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23/09/2023 - Sábado de la 24ª semana de Tiempo Ordinario.

1ª lectura: Guarda el mandamiento sin mancha hasta la manifestación del Señor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 6, 13-16

Querido hermano:

Delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que proclamó tan noble profesión
de fe ante Poncio Pilato, te ordeno que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la
manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que, en el tiempo apropiado, mostrará el bienaventurado
y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, que
habita una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él honor e imperio
eterno. Amén.

Salmo: Sal 99, 2. 3. 4. 5

R. Entrad en la presencia del Señor con vítores.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre. R.

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades». R.

Aleluya Cf. Lc 8, 15

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios
con un corazón noble y generoso,
la guardan y dan fruto con perseverancia. R.

 

Evangelio: Lo de la tierra buena son los que guardan la palabra y dan fruto perseverancia.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 8, 4-15

En aquel tiempo, habiéndose reunido una gran muchedumbre y gente que salía de toda la ciudad,
dijo Jesús en parábola:

«Salió el sembrador a sembrar su semilla.

Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron.

Otra parte cayó en terreno pedregoso y, después de brotar, se secó por falta de humedad.

Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, la ahogaron.

Y otra parte cayó en tierra buena y, después de brotar, dio fruto al ciento por uno».

Dicho esto, exclamó:

«El que tenga oídos para oír, que oiga».

Entonces le preguntaron los discípulos qué significaba esa parábola.

Él dijo:

«A vosotros se os ha otorgado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás, en parábolas,”
para que viendo no vean y oyendo no entiendan”.

El sentido de la parábola es este: la semilla es la palabra de Dios.

Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de
sus corazones, para que no crean y se salven.

Los del terreno pedregoso son los que, al oír, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son
los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan.

Lo que cayó entre abrojos son los que han oído, pero, dejándose llevar por los afanes y riquezas y
placeres de la vida, se quedan sofocados y no llegan a dar fruto maduro.

Lo de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan
y dan fruto con perseverancia».

22/09/2023 - Viernes de la 24ª semana de Tiempo Ordinario.

1ª lectura: Tú, en cambio, hombre de Dios, busca la justicia.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 6,2c-12

Querido hermano:

Esto es lo que tienes que enseñar y recomendar.

Si alguno enseña otra doctrina y no se aviene a las palabras sanas de nuestro Señor Jesucristo y a
la doctrina que es conforme a la piedad, es un orgulloso y un ignorante, que padece la enfermedad
de plantear cuestiones y discusiones sobre palabras; de ahí salen envidias, polémicas, blasfemias,
malévolas suspicacias, altercado interminables de hombres corrompidos en la mente y privados de la
verdad, que piensan que la piedad es un medio de lucro. La piedad es ciertamente una gran ganancia
para quien se contenta con lo suficiente. Pues nada hemos traído al mundo, como tampoco podemos
llevarnos nada de él. Teniendo alimentos y con qué cubrirnos, contentémonos con esto.

Los que quieren enriquecerse sucumben a la tentación, se enredan en un lazo y son presa de muchos
deseos absurdos y nocivos, que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque el amor
al dinero la codicia es la raíz de todos los males, y algunos, arrastrados por él, se han apartado de
la fe y se han acarreado muchos sufrimientos.

Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas. Busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la
paciencia, la mansedumbre. Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna, a la que
fuiste llamado, y que tú profesaste noblemente delante de muchos testigos.

Salmo: Sal 48, 6-8. 9-10. 17-18. 19-20

R. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y acechen los malvados, que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas, si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate? R.

Es tan caro el rescate de la vida,
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa. R.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él. R.

Aunque en vida se felicitaba:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con la generación de sus padres,
que no verán nunca la luz. R.

Aleluya Cf. Mt 11, 25

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bendito eres, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.

 

Evangelio: Las mujeres iban con ellos, y les servían con sus bienes.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 8, 1-3

En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y
anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce, y por algunas mujeres,
que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades: María la Magdalena, de la que habían
salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas
que les servían con sus bienes.

20/09/2023 - Miércoles de la 24ª semana de Tiempo Ordinario.

1ª lectura: Es grande el misterio de la piedad.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 3, 14-16

Querido hermano:

Aunque espero estar pronto, contigo, te escribo esto estas cosas por si tardo, para que sepas cómo
conviene conducirse en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de
la verdad.

En verdad es grande el misterio de la piedad, el cual fue manifestado en la carne, justificado en
el Espíritu, mostrado a los ángeles, proclamado en las naciones, creído en el mundo, recibido en
la gloria.

Salmo: Sal 110, 1-2. 3-4. 5-6

R. Grandes son las obras del Señor.

Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman. R.

Esplendor y belleza son su obra,
su justicia dura por siempre.
Ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente. R.

Él da alimento a los que lo temen
recordando siempre su alianza.
Mostró a su pueblo la fuerza de su obrar,
dándoles la heredad de los gentiles. R.

Aleluya Cf. Jn 6, 63c. 68c

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida;
tú tienes palabras de vida eterna. R.

 

Evangelio: Hemos tocado y no habéis bailado, hemos entonado lamentaciones y no habéis llorado.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 7, 31-35

En aquel tiempo, dijo el Señor:

«¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación? ¿A quién son semejantes? Se asemejan
a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros aquello de:

“Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos entonado lamentaciones y no habéis llorado”
Porque vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino, y decís:

“Tiene un demonio; vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué hombre más
comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”.

Sin embargo, todos los hijos de la sabiduría le han dado la razón».

19/09/2023 - Martes de la 24ª semana de Tiempo Ordinario.

1ª lectura: Conviene que el obispo sea irreprochable; asimismo los diáconos, que guarden el misterio de la fe con la conciencia pura.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 3, 1-13

Querido hermano:

Es palabra digna de crédito que, si alguno aspira al episcopado, desea una noble tara. Pues conviene
que el obispo sea irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, sensato, ordenado, hospitalario,
hábil para enseñar, no dado al vino ni amigo de reyertas, sino comprensivo; que no sea agresivo ni
amigo del dinero; que gobierne bien su propia casa y se haga obedecer de sus hijos con todo respeto.

Pues si uno no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la Iglesia de Dios?

Que no sea alguien recién convertido a la fe, por si se le sube a la cabeza y es condenado lo mismo
que el diablo.

Conviene además que tenga buena fama entre los de fuera, para que no caiga en descrédito ni en
el lazo del diablo.

En cuanto a los diáconos, sean asimismo respetables, sin doble lenguaje, no aficionados al mucho
vino ni dados a negocios sucios; que guarden el misterio de la fe revelada con la conciencia pura.

Tienen que ser probados primero y, cuando se vea que son intachables, que ejerzan el ministerio
Las mujeres, igualmente, que sean respetables, no calumniadoras, sobrias, fieles en todo.

Los diáconos sean maridos de una sola mujer, que gobiernen bien a sus hijos y sus propias casas.

Porque quienes ejercen bien el ministerio logran buena reputación y mucha confianza en lo referente
a la fe que se funda en Cristo Jesús.

Salmo: Sal 100, 1-2ab. 2cd-3ab. 5. 6

R. Andaré con rectitud de corazón.

Voy a cantar la bondad y la justicia,
para ti es mi música, Señor;
voy a explicar el camino perfecto:
¿cuándo vendrás a mí? R.

Andaré con rectitud de corazón
dentro de mi casa;
no pondré mis ojos en intenciones viles.
Aborrezco al que obra mal. R.

Al que en secreto difama a su prójimo
lo haré callar;
ojos engreídos, corazones arrogantes,
no los soportaré. R.

Pongo mis ojos en los que son leales,
ellos vivirán conmigo;
el que sigue un camino perfecto,
ese me servirá. R.

Aleluya Lc 7, 16

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Un gran Profeta ha surgido entre nosotros.
Dios ha visitado a su pueblo. R.

 

Evangelio: ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántale!

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 7, 11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos
y mucho gentío.

Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único
de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.

Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo:

«No llores».

Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:

«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!».

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre.

Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios, diciendo:

«Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo».

Este hecho se divulgó por toda Judea y por toda la comarca circundante.

1ª lectura: Él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, evangelizadores.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 1-7. 11-13

Hermanos:

Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados.
Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobre llevaos mutuamente con amor; esforzaos
en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como
una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un
bautismo. Un Dios, Padre de todo, que está sobre todos, actúa por medio de todos y ésta en todos.

A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo.

Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y
doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación
del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de
Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

Salmo: Sal 18, 2-3. 4-5

R. A toda la tierra alcanza su pregón.

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra. R.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje. R.

Aleluya

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

A ti, oh, Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos; a ti te ensalza
el glorioso coro de los apóstoles, Señor. R.

 

Evangelio: Sígueme. Él se levantó y lo siguió.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 9-13

En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos,
y le dijo:

«Sígueme».

Él se levantó y lo siguió.

Y estando en la casa, sentado en la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se
sentaban con Jesús y sus discípulos.

Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:

«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».

Jesús lo oyó y dijo:

«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa
“Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos, sino a los pecadores». 

18/09/2023 - Lunes de la 24ª semana de Tiempo Ordinario.

1ª lectura: Que se hagan oraciones por toda la humanidad a Dios que quiere que todos los hombres se salven.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 2, 1-8

Querido hermano:

Ruego, lo primero de todo, que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por toda
la humanidad, por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos llevar un vida
tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto. Esto es bueno y agradable a los ojos de Dios, nuestro
Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Pues Dios es uno, y único también el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que
se entregó en rescate por todos: este es un testimonio dado a su debido tiempo y para el que fui constituido
heraldo y apóstol - digo la verdad, no miento -, maestro de las naciones en la fe y en la verdad.

Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, alzando unas manos limpias, sin ira ni divisiones.

Salmo: Sal 27, 2. 7. 8-9

R. Bendito el Señor, que escuchó mi voz suplicante.

Escucha mi voz suplicante
cuando te pido auxilio,
cuando alzo las manos
hacia tu santuario. R.

El Señor es mi fuerza y mi escudo:
en él confía mi corazón;
me socorrió, y mi corazón se alegra
y le canta agradecido. R.

El Señor es fuerza para su pueblo,
apoyo y salvación para su Ungido.
Salva a tu pueblo y bendice tu heredad,
sé su pastor y llévalos siempre. R.

Aleluya Cf. Jn 3, 16

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Tanto amó Dios al mundo, que entregó su Unigénito;
todo el que cree en él tiene vida eterna. R.

 

Evangelio: Ni en Israel he encontrado tanta fe.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 7, 1-10

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de exponer todas sus enseñanzas al pueblo, entró en Cafarnaún.
Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de
Jesús, el centurión le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese a curar a su criado.

Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente:

«Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga».
Jesús se puso en camino con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos
amigos a decirle:

«Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí
digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque también yo soy un
hombre sometido a una autoridad y con soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro:

“Ven”, y viene; y a mi criado: “Haz esto”, y lo hace». Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose
a la gente que lo seguía, dijo:

«Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe».

Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

17/09/2023 - Domingo de la 24ª semana de Tiempo Ordinario.

1ª lectura: Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados.

Lectura del libro del Eclesiástico 27, 30 - 28, 7

Rencor e ira también son detestables, el pecador lo posee.

El vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de sus pecados.

Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados.

Si un ser humano alimenta la ira contra otro, ¿cómo puede esperar la curación del Señor?

Si no se compadece de su semejante, ¿cómo pide perdón por sus propios pecados?

Si él, simple mortal, guarda rencor, ¿quién perdonará sus pecados?

Piensa en tu final, y deja de odiar, acuérdate de la corrupción y de la muerte y corrupción, y sé fiel
a los mandamientos.

Acuérdate de los mandamientos, y no guardes rencor a tu prójimo; acuérdate de la alianza del
Altísimo y pasa por alto la ofensa.

Salmo: Sal 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12

R. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. R.

No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre los que lo temen;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R.

2ª lectura: Ya vivamos, ya muramos, somos del Señor.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9

Hermanos:

Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo.

Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos,
somos del Señor.

Pues para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos.

Aleluya Jn 13, 34

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Os doy un mandamiento nuevo - dice el Señor -;
que os améis unos a otros, como yo os he amado. R.

 

Evangelio: No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:

«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» Jesús
le contesta:

«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos
a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno
que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con
su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le
suplicaba diciendo:

“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el
criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba,
diciendo: “Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo:

“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo
sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:

“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también
tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Y el señor, indignado, lo entregó
a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

16/09/2023 - Sábado de la 23ª semana de Tiempo Ordinario.

1ª lectura: Vino al mundo para salvar a los pecadores.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1,15-17

Querido hermano:

Es palabra digna de crédito y merecedora de total aceptación que Cristo Jesús vino al mundo para
salvar a los pecadores, y yo soy el primero; pero por esto precisamente se compadeció de mí: para
que yo fuese el primero en el que Cristo Jesús toda mostrase toda su paciencia y para que me convirtiera
en un modelo de los que han de creer en él y tener vida eterna. Al Rey de los siglos, inmortal, invisible,
único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo: Sal 112, 1-2. 3-4. 5a y 6-7

R. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R.

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se abaja para mirar al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre. R.

Aleluya Cf. Jn 14, 23

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El que me ama guardará mi palabra - dice el Señor -,
y mi Padre lo amará, y vendremos a él. R.

Evangelio: ¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 43-49

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:

«No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se
conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la
maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.

¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?

Todo el que se viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se
parece: se parece a uno que edificó una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino
una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente
construida. El que escucha y no pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra,
sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la
ruina de aquella casa».

1ª lectura: Antes era un blasfemo, pero Dios tuvo compasión de mí.

Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1,1-2. 12-14

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por mandato de Dios, Salvador nuestro, y de Cristo Jesús, esperanza
nuestra, a Timoteo, verdadero hijo en la fe: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de
Cristo Jesús, Señor nuestro.

Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz se fio de mí y me confió este ministerio,
a mí, que antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí
porque no sabía lo que hacía, pues estaba lejos de la fe; sin embargo, la gracia de nuestro Señor
sobreabundó en mí junto con la fe y el amor que tienen su fundamente en Cristo Jesús.

Salmo: Sal 15, 1b-2a y 5.7-8. 11

R. Tú eres, Señor, el lote de mi heredad.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R.

Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.

Me enseñarás el sendero de la vida
me saciarás de gozo en su presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R.

Aleluya

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Dichosa es la bienaventurada Virgen María,
que, sin morir, mereció la palma del martirio junto a la cruz del Señor. R.

 

Evangelio: Triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena.

Lectura del santo Evangelio según san Juan Jn 19, 25-27

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María,
la Magdalena.

Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:

«Mujer, ahí tienes a tu hijo».

Luego, dijo al discípulo:

«Ahí tienes a tu madre».

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

1ª lectura: Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.

Lectura del libro de los Números 21, 4b-9

En aquellos días, el pueblo ese cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés:

«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da
náusea ese pan sin sustancia».

El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel.
Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:

«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros
las serpientes».

Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió:

«Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán
sanos al mirarla».

Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a
alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.

Salmo: Sal 77, 1-2. 34-35. 36-37. 38

R. No olvidéis las acciones del Señor.

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado. R.

Cuando los hacía morir, lo buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios altísimo su redentor. R.

Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran fieles a su alianza. R.

Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor. R.

Aleluya

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos:
porque con tu cruz has redimido el mundo. R.

 

Evangelio: Tiene que ser elevado el Hijo del hombre.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 13-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

«Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre,
para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en
él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el
mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no
ha creído en el nombre del Unigénito de Dios».

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