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1ª lectura: La sangre de Jesús nos limpia de todo pecado.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 1, 5 ‐ 2, 2.

Queridos hermanos:

Este es el mensaje que hemos oído de Jesucristo y que os anunciamos: Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna.
Si decimos que estamos en comunión con él y vivimos en las tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero, si
caminamos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos en comunión unos con otros, y la sangre de
su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en
nosotros. Pedro, sí confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará
de toda justicia. Si decimos que no hemos pecado lo hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros.

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre:

a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no solo por los nuestros, sino también por
los del mundo entero.

Salmo: Sal 102, 1b-2. 8-9. 13-14. 17-18a.

R. Bendice, alma mía, al Señor.

Bendice, alma mía al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor.
y no olvides sus beneficios. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo. R.

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por los que lo temen;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro. R.

La misericordia del Señor
dura desde siempre y por siempre,
para aquellos que lo temen;
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza. R.

Aleluya Mt 11,25

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has relevado los misterios del reino a los pequeños. R.

Evangelio: Has escondido estas cosas a los sabios, y las has relevado a los pequeños.

Lectura del santo Evangelio según Mateo 11, 25‐30.

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:

«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos,
y se las has revelado a los pequeños. Si, padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y
nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended
de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero
y mi carga ligera».

28/4/2024 - Domingo de la 5ª semana de Pascua.

1ª lectura: Él les contó cómo había visto al Señor en el camino.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 9, 26‐31.

En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo,
porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo.

Entonces Bernabé, tomándolo consigo, lo presentó a los apóstoles y él les contó cómo había visto al Señor en el
camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había actuado valientemente en el nombre de Jesús.

Saulo se quedó con ellos y se movía con libertad en Jerusalén, actuando valientemente en el nombre del Señor.
Hablaba y discutía también con los helenistas, que se propusieron matarlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a
Cesarea y lo enviaron a Tarso. La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y
progresaba en temor del Señor, y se multiplicaba con el consuelo del Espíritu Santo.

Salmo: Sal 21, 26b-27. 28 y 30. 31-32.

R. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan.
¡Viva su corazón por siempre! R.

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán los que duermen en la tierra,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R.

Mi descendencia lo servirá;
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
«Todo lo que hizo el Señor». R.

2ª lectura: Éste es su mandamiento: que creamos y que nos amemos.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3,18‐24.

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.

En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestro corazón ante él, en caso de que nos
condene nuestro corazón, pues Dios es mayor que nuestro corazón y lo conoce todo. Queridos, si el corazón no nos
condena, tenemos plena confianza ante Dios. Cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos
y hacemos lo que le agrada.

Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal
como nos lo mandó.

Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros:
por el Espíritu que nos dio.

Aleluya Jn 15, 4a. 5b

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Permaneced en mí, y yo en vosotros ‐ dice el Señor ‐;
el que permanece en mí da fruto abundante. R.

Evangelio: El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 1‐8.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo
el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado;
permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis
en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí
no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y
los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y
se realizará.

Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

27/4/2024 - Sábado de la 4ª semana de Pascua.

1ª lectura: Sabed que nos dedicamos a los gentiles.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 13, 44‐52.

El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra del Señor. Al ver el gentío, los judíos se llenaron
de envidia y respondían con blasfemias a las palabras de Pablo.

Entonces Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía:

«Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis
dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te he puesto
como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra”». Cuando los gentiles oyeron esto,
se alegraron y alababan la palabra del Señor; y creyeron los que estaban destinados a la vida eterna.

La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas,
adoradoras de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los
expulsaron de su territorio.

Estos sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se fueron a Iconio. Los discípulos, por su parte, quedaban
llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Salmo: Sal 97, 1bcde. 2-3ab. 3cd-4.

R. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Aleluya Jn 8, 31b-32

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Si permanecéis en mi palabra ‐ dice el Señor ‐,
seréis de verdad discípulos míos, y conoceréis la verdad. R.

Evangelio: Quien me ha visto a mí ha visto al Padre.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 7‐14.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». Felipe le dice:

«Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Jesús le replica:

«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo
dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo
por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí.
Si no, creed a las obras.

En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque
yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me
pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

1ª lectura: Vuestra fe se apoye en el poder de Dios.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1‐10.

Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia
o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado.

También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva
sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría
de los hombres, sino en el poder de Dios. Sabiduría, sí, hablamos entre los perfectos; pero una sabiduría que no es
de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina,
misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de
este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.

Sino, como está escrito:

«Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman». Y Dios
nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.

Salmo: Sal 118, 99-100. 101-102. 103-104.

R. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero.

Soy más docto que todos mis maestros,
porque medito tus preceptos.
Soy más sagaz que los ancianos,
porque cumplo tus mandatos. R.

Aparto mi pie de toda senda mala,
para guardar tu palabra;
no me aparto de tus mandamientos,
porque tú me has instruido. R.

¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la boca!
Considero tus mandatos,
y odio el camino de la mentira. R.

Aleluya Mt. 5, 16

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Brille así vuestra luz ante los hombres,
para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre. R.

 

Evangelio: Vosotros sois la luz del mundo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 13‐19.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla
fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que
alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den
gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

Durante los días 23, 24 y 25 de abril se celebró la Convivencia anual de Cáritas Castrense en la Residencia de descanso ¨Castañón de Mena¨ de Málaga.

Se trata ya de la séptima actividad de estas características que se realiza, con el objetivo de unificar criterios de actuación, fomentar el conocimiento mutuo y, en definitiva, mejorar la calidad de nuestra actuación en los diferentes programas y actividades dirigidas a ayudar a quienes más lo necesitan.

El pasado domingo día 14 de abril, tuvo lugar en las instalaciones del Colegio de Guardias Jóvenes “Duque de Ahumada” la celebración de la convivencia parroquial de niños y niñas de primera Comunión.

La jornada transcurrió con ocasión de la celebración de las “primeras confesiones” de los niños y niñas que recibirán en los próximos días el sacramento de la Eucaristía. Dicha celebración estuvo presidida por Gonzalo, diácono de nuestro seminario Castrense Juan Pablo II. Tras las confesiones, unos 70 niños, la jornada continuó con la celebración de la Eucaristía dominical, que en dicho Domingo preparó la asociación de Damas del Pilar.

1ª lectura: Os saluda Marcos, mi hijo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 5, 5b‐14.

Queridos hermanos:

Revestíos todos de humildad en el trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, mas da su gracia a los
humildes. Así pues, sed humildes bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce en su momento. Descargad
en él todo vuestro agobio, porque él cuida de vosotros.

Sed sobrios, velad. Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Resistidle,
firmes en la fe, sabiendo que vuestra comunidad fraternal en el mundo entero está pasando por los mismos
sufrimientos. Y el Dios de toda gracia que os ha llamado a su gloria eterna en Cristo Jesús, después de sufrir un poco,
él mismo os restablecerá, os afianzará, os robustecerá y os consolidará. Suyo es el poder por los siglos. Amén. Os
he escrito brevemente por medio de Silvano, al que tengo por hermano fiel, para exhortaros y para daros testimonio
de que esta es la verdadera gracia de Dios. Manteneos firmes en ella.

Os saluda la comunidad que en Babilonia comparte vuestra misma elección, y también Marcos, mi hijo. Saludaos
unos a otros con el beso del amor.

Paz a todos vosotros, los que vivís en Cristo.

Salmo: Sal 88, 2-3. 21-22. 25 y 27.

R. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R.

Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso. R.

Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
por mi nombre crecerá su poder.
Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora». R.

Aleluya 1Cor 1, 23a. 24b

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Nosotros predicamos a Cristo crucificado,
fuerza de Dios y sabiduría de Dios. R.

Evangelio: Proclamad el Evangelio a toda la creación.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 16, 15‐20.

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo:

«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.

A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas,
cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos,
y quedarán sanos». Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que
los acompañaban.

24/4/2024 - Miércoles de la 4ª semana de Pascua, feria.

1ª lectura: Apártenme a Bernabé y a Saulo.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 12, 24‐13, 5a.

En aquellos días, la Palabra de Dios iba creciendo y se multiplicaba. Cuando cumplieron su servicio, Bernabé y
Saulo se volvieron de Jerusalén, llevándose con ellos a Juan, por sobrenombre Marcos.

En la Iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, llamado Níger; Lucio, el de
Cirene; Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo. Un día que estaban celebrando el culto al Señor
y ayunaban, dijo el Espíritu Santo:

«Apártenme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado».

Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los enviaron. Con esta misión del Espíritu Santo,
bajaron a Seleucia y de allí zarparon para Chipre. Llegados a Salamina, anunciaron la Palabra de Dios en las sinagogas
de los judíos.

Salmo: Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8.

R. Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su Rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia
y gobiernas las naciones de la tierra. R.

Oh, Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
todos los confines de la tierra. R.

Aleluya Jn 12, 44-50

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy la luz del mundo ‐dice el Señor‐;
el que me sigue tendrá la luz de la vida. R.

Evangelio: Yo he venido al mundo como luz.

Lectura del santo Evangelio según San Juan 12, 44‐50.

En aquel tiempo, Jesús gritó diciendo:

«El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado.

Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.

Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para
salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la Palabra que yo he pronunciado,
esa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha
ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo,
lo hablo como me ha encargado el Padre»

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Este domingo está dedicado a Jesús Buen Pastor. En el Evangelio de hoy (cf. Jn 10,11-18) Jesús dice: «El buen pastor da su vida por las ovejas» (v. 11) e insiste en este aspecto, tanto que lo repite tres veces (cf. vv. 11.15.17). Pero, ¿en qué sentido, me pregunto, el pastor da la vida por las ovejas?

Ser pastor, especialmente en tiempos de Cristo, no era solo un oficio, era toda una vida: no se trataba de tener una ocupación determinada, sino de compartir los días enteros, e incluso las noches, con las ovejas, de vivir – quisiera decir – en simbiosis con ellas. Jesús, de hecho, explica que no es un mercenario, al que no le importan las ovejas (cf. v. 13), sino el que las conoce (cf. v. 14). Él conoce a las ovejas. Así es, Él, el Señor, pastor de todos nosotros, nos conoce, a cada uno de nosotros, nos llama por nuestro nombre y cuando nos descarriamos, nos busca hasta que nos encuentra (cf. Lc 15,4-5). Es más: Jesús no es solo un pastor bueno que comparte la vida del rebaño; Jesús es el Buen Pastor, que por nosotros sacrificó la vida y, resucitado, nos dio su Espíritu.

He aquí lo que quiere decirnos el Señor con la imagen del Buen Pastor: no solo que Él es la guía, el Cabeza del rebaño, sino sobre todo que piensa en cada uno de nosotros, y nos considera como en el amor de su vida. Pensemos en esto: yo para Cristo soy importante, Él piensa en mí, soy insustituible, valgo el precio infinito de su vida. Y esto no es una forma de hablar: Él dio realmente su vida por mí, murió y resucitó por mí. ¿Por qué? Porque me ama y encuentra en mí una belleza que yo a menudo no veo.

Hermanos y hermanas, ¡cuántas personas hoy se consideran inadecuadas o incluso equivocadas! ¡Cuántas veces se piensa que nuestro valor depende de los objetivos que seamos capaces de alcanzar, del éxito a ojos del mundo, de los juicios de los demás! ¡Y cuántas veces acabamos desperdiciándonos por pequeñeces! Hoy Jesús nos dice que nosotros para Él valemos mucho y siempre. Y entonces, para encontrarnos a nosotros mismos, lo primero que hay que hacer es situarnos en su presencia, dejarnos acoger y aliviar los por brazos amorosos de nuestro Buen Pastor.

Hermanos, hermanas, preguntémonos, por lo tanto: ¿Sé encontrar cada día un momento para abrazar la certeza que da valor a mi vida? ¿Sé encontrar un momento de oración, de adoración, de alabanza, para estar en presencia de Cristo y dejarme acariciar por Él? Hermano, hermana, el Buen Pastor nos dice que si lo haces, descubrirás el secreto de la vida: recordarás que Él dio la vida por ti, por mí, por todos nosotros. Y que para Él somos todos importantes, cada uno de nosotros y todos.

Que la Virgen nos ayude a encontrar en Jesús lo esencial para vivir.

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Después del Regina Caeli

Queridos hermanos y hermanas:

Se celebra hoy la Jornada mundial de oración por las vocaciones, que tiene por tema “Llamados a sembrar la esperanza y a construir la paz”. Es una hermosa ocasión para descubrir la Iglesia como comunidad caracterizada por una polifonía de carismas y de vocaciones al servicio del Evangelio. En este contexto dirijo de corazón mi saludo a los nuevos presbíteros de la diócesis de Roma, que fueron ordenados ayer por la tarde en la Basílica de San Pedro. ¡Recemos por ellos!

Continúo siguiendo con preocupación, y también con dolor, la situación en Oriente Medio. Renuevo el llamamiento a no ceder a la lógica de las reivindicaciones y de la guerra; que prevalgan, en cambio, las vías del diálogo y de la diplomacia, que tanto puede hacer. Rezo cada día por la paz en Palestina y en Israel y espero que estos dos pueblos puedan pronto dejar de sufrir. Y no olvidemos a la martirizada Ucrania, la martirizada Ucrania que sufre tanto por la guerra.

Con dolor he recibido la noticia de la muerte, en un accidente, del padre Matteo Pettinari, joven misionero de la Consolata en Costa de Marfil, conocido como el “misionero incansable”, que ha dejado un gran testimonio de generoso servicio. Recemos por su alma.

Os doy una cordial bienvenida a todos vosotros, romanos y peregrinos de Italia y de tantos países. Acojo con afecto a las Hermanas Apostolinas: ¡gracias por vuestro alegre servicio a la pastoral de las vocaciones! Saludo a los fieles de Viterbo, Brescia, Alba Adriatica y Arezzo; como también al Rotary Club Galatina Maglie e Terre d’Otranto, a los jóvenes de Capocroce, a los chicos de la Confirmación de Azzano Mella y de la parroquia de Santa Inés en Roma.

Os deseo a todos vosotros un feliz domingo. Y saludo a los chicos de la Inmaculada, ¡bravos! Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.

[Multimedia]

1ª lectura: Se pusieron a hablar a los griegos, anunciándoles la Buena Nueva del Señor Jesús.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 11,19‐26.

En aquellos días, los que se habían dispersado en la persecución provocada por lo de Esteban hasta Fenicia,
Chipre y Antioquía, sin predicar la palabra más que a los judíos. Pero algunos, naturales de Chipre y de Cirene, al
llegar a Antioquía, se pusieron a hablar también a los griegos, anunciándoles la Buena Nueva del Señor Jesús. Como
la mano del Señor estaba con ellos, gran número creyó y se convirtió al Señor.

Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de
la gracia de Dios, se alegró mucho y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; como era un
hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una multitud considerable se adhirió al Señor. Bernabé salió para
Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en
aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez llamaron a los discípulos fueron
llamados cristianos.

Salmo: Sal 86, 1b-3. 4-5. 6-7.

R. Alabad al Señor todas las naciones.

Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios! R.

«Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes han nacido allí.»
Se dirá de Sión: «Uno por uno todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado». R.

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí».
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti». R.

Aleluya Jn 10, 27

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Mis ovejas escuchan mi voz ‐ dice el Señor ‐,
y yo las conozco, y ellas me siguen. R.

Evangelio: Yo y el Padre somos uno.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 22‐30.

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por
el pórtico de Salomón.

Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:

«¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente». Jesús les respondió:

«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mí. Pero
vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y
yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha
dado, es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

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