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Ángelus: De lo que rebosa el corazón habla la boca

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!.

El pasaje del Evangelio de hoy presenta breves parábolas con las que Jesús quiere mostrar a sus discípulos el camino para vivir sabiamente, con la pregunta ¿puede un ciego guiar a otro ciego?  él quiere subrayar que el guía no puede ser ciego, sino que debe ver bien, es decir, debe poseer sabiduría para poder guiar con sabiduría, de lo contrario corre el riesgo de perjudicar a las personas que a él se le confían.

Jesús llama así la atención de las personas que tienen responsabilidades educativas o de liderazgo, los pastores de almas, las autoridades públicas, los legisladores, los maestros, los padres, exhortándolos a hacer consciente de su delicado papel y a discernir siempre el camino correcto a seguir para guiar a las personas.

Y Jesús toma prestada unas sabia expresión para señalarse a sí mismo como modelo de maestro y guía a seguir. El discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje será como su maestro, es una invitación a seguir su ejemplo y su enseñanza para ser guías seguros y sabios y esta enseñanza está contenida sobre todo en el sermón de la montaña que desde hace tres domingo la liturgia nos propone en el Evangelio indicando la actitud de mansedumbre y misericordia para ser personas sinceras humildes y justas.

En el pasaje de hoy encontramos otra frase significativa, una que nos exhorta a no ser presuntuosos e hipócritas, dice así: !porque te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no ves la viga que llevas en el tuyo¡  muchas veces es más fácil o más cómodo ver y condenar las faltas y pecados de los demás sin poder ver los propios con la misma lucidez, nosotros siempre escondemos nuestros defectos, incluso los escondemos a nosotros mismos, sin embargo es muy fácil ver los defectos de los demás, la tentación es ser indulgente con uno mismo, mano larga con uno mismo y duros y condenar a los demás.

Es siempre útil ayudar al prójimo con consejos sabios, pero mientras observamos y corregimos las faltas de nuestro prójimo también debemos ser conscientes de que nosotros mismos tenemos faltas, sí yo no creo que tengo faltas no puedo corregir ni condenar a los demás, todos tenemos defectos, todos, y debemos de ser conscientes y antes de condenar a los demás tenemos que mirarnos a nosotros mismos dentro, y de esta manera seremos creíbles, actuaremos con humildad dando testimonio de caridad.

¿Como podemos entender si nuestro ojo está libre o está bloqueado por una viga?. Una vez más es Jesús quien nos dice: no hay árbol bueno que produzca malos frutos, ni árbol malo que produzca buenos frutos. De hecho cada árbol se reconoce por su fruto, el fruto es la acción pero también las palabras, incluso de las palabras se conoce la calidad del árbol, porque el que es bueno saca de su corazón y de su boca lo que es bueno y el que es malo saca lo malo haciendo el ejercicio más dañino entre nosotros qué es la murmuración, el rumoreo, hablar mal de los demás, esto destruye, destruye la familia, destruye la escuela, destruye el puestos de trabajo. De la lengua comienzan las guerras, pensemos un poco nosotros a esta enseñanza de Jesús y pensemos y hagámonos la pregunta: ¿Yo hablo mal de los demás?. ¿Yo busco siempre de ensuciar a los demás?. ¿Para mí es más fácil ver los defectos de los demás que los míos propios? y busquemos al menos de corregirnos un poco, nos hará bien Invoquemos la ayuda de María para poder seguir al Señor en este camino.

 

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