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En la capilla de la Base Aérea de Torrejón de Ardoz se celebró solemnemente la Santa Misa en honor a Santiago Apóstol Patrón del Arma de Caballería en la que han participado algunos miembros de la Unidad Militar de Emergencias entre ellos militares que pertenecen arma de caballería, pero que prestan sus servicios Y están destinados en la Unidad Militar de Emergencias. La misa fue presidida por el Pater Juan Carlos Pinto capellán de la UME y de la Base. 

El pasado día 25 de julio, tuvo lugar la celebración del patrón del Arma de Caballería, el Apóstol Santiago.

El Arzobispo Castrense compartió la jornada junto a las unidades de Caballería de Valladolid (Academia de Caballería, Regimiento de Caballería Farnesio 12 y Grupo de Caballería Villaviciosa II/61).

Con motivo de la fiesta de la Patrona de la Armada, un grupo de voluntarios de la fragata Numancia ha entregado a Cáritas Yibuti material escolar, juguetes, leche infantil y material sanitario.

El páter y el Comandante de la fragata Numancia organizaron la ayuda antes de empezar la misión en la Operación Atalanta embarcando 5 pallets de material humanitario procedente de las Cáritas castrense de Madrid.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de la Liturgia de este domingo nos presenta un animado cuadro doméstico con Marta y María, dos hermanas que ofrecen hospitalidad a Jesús en su casa (cfr. Lc 10,38-42). Marta se ocupa inmediatamente de la acogida de los huéspedes, mientras que María se sienta a los pies de Jesús para escucharle. Entonces Marta se dirige al Maestro y le pide que diga a María que la ayude. La queja de Marta no parece fuera de lugar; por el contrario, sentimos que tenemos que darle la razón. Y, sin embargo, Jesús le responde: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada» (Lc 10,41-42). Es una respuesta que sorprende. Pero Jesús muchas veces da la vuelta a nuestra forma de pensar. Preguntémonos por qué el Señor, incluso apreciando la generosa atención de Marta, afirma que la actitud de María es preferible.

La “filosofía” de Marta parece esta: primero el deber, después el placer. La hospitalidad, de hecho, no está hecha de bonitas palabras, sino que exige encender los fogones, ocuparse de todo lo necesario para que el huésped se sienta bien acogido. Esto, Jesús lo sabe muy bien. Y de hecho reconoce el esfuerzo de Marta. Pero, quiere hacerle entender que hay un orden de prioridad nuevo, diferente al que hasta ahora había seguido. María ha intuido que hay una “parte buena” a la que hay que dar el primer lugar. Todo lo demás viene después, como un arroyo de agua que brota de la fuente. Y así nos preguntamos: ¿Y qué es esta “parte buena”? Es la escucha de las palabras de Jesús. Dice el Evangelio. «María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra» (v. 39). Notemos que no escuchaba de pie, haciendo otras cosas, sino que estaba sentada a los pies de Jesús. Ha entendido que Él no es un huésped como los demás. A primera vista parece que ha venido a recibir, porque necesita comida y alojamiento, pero en realidad, el Maestro ha venido para donarse a sí mismo mediante su palabra.

La palabra de Jesús no es abstracta, es una enseñanza que toca y plasma la vida, la cambia, la libera de las opacidades del mal, satisface e infunde una alegría que no pasa: la palabra de Jesús es la parte buena, la que había elegido María. Por eso ella le da el primer lugar: se detiene y escucha. El resto vendrá después. Esto no quita nada al valor del empeño práctico, pero eso no debe preceder, sino brotar de la escucha de la palabra de Jesús, debe estar animado por su Espíritu. De lo contrario, se reduce a fatigarse y agitarse por muchas cosas, se reduce a un activismo estéril.

Hermanos y hermanas, aprovechemos este tiempo de vacaciones, para detenernos y ponernos en escucha de Jesús. Hoy cuesta cada vez más encontrar momentos libres para meditar. Para muchas personas los ritmos de trabajo son frenéticos, extenuantes. El periodo de verano puede ser valioso también para abrir el Evangelio y leerlo lentamente, sin prisa, un pasaje cada día, un pequeño pasaje del Evangelio. Y esto hace entrar en esta dinámica de Jesús. Dejémonos interpelar por esas páginas, preguntándonos cómo está yendo nuestra vida, mi vida, si está en línea con lo que dice Jesús o no mucho. En particular, preguntémonos: cuando empiezo el día, ¿me lanzo de cabeza a las cosas que tengo que hacer o busco primero la inspiración en la Palabra de Dios? A veces empezamos los días de forma automática, a hacer las cosas… como las gallinas. No. Debemos empezar los días en primer lugar mirando al Señor, tomando su Palabra, breve, pero que sea esta la inspiración del día. Si salimos de casa por la mañana teniendo en mente una palabra de Jesús, seguramente el día adquirirá un tono marcado por esa palabra, que tiene el poder de orientar nuestras acciones según lo que el Señor quiere.

Que la Virgen María nos enseñe a elegir la parte buena, que nunca nos será quitada.


Después del Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas!

Ayer en Ellwangen (Alemania) fue beatificado Juan Felipe Jeningen, sacerdote de la Compañía de Jesús, que vivió en Alemania en la segunda mitad del siglo XVII. Desempeñó su ministerio entre las poblaciones rurales del Ducado de Württemberg. Incansable anunciador del Evangelio, llegó a personas de toda clase social, animado por el gran espíritu apostólico y por una especial devoción mariana. El ejemplo y la intercesión de este sacerdote nos ayude a sentir la alegría de compartir el Evangelio con nuestros hermanos. ¡Un aplauso para el nuevo beato!

Expreso nuevamente mi cercanía al pueblo de Sri Lanka. Queridos hermanos y hermanas, me uno a vosotros en la oración y exhorto a todas las partes a buscar una solución pacífica a la crisis actual, a favor, en particular, de los más pobres, respetando los derechos de todos. Me uno a los jefes religiosos en el implorar a todos que se abstengan de toda forma de violencia e inicien un proceso de diálogo por el bien común.

Y estoy siempre cerca también de la martirizada población ucraniana, golpeada cada día por una lluvia de misiles. ¿Cómo es posible no entender que la guerra crea solo destrucción y muerte, alejando a los pueblos, matando la verdad y el diálogo? Rezo y espero que todos los actores internacionales realmente trabajen duro para reanudar las negociaciones, no para alimentar la insensatez de la guerra.

El próximo domingo, si Dios quiere, partiré para Canadá: por esto deseo dirigirme ahora a todos los habitantes de ese país. Queridos hermanos y hermanas de Canadá, como sabéis, iré entre vosotros sobre todo en el nombre de Jesús para encontrar y abrazar a las poblaciones indígenas. Lamentablemente, en Canadá, muchos cristianos, incluidos algunos miembros de institutos religiosos, han contribuido a las políticas de asimilación cultural que, en el pasado, han dañado gravemente, de diferentes maneras, a las comunidades nativas. Por esto, recientemente recibí en el Vaticano a algunos grupos, representantes de los pueblos indígenas, a los cuales manifesté mi dolor y mi solidaridad por el mal que han sufrido. Y ahora estoy a punto de hacer una peregrinación penitencial, que espero, con la gracia de Dios, pueda contribuir al camino de sanación y reconciliación ya emprendido. Os agradezco desde ahora por todo el trabajo preparatorio y la acogida que me reservaréis. ¡Gracias a todos! Y os pido por favor que me acompañéis con la oración.

Y ahora os saludo a vosotros, queridos romanos y peregrinos, en particular a las Hermanas de la Resurrección y las Misioneras del Sagrado Corazón, que están realizando en Roma sus Capítulos Generales. Saludos a los fieles de la Hermandad de la Virgen de las Nieves, de Los Palacios y Villafranca (Sevilla), y los jóvenes que realizan el curso de formación del movimiento Regnum Christi. ¡Se oye a esos jóvenes!

Me complace devolver el saludo que me han dirigido los jóvenes participantes en el Festival de Cine de Giffoni, que este año está dedicado a los “invisibles”, es decir, a las personas que son apartadas y excluidas de la vida social. ¡Gracias y felicidades! Y saludo también a los jóvenes de la Inmaculada.

Os deseo a todos un feliz domingo y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

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La Armada celebra hoy el día de su patrona la Virgen del Carmen con actos en su honor en todas sus unidades, bases, arsenales, y buques.

Por ser una celebración de carácter religioso, los actos en honor de la Virgen del Carmen han comenzado con la santa Misa en las diferentes parroquias castrenses, así como diversos homenajes en las distintas unidades de la Armada por todo el territorio nacional.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de la Liturgia de hoy narra la parábola del buen samaritano (cfr. Lc 10,25-37); todos la conocemos. Como telón de fondo, el camino que desciende desde Jerusalén hasta Jericó; a un lado, yace un hombre al que los ladrones han golpeado y robado. Un sacerdote que pasa lo ve pero no se detiene, sigue adelante; lo mismo hace un levita, esto es, un encargado del culto en el templo. «En cambio -dice el Evangelio-, un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y tuvo compasión» (v. 33). No olvidemos estas palabras: “tuvo compasión”; es lo que siente Dios cada vez que nos ve en dificultad, en pecado, en una miseria: “tuvo compasión”. El evangelista desea precisar que el samaritano viajaba. Por tanto, aquel samaritano, a pesar de tener sus propios planes y de dirigirse a una meta lejana, no busca excusas y se deja interpelar por lo que sucede a lo largo del camino. Pensémoslo: ¿el Señor no nos enseña a comportarnos precisamente así? A mirar a lo lejos, a la meta final, poniendo al mismo tiempo mucha atención en los pasos que hay que dar, aquí y ahora, para llegar a ella.

Es significativo que los primeros cristianos fuesen llamados “discípulos del Camino” (cfr. At 9,2). El creyente, en efecto, se parece mucho al samaritano: como él, está de viaje, es un viandante. Sabe que no es una persona “que ha llegado”, y desea aprender todos los días siguiendo al Señor Jesús, que dijo: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6). Yo soy el Camino: el discípulo de Cristo camina siguiéndolo a Él, y así se hace “discípulo del Camino”. Va detrás del Señor, que no es sedentario sino que está siempre en camino: por el camino encuentra a las personas, cura a los enfermos, visita pueblos y ciudades. Así actuó el Señor, siempre en camino.

De este modo, el “discípulo del Camino” -es decir, nosotros los cristianos- ve que su modo de pensar y de obrar cambia gradualmente, haciéndose cada vez más conforme al del Maestro. Caminando sobre las huellas de Cristo, se convierte en viandante y aprende – como el samaritano – a ver y a tener compasión. Ve y siente compasión. Ante todo, ve: abre los ojos a la realidad, no está egoístamente encerrado en el círculo de sus propios pensamientos. En cambio, el sacerdote y el levita ven al desgraciado pero es como si no lo hubiesen visto, pasan de largo, miran a otro lado. El Evangelio nos educa a ver: guía a cada uno de nosotros a comprender rectamente la realidad, superando día tras día ideas preconcebidas y dogmatismos. Muchos creyentes se refugian en dogmatismos para defenderse de la realidad. Y, además, seguir a Jesús nos enseña a tener compasión: a fijarnos en los demás, sobre todo en quien sufre, en el más necesitado, y a intervenir como el samaritano: no pasar de largo sino detenerse.

Ante esta parábola evangélica puede suceder que culpabilicemos o nos culpabilicemos, que señalemos con el dedo a los demás comparándolos con el sacerdote y el levita: “¡Este y aquel pasan de largo, no se detienen!”; o que nos culpabilicemos a nosotros mismos enumerando nuestras faltas de atención al prójimo. Pero quisiera sugerir otro tipo de ejercicio. Cierto, cuando hemos sido indiferentes y nos hemos justificado, debemos reconocerlo; pero no nos detengamos ahí. Hemos de reconocerlo, es un error, pero pidamos al Señor que nos haga salir de nuestra indiferencia egoísta y que nos ponga en el Camino. Pidámosle que nos haga ver y tener compasión. Esta es una gracia, tenemos que pedirla al Señor: “Señor, que yo vea, que yo tenga compasión, como Tú me ves a mí y tienes compasión de mí”. Esta es la oración que os sugiero hoy: “Señor, que yo vea, que yo tenga compasión, como Tú me ves y tienes compasión de mí”. Que tengamos compasión de quienes encontramos en nuestro recorrido, sobre todo de quien sufre y está necesitado, para acercarnos y hacer lo que podamos para echar una mano.

A menudo, cuando me encuentro con algún cristiano o cristiana que viene a hablar de cosas espirituales, le pregunto si da limosna. “Sí”, me dice. -“Y, dime, ¿tú tocas la mano de la persona a la que das la moneda?”  -“No, no, la dejo caer”. -¿Y tú miras a los ojos a esa persona? –“No, no se me ocurre”. Si tú das limosna sin tocar la realidad, sin mirar a los ojos de la persona necesitada, esa limosna es para ti, no para ella. Piensa en esto: “¿Yo toco las miserias, también esas miserias que ayudo? ¿Miro a los ojos a las personas que sufren, a las personas a las que ayudo?” Os dejo este pensamiento: ver y tener compasión.

Que la Virgen María nos acompañe en esta vía de crecimiento. Que Ella, que nos “muestra el Camino”, esto es, Jesús, nos ayude también a ser cada vez más “discípulos del Camino”.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

me uno al dolor del pueblo de Sri Lanka, que sigue padeciendo los efectos de la inestabilidad política y económica. Junto con los obispos del país, renuevo mi llamamiento a la paz, y pido a las autoridades que no ignoren el clamor de los pobres y las necesidades de la gente.

Deseo dirigir un pensamiento especial al pueblo de Libia, especialmente a los jóvenes y a todos los que sufren a causa de los graves problemas sociales y económicos del país. Exhorto a todos a buscar de nuevo soluciones convincentes, con la ayuda de la comunidad internacional, a través del diálogo constructivo y la reconciliación nacional.

Y renuevo mi cercanía al pueblo ucraniano, atormentado a diario por brutales ataques cuyas consecuencias paga la gente común. Rezo por todas las familias, especialmente por las víctimas, los heridos, los enfermos; rezo por los ancianos y los niños. ¡Que Dios muestre el camino para poner fin a esta guerra absurda!

Hoy se celebra el Domingo del Mar. Recordamos a todos los marinos con estima y gratitud por su valioso trabajo, así como a los capellanes y voluntarios de “Stella Maris”. Encomiendo a la Virgen a los marinos que se encuentran bloqueados  en zonas de guerra, para que puedan volver a casa.

Saludo al grupo del Colegio Santo Tomás de Lisboa y a los fieles de Viseu, Portugal; al Coro "Siempre así" de España, a los jóvenes de la Archidiócesis de Berlín y a los niños de Confirmación de Bolgare (Bérgamo). Dirijo también mi saludo a los peregrinos polacos, y lo extiendo a los participantes en la peregrinación anual de la familia de Radio María al Santuario de Częstochowa. Y saludo a los sacerdotes de varios países que participan en el curso para formadores de seminario organizado por el Instituto Sacerdos de Roma.

Les deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

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Confirmaciones AGM 2022

Con inmenso gozo y agradecimiento, vivimos en la tarde del pasado 30 de junio, la celebración en la que un grupo de cadetes de la Academia General Militar (AGM) y de soldados del RPEI 12 recibieron la plenitud del Espíritu Santo por el sacramento de la confirmación, que les fue administrado por nuestro arzobispo, D. Juan Antonio.

Un día, estos jóvenes fueron bautizados con la promesa de ser educados en la fe; ese compromiso de sus padres y padrinos, fue asumido por el servicio religioso de la Academia y del Regimiento de Pontoneros, y tras un período catecumenal en el que se les instruyó en la verdad de la Fe, en la alegría y el consuelo de la Esperanza y, en el ardor de la Caridad, pudimos compartir con ellos la emoción y el entusiasmo agradecido de recibir el don sagrado del Espíritu Santo.

GUARDIA CIVIL: TODO POR LA PATRIA

Publicado en “El Diario Montañés” el 6 de junio del 2022.

“Lo demandó el honor y obedecieron, con su sangre la empresa rubricaron. Por la Patria morir fue su destino, querer a España su pasión eterna”, Ritual militar del Acto a los Caídos.

Estas líneas son un homenaje a la Guardia Civil, encarnada en nuestro Teniente Coronel Pedro Alfonso Casado, Perico para los compañeros. Están redactadas con admiración, gratitud y legítimo orgullo, como emocionada despedida de un amigo militar que ha amado a España y los españoles hasta cumplir su destino de morir por nuestra Patria.

El pasado viernes 1 de julio, la Guardia Civil de Tenerife celebró el acto de Toma de Posesión del nuevo jefe del sector de tráfico de Canarias, el teniente coronel Jesús Ángel Hernández Torrego.

El acto comenzó a las 11 de la mañana y participaron en él autoridades pertenecientes a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado de la isla de Tenerife y diversas autoridades civiles, como el subdelegado del Gobierno en Santa Cruz de Tenerife, Javier Plata o la directora insular de la isla de La Palma, Ana de León.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el Evangelio de la Liturgia de este domingo leemos que “el Señor designó a otros setenta y dos [discípulos] y los envió de dos en dos delante de él a todas las ciudades y lugares a los que iba a ir” (Lc 10,1). Los discípulos son enviados de dos en dos, no individualmente. Ir en misión de dos en dos, desde un punto de vista práctico, pareciera tener más desventajas que ventajas. Existe el riesgo de que los dos no se lleven bien, de que tengan un ritmo diferente, de que uno se canse o enferme por el camino, obligando al otro a detenerse también. En cambio, cuando uno está solo, parece que el viaje se hace más expedito y sin obstáculos. Sin embargo, Jesús no lo piensa así: no envía solitarios delante de él, sino discípulos que van de dos en dos. Preguntémonos: ¿cuál es la razón de esta elección del Señor?

La tarea de los discípulos es ir por delante a las aldeas y preparar a la gente para recibir a Jesús; y las instrucciones que Él les da no se refieren tanto a lo que deben decir, sino a cómo deben ser, es decir, no acerca del “guion” che deben decir, no, sobre al testimonio de vida, el testimonio que han de dar más que a las palabras que han de decir. De hecho, los llama obreros: es decir, están llamados a trabajar, a evangelizar por medio de su comportamiento. Y la primera acción concreta con la que los discípulos llevan a cabo su misión es precisamente la de ir de dos en dos. Los discípulos no son ‘francotiradores’, predicadores que no saben ceder la palabra a otro. Es ante todo la vida misma de los discípulos la que anuncia el Evangelio: su saber estar juntos, su respeto mutuo, su no querer demostrar que son más capaces que el otro, su referencia unánime al único Maestro.

Se pueden hacer planes pastorales perfectos, poner en marcha proyectos bien elaborados, organizarse hasta el más mínimo detalle; se pueden convocar multitudes y disponer de muchos medios; pero si no hay disponibilidad para la fraternidad, la misión evangélica no avanza. Si no hay disponibilidad para la fraternidad, para trabajar juntos, la misión evangélica no avanza. Una vez, un misionero contó que se había ido a África junto con un hermano de comunidad. Sin embargo, al cabo de un tiempo se separó de él, quedándose en una aldea donde llevó a cabo con éxito una serie de actividades de construcción para el bien de la comunidad. Todo funcionaba bien. Pero un día tuvo un sobresalto: se dio cuenta de que su vida era la de un buen empresario, ¡siempre entre obras y papeleo! Pero… y el “pero” se quedó allí. Entonces, dejó la gestión en manos de otros, a los laicos, y volvió con su hermano. Así comprendió por qué el Señor había enviado a los discípulos "de dos en dos": la misión evangelizadora no se basa en el activismo personal, es decir, en el "hacer", ¡no!, sino sobre el testimonio de amor fraterno, incluso a través de las dificultades que conlleva convivir con otro.

Así que podemos preguntarnos: ¿cómo llevamos la buena noticia del Evangelio a los demás? ¿Lo hacemos con espíritu y estilo fraterno, o a la manera del mundo, con protagonismo, competitividad y centralidad en la eficacia? Preguntémonos si tenemos la capacidad de colaborar, si sabemos tomar decisiones juntos, respetando sinceramente a los que nos rodean y teniendo en cuenta su punto de vista, si lo hacemos en comunidad, no solos. En efecto, es sobre todo así como la vida del discípulo deja traslucir la del Maestro, anunciándolo verdaderamente a los demás.

Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, nos enseñe a preparar el camino del Señor con el testimonio de la fraternidad.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Ayer, en San Ramón de la Nueva Orán, Argentina, fueron beatificados Pedro Ortiz de Zárate, sacerdote diocesano, y Juan Antonio Solinas, sacerdote de la Compañía de Jesús. Estos dos misioneros, que dedicaron su vida a transmitir la fe y a defender a los pueblos indígenas, fueron asesinados en 1683 por llevar el mensaje de paz del Evangelio. Que el ejemplo de estos mártires nos ayude a dar testimonio de la Buena Noticia sin concesiones, dedicándonos generosamente al servicio de los más débiles. ¡Un aplauso para los nuevos beatos!

Sigamos rezando por la paz en Ucrania y en todo el mundo. Hago un llamamiento a los jefes de las naciones y de las organizaciones internacionales para que reaccionen ante la tendencia a acentuar el conflicto y la oposición. El mundo necesita paz. No una paz basada en el equilibrio de las armas, en el miedo recíproco. No, eso no servirá. Esto es hacer retroceder la historia setenta años. La crisis ucraniana debería haber sido, pero -si se quiere- todavía puede llegar a ser, un reto para los sabios estadistas, capaces de construir en el diálogo un mundo mejor para las nuevas generaciones. Con la ayuda de Dios, esto siempre es posible. Pero debemos pasar de las estrategias de poder político, económico y militar a un proyecto de paz global: no a un mundo dividido entre potencias en conflicto; sí a un mundo unido entre pueblos y civilizaciones que se respetan.

Los saludo a todos, queridos romanos y peregrinos. En particular, saludo a los lectores y a los ministros de Dobra, en Polonia; a los estudiantes de Slavonski Brod, en Croacia; a los fieles albaneses con sus párrocos y al equipo itinerante del Camino Neocatecumenal en Albania. Saludo a los fieles de Nápoles, Ascoli Piceno, Perugia y Catania, y a los jóvenes de la Confirmación de Tremignon y Vaccarino, diócesis de Vicenza.

Les deseo a todos un buen domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Disfruten el almuerzo y adiós.

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