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Apuntes para la Vida: Gloria y Calvario

Semana Santa es como la vida misma. Los últimos momentos de Jesús, son como una síntesis de la existencia humana. En el transcurrir de los años experimentamos satisfacciones, traiciones, abandonos, cruces y recompensas: “el discípulo no es mayor que el maestro” (Mt 10,24).

Jesús inicia su camino al Gólgota con la entrada triunfante en Jerusalén, preparada por los discípulos (cf. Mat 21,6) y la multitud que lo acogerá y gritará enardecida: “¡Hosanna al Hijo de David!” ( Mat 21,8). Igualmente, nosotros podemos tener nuestro “Domingo de Ramos” y recibir los aplausos que pronto se apagan.

Luego vendrá la noche oscura de Getsemaní, traición de Judas, abandono de los discípulos, negaciones de Pedro, juicios y condena a la cruz. Estos hechos son realmente demoledores, pero encierran en sí una fuerza salvadora cuando son asumidos como lo hizo el Señor: aceptando la voluntad del Padre, no devolviendo “mal por mal”, confiando siempre en la justicia divina. Estas vivencias espirituales de lo acaecido en la Pasión, dan contenido a la Religiosidad popular de nuestro pueblo en estos días santos, que como dice el Papa Francisco: “es un precioso tesoro de la Iglesia católica” (EG 123).

Miremos ahora, a los discípulos y nos podemos preguntar en cual de ellos nos vemos reflejados: ¿En un Pedro que a pesar de su triple negación, siente la mirada del Nazareno y llora sus pecados? Él es figura del “pecador perdonado”. Quizás la caída de Judas pueda parecer muy lejana para mucha gente, pero no es tanto. Cuando traicionamos al amigo y no confiamos en la misericordia divina, caemos en la desesperanza. No olvidemos la imagen de Juan, que a pesar de que salió corriendo, después se arrepiente y lo encontramos a los “pies de la cruz” (Jn 19, 26-27) y nos representa a todos.

Por último, tenemos la multitud, que hoy te ensalza y mañana vociferan al Pilato de turno: “¡Crucifícalo, crucifícalo!” (Lc 23,29). El perdón de Cristo crucificado es tan inmenso, que les alcanzará también a ellos: “Padre, perdonalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Por eso mismo, en el Calvario hallamos el ejemplo de todas las virtudes que nos conducen a la Resurrección.

 

Modificado por última vez en Viernes, 28 Abril 2017 09:58

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