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¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

Hoy el Evangelio habla de dos hijos, a los que el padre pide que vayan a trabajar a la viña (cf. Mt 21,28-32). Uno de ellos responde inmediatamente "sí", pero luego no va; el otro dice "no", pero luego se arrepiente y va.

¿Qué se puede decir de ambos comportamientos?  Se puede inmediatamente pensar que ir a trabajar a la viña requiere sacrificio y santificarse; sacrificarse cuesta, no es espontáneo, aun con lo hermoso de saberse hijos y herederos. El problema no está aquí tan ligado a la resistencia a ir a trabajar en la viña, sino en la sinceridad o al menos frente al padre y frente a uno mismo. Si de hecho ninguno de los dos hijos se porta de manera impecable, uno miente, mientras que el otro se equivoca, pero permanece sincero.  

Miremos al hijo que dice “sí”, pero luego no va. Él no quiere hacer la voluntad del padre, pero tampoco quiere ponerse a discutir y hablar. Así se esconde detrás de un “sí”, detrás de un falso asenso, que esconde su pereza y por el momento le salva la cara. Es un hipócrita. Se escabulle sin conflictos, pero engaña y desilusiona a su padre, faltándole el respeto de peor forma de lo que habría hecho un franco “no”. El problema de un hombre que se comporta así es que no es solo un pecador, sino también un corrupto, porque miente sin problemas para cubrir y camuflar su desobediencia, sin aceptar algún dialogo, o enfrentamiento honesto.  

El otro hijo, aquel que dice “no” pero luego va, es en cambio sincero. No es perfecto pero sincero. Ciertamente, nos hubiera gustado verlo decir “sí” inmediatamente. Pero no es así, al menos, manifiesta de manera franca y en un cierto sentido valiente su reticencia. Se asume, por lo tanto, la responsabilidad de su comportamiento y actúa bajo la luz del sol. Luego, con esta honestidad de base, termina poniéndose en discusión, llegando a entender que se ha equivocado y regresando por sus pasos. Es, podremos decir, un pecador, pero no un corrupto. Escuchen esto: éste es un pecador, pero no es un corrupto. Y para el pecador hay siempre esperanza de redención; para el corrupto, en cambio, es mucho más difícil. De hecho, sus falsos “sí”, aparentemente elegantes pero hipócritas y sus ficciones convertidas en habito son como un grueso “muro di goma”, detrás del cual se resguarda de la voz de la conciencia. Y estos hipócritas hacen tanto daño. Hermanos y hermanas, pecadores sí, todos somos pecadores, ¡corruptos no! ¡Pecadores sí, corruptos no!

Mirémonos ahora a nosotros mismos y, a la luz de todo esto, hagámonos alguna pregunta. ¿Frente al cansancio de vivir una vida honesta y generosa, de comprometerme yo -cada uno dice, me comprometo- según la voluntad del Padre, estoy dispuesto a decir “sí” cada día, aunque cueste? Y cuando no lo consigo, soy sincero en el enfrentarme con Dios sobre mis dificultades, mis caídas, ¿mis fragilidades? Y cuando digo "no", ¿vuelvo atrás? Habla con el Señor sobre esto. ¿Cuándo me equivoco, estoy dispuesto a arrepentirme y a regresar sobre mis pasos? ¿O hago como si nada y vivo llevando una máscara, preocupándome solo en aparecer como bueno y correcto? En definitiva, soy un pecador, como todos, ¿o hay en mi algo de corrupto? No lo olviden: pecadores sí, corruptos no.

Que María, espejo de santidad, nos ayude a ser cristianos sinceros.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas

        Ayer, en Piacenza, fue proclamado beato el padre Giuseppe Beotti, asesinado por odio a la fe en 1944. Pastor según el corazón de Cristo, no dudó en ofrecer su vida para proteger el rebaño que se le había confiado. ¡Aplaudamos al nuevo beato!

He seguido estos días la dramática situación de los desplazados en Nagorno-Karabaj. Renuevo mi llamamiento al diálogo entre Azerbaiyán y Armenia, con la esperanza de que las conversaciones entre las partes, con el apoyo de la comunidad internacional, propicien un acuerdo duradero que ponga fin a la crisis humanitaria. Prometo mis oraciones por las víctimas de la explosión del depósito de combustible cerca de la ciudad de Stepanakert.

Hoy comienza el mes de octubre, el mes del Rosario y de las misiones. Exhorto a todos a experimentar la belleza de rezar el Rosario, contemplando con María los misterios de Cristo e invocando su intercesión por las necesidades de la Iglesia y del mundo. Recemos por la paz, en la martirizada Ucrania y en todas las tierras heridas por la guerra. Recemos por la evangelización de los pueblos. Y recemos también por el Sínodo de los Obispos, que este mes celebrará su primera Asamblea sobre el tema de la sinodalidad de la Iglesia.

Hoy celebramos a Santa Teresa del Niño Jesús, Santa Teresa, la santa de la confianza. El próximo 15 de octubre se publicará una Exhortación Apostólica sobre su mensaje. Oremos a Santa Teresita y a la Virgen. Que Santa Teresita nos ayude a confiar y a trabajar por las misiones.

Saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos de Italia y de muchos países. En particular, saludo al grupo del Santuario de la Virgen de la Revelación en las Tre Fontane de Roma, a los fieles de una parroquia de Catania, a los confirmandos de Porto Sant'Elpidio, a los scouts de Afragola y a las cofradías de Arqueros Históricos y de Caballeros de San Sebastián. Mis pensamientos y mi aliento se dirigen a la Asociación Nacional de Mujeres Operadas del Seno.

Hoy están aquí a mi lado, como pueden ver, cinco niños, que representan a los cinco continentes. Junto a ellos, quiero anunciarles que el 6 de noviembre por la tarde, en el Aula Pablo VI, tendré un encuentro con niños de todo el mundo. El evento, patrocinado por el Dicasterio para la Cultura y la Educación, tendrá como tema "Aprendamos de los niños y de las niñas". Es un encuentro para manifestar el sueño de todos: volver a tener sentimientos puros como los niños, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como niños. Los niños nos enseñan la claridad de las relaciones y la aceptación espontánea del extraño y el respeto de toda la creación. Queridos niños, los espero a todos para aprender yo también de ustedes.

Les deseo a todos un buen domingo. Y, por favor, no olviden rezar por mí. ¡Buen almuerzo y adiós!

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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de la Liturgia del día nos presenta una parábola sorprendente: el propietario de una viña sale desde las primeras horas del alba hasta la noche para llamar a algunos jornaleros, pero, al final, paga a todos del mismo modo, incluso a los que han trabajado solamente una hora (cf. Mt 20,1-16). Podría parecer una injusticia, pero no hay que leer la parábola a través de criterios salariales; más bien nos quiere mostrar los criterios de Dios, que no hace el cálculo de nuestros méritos, sino que nos ama como hijos.

Detengámonos sobre dos acciones divinas que emergen del relato. En primer lugar, Dios sale a todas las horas para llamarnos; en segundo lugar, paga a todos con la misma “moneda”.

Ante todo, Dios es Aquel que sale a todas las horas para llamarnos. La parábola dice que el propietario «al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña» (v. 1), pero después continúa saliendo a varias horas del día hasta el atardecer, para buscar a aquellos a los que nadie había incorporado al trabajo todavía. Comprendemos así que en la parábola los trabajadores no son solamente los hombres, sino Dios, que sale siempre, sin cansarse, todo el día. Así es Dios: no espera nuestros esfuerzos para venir a nosotros, no nos hace un examen para valorar nuestros méritos antes de buscarnos, no se rinde si tardamos en responderle; al contrario, Él a menudo ha tomado la iniciativa y en Jesús “ha salido” hacia nosotros, para manifestarnos su amor. Y nos busca a todas las horas del día que, como afirma San Gregorio Magno, representan las diversas fases y estaciones de nuestra vida hasta la vejez (cf. Homilías sobre el Evangelio,19). Para su corazón nunca es demasiado tarde, Él nos busca y nos espera siempre. No nos olvidemos de esto: El Señor nos busca y nos espera siempre, ¡siempre!

Precisamente porque tiene el corazón tan amplio, Dios – es la segunda acción – paga a todos con la misma “moneda”, que es su amor. He aquí el sentido último de la parábola: los jornaleros de la última hora son pagados como los primeros, porque, en realidad, la de Dios es una justicia superior. Va más allá. La justicia humana dicta “dar a cada uno lo suyo, según lo que merece”, mientras que la justicia de Dios no mide el amor en la balanza de nuestros rendimientos, de nuestras prestaciones y de nuestros fallos: Dios nos ama y basta, nos ama porque somos hijos, y lo hace con un amor incondicional, un amor gratuito.

Hermanos y hermanas, a veces corremos el riesgo de tener una relación “mercantil” con Dios, centrándonos más en nuestras propias bondades que en su generosidad y su gracia. A veces también como Iglesia, en vez de salir a cada hora del día y tender los brazos a todos, podemos sentirnos los primeros de la clase, juzgando a los demás lejanos, sin pensar que Dios los ama también a ellos con el mismo amor que tiene para nosotros.

Y también en nuestras relaciones, que son el tejido de la sociedad, la justicia que practicamos a veces no es capaz de salir de la jaula del cálculo y nos limitamos a dar según lo que recibimos, sin atrevernos a más, sin apostar por la eficacia del bien hecho gratuitamente y del amor ofrecido con amplitud de corazón. Hermanos, hermanas, preguntémonos: Yo cristiano, yo cristiana, ¿sé salir hacia los demás? ¿Soy generoso, soy generosa hacia todos, sé dar ese “más” de comprensión, de perdón, como Jesús hizo conmigo y hace todos los días conmigo?

Que la Virgen nos ayude a convertirnos a la medida de Dios, esa de un amor sin medida.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy se celebra el Día Internacional del Migrante y del Refugiado, sobre el tema «Libres de elegir si migrar o quedarse», para recordar que migrar debería ser una elección libre y nunca la única posible. El derecho a migrar, de hecho, hoy para muchos se ha convertido en una obligación, mientras que debería existir el derecho a no emigrar para permanecer en la propia tierra. Es necesario que a todo hombre y a toda mujer se le garantice la posibilidad de vivir una vida digna, en la sociedad en la que se encuentra. Desafortunadamente, miseria, guerras y crisis climáticas obligan a tantas personas a huir. Por eso, estamos todos llamados a crear comunidades preparadas y abiertas para acoger, promover, acompañar e integrar a quienes llaman a nuestras puertas.

Este desafío estuvo en el centro de los Rencontres Méditerranéennes, que se llevaron a cabo los días pasados en Marsella y en cuya sesión concluyente participé ayer, dirigiéndome a esa ciudad, cruce de caminos de pueblos y culturas.

Agradezco de manera especial a los obispos de la Conferencia Episcopal Italiana que hacen de todo para ayudar a nuestros hermanos y hermanas migrantes. Hace poco, hemos escuchado a mons. Baturi en televisión, en el programa “A Sua Immagine” que explicaba esto.

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de Italia y de tantos países, en particular al Seminario diocesano internacional Redemptoris Mater de Colonia, en Alemania. Como también saludo al grupo de personas afectadas por la enfermedad rara denominada “ataxia”, con sus familiares.

Renuevo la invitación a participar en la Vigilia ecuménica de oración, titulada “Together – Insieme” (juntos), que tendrá lugar el próximo sábado 30 de septiembre en la Plaza de San Pedro, en preparación de la Asamblea sinodal que iniciará el 4 de octubre.

Recordemos a la martirizada Ucrania y recemos por este pueblo que sufre tanto.

Os deseo a todos un feliz domingo. por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

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¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

Hoy el Evangelio nos habla de perdón (cfr Mt 18,21-35). Pedro pregunta a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?» (v. 21).

Siete, en la Biblia, es un número que indica plenitud, y por tanto Pedro es muy generoso en los presupuestos de su pregunta. Pero Jesús va más allá y le responde: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (v. 22). Es decir, le dice que cuando se perdona no se calcula, que está bien perdonar ¡todo y siempre! Precisamente como hace Dios con nosotros, y como está llamado a hacer quien administra el perdón de Dios: perdonar siempre. Yo esto lo digo mucho a los sacerdotes, a los confesores: perdonad siempre como perdona Dios.

Jesús ilustra después esta realidad a través de una parábola, que también tiene que ver con los números. Un rey, después de que le suplicara, perdona a un siervo la deuda de 10.000 talentos: es un valor exagerado, inmenso, que oscila entre las 200 y las 500 toneladas de plata: exagerado. Era una deuda imposible de saldar, incluso trabajando una vida entera: y sin embargo ese señor, que hace referencia a nuestro Padre, lo perdona por pura «compasión» (v. 27). Este es el corazón de Dios: perdona siempre porque Dios es compasivo. No olvidemos cómo es Dios: es cercano, compasivo y tierno; así es la forma de ser de Dios. Después, este siervo, al cual se le había perdonado la deuda, no tiene ninguna misericordia con un compañero que le debe 100 denarios. También esta es una cifra consistente, equivalente a cerca de tres meses de sueldo - ¡como diciendo que perdonarnos entre nosotros cuesta! -, pero para nada comparable con la cifra precedente, que el señor había perdonado.

El mensaje de Jesús es claro: Dios perdona de forma incalculable, excediendo cualquier medida. Él es así, actúa por amor y por gratuidad. Dios no se compra, Dios es gratuito, es todo gratuidad. Nosotros no podemos repagarlo pero, cuando perdonamos al hermano o a la hermana, lo imitamos. Perdonar no es por tanto una buena acción que se puede hacer o no hacer: perdonar es una condición fundamental para quien es cristiano. Cada uno de nosotros, de hecho, es un “perdonado” o una “perdonada”: no olvidemos esto, nosotros somos perdonados, Dios ha dado la vida por nosotros y de ninguna forma podremos compensar su misericordia, que Él no retira nunca del corazón. Pero, correspondiendo a su gratuidad, es decir perdonándonos unos a otros, podemos testimoniarlo, sembrando vida nueva en torno a nosotros. Fuera del perdón, de hecho, no hay esperanza; fuera del perdón no hay paz. El perdón es el oxígeno que purifica el aire contaminado por el odio, el perdón es el antídoto que cura los venenos del rencor, es el camino para calmar la rabia y sanar tantas enfermedades del corazón que contaminan la sociedad.

Preguntémonos, entonces: ¿yo creo que he recibido de Dios el don de un perdón inmenso? ¿Advierto la alegría de saber que Él siempre está preparado para perdonarme cuando caigo, también cuando los otros no lo hacen, también cuando ni siquiera yo logro perdonarme a mí mismo? Él perdona: ¿creo que Él perdona? Y ¿sé perdonar a su vez a quien me ha hecho daño? Al respecto, quisiera proponeros un pequeño ejercicio: intentemos, ahora, cada uno de nosotros, pensar en una persona que nos ha herido, y pidamos al Señor la fuerza para perdonarla. Y perdonémosla por amor del Señor: hermanos y hermanas esto nos hará bien, nos devolverá la paz en el corazón.

María, Madre de Misericordia, nos ayude a acoger la gracia de Dios y a perdonarnos los unos a los otros.

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Después del Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas!

El viernes iré a Marsella para participar en la conclusión de los Rencontres Méditerranéennes, una bonita iniciativa que se desarrolla en diferentes ciudades del Mediterráneo, reuniendo responsables eclesiales y civiles para promover caminos de paz, de colaboración y de integración en torno al mare nostrum, con una atención especial al fenómeno migratorio. Esto representa una desafío no fácil, como vemos también en las crónicas de estos días, pero que debe ser afrontado juntos, en cuanto que es esencial para el futuro de todos, que solo será próspero si se construye sobre la fraternidad, poniendo en el primer puesto la dignidad humana, las personas concretas, sobre todo las más necesitadas. Mientras os pido que acompañéis este viaje con la oración, quisiera dar las gracias a las autoridades civiles y religiosas, y a cuantos están trabajando para preparar el encuentro en Marsella, ciudad rica de pueblos, llamada a ser puerto de esperanza. Ya desde ahora saludo a todos los habitantes, esperando encontrar a muchos queridos hermanos y hermanas.

Y os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de Italia  y de varios países, en particular los representantes de algunas parroquias en Miami, la Banda de Gaitas del Batallón de San Patricio, los fieles de Pieve del Cairo y de Castelnuovo Scrivia, las Hermanas Misioneras del Santísimo Redentor de la Iglesia greco-católica ucraniana. Y seguimos rezando por el martirizado pueblo ucraniano y por la paz en toda tierra ensangrentada por la guerra.

¡Y saludo a los chicos de la Inmaculada!

A todos os deseo un feliz domingo y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

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Confirmaciones en Cáceres

En la tarde del pasado miércoles 4 de octubre tenía lugar la celebración del sacramento de la confirmación en el Centro de Formación del Tropa N.º 1 (CEFOT 1) de Cáceres.

Han sido un total de 41 soldados alumnos correspondientes al primer ciclo del año 2023 junto con tres hijos de personal militar y reservista los que, después de su proceso de preparación, fueron ungidos con el Sagrado Crisma en la frente por nuestro Arzobispo Castrense de España D. Juan Antonio Aznárez Cobo para recibir la efusión del Espíritu Santo.

Horarios Parroquias Castrenses

Relacción de Parroquias Castrenses, horarios y actividades de nuestras parroquias castrenses.

El Arzobispado Castrense tiene repartidas por toda la geografia españoña diversoas Iglesias y Parroquias Castrenses, cuya mision es ofrecer asistencia religiosa pastoral a sus miembros. Todas las actividades que realizan sobre todo el Arzobispo y los Capellanes van encaminadas a hacer presente a la Iglesia y a edificarla en el mundo militar, al mismo tiempo que ofrecen su disponibilidad y prestan su colaboración en las tareas de carácter asistencial y de promoción cultural y humana que se realizan dentro de los Ejércitos. Sin olvidar la función educadora de los valores, que promueven y hacen posible la paz entre los individuos y los pueblos, de la cual los militares son agentes o instrumentos.

Así pues, todas las actividades del Arzobispado Castrense son las propias de una Diócesis respecto a su feligresía (El Arzobispo es el Ordinario de esta diócesis personal, los Capellanes son párrocos personales), teniendo en cuenta las peculiaridades de los destinatarios, militares y familias, de esta acción pastoral.

Acciones dirigidas a la evangelización, catequesis, caridad, comunión eclesial, sacramentos, atención y promoción humana, etc., y centradas en dos polos fundamentales: a) evangelización y atención humana de la juventud; b) cuidado pastoral ofrecido a los militares y sus familias.

Parroquias Castrenses ordenadas por provincia


A Coruña

 

Baleares

  • Parroquia Castrense de “Santa Margarita”
    San Miguel, 69. 07002 Palma de Mallorca.

 

Barcelona

  • Parroquia Castrense de Barcelona
    Gobierno Militar de Barcelona. Portal de la Paz, s-n. 08071 Barcelona.

 

Cádiz

  • Parroquia Castrense del “Santo Ángel”
    Plaza Manuel de Falla, s-n. 11003 Cádiz. Tel.: 956 22 94 04.
  • Parroquia de la Base Naval de Rota
    11530 Rota Naval (Cádiz). Tel.: 956 82 74 44.
  • Parroquia Vaticana y Castrense de “San Francisco”
    C/ Real, 102. 11110 San Fernando Naval (Cádiz). Tel.: 956 88 27 58.

 

Madrid

  • Parroquia Castrense de Mingorrubio
    Paseo del Pardo, 51. 28048 El Pardo (Madrid). Tel.: 91 376 08 37.
  • Parroquia Castrense de Santa Bárbara
    La Marañosa, San Martín de la Vega. Madrid.
  • Parroquia Castrense de “Santa María de la Dehesa”
    C/ Arqueros, 19. 28024. Cuatro Vientos (Madrid). Tel.: 91 509 23 72.
  • Parroquia Castrense de “Nuestra Señora del Carmen”
    C/ Serrano Galvache, 7. 28033 Madrid. Tel.: 91 767 45 08.
  • Parroquia Castrense “Nuestra Señora de Loreto”
    C/ Barberán y Collar, s-n. 28805 Alcalá de Henares (Madrid). Tel.: 91 881 65 71.

 

Melilla

 

Murcia

 

Sevilla

  • Parroquia Castrense de “Nuestra Señora de Loreto”
    41011 Sevilla. Tel.: 954 28 85 22.

 

Valencia

  • Parroquia Castrense de “Santo Domingo”
    Plaza de Tetuán, 22. 46071 Valencia. Tel.: 96 196 30 81.

 

Zaragoza

  • Parroquia Castrense de “San Fernando”
    Vía San Fernando, 2. 50007 Zaragoza. Tel.: 976 38 22 67.

 

En orden a una mejor distribución de las responsabllldades de gobierno del Arzobispado Castrense de España, de conformidad con el canon 470 del Código de Derecho Canónico (CIC), y a la luz de la Constitución Apostólica "Spiritua/1 Mi/itum Curae", asi como del artículo 12 de los Estatutos de este Arzobispado Castrense, cumplimentados los trámites y consultas pertinentes, entre los que debe destacarse la deliberación hecha en nuestro Consejo Episcopal, considerando, conforme al canon 149.1 (CIC), las cualidades que concurren en los abajo citado, usando de nuestras facultades ordinarias,

El viernes 15 de septiembre, en el Centro Deportivo Sociocultural Militar del Ejército de Tierra de Ceuta, el páter Francisco Javier Boada, ofreció una conferencia sobre el Padre Fernando Huidobro, S.J. que llevaba por título “Y si es la muerte, será por amor”.

El Arzobispo Castrense de España, Monseñor Don Juan Antonio Aznárez, ha recibido en audiencia esta mañana, en la sede del Arzobispado, a D. José María Gómez, Gran Maestre del Capítulo de la Reina Isabel la Católica y a un grupo de miembros de dicho Capítulo.

El origen del Capítulo de Nobles Caballeros y Damas de la Reina Isabel la Católica y de la Muy Noble, Imperial y Coronada Villa de Madrigal de las Altas Torres se remonta al año 1969 en el que surge por iniciativa de un grupo de nobles caballeros y damas entusiastas de la figura y la santidad de la Reina Isabel la Católica.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy, el Evangelio nos habla de la corrección fraterna (cf. Mt 18, 15-20), que es una de las expresiones más grandes del amor, y también una de las que requieren un mayor esfuerzo, porque no es fácil corregir a los demás. Cuando un hermano en la fe comete una falta contra ti, tú, sin rencor, ayúdalo, corrígelo. Ayudar corrigiendo.

Pero, por desgracia, lo primero que se suele crear en torno a quien se equivoca son las habladurías, mediante las que todo el mundo se entera del error, con todos los detalles, ¡menos el interesado! Esto no es justo, hermanos y hermanas, esto no agrada a Dios. No me canso de repetir que los chismes son una plaga en la vida de las personas y de las comunidades, porque traen división, traen sufrimiento, traen escándalo, y nunca ayudan a mejorar, a crecer. Un gran maestro espiritual, san Bernardo, decía que la curiosidad estéril y las palabras superficiales son los primeros peldaños de la escalera de la soberbia, que no conduce hacia lo alto, sino hacia abajo, precipitando al hombre a la perdición y la ruina (cfr. Los grados de la humildad y la soberbia).

Jesús, en cambio, nos enseña a comportarnos de otra manera. Esto es lo que dice hoy: "Si tu hermano comete una falta contra ti, ve y repréndelo entre tú y él a solas" (v. 15). Háblale "cara a cara", háblale lealmente, para ayudarlo a entender en qué se equivoca. Y esto hazlo por su bien, superando la vergüenza y encontrando el verdadero valor, que no es hablar mal de él a sus espaldas, sino decirle las cosas a la cara con mansedumbre y amabilidad.

Pero, podemos preguntarnos, ¿y si no es suficiente? ¿Y si no lo entiende? Entonces hay que buscar ayuda. Pero, ¡cuidado! ¡No la del grupito que chismea! Jesús dice: "Toma contigo una o dos personas" (v. 16), refiriéndose a personas que realmente quieran ayudar a ese hermano o a esa hermana que ha errado.

¿Y si sigue sin entender? Entonces, dice Jesús, involucra a la comunidad. Pero también en este caso, seamos claros: no se trata de poner a la persona en la picota, de avergonzarla públicamente, sino de unir los esfuerzos de todos para ayudarla a cambiar. Señalar con el dedo a las personas no es bueno; de hecho, a menudo hace más difícil que quien se ha equivocado reconozca su propio error. Más bien, la comunidad debe hacerle sentir a él o a ella que, a la vez que condena el error, está cerca de la persona con la oración y el afecto, siempre dispuesta a ofrecer el perdón, la comprensión, y a empezar de nuevo.

Entonces, preguntémonos: ¿cómo trato a los que se equivocan contra mí? ¿Me lo guardo y acumulo resentimiento? “Me la pagarás”: esta expresión que nos viene tantas veces, “me la pagarás”. ¿Hablo acerca de ello a espaldas del otro?: “¿Sabes lo que ha hecho ese?”… ¿O soy valiente e intento hablar con él o ella? ¿Rezo por él o ella, pido ayuda para hacer el bien? Y nuestras comunidades, ¿se hacen cargo de los que caen, para que puedan volver a levantarse y empezar una nueva vida? ¿Señalan con el dedo o abren sus brazos? ¿Qué haces tú? ¿Apuntas con el dedo o abres los brazos?

Que María, que siguió amando incluso cuando escuchaba a la gente condenar a su Hijo, nos ayude a buscar siempre el camino del bien.

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Después del Ángelus:

Queridos hermanos y hermanas

Deseo expresar mis condolencias al querido pueblo de Marruecos, golpeado por un terremoto devastador. Rezo por los heridos, por los que han perdido la vida -¡tantos! - y por sus familias. Doy las gracias a los socorristas y a todos los que trabajan para aliviar el sufrimiento de la gente; que la ayuda concreta de todos sostenga a la población en estos trágicos momentos: ¡estamos con el pueblo de Marruecos!

Hoy han sido beatificados en Markowa, Polonia, los mártires José y Victoria Ulma con sus siete hijos: una familia entera exterminada por los nazis el 24 de marzo de 1944 por haber dado refugio a algunos judíos perseguidos. Al odio y la violencia que caracterizaban aquella época, opusieron el amor evangélico. Que esta familia polaca, que representó un rayo de luz en las tinieblas de la Segunda Guerra Mundial, sea para todos nosotros un modelo a imitar en el celo por el bien y en el servicio a los necesitados. ¡Aplaudamos a esta familia de Beatos!

Y siguiendo su ejemplo, sintámonos llamados a oponer a la fuerza de las armas aquella de la caridad; a la retórica de la violencia, la tenacidad en la oración. Hagámoslo especialmente por tantos países que sufren la guerra; de modo especial, intensifiquemos nuestra oración por la atormentada Ucrania. Ahí están las banderas de Ucrania, que está sufriendo tanto, ¡tanto!

Pasado mañana, 12 de septiembre, el querido pueblo etíope celebrará su tradicional Año Nuevo. Quisiera dirigir mis más cordiales saludos a toda la población, deseándole que sea bendecida con los dones de la reconciliación fraterna y de la paz.

Dirigimos hoy nuestro pensamiento a la abadía del Mont-Saint-Michel, en Normandía, que celebra mil años de la consagración de su templo.

Y los saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos de Italia y de diversos países, en particular a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Madrid, a la comunidad pastoral Cristo Risorto de Saronno, a los confirmandos de Soliera, a los estudiantes de bachillerato de Lucca.

A punto de comenzar el año catequético, Elledici, editorial de los Salesianos, regala hoy a los presentes en la plaza un subsidio para la catequesis, titulado "Paso a paso": ¡Es un hermoso regalo! Aprovecho la ocasión para agradecer a los catequistas su valioso trabajo y desear a los chicos y chicas de la catequesis la alegría del encuentro con Jesús.

Les deseo a todos un buen domingo y, por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Que tengan un buen almuerzo y hasta luego!

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