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Javierada Militar

Cómo ya es tradición tras la celebración de la Javierada militar con la peregrinación del Regimiento de Cazadores de Montaña "América 66" el pasado miércoles 13 de marzo de 2024, este fin de semana ha sido el turno para los más jóvenes.

Dentro de los actos de celebración del 487º Aniversario de la creación del Cuerpo de Infantería de Marina, el pasado domingo tres de marzo tuvo lugar, en la Parroquia Castrense de la Armada Nuestra Señora del Carmen en Madrid, la Bendición y exposición de la imagen de San Juan Nepomuceno.

Coincidiendo con el tercer domingo de Cuaresma se celebró una Misa Solemne presidida por el Arzobispo Castrense Don Juan Antonio Aznárez que fue asistido por el Vicario Episcopal de la Armada. Asistieron a la celebración el Almirante Jefe de Personal de la Armada y una numerosa representación de Oficiales Generales, Oficiales, Suboficiales y Tropa pertenecientes al glorioso cuerpo de Infantería de Marina que se unieron a los feligreses habituales de la Parroquia.

18/3/2024 - Lunes de la 5ª semana de Cuaresma, feria.

1ª lectura: Ahora tengo que morir, siendo inocente.

Lectura del libro de Daniel 13, 1-9. 15-17. 19-30. 33-62

En aquellos días, vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín, casado con Susana, hija de Jelcías, mujer muy
bella y temerosa del Señor.

Sus padres eran justos y habían educado a su hija según la ley de moisés. Joaquín era muy rico y tenía un jardín
junto a su casa; y como era el más respetado de todos, los judíos solían reunirse allí. Aquel año fueron designados
jueces dos ancianos del pueblo, de esos que el Señor denuncia diciendo:

«En Babilonia la maldad ha brotado de los viejos jueces, que paso por guías del pueblo». Solían ir a casa de
Joaquín, y los que tenían pleitos que resolver acudían a ellos.

A mediodía, cuando la gente se marchaba, Susana salía a pasear por el jardín de su marido. Los dos ancianos
la veían a diario, cuando salía a pasear, y sintieron deseos de ella. Pervirtieron sus pensamientos y desviaron los
ojos para no mirar al cielo, ni acordarse de sus justas leyes.

Sucedió que, mientras aguardaban ellos el día conveniente, salió ella como los tres días anteriores sola con dos
criadas, y tuvo ganas de bañarse en el jardín, porque hacía mucho calor. No había allí nadie, excepto los dos
ancianos escondidos y acechándola. Susana dijo a las criadas:

«Traedme el perfume y las cremas y cerrad la puerta del jardín mientras me baño».

Apenas salieron las criadas, se levantaron los dos ancianos, corrieron hacia ella y le dijeron:

«Las puertas del jardín están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos deseos de ti; así que consiente y acuéstate
con nosotros. Si no, daremos testimonio contra ti diciendo que un joven estaba contigo y que por eso habías
despachado a las criadas». Susana lanzó un gemido y dijo:

«No tengo salida: si hago eso, mereceré la muerte; si no lo hago, no escaparé de vuestras manos. Pero prefiero
no hacerlo y caer en vuestras manos antes que pecar delante del Señor». Susana se puso a gritar, y los dos ancianos,
por su parte, se pusieron también a gritar contra ella. Uno de ellos fue corriendo y abrió la puerta del jardín.

Al oír los gritos en el jardín, la servidumbre vino corriendo por la puerta lateral a ver qué le había pasado.

Cuando los ancianos contaron su historia, los criados quedaron abochornados, porque Susana nunca había
dado que hablar. Al día siguiente, cuando la gente vino a casa de Joaquín, su marido, vinieron también los dos
ancianos con el propósito criminal de hacer morir a Susana. En presencia del pueblo ordenaron:

«Id a buscar a Susana, hija de Jelcías, mujer de Joaquín».

Fueron a buscarla, y vino ella con sus padres, hijos y parientes. Toda su familia y cuantos la veían lloraban.

Entonces los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y pusieron las manos sobre la cabeza de
Susana. Ella, llorando, levantó la vista al cielo, porque su corazón confiaba en el Señor.

Los ancianos declararon:

«Mientras paseábamos nosotros solos por el jardín, salió esta con dos criadas, cerró la puerta
del jardín y despidió a las criadas. Entonces se le acercó un joven que estaba escondido y
se acostó con ella.

Nosotros estábamos en un rincón del jardín y, al ver aquella maldad, corrimos hacia ellos. Los vimos abrazados,
pero no pudimos sujetar al joven, porque era más fuerte
que nosotros, y, abriendo la puerta, salió corriendo. En cambio, a esta la echamos mano y le preguntamos quién
era el joven, pero no quiso decírnoslo. Damos testimonio de ello».

Como eran ancianos del pueblo y jueces, la asamblea los creyó y la condenó a muerte. Susana dijo gritando:

«Dios eterno, que ves lo escondido, que lo sabes todo antes de que suceda, tú sabes que han dado falso testimonio
contra mí, y ahora tengo que morir, siendo inocente de lo que su maldad ha inventado contra mí». Y el Señor
escuchó su voz.

Mientras la llevaban para ejecutarla, Dios suscitó el espíritu santo en un muchacho llamado Daniel; y este dio
una gran voz:

«Yo soy inocente de la sangre de esta».

Toda la gente se volvió a mirarlo, y le preguntaron:

«¿Qué es lo que estás diciendo?».

Él, plantado en medio de ellos, les contestó:

«Pero ¿estáis locos, hijos de Israel? ¿Conque, sin discutir la causa ni conocer la verdad condenáis a una hija
de Israel? Volved al tribunal, porque esos han dado falso testimonio contra ella». La gente volvió a toda prisa, y
los ancianos le dijeron:

«Ven, siéntate con nosotros e infórmanos, porque Dios mismo te ha dado la ancianidad» Daniel les dijo:

«Separadlos lejos uno del otro, que los voy a interrogar».

Cuando estuvieron separados el uno del otro, él llamó a uno de ellos y le dijo:

«¡Envejecido en días y en crímenes! Ahora vuelven tus pecados pasados, cuando dabas sentencias injustas
condenando inocentes y absolviendo culpables, contra el mandato del Señor: “No matarás al inocente ni al justo”.
Ahora puesto que tú la viste, dime debajo de qué árbol los viste abrazados». Él contestó:

«Debajo de una acacia». Respondió Daniel:

«Tu calumnia se vuelve contra ti. Un ángel de Dios ha recibido ya la sentencia divina y te va a partir por medio».
Lo apartó, mandó traer al otro y le dijo:

«¡Hijo de Canaán, y no de Judá! La belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. Lo mismo hacíais con
las mujeres israelitas, y ellas por miedo se acostaban con vosotros; pero una mujer judía no ha tolerado vuestra
maldad. Ahora dime: ¿bajo qué árbol los sorprendiste abrazados?». Él contestó:

«Debajo de una encina». Replicó Daniel:

«Tu calumnia también se vuelve contra ti. El ángel de Dios aguardad con la espada para dividirte
por medio. Y así acabará con vosotros».

Entonces toda la asamblea se puso a gritar bendiciendo a Dios, que salva a los que esperan en él. Se alzaron
contra los dos ancianos, a quienes Daniel había dejado convictos de falso testimonio por su propia confesión, e
hicieron con ellos lo mismo que ellos habían tramado contra el prójimo. Les aplicaron la ley de Moisés y los
ajusticiaron. Aquel día se salvó una vida inocente.

Salmo: Sal 22,1-3a.3b-4.5.6

R. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mí copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.

Versículo Ez 33, 11

No me complazco en la muerte del malvado - dice el Señor -,
sino en que se convierta y viva. R.

Evangelio: El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 8

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo
el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:
«Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las
adúlteras; tú, ¿qué dices?». Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.

Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:

«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.

Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.

Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante.

Jesús se incorporó y le preguntó:

«Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó:

«Ninguno, Señor». Jesús dijo:

«Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

17/3/2024 - Domingo de la 5ª semana de Cuaresma.

1ª lectura: Haré una alianza nueva y no recordaré los pecados.

Lectura del libro de Jeremías 31, 31-34

Ya llegan días - oráculo del Señor - en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No
será una alianza como la que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto: pues
quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor - oráculo del Señor -.

Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días -oráculo del Señor-: Pondré mi ley en su interior
y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrá que enseñarse unos a otros
diciendo: «Conoced al Señor», pues todos me conocerán, desde el más pequeño al mayor -oráculo del Señor-,
cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados.

Salmo: Sal 50, 3-4.12-13. 14-15

R. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R.

2ª lectura: Aprendió a obedecer; y se convirtió en autor de salvación eterna.

Lectura de la carta a los Hebreos 5, 7-9

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo
de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial.

Y, aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que
lo obedecen, en autor de salvación eterna.

Versículo Jn 12, 26

El que quiera servirme, que me siga - dice el Señor -,
y donde esté yo, allí también estará mi servidor. R.

Evangelio: Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 12,20-33

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a
Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban:

«Señor, queremos ver a Jesús».

Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

Jesús les contestó:

«Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre.

En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da
mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará
para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien
me sirva, el Padre lo honrará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por
esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre».

Entonces vino una voz del cielo:

«Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».

La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.
Jesús tomó la palabra y dijo:

«Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este
mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí».

Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

16/3/2024 - Sábado de la 4ª semana de Cuaresma.


Lectura del libro de Jeremías 11, 18-20

El Señor me instruyó, y comprendí, me explicó todas sus intrigas.

Yo, como manso cordero, era llevado al matadero; desconocía los planes que estaban urdiendo contra mí:

«Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra de los vivos, que jamás se pronuncie su nombre».

Señor del universo, que juzgas rectamente, que examinas las entrañas y el corazón, deja que yo no pueda ver
cómo te vengas de ellos, pues a ti he confiado mi causa.

Salmo: Sal 7, 2-3. 9bc-10. 11-12

R. Señor, Dios. mío, a ti me acojo.

Señor, Dios mío, a ti me acojo,
líbrame de mis perseguidores y sálvame,
que no me atrapen como leones
y me desgarren sin remedio. R.

Júzgame, Señor, según mi justicia, según la inocencia que hay en mí.
Cese la maldad de los culpables,y apoya tú al inocente,
tú que sondeas el corazón y las entrañas, tú, el Dios justo. R.

Mi escudo es Dios,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es un juez justo,
Dios amenaza cada día. R.

Versículo Cf. Lc 8, 15

Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios
con un corazón noble y generoso,
la guardan y dan fruto con perseverancia. R.

Evangelio: ¿Es que de Galilea va a venir el Mesías?

Lectura del santo Evangelio según san Juan 7, 40-53

En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían:

«Este es de verdad el profeta». Otros decían:

«Este es el Mesías». Pero otros decían:

«¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de
Belén, el pueblo de David?». Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.

Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.

Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron:

«¿Por qué no lo habéis traído?». Los guardias respondieron:

«Jamás ha hablado nadie como ese hombre». Los fariseos les replicaron:

«¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que
no entiende de la Ley son unos malditos». Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo,
les dijo:

«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?». Ellos le replicaron:

«¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas».

Y se volvieron cada uno a su casa.

Queridos fieles del Arzobispado Castrense:

Os escribo estas líneas para saludaros en estos días ya cercanos a la Semana Santa y para recordaros que muy pronto celebraremos la Solemnidad de San José y, con ella, el Día del Seminario.

Dado que en algunas comunidades autónomas el 19 de marzo no es festivo, en dichos lugares celebraremos el Día del Seminario, con un poco de antelación, el domingo 17.

San Juan de la Cruz

El pasado 13 de marzo, los salones de la Catedral Castrense acogieron el testimonio de conversión que el Dr. Alfonso del Corral ofreció a los miembros de la Congregación del Cristo de los Alabarderos. Un testimonio de conversión muy potente en el que invitó a la sencilla oración diaria y, especialmente, a los sacramentos para encontrarnos con el Señor.

Los días 5, 6 y 7 de marzo la Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas albergó el triduo en honor del Stmo. Cristo de la Fe, popularmente conocido como Cristo de los Alabarderos, con gran afluencia de fieles. El tercer día, además, tuvo lugar el ingreso en la Hermandad de cuarenta nuevos congregantes y de la corte de infantes, al tiempo que se dio la bienvenida a once nuevos alabarderos, que año tras año escoltan la imagen del Cristo en la estación de penitencia del Viernes Santo.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este cuarto domingo de Cuaresma el Evangelio nos presenta la figura de Nicodemo (cfr Jn 3,14-21), un fariseo, «uno de los notables entre los judíos» (Jn 3,1). Él vio los signos que Jesús ha cumplido, reconoció en Él un maestro enviado por Dios, y fue a encontrarlo de noche, para no ser visto. El Señor lo acoge, dialoga con él y le revela que no vino a condenar, si no para salvar el mundo (cfr v. 17). Detengámonos a reflexionar sobre esto: Jesús no vino a condenar, sino a salvar. ¡Es hermoso!

A menudo en el Evangelio vemos a Cristo desvelar las intenciones de las personas que encuentra, a veces desenmascarando actitudes falsas, como con los fariseos (cfr Mt 23,27-32), o haciéndolas reflexionar sobre el desorden de su vida, como la Samaritana (cfr Jn 4,5-42). Ante Jesús no hay secretos: Él lee en el corazón, en el corazón de cada uno de nosotros. Y esta capacidad podría ser perturbadora porque, si mal utilizada, hace daño a las personas, exponiéndolas a juicios faltos de misericordia. Nadie, en hecho es perfecto, todos somos pecadores, todos nos equivocamos, y si el Señor usara el conocimiento de nuestras debilidades para condenarnos, nadie podría salvarse.

Pero no es así. Porque Él no lo utiliza para señalarnos con el dedo, sino, para abrazar nuestra vida, para liberarnos de los pecados y para salvarnos. A Jesús no interesa procesarnos o someternos a una sentencia; Él quiere que ninguno entre nosotros se pierda. La mirada del Señor sobre cada uno de nosotros no es un faro cegador que deslumbra y pone en dificultad, sino el suave resplandor de una lámpara amiga, que nos ayuda a ver en nosotros el bien y a darnos cuenta del mal, para convertirnos y sanarnos con el sostén de su gracia.

Jesús no vino a condenar, sino a salvar el mundo. Pensemos en nosotros, que tantas veces condenamos a los demás; tantas veces nos gusta chismorrear, buscar chismes contra los demás. Pidamos al Señor que nos dé, a todos nosotros, esta mirada de misericordia, para mirar a los demás como Él nos mira a todos nosotros.

Que María nos ayude a desear el bien los unos a los otros.

_______________

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas

Hace dos días celebramos el Día Internacional de la Mujer. Quisiera dirigir un pensamiento y expresar mi cercanía a todas las mujeres, especialmente a aquellas cuya dignidad no se respeta.

Todavía nos queda mucho trabajo por hacer a cada uno de nosotros para que se reconozca concretamente la igual dignidad de la mujer. Son las instituciones, sociales y políticas, las que tienen el deber fundamental de proteger y promover la dignidad de todo ser humano, ofreciendo a las mujeres, portadoras de vida, las condiciones necesarias para poder acoger el don de la vida y asegurar a sus hijos una existencia digna.

Sigo con preocupación y dolor la grave crisis que afecta a Haití y los episodios violentos que se han producido en los últimos días. Estoy cerca de la Iglesia y del querido pueblo haitiano, que sufre desde hace años. Os invito a rezar, por intercesión de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, para que cese toda violencia y para que todos ofrezcan su contribución al crecimiento de la paz y la reconciliación en el país, con el apoyo renovado de la comunidad internacional.

Esta noche nuestros hermanos y hermanas musulmanes comenzarán el Ramadán: expreso mi cercanía a todos ellos.

Saludo a todos ustedes venidos de Roma, de Italia y de muchas partes del mundo. En particular, saludo a los alumnos del Colegio Irabia-Izaga de Pamplona, a los peregrinos de Madrid, Murcia, Málaga y a los de St Mary's Plainfield - New Jersey.

Saludo a los niños de Primera Comunión y Confirmación de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe y San Filippo Martire de Roma; a los fieles de Reggio Calabria, Quartu Sant'Elena y Castellamonte (Italia).

Saludo con afecto a la comunidad católica de la República Democrática del Congo en Roma. Recemos por la paz en este país, así como en la atormentada Ucrania y en Tierra Santa. Que cesen cuanto antes las hostilidades que causan inmensos sufrimientos a la población civil.

Deseo a todos un buen domingo. Por favor, no olviden rezar por mí. Buen almuerzo y ¡hasta la vista!

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