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Sínodo 2021-2023

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DIEZ COSAS QUE EL PAPA FRANCISCO QUIERE QUE SEPAS SOBRE LA SINODALIDAD.

Carlos Martínez Oliveras

Ya en el prólogo del Card. Grech, Secretario General del Sínodo, se advierte la línea fundamental que vertebra este libro: comprender la sinodalidad como dimensión constitutiva de la Iglesia, así como para crecer en una mentalidad y en un estilo sinodal.

La petición de los obispos en 2013 de más colegialidad, dice el autor, parece haberse convertido en la de más sinodalidad, entendido como un estilo de vida, acción, celebración y misión desde sus homólogos eclesiales: koinonía (comunión), diakonía (servicio), leiturgía (celebración) y mrtyria (testimonio).

La sinodalidad puede entenderse:

  • Sentido genérico: un modus vivendi consistente en un caminar juntos en la escucha de la Palabra, celebración de los Sacramentos, en la fraternidad de la comunión y en la corresponsabilidad y participación en la vida y misión de la Iglesia.
  • Sentido específico: aquellas estructuras y procesos eclesiales en los que se expresa esa realidad a nivel local, regional y universal (Diócesis, Conferencias Episcopales, Concilios).
  • Sentido concreto: a la luz de la Palabra de Dios, discernir el camino, asumir orientaciones y tomar decisiones de evangelización.

El autor resume en diez puntos esta realidad:

I. CAMINAR JUNTOS

Es una dimensión constitutiva en la Iglesia. Dice el papa Francisco: Mi experiencia con Dios se da en el camino, en la búsqueda, en dejarse buscar. Puede ser por diversos caminos, el del dolor, el de la alegría, el de la luz, el de la oscuridad.

Toda la Historia de la Salvación se vive como camino, como andadura, hasta su culmen, Jesucristo, que se define a sí mismo como el camino... no se trata tanto de una ley como de una persona.

Ese caminar juntos implica resolver los problemas que surjan de la misma manera: en virtud de la acción del Espíritu y con todos sus actores, aunque su papel y contribución sean diferenciados. Así que la sinodalidad es el fruto propio de una Iglesia-comunión fundada en la fraternidad.

Aceptar el proverbio africano que reza: “si quieres ir deprisa, camina solo; si quieres ir lejos, ve acompañado”, y evitar ese “corres bien, pero fuera del camino” de San Agustín, serían los límites del recorrido.

II. HERENCIA CONCILIAR

Ya avisó Guitton que “el Concilio perviviría por los sínodos”. De la renovación en eclesiología de la jerarcología, pasando por la creación del Sínodo de los obispos, hasta la recomendación de los sínodos provinciales y regionales.

Se trataba de buscar el célebre aggiornamento en lo doctrinal, lo vivencial y lo participativo. Asumiendo que la Iglesia, más que una democracia al uso, es una comunión en sí y con el mundo que le rodea.

Ese “entrar en diálogo” con el mundo que nos rodea se ha convertido en más que una necesidad, una belleza, expresada en los sínodos particulares a nivel eclesial y en el efecto llamada para el que no cree a una Iglesia capaz de hablar y escuchar a todos.

III. ESCUCHA Y CONSULTA

La sinodalidad sólo es posible por la escucha al Espíritu y a los hermanos. Pulsando los gozos y las esperanzas de los hombres es aprender a escuchar, no sólo a oír, y dar con el sensus fidei propio del Pueblo. Ese pueblo que posee la unción del Santo y no pueden equivocarse en la fe.

El Papa lo define como infalible in credendo: cuando cree no se equivoca, aunque no encuentre palabras para explicar su fe. De tal manera que cada bautizado es ahora un agente evangelizador.

Esa escucha ha de hacerse desde dos actitudes: el respeto y la compasión.

Las etapas son: Pueblo, pastores, Obispo de Roma.

El Pueblo tiene la capacidad y la oportunidad de expresar la fe, hacer sentir su voz y trasladar sus inquietudes. Los pastores han de discernir lo que son movimientos sinodales dentro de las simples corrientes de opinión y el verdadero depósito de la fe. Por último, el Papa, escuchado el pueblo y los pastores, ejerce su ministerio profético garantizando la obediencia y conformidad con la voluntad de Dios, el Evangelio de Cristo y la Tradición eclesial.

IV. MISTERIO, SACRAMENTO, PUEBLO

La Iglesia como sacramento posibilita las relaciones con el mundo, con las demás Iglesias y hacia dentro de ella misma, ella es presencia de la gracia salvadora de Dios en el mundo.

El concepto de pueblo nos recuerda nuestra naturaleza comunitaria y la dimensión histórica de la Iglesia en el mundo. Es decir, Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales. Así, el laicado tiene su propio lugar, que no es el de auxiliar de la jerarquía.

Error es confundirse con una votación asamblearia o una encuesta de opinión, pero también con la unanimidad impuesta por el líder: el camino es un diálogo esforzado por convenir a todos hacia la unidad, dice J.M Rovira.

El sensus fidei revela al final el consenso sobre una verdad determinada. Pero la dificultad está en establecer los criterios del sensus fidelium. Han de ser la guía del Espíritu, las consecuencias previstas, la actividad de laicos y jerarquía, la búsqueda de la verdad, la crítica constructiva, la comunicación fluida, el diálogo sincero y, por último, el discernimiento hacia el servicio.

Si la sinodalidad habla de la correponsabilidad y la participación de todo el pueblo, la colegialidad lo hace del ministerio de los obispos hacia la Iglesia particular y la comunión entre las demás Iglesias, mediante la comunión entre obispos y éstos con el Papa.

V. COMUNIÓN: EL MODUS VIVENDI DE LA IGLESIA

El Espíritu, lo sabemos, se constituye en principio de unidad y, a la vez, de diversidad. Precisamente por eso es el principio de la sinodalidad y se manifiesta así: igualdad de bautizados, vocación universal a la santidad, participación en lo sacerdotal, profético y real del oficio de Cristo, la riqueza de los dones jerárquicos y carismáticos, la vida y misión de cada Iglesia local.

La comunión en el Espíritu fundamenta nuestra comunión con Dios y con los hermanos, pero también entre las Iglesias.

La sinodalidad es, pues, la mejor expresión de esa comunión eclesial, que es su modo de vida, y que hace que la unidad prevalezca sobre el conflicto.

VI. SERVICIO: EL MODUS OPERANDI DE LA IGLESIA

“No será así entre vosotros” (Mt 20, 26), comienza recordando el autor. El servicio es el punto de conexión entre ministros, laicos y vida consagrada. Cada uno con su tarea indiscutible e intransferible.

Pastores: autoridad y misión al servicio del discernimiento de la voz que llega de sus fieles, consagrados, alejados…

Fieles: implicación, participación y corresponsabilidad en esa búsqueda de la voluntad divina en virtud del sensus fidei que poseen.

VII. EUCARISTÍA: EL MODUS CELEBRANDI DE LA IGLESIA

En el ejercicio de la función sacerdotal de Cristo convergen el sacerdocio común y el ministerial. Se unen y expresan: fe, oración y acción de la Iglesia.

En ella se contempla, como en ninguna otra realidad, la sinodalidad: unidad y variedad de ministros y carismas, la participación según cada vocación, la expresión de la naturaleza eclesial y su dimensión misionera.

El concepto de Cuerpo de Cristo aplicado a la Iglesia recoge todo lo dicho: es asamblea eucarística, que, presidida por la cabeza con todo el pueblo de Dios es la máxima expresión de la eclesialidad.

Así, la sinodalidad desarrolla la participación común de la comunidad y representa a toda la Iglesia. Tanto en su dimensión vertical (la Palabra de Dios ilumina las situaciones vitales, con la fidelidad al depósito de la fe del Magisterio, evitando inmovilismos o interpretaciones unilaterales o autorreferencialidades); y su dimensión horizontal: una comunión que posibilita la evangelización, que todos sean uno para que el mundo crea (Jn 17, 21).

 

VIII. COMUNIDAD MISIONERA: EL MODUS NUNTIANDI DE LA IGLESIA (PARTICIPACIÓN Y CORRESPONSABILIDAD).

Cada cristiano tiene su responsabilidad y protagonismo en la función profética, sacerdotal y regia de Cristo. De ahí que lo que atañe a todos, por todos debe ser tratado. No hay separación entre pastores y fieles, sino distinción de competencias en la reciprocidad de la comunión: Todos elaboran las decisiones, pero son los pastores quienes las toman.

Sinodalidad es también el cómo llevar adelante esa misión: es necesario una renovación de mentalidad, práctica y estructura. En definitiva se podría traducir en un aumento de fidelidad a la vocación de cada uno.

Una misión compartida es que laicos, presbíteros y vida consagrada pongan en el centro la propia misión y, en torno a ella, se generen dinámicas de colaboración, participación y trabajo en común. Evitando los grandes errores de siempre: ni pseudo democracias asamblearias, ni feudalismos trasnochados.

Las actitudes propias de este camino: evitar la autorreferencialidad, evitar un excesivo clericalismo, reconocer el papel de laicos y consagrados, fieles a su vocación y la subsidiariedad, que las instancias superiores sepan no interferir ni asumir competencias que pueden realizar las inferiores.

IX. SINODALIDAD Y SOCIEDAD DEMOCRÁTICA

¿Tenemos estructuras que permitan un ejercicio de co-participación (horizontal) y no meramente monárquico (vertical) de la autoridad?

La sinodalidad es un concepto transversal que atraviesa toda la vida de la Iglesia: desde un grupo parroquial hasta el colegio episcopal con el Papa.

Lo cierto es que cualquier estructura eclesial que encarne las dimensiones de consejo (consilium) y el consenso (consensus) es el cauce de la comunión eclesial, de la sinodalidad en definitiva.

X. SINODALIDAD Y REFORMA

Una reforma siempre va desde lo más nuclear de la persona y, desde ahí, a tratar de renovar estructuras. Por eso, en la medida que cada uno profundice en su identidad dentro del pueblo de Dios y desarrolle el carisma al cual ha sido llamado, estaremos en una verdadera clave de reforma.

La escucha del pueblo es el comienzo, prosigue con la escucha de los pastores y acaba con la escucha del Obispo de Roma. Esa es nuestra hoja de ruta.

Como resumen final, caminaremos sinodalmente partiendo de:

-          La igualdad carismática de todos los bautizados

-          El fundamento Trinitario de la comunión

-          El doble principio cristológico y pneumatológico que estructura a la Iglesia como sinodal y jerárquica al mismo tiempo

-          La comprensión sinodal dentro de la realidad eucarística

-          La relevancia del sensus fidei/sensus fidelium en orden a la marcha de la Iglesia, a partir de la comunicación, la confianza, la escucha y la consulta

Y termina con un corolario de Rovira: “la confianza de todos los miembros de la Iglesia –pastores y laicos- en que es posible debatir con paz y honestidad cada uno de los temas candentes propios de la misión eclesial, porque toda la Iglesia sabe y cree que la Palabra de Dios la orienta y que su Santo Espíritu la ilumina para que pueda hallar el consenso en la línea de la tradición de la fe.


 Material compartido por otras diocesis:

En la página web de la Conferencia Episcopal Española, en el apartado del Sínodo, hay más materiales. 

 

Modificado por última vez en Lunes, 22 Noviembre 2021 10:03

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