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II Congreso Internacional de catequesis en Roma

En el aula Pablo VI del Vaticano ha tenido lugar del 19 al 23 de Setiembre el II Congreso Internacional de Catequesis, bajo el lema: “El catequista, testigo del misterio”. El evento reunió a unos 1.500 catequistas de 48 países, catequetas y responsables diocesanos para la catequesis. En representación del Arzobispado Castrense asistió su delegado, Manuel Gómez que se unió a otros delegados españoles.

En este Segundo Congreso se ha reflexionado sobre algunos temas importantes para la catequesis contenidos en la segunda parte del Catecismo: la celebración del misterio cristiano. Con el objetivo de profundizar en el vínculo que hay entre el catequista y la liturgia.

Inauguró el congreso Monseñor Rino Fisichella, presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, organismo de la Santa Sede organizador de este encuentro.

Para permitir una mayor participación y debate entre los asistentes a este congreso internacional, el trabajo se realizó en grupos lingüísticos de entre 30 y 50 personas, en las dependencias de la Universidad Lateranense, durante la tarde del viernes 20 de septiembre. Entre los temas tratados en grupo cabe destacar el referido al valor evangelizador de la religiosidad popular.

El sábado 22, actuó el Grande Coro Hope de Turín, como paso previo al mensaje que el Santo Padre dirigió a los participantes al Congreso, de forma telemática, debido a la visita apostólica que desarrollaba en los países bálticos. En su intervención, el Papa Francisco dio una serie de consejos a los catequistas para que realicen en verdad una “promoción de la vida cristiana” y lamentó que acompañarlos personalmente.

El Papa les recordó que en un encuentro anterior, en 2013, dijo a los catequistas que “ser catequista es una vocación: ser catequista. Esta es la vocación, no trabajar de catequista”.

Francisco dijo que “a menudo pienso en el catequista como aquel que se ha puesto al servicio de la Palabra de Dios, que frecuenta esta Palabra diariamente para hacer de ella su alimento y participarla con los demás con eficacia y credibilidad”.

“En consecuencia, el catequista no puede olvidar, especialmente hoy en un contexto de indiferencia religiosa, que su palabra es siempre un primer anuncio”.

“Y cuando digo el primer anuncio no lo digo solo en el sentido temporal. Por supuesto, esto es importante, pero no siempre es así. ¡El primer anuncio equivale a subrayar que Jesucristo muerto y resucitado por el amor del Padre, da su perdón a todos sin distinción de personas, si tan solo abren sus corazones para dejarse convertir!”, señaló.

El Santo Padre subrayó que “el catequista no es un maestro o un profesor que cree que da una lección. La catequesis no es una lección; la catequesis es la comunicación de una experiencia y el testimonio de una fe que enciende los corazones, porque introduce el deseo de encontrar a Cristo”.

El Papa alentó a los catequistas a no caer en la tentación “de trastocar el orden con el cual la Iglesia desde siempre ha anunciado y presentado el kerigma, y que también se refleja en la misma estructura del Catecismo”.

“Por ejemplo, no se puede anteponer la ley, aunque fuera la moral, al anuncio tangible del amor y de la misericordia de Dios”.

De igual forma, señaló, “no se puede presumir de imponer una verdad de fe prescindiendo de la llamada a la libertad que esta conlleva”.

“Es necesario que el catequista entienda, por lo tanto, el gran desafío al que se enfrenta para educar en la fe, en primer lugar a aquellos que tienen una identidad cristiana débil y, por esta razón, necesitan proximidad, acogida, paciencia, amistad. Solo así la catequesis se convierte en promoción de la vida cristiana, apoyo en la formación global de creyentes e incentivo para ser discípulos misioneros”.

El Papa subrayó que “una catequesis que pretende ser fecunda y en armonía con toda la vida cristiana encuentra su savia en la liturgia y en los sacramentos”.

“La iniciación cristiana requiere que en nuestras comunidades se active cada vez más un camino catequético que nos ayude a experimentar el encuentro con el Señor, el crecimiento en su conocimiento y el amor por su seguimiento”.

Francisco resaltó además que “el misterio que celebra la Iglesia encuentra su expresión más bella y coherente en la liturgia”.

“Efectivamente, en la vida sacramental, que encuentra su culminación en la Santa Eucaristía, Cristo se hace contemporáneo con su Iglesia: la acompaña en las vicisitudes de su historia y nunca está lejos de su Esposa”.

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