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Apuntes para la vida: La tristeza Destacado

El acontecimiento de la Pascua es el centro de la fe y de la misión de la Iglesia. No es propio del bautizado el estar triste, de ahí que dijese el Papa Francisco en una de sus primeras intervenciones: “hay cristianos que tienen más la cara avinagrada, que la gozosa de los que tienen una vida bella” (10/5/2013). El desánimo es la “carcoma” que daña el corazón del creyente, lo incapacita para construir la fraternidad e impide la acción evangelizadora.

La tristeza espiritual es la que llora los pecados propios o bien las faltas ajenas, ella es sanadora y nos hace humildes. En cambio, la tristeza mala es aquella que viene provocada por el egoísmo personal, las envidias, la falta de generosidad, etc., es el sendero que conduce al abatimiento y a la desesperación. Pero nada es irremediable para quienes han descubierto que en Jesucristo, nace y renace la alegría. Porque siempre hay la posibilidad del perdón, de volver a empezar con nuevo bríos, con la seguridad que nuestras vidas están en manos del Padre.

¿Cómo salir de la tristeza dañina? Poniendo antes que nada nuestra mirada en Dios que todo lo sondea, conoce y hace justicia. Lo que no puedas solucionar, el Señor con el tiempo lo pondrá en su sito. Nunca deberías vivir avergonzado del pasado, temeroso del futuro y dejar escapar el presente, porque lo genuinamente cristiano es vivir con regocijo el regalo de cada día: “alegraos siempre en el Señor, de nuevo os digo, alegraos” (Fil 4,4).

La oración y el compromiso con los más pobres te ira descubriendo como en la mayoría de las veces, el decaimiento espiritual y anímico no tiene verdadera base real, sino que son frutos de aspiraciones no conseguidas, de montajes mentales, de mirar al mundo desde la desconfianza ansiosa y egocéntrica. Se recupera la alegría personal, cuando se comienza a decir cosas tan sencillas como: “gracias”, “por favor”, “perdón”,  haciendo el bien y buscando lo positivo que hay a nuestro alrededor.

Un corazón alegre, edifica “puentes” y derriba “muros”. El anuncio del Evangelio a las naciones demanda discípulos misioneros: gozosos, generosos y esperanzadores. El malhumor del testigo hace inoperante su acción misionera.

Modificado por última vez en Viernes, 28 Abril 2017 10:08

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