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Beato Miguel Sopocko (1888-1975)

Director de la Pastoral Militar de Vilna (Lituania)

Miguel Sopocko nació el 1 de noviembre de 1888 en Nowosady, provincia de Vilna (Lituania). Sus padres le aseguraron una buena educación. La profunda religiosidad y el amor paternal de sus progenitores influyeron en el desarrollo espiritual de sus hijos. Todos juntos rezaban diariamente y con regularidad participaban en las misas de la parroquia, a 18 km de su casa. El ambiente religioso que se vivía tan intensamente en casa de los Sopocko despertó en Miguel, ya en la infancia, la religiosidad ardiente y el deseo de ser sacerdote.

En 1910 ingresó en el Seminario Conciliar de Vilna, en el que pudo estudiar gracias al apoyo económico de su párroco. Tras realizar todos los cursos, el 15 de junio de 1914 fue ordenado y destinado a trabajar de vicario en la parroquia de Taboryszki, cerca de Vilna.

Michal Sopocko.01En el verano de 1915, el frente de la guerra alemano-rusa estaba enclavado en esta localidad[1]. A pesar de los peligros continuos provocados por la guerra, el padre Miguel decía todos los días misa y no dejaba de preocuparse de los problemas de sus feligreses.

Sopocko organizaba también la enseñanza, abriendo escuelas para niños en los pueblos vecinos; más adelante, esto fue motivo de persecuciones por las autoridades alemanas invasoras. Al principio, no sólo lo toleraban sino que, incluso, lo apoyaban económicamente. Sin embargo, con el paso del tiempo, los alemanes empezarán a ver como peligrosas las actividades educativas del padre Miguel. De esta manera, fue obligado a abandonar Taboryszki.

En 1918 acude a la universidad de Varsovia (Polonia) para ampliar sus estudios en Teología. Desgraciadamente, además de la compleja situación política del país vecino, el padre Miguel cayó enfermo y no pudo empezar el curso. Cuando ya estuvo restablecido, las autoridades habían cerrado la universidad a causa de la guerra[2]. Entonces, el padre Miguel se incorporó como voluntario al servicio pastoral militar. El arzobispo castrense le nombró capellán militar y lo destinó al hospital de campaña de Varsovia. Después de un mes de servicio en el hospital, pidió el traslado al frente.

Enviado al Regimiento de Vilna, empezó inmediatamente su servicio pastoral entre los soldados que combatían en el frente. Se desvelaba por los heridos que carecían de servicio hospitalario y se encontraban en unas condiciones muy precarias. Entregado a estos duros trabajos, el padre Sopocko volvió a sufrir problemas de salud y, a causa de ello, fue enviado a un hospital militar para someterse a un tratamiento, durante varias semanas. Mientras se recuperaba, atendía espiritualmente a los enfermos. Cuando terminó el tratamiento, le asignaron la función de capellán en el Campo de Entrenamiento para Oficiales en Varsovia. Sus deberes eran: dar las charlas semanales religioso-morales para los oficiales y suboficiales de diversas formaciones, y, también, atender dos hospitales militares.

Durante las conferencias trataba temas de Dogmática e Historia de la Iglesia, comentaba el catecismo y otros temas de actualidad, siempre referidos al servicio militar. La problemática religioso-moral y patriótica, que abordaba durante las clases, fue valorada positivamente por sus superiores; de tal manera que el Ministerio de Guerra publicó sus charlas, obligando a los oficiales a que los reclutas de todos los destacamentos conociesen su contenido.

En octubre de 1919, a pesar de la guerra, las autoridades académicas abrieron las puertas de la universidad. El padre Sopocko se matriculó en la sección de Teología Moral y en los cursos de Derecho y Filosofía. A partir de ese momento, tuvo que dividir su tiempo entre los estudios y su servicio en el Ejército. Además, se encargaba de la organización de las actividades sociales, vigilaba el funcionamiento de la Ayuda Militar Fraternal (asociación de la que llegó a ser su presidente), de la residencia militar y de la escuela para huérfanos de las familias militares.

En el verano de 1920, fue testigo de la caída del frente y un poco más tarde, ya en Varsovia, vivió su heroica defensa y la superación de la ofensiva soviética. Después de muchos años, el padre Sopocko comentará en sus Memorias este acontecimiento como una voluntad sobrenatural de la Providencia y la señal de la Misericordia divina para Polonia, lograda con las oraciones de los fieles, quienes en agosto, llenaban las iglesias.

Además de ejercer las funciones de capellán militar y estudiar Teología Moral, se inscribió en el Instituto Pedagógico Superior. En 1923 obtuvo el título de licenciado en Teología y se dedicó con mayor empeño en los estudios de Pedagogía. Los resultados de las investigaciones referentes a la mala influencia del alcohol en el desarrollo de los talentos de los adolescentes, se convirtieron en la base para la tesis de graduación: “Alcoholismo y los adolescentes escolares”, que coronó la carrera del padre Sopocko en el Instituto de Pedagogía.

Director de la Pastoral Militar

El arzobispo de Vilna, Jerzy Matulewicz[3], al conocer los méritos y la preparación teológica y pedagógica del padre Sopocko, le invitó a trabajar en su diócesis para encargarle la pastoral con adolescentes y la asistencia pastoral del Ejército. El padre Miguel aceptó la propuesta y regresó al trabajo en Vilna. La decisión formal se tomó en otoño de 1924, según la cual el padre Miguel Sopocko fue nombrado director del Servicio Pastoral del Distrito Militar de Vilna, que abarcaba 12 unidades autónomas formadas por más de 10.000 soldados en total. Junto con la conferencia de capellanes militares, se decidió que, aparte del servicio sacramental, en cada destacamento militar, al menos dos veces por semana, iban a organizarse unas charlas religioso-morales. El padre Sopocko se encargó también de cumplir la otra petición del obispo, organizando la asistencia pastoral para adolescentes. Invitó a colaborar con él a profesores, con los que fundó varias asociaciones juveniles. A pesar de las numerosas tareas pastorales, continuó los estudios en la facultad de Teología de la universidad de Varsovia, preparando su tesis doctoral. Los estudios exigían conocimiento de idiomas, de ahí que empezó a aprender alemán, inglés y francés. Las catequesis y las clases del capellán militar Sopocko, que daba a los soldados en ruso, también eran aprovechadas, con gran interés, por parte de un grupo de fieles.

Durante el curso 1927-1928, desempeñando todavía la función de director de la asistencia pastoral del distrito militar, recibió nuevos nombramientos de gran responsabilidad: primero como director espiritual en el seminario conciliar y, además, director de la cátedra de Teología Pastoral en la universidad de Vilna. Estas nuevas responsabilidades le obligaron a ir retirándose del servicio pastoral con el Ejército. Junto al trabajo en la preparación de su tesis, se dedicaba al periodismo: escribía artículos científicos y de divulgación en el campo de la teología pastoral, artículos para la enciclopedia eclesiástica, y da conferencias científicas. Comprometido cada vez más con estos trabajos, pidió al obispo militar y a su arzobispo la exención del servicio de capellán y de la función de padre espiritual. Los dos dieron su permiso.

El encuentro con sor Faustina Kowalska

Desde 1932, el padre Miguel Sopocko fue confesor de las monjas de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia del convento de Vilna (Lituania). Ahí conoció a sor Faustina, la cual, en mayo de 1933, después de llegar a Vilna, comenzó a confesarse con él. Ese encuentro fue fundamental para el padre Sopocko y para su futura misión. Sor Faustina encontró en este sacerdote un confesor ilustrado y un director para su alma; así empezó a presentarle, cada vez más a menudo, sus vivencias relacionadas con las revelaciones sobre la Divina Misericordia. A causa de la falta de tiempo, éste recomienda a sor Faustina que anote sus experiencias interiores en un cuaderno. Luego él, en los ratos libres, leerá sus escritos. Así nació el Diario espiritual de sor Faustina Kowalska.

Sor Faustina[4], apoyándose en las revelaciones de Nuestro Señor que tuvo antes de llegar a Vilna y durante su estancia en el convento lituano, le hablaba al padre Sopocko de las órdenes que recibía: se trataba de pintar un cuadro con la imagen de la Divina Misericordia; de establecer su fiesta el primer domingo después del Domingo de Pascua y, por último, de fundar una nueva Congregación conventual. La Providencia confió la realización de estas tareas al padre Sopocko.

En julio de 1934, el padre Sopocko fue nombrado rector de la iglesia de San Miguel en Vilna. Es en esta iglesia donde, el 4 de abril de 1937, será bendecida y colocada la primera imagen de la Divina Misericordia.

Sor Faustina abandonó Vilna en marzo de 1936. El padre Sopocko siguió en contacto con ella mediante cartas y visitándola en Cracovia (Polonia), realizando así la tarea de dar a conocer al mundo el mensaje de la Divina Misericordia, que le había sido confiado también a él. Apoyándose en la doctrina de la Iglesia, buscaba argumentos teológicos que explicaran la existencia de la cualidad de la misericordia en Dios, y buscaba fundamentos para instituir la fiesta de la Divina Misericordia, según las indicaciones reveladas en las visiones. Los resultados de sus investigaciones y los argumentos para introducir el día festivo, fueron publicados en varios artículos en las revistas teológicas y en varios trabajos sobre la teología de la Divina Misericordia.

En junio de 1936, en Vilna, publicó el primer folleto titulado “Divina Misericordia”, con la imagen de Jesucristo Misericordioso en la portada. Envió esa publicación a todos los obispos reunidos en la conferencia del Episcopado en Czestochowa. Sin embargo, no recibió respuesta de ninguno de ellos. El segundo folleto, titulado “Misericordia Divina en la liturgia”, se publicó en 1937, en Poznan.

A finales de 1937, el estado de la salud de sor Faustina se agravó bastante. El padre Sopocko la visitó a principios de septiembre de 1938, ya casi en el lecho de muerte. Sor Faustina murió en Cracovia el 5 de octubre de 1938.

Al estallar la guerra en septiembre de 1939, el padre Sopocko decidió dar a conocer más el asunto de las revelaciones de sor Faustina, porque estaba convencido de que la tragedia de la guerra y los acontecimientos relacionados empezaban a confirmar la veracidad de las revelaciones.

Entre los proyectos estaba el tema de la construcción de una iglesia en Vilna, bajo la advocación de la Divina Misericordia. En 1938 se convocó el Comité para la construcción de la iglesia que en breve, logró la aprobación del gobierno provincial y del arzobispo[5]. Cuando estalló la guerra y entró el Ejército Rojo en Vilna, la nueva situación política paró las actividades empezadas que, al final, se eliminaron por completo. El ejército soviético robó los materiales de la construcción. Desapareció también el dinero depositado en los bancos, destinado para la construcción. Todavía en 1940, el padre Sopocko intentaba lograr el permiso de las autoridades ocupantes para levantar, por lo menos, la capilla, pero sin éxito.

Michal Sopocko.02La difícil situación de la guerra, que se extendía a otros territorios de Europa y que afectaba a la gente de muchas naciones sembrando el mal, le confirmaba al padre Sopocko en la convicción de la necesidad de la misericordia de Dios para el mundo. Fue cuando empezó a difundir con más ardor todavía, la idea de la Divina Misericordia, en la cual veía la salvación para el mundo.

Los párrocos de Vilna y de la provincia le invitaban a dar conferencias. Durante la Cuaresma, en las misas celebradas en la catedral de Vilna, predicaba sobre la Misericordia Divina. Esas misas atraían multitudes de fieles de toda Vilna y su fama corría por toda la ciudad.

En esa época, el padre Sopocko comenzó a redactar el tratado sobre la idea de la Misericordia Divina y la necesidad de establecer el día de su celebración: “De misericordia Dei deque eiusdem festo instituendo”. El cardenal August Hlond, a quien el padre Sopocko le presentó sus investigaciones científicas acerca del tema de la Divina Misericordia, le animó a trabajar con ese tema todavía antes de que empezara la guerra. Mientras tanto, en junio de 1940, Lituania fue ocupada nuevamente por el Ejército Rojo y un mes más tarde, incorporada a la Unión Soviética como su decimoquinta república. El padre Sopocko fue obligado a suspender los encuentros de los grupos organizados de los que se ocupaba. Le impidieron publicar el tratado sobre la Divina Misericordia. Fue cuando le ayudó Jadwiga Osinska, experta en Filología Clásica, que se ocupaba de la faceta lingüística del tratado. En conspiración y con ayuda de sus amigos, se encargó de hacer copias del tratado. Luego, se encargó también de que sus ejemplares llegaran a las personas que tenían la posibilidad de salir de Vilna. De esta manera, la obra del padre Miguel Sopocko llegó a muchos países y, sobre todo, a las manos de numerosos obispos de Europa y del mundo entero.

Buscado por la Gestapo por difundir el culto y la devoción de la Misericordia Divina, el padre Miguel Sopocko logró escaparse tras ser avisado por una funcionaria de la oficina de registro. Así pudo evitar la detención. Por cuestión de seguridad, abandonó Vilna. Cuando el peligro pasó, volvió a Vilna y empezó a dar clases en el seminario, donde a pesar de las difíciles condiciones económicas y de alojamiento, comenzó el nuevo año académico 1940-41.

Regresó a vivir cerca de la iglesia de San Miguel, donde anteriormente estaba situada y adorada, cada vez con más devoción, la imagen del Salvador Misericordioso.

El 22 de junio de 1941 estalló la guerra alemana-soviética. Vilna muy pronto se quedó bajo la nueva ocupación. La población judía era especialmente discriminada. El padre Sopocko, ya antes de la guerra, se ocupaba de la catequización de los judíos que acudían a la iglesia y les preparaba para el bautizo. El fruto de esos esfuerzos fue el bautizo de unas 65 personas.

El padre Sopocko prestaba también ayuda económica y espiritual a los judíos. Esa manera de actuar traía graves consecuencias, hasta poner en peligro su propia vida. La Gestapo encontró huellas de estas actividades e incluso lo detuvieron durante varios días. A finales de 1944, los alemanes intensificaron las persecuciones. El último domingo de Adviento, a causa de una supuesta epidemia, cerraron todas las iglesias de Vilna y empezaron a detener sacerdotes. Arrestaron a los profesores y a los alumnos del seminario conciliar y a casi todos los curas que trabajaban en Vilna.

Durante la detención de los sacerdotes en el seminario, en el piso del padre Sopocko, los agentes de la Gestapo montaron una emboscada. Miguel Sopocko, avisado por su asistenta, llegó a la curia arzobispal para informar al arzobispo sobre el peligro existente. Pidió permiso para dejar el seminario y una bendición para el periodo de tiempo que iba a pasar escondiéndose. Disfrazado, abandonó Vilna para poder llegar hasta el convento de las hermanas ursulinas situado en Czarny Bor. Las hermanas le prestaron ayuda alojándolo en la casa que alquilaban en un bosque. La Gestapo lo estuvo buscando por casi toda Lituania, preguntando por él sobre todo en las casas parroquiales y entre los sacerdotes. Incluso el arzobispo Jalbrzykowski fue arrestado e internado en Mariampol, ciudad del sur de Lituania, desde 1942 a 1944.

A través de personas de confianza, el padre Sopocko recibió un documento de identidad falso, con el nombre de Waclaw Rodziewicz. Desde entonces pasaba por ser carpintero y ebanista, haciendo unas herramientas simples y objetos para la gente local. Todos los días, muy pronto, por la mañana celebraba la santa misa. Tenía mucho tiempo para entregarse a la oración y reflexión personal. Cada pocas semanas iba a la casa de las hermanas de Czarny Bor para confesarlas. Además, se dedicaba a la investigación, apoyándose en la literatura que le proporcionaba Osinska y sus compañeras. En otoño de 1944, a pesar de las difíciles condiciones de vida, el arzobispo Jalbrzykowski ordenó el comienzo de las clases en el seminario conciliar. Después de vivir dos años a escondidas, el padre Sopocko volvió a Vilna y empezó con los deberes asignados. Todos los domingos, junto con los otros profesores y los alumnos, iba a las parroquias de los pueblos para recoger las ofrendas en forma de frutos de la tierra y del campo, para que los estudiantes pudieran sobrevivir en el seminario.

El padre Sopocko ejercía el servicio pastoral también fuera de Vilna, lo que le daba la oportunidad de difundir la devoción de la Divina Misericordia. Las autoridades de la República, a pesar de la actitud antirreligiosa, al principio toleraban las actividades pastorales de los sacerdotes. Sin embargo, poco a poco empezaron a limitar su trabajo, sobre todo la catequización de los jóvenes y los niños. Aunque los encuentros se organizaban en secreto, las informaciones llegaban a las autoridades. Al padre Miguel Sopocko lo llamaron a la comisaría. Apareció un riesgo real de sanciones hacia él, e incluso hasta el riesgo de deportarlo a Siberia. Al mismo tiempo, en julio de 1947, nuestro protagonista recibió del arzobispo R. Jalbrzykowski, quien residía por entonces en Bialystok (Polonia), la orden de ir a trabajar a Polonia. De ahí que decidió abandonar Vilna cuanto antes, sobre todo, porque terminaba el plazo de la repatriación de los polacos de Lituania.

Antes de marcharse, teniendo la falsa esperanza de que su estancia fuera de Vilna iba a ser muy corta, visitó la capilla de la Madre de Dios de la Misericordia de la Puerta del Amanecer y, a finales de agosto de 1947, emprendió el viaje hacia Bialystok. Fue el último transporte de la población polaca que iba a Polonia. Nada más llegar a Bialystok, el padre Sopocko se puso en contacto con el arzobispo Jalbrzykowski para recibir las instrucciones de las nuevas funciones. A finales de septiembre de 1947, salió por unos días a Mysliborz, donde Jadwiga Osinska e Isabela Naborowska (las primeras religiosas de la Congregación fundada por Sopocko) organizaban los principios de la vida conventual. Fue el primer encuentro con las hermanas desde que abandonaron Vilna. Desde entonces, quedaba en contacto con las hermanas, sirviéndoles con sus consejos y soporte espiritual, y cuidando del desarrollo de la Congregación fundada.

De entre todos los trabajos de enseñanza que realizaba, la labor que más apreciaba y más le absorbía era la propagación del culto de la Divina Misericordia. Se entregó completamente a su realización y fue fiel hasta el final: no se desanimaba con la resistencia de las autoridades eclesiásticas en la aprobación del culto, cuyo motivo fueron las irregularidades y espontaneidad del desarrollo del oficio divino. Todo aquello fue causado por diferentes publicaciones que a menudo erróneamente interpretaban la idea de la Misericordia Divina. El P. Sopocko, infatigablemente, corregía los errores y aclaraba los fundamentos teológicos de ese culto.

Una circunstancia importante, que levantaba el ánimo y fortalecía la dedicación del P. Sopocko, fue el hecho del desarrollo continuo de la devoción a la Divina Misericordia y el interés por esa idea por parte de los teólogos. Otro impulso importante fue el comienzo del proceso informativo para la beatificación de sor Faustina Kowalska, en 1965, por el arzobispo de Cracovia Karol Wojtyla. En dicha Causa no podía dejar de testificar aquel que fuera su director espiritual.

Como en Vilna, también en Bialystok, el padre Sopocko fue confesor de religiosas y, continuo su apostolado, tras su jubilación y hasta su muerte. La rica personalidad del P. Sopocko, su espiritualidad y autoridad que resultaban de sus experiencias, junto con la gran modestia personal, atraían a los fieles. A lo largo de toda su vida, fue un hombre con un fuerte fundamento espiritual. Cuando fallaban sus capacidades físicas y llegó el momento de sus deficiencias, la esfera espiritual se convirtió en el terreno de su compromiso y de su servicio dedicado a las causas divinas. Murió en Cracovia, el 15 de febrero de 1975.

Fue beatificado en Polonia, el 28 de septiembre de 2008.

 


[1] Durante la Primera Guerra Mundial, entre 1914 y 1918, Lituania estuvo ocupada por Alemania, declarando otra vez su independencia el 16 de febrero de 1918.

[2] La guerra polaco-soviética fue un conflicto armado que enfrentó a la Rusia Soviética y la Segunda República Polaca desde el 14 de febrero de 1919 al 18 de marzo de 1921 con el Tratado de Riga (capital de la actual Letonia). La guerra fue el resultado de las tentativas expansionistas por parte de ambos bandos: Polonia pretendía recuperar los territorios perdidos a finales del siglo XVIII, y los soviéticos, aquéllos que habían pertenecido al Imperio ruso antes de la Primera Guerra Mundial.

[3] El beato Jorge Matulaitis-Matulewicz (1871-1921), obispo de Vilna y después visitador apostólico en Lituania, fue el fundador de la Congregación de Clérigos Marianos y la Congregación de Hermanas bajo el título de la Santísima Virgen María Inmaculada. Fue beatificado el 28 de junio de 1987.

[4] Santa María Faustina Kowalska (1905-1938) nació en la aldea de Glogowiec (Polonia), siendo la tercera de diez hermanos. A los 16 años salió de la casa familiar para trabajar de empleada doméstica. A los 20 años entró en Cracovia (Polonia) en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, donde vivió cumpliendo los deberes de cocinera, jardinera y portera. El 22 de febrero de 1931, sor Faustina dijo tener la primera revelación de la Divina Misericordia, estando en su celda. La escena de dicha revelación y las palabras que escuchó de los labios de Jesús, están plasmadas en su Diario. Según cuenta, entre otras cosas, Jesús pidió que se pintase una imagen suya. Ante esta propuesta, se requirió el servicio del pintor Eugenio Kazimiroski, que realizó el retrato siguiendo las instrucciones de sor Faustina. Esta imagen fue presentada y venerada públicamente en Ostra Brama (Vilna) entre el 26 y el 28 de abril de 1935, siendo la primera imagen jamás pintada de la Divina Misericordia de Nuestro Señor. Pero la imagen que se hizo famosa en el mundo entero fue la realizada por el pincel de Adolf Hyla, ofrecida como agradecimiento por la salvación de su familia de la guerra. Santa Faustina escribió un Diario en el que recogió los mensajes que recibió de Jesús y en los que se presenta la devoción a la Divina Misericordia. Esta devoción considera que la principal prerrogativa de Jesús es la misericordia y que es la última tabla de salvación. Se accede a la misericordia por la confianza. Esta devoción está integrada por el mensaje de la Divina Misericordia, la coronilla de la Divina Misericordia, la imagen de la Divina Misericordia, la fiesta y hora de la misericordia (a las tres de la tarde). En los últimos años de santa Faustina aumentaron los sufrimientos interiores de tipo espiritual y las dolencias del cuerpo: la tuberculosis atacó sus pulmones y su sistema digestivo. A causa de ello se la internó dos veces en el hospital de Pradnik, por varios meses. Falleció el 5 de octubre de 1938, a los 33 años, de los cuales 13 fueron vividos en el convento. Fue canonizada el 30 de abril de 2000, convirtiéndose en la primera santa canonizada en el tercer milenio.

[5] El polaco Romuald Jalbrzykowski (1876-1955) fue obispo auxiliar de Augustowski entre 1918 a 1925, obispo diocesano de Lomza en 1926 y el arzobispo de Vilna de 1926-1955.

 

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