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17/3/2024 - Domingo de la 5ª semana de Cuaresma.

1ª lectura: Haré una alianza nueva y no recordaré los pecados.

Lectura del libro de Jeremías 31, 31-34

Ya llegan días - oráculo del Señor - en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No
será una alianza como la que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto: pues
quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor - oráculo del Señor -.

Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días -oráculo del Señor-: Pondré mi ley en su interior
y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrá que enseñarse unos a otros
diciendo: «Conoced al Señor», pues todos me conocerán, desde el más pequeño al mayor -oráculo del Señor-,
cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados.

Salmo: Sal 50, 3-4.12-13. 14-15

R. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R.

2ª lectura: Aprendió a obedecer; y se convirtió en autor de salvación eterna.

Lectura de la carta a los Hebreos 5, 7-9

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo
de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial.

Y, aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que
lo obedecen, en autor de salvación eterna.

Versículo Jn 12, 26

El que quiera servirme, que me siga - dice el Señor -,
y donde esté yo, allí también estará mi servidor. R.

Evangelio: Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 12,20-33

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a
Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban:

«Señor, queremos ver a Jesús».

Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

Jesús les contestó:

«Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre.

En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da
mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará
para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien
me sirva, el Padre lo honrará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por
esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre».

Entonces vino una voz del cielo:

«Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».

La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.
Jesús tomó la palabra y dijo:

«Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este
mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí».

Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

16/3/2024 - Sábado de la 4ª semana de Cuaresma.


Lectura del libro de Jeremías 11, 18-20

El Señor me instruyó, y comprendí, me explicó todas sus intrigas.

Yo, como manso cordero, era llevado al matadero; desconocía los planes que estaban urdiendo contra mí:

«Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra de los vivos, que jamás se pronuncie su nombre».

Señor del universo, que juzgas rectamente, que examinas las entrañas y el corazón, deja que yo no pueda ver
cómo te vengas de ellos, pues a ti he confiado mi causa.

Salmo: Sal 7, 2-3. 9bc-10. 11-12

R. Señor, Dios. mío, a ti me acojo.

Señor, Dios mío, a ti me acojo,
líbrame de mis perseguidores y sálvame,
que no me atrapen como leones
y me desgarren sin remedio. R.

Júzgame, Señor, según mi justicia, según la inocencia que hay en mí.
Cese la maldad de los culpables,y apoya tú al inocente,
tú que sondeas el corazón y las entrañas, tú, el Dios justo. R.

Mi escudo es Dios,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es un juez justo,
Dios amenaza cada día. R.

Versículo Cf. Lc 8, 15

Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios
con un corazón noble y generoso,
la guardan y dan fruto con perseverancia. R.

Evangelio: ¿Es que de Galilea va a venir el Mesías?

Lectura del santo Evangelio según san Juan 7, 40-53

En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían:

«Este es de verdad el profeta». Otros decían:

«Este es el Mesías». Pero otros decían:

«¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de
Belén, el pueblo de David?». Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.

Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.

Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron:

«¿Por qué no lo habéis traído?». Los guardias respondieron:

«Jamás ha hablado nadie como ese hombre». Los fariseos les replicaron:

«¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que
no entiende de la Ley son unos malditos». Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo,
les dijo:

«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?». Ellos le replicaron:

«¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas».

Y se volvieron cada uno a su casa.

Queridos fieles del Arzobispado Castrense:

Os escribo estas líneas para saludaros en estos días ya cercanos a la Semana Santa y para recordaros que muy pronto celebraremos la Solemnidad de San José y, con ella, el Día del Seminario.

Dado que en algunas comunidades autónomas el 19 de marzo no es festivo, en dichos lugares celebraremos el Día del Seminario, con un poco de antelación, el domingo 17.

San Juan de la Cruz

El pasado 13 de marzo, los salones de la Catedral Castrense acogieron el testimonio de conversión que el Dr. Alfonso del Corral ofreció a los miembros de la Congregación del Cristo de los Alabarderos. Un testimonio de conversión muy potente en el que invitó a la sencilla oración diaria y, especialmente, a los sacramentos para encontrarnos con el Señor.

Los días 5, 6 y 7 de marzo la Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas albergó el triduo en honor del Stmo. Cristo de la Fe, popularmente conocido como Cristo de los Alabarderos, con gran afluencia de fieles. El tercer día, además, tuvo lugar el ingreso en la Hermandad de cuarenta nuevos congregantes y de la corte de infantes, al tiempo que se dio la bienvenida a once nuevos alabarderos, que año tras año escoltan la imagen del Cristo en la estación de penitencia del Viernes Santo.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este cuarto domingo de Cuaresma el Evangelio nos presenta la figura de Nicodemo (cfr Jn 3,14-21), un fariseo, «uno de los notables entre los judíos» (Jn 3,1). Él vio los signos que Jesús ha cumplido, reconoció en Él un maestro enviado por Dios, y fue a encontrarlo de noche, para no ser visto. El Señor lo acoge, dialoga con él y le revela que no vino a condenar, si no para salvar el mundo (cfr v. 17). Detengámonos a reflexionar sobre esto: Jesús no vino a condenar, sino a salvar. ¡Es hermoso!

A menudo en el Evangelio vemos a Cristo desvelar las intenciones de las personas que encuentra, a veces desenmascarando actitudes falsas, como con los fariseos (cfr Mt 23,27-32), o haciéndolas reflexionar sobre el desorden de su vida, como la Samaritana (cfr Jn 4,5-42). Ante Jesús no hay secretos: Él lee en el corazón, en el corazón de cada uno de nosotros. Y esta capacidad podría ser perturbadora porque, si mal utilizada, hace daño a las personas, exponiéndolas a juicios faltos de misericordia. Nadie, en hecho es perfecto, todos somos pecadores, todos nos equivocamos, y si el Señor usara el conocimiento de nuestras debilidades para condenarnos, nadie podría salvarse.

Pero no es así. Porque Él no lo utiliza para señalarnos con el dedo, sino, para abrazar nuestra vida, para liberarnos de los pecados y para salvarnos. A Jesús no interesa procesarnos o someternos a una sentencia; Él quiere que ninguno entre nosotros se pierda. La mirada del Señor sobre cada uno de nosotros no es un faro cegador que deslumbra y pone en dificultad, sino el suave resplandor de una lámpara amiga, que nos ayuda a ver en nosotros el bien y a darnos cuenta del mal, para convertirnos y sanarnos con el sostén de su gracia.

Jesús no vino a condenar, sino a salvar el mundo. Pensemos en nosotros, que tantas veces condenamos a los demás; tantas veces nos gusta chismorrear, buscar chismes contra los demás. Pidamos al Señor que nos dé, a todos nosotros, esta mirada de misericordia, para mirar a los demás como Él nos mira a todos nosotros.

Que María nos ayude a desear el bien los unos a los otros.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas

Hace dos días celebramos el Día Internacional de la Mujer. Quisiera dirigir un pensamiento y expresar mi cercanía a todas las mujeres, especialmente a aquellas cuya dignidad no se respeta.

Todavía nos queda mucho trabajo por hacer a cada uno de nosotros para que se reconozca concretamente la igual dignidad de la mujer. Son las instituciones, sociales y políticas, las que tienen el deber fundamental de proteger y promover la dignidad de todo ser humano, ofreciendo a las mujeres, portadoras de vida, las condiciones necesarias para poder acoger el don de la vida y asegurar a sus hijos una existencia digna.

Sigo con preocupación y dolor la grave crisis que afecta a Haití y los episodios violentos que se han producido en los últimos días. Estoy cerca de la Iglesia y del querido pueblo haitiano, que sufre desde hace años. Os invito a rezar, por intercesión de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, para que cese toda violencia y para que todos ofrezcan su contribución al crecimiento de la paz y la reconciliación en el país, con el apoyo renovado de la comunidad internacional.

Esta noche nuestros hermanos y hermanas musulmanes comenzarán el Ramadán: expreso mi cercanía a todos ellos.

Saludo a todos ustedes venidos de Roma, de Italia y de muchas partes del mundo. En particular, saludo a los alumnos del Colegio Irabia-Izaga de Pamplona, a los peregrinos de Madrid, Murcia, Málaga y a los de St Mary's Plainfield - New Jersey.

Saludo a los niños de Primera Comunión y Confirmación de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe y San Filippo Martire de Roma; a los fieles de Reggio Calabria, Quartu Sant'Elena y Castellamonte (Italia).

Saludo con afecto a la comunidad católica de la República Democrática del Congo en Roma. Recemos por la paz en este país, así como en la atormentada Ucrania y en Tierra Santa. Que cesen cuanto antes las hostilidades que causan inmensos sufrimientos a la población civil.

Deseo a todos un buen domingo. Por favor, no olviden rezar por mí. Buen almuerzo y ¡hasta la vista!

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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio nos muestra hoy una escena dura: Jesús expulsa a los mercaderes del templo (cfr. Jn 2,13-25). Jesús que echa a los vendedores, derriba las mesas de los cambistas y amonesta a todos diciendo: «No hagan de la casa de mi Padre un mercado» (v. 16). Detengámonos un poco en el contraste entre casa y mercado: se trata, efectivamente, de dos modos distintos de presentarse ante el Señor.

En el templo entendido como mercado, para estar bien con Dios bastaba comprar un cordero, pagarlo y consumirlo en las brasas del altar. Comprar, pagar, consumir, y después cada uno a su casa. En cambio, en el templo entendido como casa, sucede lo contrario: se va para visitar al Señor, para estar unidos a Él y a los hermanos, para compartir alegrías y dolores. Todavía más, en el mercado se juega con el precio, en casa no se calcula; en el mercado se busca el propio interés, en casa se da gratuitamente. Y Jesús es hoy duro porque no acepta que el templo-mercado reemplace al templo-casa, no acepta que la relación con Dios sea distante y comercial en vez de cercana y llena de confianza, no acepta que los puestos de venta sustituyan a la mesa familiar, los precios a los abrazos y las monedas a las caricias. ¿Y por qué Jesús no acepta esto? Porque de ese modo se crea una barrera entre Dios y el hombre, y entre hermano y hermano, mientras que Cristo vino a traer comunión, a traer misericordia -es decir, perdón-, a traer cercanía.

La invitación de hoy, también para nuestro camino de Cuaresma, es a hacer en nosotros y a nuestro alrededor más casa y menos mercado. En primer lugar, con respecto a Dios, rezando mucho, como hijos que, sin cansarse, llaman confiados a la puerta del Padre, no como mercaderes avaros y desconfiados. Primero, rezando. Y, después, difundiendo fraternidad: ¡hace falta mucha fraternidad! Pensemos en el silencio incómodo, aislador, a veces incluso hostil, que se encuentra en muchos lugares.

Preguntémonos entonces: ante todo, ¿cómo es mi oración? ¿Es un precio que tengo que pagar o es el momento del abandono confiado durante el que no miro el reloj? ¿Y cómo son mis relaciones con los demás? ¿Sé dar sin esperar nada a cambio? ¿Sé dar el primer paso para romper los muros del silencio y los vacíos de las distancias? Debemos hacernos estas preguntas.

Que María nos ayude a “hacer casa” con Dios, entre nosotros y a nuestro alrededor.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

llevo todos los días en el corazón, con dolor, el sufrimiento de las poblaciones en Palestina e Israel, debida a las hostilidades en curso. Los miles de muertos, de heridos, de desplazados, las imágenes de destrucción causan dolor, y esto con consecuencias tremendas en los pequeños y los indefensos, que ven comprometido su futuro.

Me pregunto: ¿de verdad se piensa que de este modo se construye un mundo mejor? ¿Se cree realmente que así se alcanzará la paz? ¡Basta, por favor! Digamos todos: ¡Basta, por favor! ¡Deténganse! Invito a que continúen las negociaciones para un inmediato alto el fuego en Gaza y en toda la región, a fin de que los rehenes sean liberados enseguida y regresen con sus seres queridos, que los esperan con ansia, y para que la población civil pueda acceder con seguridad a las debidas y urgentes ayudas humanitarias. Y, por favor, no olvidemos la martirizada Ucrania, donde cada día mueren tantas personas. Hay mucho dolor allí.

El 5 de marzo se celebra el segundo Día Internacional para Concienciar sobre el Desarme y la No Proliferación. ¡Cuántos recursos se derrochan en gastos militares que, a causa de la situación actual, desgraciadamente continúan aumentando! Espero sinceramente que la comunidad internacional comprenda que el desarme es, ante todo, un deber, el desarme es un deber moral. Metámonos esto en la cabeza. Se requiere el valor de todos los miembros de la gran familia de las naciones para pasar del equilibrio del miedo al equilibrio de la confianza.

Los saludo a todos ustedes, romanos y los peregrinos venidos de diversos países. En especial, saludo a los estudiantes de la Universidad Sénior di Vila Pouca de Aguiar, en Portugal; a los alumnos del Instituto “Rodríguez Moñino” de Badajoz; y a los grupos parroquiales de Polonia.

Saludo a los confirmandos de Rosolina, en la diócesis de Chioggia, y a sus familiares; a los fieles venidos de Pádua, de Azzano Mella, Capriano y Fenili, de Taranto y de la parroquia de S. Alberto Magno en Roma.

Dirijo un saludo afectuoso a los jóvenes ucranianos que la Comunidad de San Egidio ha reunido para tratar el tema “Vence el mal con el bien. Oración, pobres, paz”. Queridos jóvenes, gracias por vuestro compromiso en favor de quien más sufre en la guerra. ¡Gracias!

Y les deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

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¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

El Evangelio de este segundo domingo de Cuaresma nos presenta el episodio de la Transfiguración de Jesús (cf. Mc 9, 2-10).

Después de anunciar su Pasión a los discípulos, Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, sube a un monte alto y allí se manifiesta físicamente en toda su luz. Así les revela el sentido de lo que habían vivido juntos hasta ese momento. La predicación del Reino, el perdón de los pecados, las curaciones y los signos realizados eran en realidad chispas de una luz mayor: la luz de Jesús, la luz que es Jesús. Y de esta luz los discípulos no deben apartar nunca más los ojos, sobre todo en los momentos de prueba, como los que se acercan ahora con la Pasión.

He aquí el mensaje: no apartes nunca los ojos de la luz de Jesús. Un poco como hacían antiguamente los campesinos que, al arar los campos, centraban la mirada en un punto preciso que tenían delante y, manteniendo los ojos fijos en la meta, trazaban surcos rectos. Esto es lo que estamos llamados a hacer los cristianos en el camino de la vida: tener siempre ante los ojos el rostro resplandeciente de Jesús, no quites nunca los ojos de Jesús.

Hermanos y hermanas, ¡abrámonos a la luz de Jesús! Él es amor, Él es vida sin fin. A lo largo de los caminos de la existencia, a veces tortuosos, busquemos su rostro, lleno de misericordia, de fidelidad, de esperanza. Nos ayudan a lograrlo la oración, la escucha de la Palabra, los Sacramentos: La oración, la escucha de la Palabra y los Sacramentos nos ayudan a mantener la mirada fija en Jesús. Y este es un buen propósito para la Cuaresma: cultivar miradas abiertas, convertirnos en "buscadores de luz", buscadores de la luz de Jesús en la oración y en las personas.

Preguntémonos: en mi camino, ¿mantengo la mirada fija en Cristo que me acompaña? Y al hacerlo, ¿dejo espacio para el silencio, la oración, la adoración? Por último, ¿busco cada pequeño rayo de luz de Jesús, que se refleja en mí y en cada hermano y hermana que encuentro? ¿Y me acuerdo de dar gracias al Señor por ello?

Que María, resplandeciente de la luz de Dios, nos ayude a mantener la mirada fija en Jesús y a mirarnos los unos a los otros con confianza y amor.

___________________________

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas

Ayer, 24 de febrero, recordamos con dolor el segundo aniversario del comienzo de la guerra a gran escala en Ucrania. ¡Tantas víctimas, heridos, destrucción, angustia, lágrimas en un período que se está haciendo terriblemente largo y cuyo final aún no se vislumbra! Es una guerra que no sólo está devastando esa región de Europa, sino que está desatando una onda global de miedo y odio. Al tiempo que renuevo mi más profundo afecto por el atormentado pueblo ucraniano y rezo por todos, especialmente por las numerosas víctimas inocentes, abogo por el restablecimiento de ese poco de humanidad que cree las condiciones para una solución diplomática en busca de una paz justa y duradera. Y, hermanos y hermanas, ¡no nos olvidemos de rezar por Palestina, por Israel y por los numerosos pueblos devastados por la guerra, y de ayudar concretamente a los que sufren! Pensemos en tanto sufrimiento, pensemos en los niños heridos, inocentes.

Sigo con preocupación el aumento de la violencia en la parte oriental de la República Democrática del Congo. Me uno al llamamiento de los obispos a rezar por la paz, esperando el fin de los combates y la búsqueda de un diálogo sincero y constructivo.

Son preocupantes los secuestros cada vez más frecuentes en Nigeria. Expreso mi cercanía en la oración al pueblo nigeriano, esperando que se hagan esfuerzos para frenar en lo posible la propagación de estos episodios.

También estoy cerca de la población de Mongolia, azotada por una ola de frío intenso que está teniendo graves consecuencias humanitarias. Este fenómeno extremo es también un signo del cambio climático y de sus efectos. La crisis climática es un problema social global, que afecta profundamente a la vida de muchos hermanos y hermanas, especialmente a los más vulnerables: recemos para que se tomen decisiones sabias y valientes que contribuyan al cuidado de la creación.

Les saludo, fieles de Roma y de diversas partes del mundo, especialmente a los peregrinos de Jaén (España), a los jóvenes greco-católicos rumanos de París, a las Comunidades Neocatecumenales de Polonia, Rumanía e Italia.

Saludo al Pontificio Seminario Interregional Campano de Posillipo, a la Secretaría del Foro Internacional de Acción Católica, a los Scouts de Paliano y a los confirmandos de Lastra Signa, Torre Maina y Gorzano.

Saludo también a la Federación Italiana de Enfermedades Raras, al Círculo Cultural 'Reggio Ricama', a los miembros del Movimiento No Violento y a los voluntarios de la Asociación N.O.E.T.A. Y saludo a los muchachos de la Inmaculada.

Les deseo a todos un buen domingo. Por favor, no olviden rezar por mí. Buen almuerzo y hasta luego.

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1ª lectura: Lo condenaremos a muerte ignominiosa.

Lectura del libro de la Sabiduría 2, 1a. 12-22
Se decían los impíos, razonando equivocadamente:

«Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso: se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra
la ley y nos reprende contra la educación recibida; presume de conocer a Dios y se llama a sí mismo hijo de Dios.

Es un reproche contra nuestros criterios, su sola presencia nos resulta insoportable. Lleva una vida distinta de todos
los demás y va por caminos diferentes. Nos considera moneda falsa y nos esquiva como a impuros.

Proclama dichoso el destino de los justos, y presume de tener por padre a Dios. Veamos si es verdad lo que dice,
comprobando cómo es su muerte.

Si el justo es hijos de Dios, él lo auxiliará y lo librará de las manos de sus enemigos. Lo someteremos a ultrajes
y torturas, para conocer su temple y comprobar su resistencia. Lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues según
dice, Dios lo salvará».

Así discurren, pero se equivocan, pues los ciega su maldad. Desconocen los misterios de Dios, no esperan el
premio de la santidad, ni creen en la recompensa de una vida intachable.

Salmo: Sal 33, 17-18. 19-20, 21 y 23

R. El Señor está cerca de los atribulados.

El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R.

El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo librará el Señor. R.

Él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él. R.

Versículo Mt 4, 4b

No solo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. R.

Evangelio: Intentaban agarrarlo, pero todavía no había llegado su hora.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 7, 1-2. 10. 25-30

En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo.
Se acercaba la fiesta judía de las tiendas.

Después que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino
a escondidas.

Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron:

«¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los
jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías,
cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene». Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó:

«A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero
es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado».

Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

 

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