solano; el sol pegaba en la cabeza de Jonás,
que desfallecía y se deseaba la muerte:

«Más vale morir que vivir», decía. Dios dijo entonces a Jonás:

«¿Por qué tienes ese disgusto tan grande por lo del ricino?». Él contestó:

«Lo tengo con toda razón. Y es un disgusto de muerte». Dios repuso:

«Tú te compadeces del ricino, que ni cuidaste ni ayudaste a crecer, que una noche surgió y en otra
desapareció, ¿y no me he de compadecer yo de Nínive, la gran ciudad, donde hay más de ciento veinte
mil personas, que no distinguen la derecha de la izquierda, y muchísimos animales?».

Salmo: Sal 85, 3-4. 5-6. 9-10

R. Tú, Señor, eres lento a la cólera y rico en piedad.

Piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti, Señor. R.

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica. R.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios». R.

Aleluya Rom 8, 15bc

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción,
en el que clamamos: «¡Abba, Padre!». R.

Evangelio: Señor, enséñanos a orar.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 1-4

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:

«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos». Él les dijo:

«Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan
cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y
no nos dejes caer en la tentación”».

El pasado sábado, 07 de octubre de 2023, el Regular Víctor Pino Cobacho, acompañado de su padrino, el Cbo Regular Santiago Valenzuela Badilla, del Capellán D. José Manuel Moreno Domínguez y de la comunidad cristiana de habla hispana que realiza la misión en Zona de Operaciones en Bagdad-Irak, fue agregado al número de los catecúmenos adultos que desean hacerse cristianos, durante la Misa dominical que se celebró dicho día.

Conferencia Internacional preparatoria EIMP

Recientemente la delegación Española para el Encuentro Internacional de Militares por La Paz ha participado activamente,  en la Conferencia Internacional Preparatoria (CIP) para el 64 EIMP en Cervaux, Luxemburgo del 03 al 07 de octubre de 2023. 

Entre los participantes se encontraban las delegaciones de: Reino Unido, Luxemburgo, Alemania, Austria, Bélgica, Croacia, Estados Unidos, Francia, Hungría, Irlanda, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal, Suiza, Costa de Marfil, Hospitalidad Nuestra Señora de los Ejércitos de Francia y el Responsable de la pastoral Internacional del Santuario de Lourdes. 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio nos presenta hoy una parábola dramática con un final triste (cfr. Mt 21,33-43). El dueño de un terreno planta una viña y la cuida bien; luego, como tiene que irse al extranjero, la arrienda a unos viñadores. Cuando llega el momento de la vendimia, envía a sus siervos para recibir los frutos. Pero los viñadores los maltratan y los matan; entonces, el dueño manda a su hijo, y ellos lo matan también. ¿Por qué? ¿Qué ha salido mal? Esta parábola encierra un mensaje de Jesús.

El propietario hizo todo bien, con amor: trabajó con esfuerzo, plantó la viña, la rodeó con una cerca para protegerla, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia (cfr. v. 33). Luego confió la viña a unos viñadores, arrendándoles su preciado bien y tratándolos de manera justa, para que estuviese bien cultivada y diese fruto. Con estas premisas, la vendimia debería haber concluido felizmente, en un clima de fiesta, con una justa compartición de la cosecha para la satisfacción de todos.

Sin embargo, en la mente de los viñadores se insinúan pensamientos ingratos y ávidos. En la raíz de los conflictos siempre hay algo de ingratitud y pensamientos codiciosos, de poseer las cosas enseguida. “No tenemos necesidad de dar nada al dueño. El producto de nuestro trabajo es solamente nuestro. ¡No tenemos que rendir cuentas a nadie!”. Este es el razonamiento de estos trabajadores. Pero no es cierto: deberían estar agradecidos por todo lo que han recibido y por el modo en que han sido tratados. En cambio, la ingratitud alimenta la avidez, y crece en ellos un sentimiento progresivo de rebelión que los lleva a ver la realidad de manera distorsionada, a sentirse acreedores en vez de deudores del propietario que les había dado trabajo. Cuando ven a su hijo, llegan incluso a decir: «Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia» (v. 38). Y de viñadores se convierten en asesinos. Es todo un proceso, y este proceso sucede muchas veces en el corazón de la gente, también en nuestro corazón.

Con esta parábola, Jesús nos recuerda lo que sucede cuando el hombre se cree que se hace a sí mismo y olvida la gratitud, olvida la realidad fundamental de la vida: que el bien viene de la gracia de Dios, que el bien viene de su don gratuito. Cuando uno olvida esto, la gratuidad de Dios, termina por vivir la propia condición y el propio límite no ya con la alegría de sentirse amado y salvado, sino con la triste ilusión de no tener necesidad de amor ni de salvación. Uno ya no se deja querer, y se encuentra prisionero de su propia codicia, prisionero de la necesidad de tener más que los demás, de querer estar por encima de los demás. Este proceso es feo, y nos sucede muchas veces. Pensémoslo en serio. De ahí provienen muchas insatisfacciones y recriminaciones, tantas incomprensiones y tantas envidias; y, a causa del rencor, se puede caer en el torbellino de la violencia. Sí, queridos hermanos y hermanas, ¡la ingratitud genera violencia, nos roba la paz, nos hace hablar gritando, sin paz, mientras que un simple “gracias” puede restablecer la paz!

Preguntémonos entonces: ¿me doy cuenta de que he recibido la vida como un don? ¿Soy consciente de que yo mismo, yo misma, soy un don? ¿Creo que todo comienza por la gracia del Señor? ¿Comprendo que soy beneficiario de ella sin méritos, que he sido amado y salvado gratuitamente? Y, sobre todo, ¿sé decir “gracias” como respuesta a la gracia?  ¿Sé decir "gracias"? Estas tres palabras son el secreto de la convivencia humana: gracias, permiso, perdón. ¿Sé decir estas tres palabras? Gracias, permiso, perdón. ¿Sé decir estas palabras? "Gracias" es una palabra pequeña -es una palabra pequeña, "permiso"; "perdón" es una palabra pequeña para pedir disculpas- que esperan cada día Dios y los hermanos y hermanas. Preguntémonos si estas pequeñas palabras, 'gracias', 'permiso', 'perdón, lo siento', están presentes en nuestras vidas. ¿Sé decir "gracias"? ¿Sé pedir perdón, perdonar? ¿Sé no ser invasivo, pedir "permiso"? Gracias, perdón, permiso.

Que María, cuya alma proclama la grandeza del Señor, nos ayude a hacer de la gratitud la luz que surge todos los días del corazón.

_______________________________

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

sigo con aprensión y dolor cuanto está sucediendo en Israel, donde la violencia ha estallado aún más ferozmente, provocando centenares de muertos y heridos. Expreso mi cercanía a las familias de las víctimas, rezo por ellas y por cuantos están viviendo horas de terror y angustia. ¡Que los ataques y las armas se detengan, por favor! ¡Comprendan que el terrorismo y la guerra no conducen a ninguna solución, sino sólo a la muerte y al sufrimiento de muchos inocentes! La guerra es una derrota: ¡toda guerra es una derrota! ¡Recemos por la paz en Israel y Palestina!

En este mes de octubre, dedicado, además de a las misiones, al rezo del Rosario, no nos cansemos de invocar, por intercesión de María, el don de la paz sobre los numerosos países del mundo marcados por guerras y conflictos; y sigamos acordándonos de la querida Ucrania, que sufre mucho cada día, tan martirizada.

Doy las gracias a todos los que siguen y, sobre todo, acompañan con la oración el Sínodo en curso, evento eclesial de escucha, compartición y comunión fraterna en el Espíritu. Invito a todos a confiar los trabajos al Espíritu Santo.

Os saludo a todos, romanos y peregrinos de Italia y de muchas partes del mundo, especialmente a los estudiantes y profesores del Centro de Formación Stimmatini de Verona, y a los jesuitas de distintos países que son huéspedes del Colegio San Roberto Belarmino de Roma. Hay muchos polacos: veo aquí muchas banderas polacas. Un saludo a todos vosotros y a los jóvenes de la Inmaculada.

Os deseo a todos un feliz domingo y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y ¡hasta la vista!

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