El páter Mario Ramírez describe su trabajo durante el estado de alarma de ayuda y acompañamiento a los soldados que están participando en la “operación Balmis”, de lucha contra la pandemia.
Palabras del Papa antes de la oración
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El evangelio de hoy (cfr. Juan 3, 16-18), fiesta de la Santísima Trinidad, muestra, –en el lenguaje sintético de Juan– el misterio del amor de Dios al mundo, su creación. En el breve diálogo con Nicodemo, Jesús se presenta como Aquél que lleva a cabo el plan de salvación del Padre para el mundo.
"Es verdad que este tiempo transcurrido no ha sido estéril, pues a través de las redes, de las llamadas telefónicas y de mi presencia puntual en las unidades he mantenido el contacto con gran parte de ellos, pero faltaba la cercanía personal"
RECUPERAR LA NORMALIDAD
La desescalada va aligerando el confinamiento por el coronavirus, encaminada a recobrar la vida ordinaria particular y social. Esta nueva situación que va surgiendo, demanda sentido común, sabiduría, y creatividad. Porque después del Covid-19, no todo va a ser igual, vendrá otra normalidad de vida, muy distinta a la que disfrutábamos antes de entrar en la pandemia.
El pasado viernes tuvo lugar junto al Museo histórico del Acuartelamiento General Arroquia de Salamanca un discreto, pero no poco solemne acto militar con homenaje a los caídos, precedido de la celebración de la Santa Misa, por el capellán Carlos Vera Blanco, en honor al santo patrón del Arma de Ingenieros, Fernando III de Castilla.
El Grupo Logístico 1, de la Brigada Aragón, con sede en Zaragoza, ha procedido a una recogida de alimentos donados por los componentes de la unidad, los cuales han hecho llegar a Cáritas Castrense Aragón. Desde estas líneas les damos las GRACIAS en nombre de todas las personas que se puedan beneficiar de su gesto de amor desinteresado. Gracias nuevamente.
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El comandante de la UME José María Martín Corrochano ha desempeñado una de las labores más difíciles en esta crisis del coronavirus. Como responsable del dispositivo del Palacio de Hielo de Madrid, ha tenido que organizar una morgue improvisada en la que se ha velado a más de 1.000 fallecidos. Un alud de dolor en el que, sin embargo, ha habido rendijas de fe. Y de esperanza.
A continuación, la Homilia pronunciada por Moseñor Juan del Rio, Arzobispo Castrense de España en la Catedral Castrense de las Fuerzas Armadas. Domingo de Pentecostes. 31 de mayo de 2020
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El teniente general Rafael Barbudo Gironza, director general de Cáritas Castrense, rememora los inicios de la crisis del coronavirus y admite que esta “nos azotó como azota un terremoto. Una de las primeras sacudidas fue el fallecimiento de uno de nuestros magníficos voluntarios. Era Juan, el secretario de la Cáritas Parroquial de Alcalá de Henares, una persona entrañable y de gran valía, marido de la directora, nuestra querida Pilar, y colaborador incansable en el equipo. No fue un buen comienzo, pero, de este golpe y de otros sucesivos que hemos sufrido, nos hemos tenido que sobreponer con fe y oración”.
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Los militares y capellanes castrenses, entregados a las tareas de cada día, no hacen mucho ruido ni buscan protagonismo. Unos y otros viven los valores propios de su profesión según los principios constitucionales (art.8). Dispuestos a entregar su vida, si fuera preciso, por la libertad, por la seguridad y por la paz de España. No les mueven satisfacciones económicas o un plus de peligrosidad. Al soldado solo le motiva la vocación de ser centinela de la paz y, al pater, el oficio de acompañarle y apoyarle en el camino de la milicia, como se da en todos los países democráticos.