Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
El Evangelio de la liturgia de hoy nos relata dos milagros que parece que están entrelazados entre sí. Mientras que Jesús va a casa de Jairo, uno de los responsables de la sinagoga, porque su hija pequeña está gravemente enferma, por el camino una mujer con hemorroísa le toca la túnica y Él se detiene para sanarla. Mientras tanto, anuncian que la hija de Jairo ha muerto, pero Jesús no se detiene, llega a la casa, va a la habitación de la pequeña, la toma de la mano y la levanta, devolviéndola a la vida (Mc 5,21-43). Dos milagros, uno de curación y otro de resurrección.
Estas dos curaciones se relatan en un único episodio. Ambas suceden a través del contacto físico. De hecho, la mujer toca la túnica de Jesús y Jesús toma de la mano a la pequeña. ¿Por qué motivo es importante “tocar”? porque estas dos mujeres – una porque tiene pérdidas de sangre y la otra porque está muerta – se consideran impuras y por lo tanto con ellas no puede haber contacto físico. Y, en cambio, Jesús se deja tocar y no teme tocar. Jesús se deja tocar y no tiene miedo de tocar. Antes incluso de la curación física, Él desafía una concepción religiosa equivocada, según la cual Dios separa a los puros por un lado y a los impuros por otro. En cambio, Dios no hace esta separación, porque todos somos sus hijos, y la impureza no deriva de alimentos, enfermedades y ni siquiera de la muerte, sino que la impureza viene de un corazón impuro.
Aprendamos esto: frente a los sufrimientos del cuerpo y del espíritu, frente a las heridas del alma, frente a las situaciones que nos abaten e incluso frente al pecado, Dios no nos mantiene a distancia, Dios no se avergüenza de nosotros, Dios no nos juzga; al contrario, Él se acerca para dejarse tocar y para tocarnos y siempre nos levanta de la muerte. Siempre nos toma de la mano para decirnos: ¡Hija, hijo, levántate! (cf. Mc 5,41), ¡Camina, ve hacia delante! “Señor, soy un pecador” – “¡Sigue adelante, yo me hice pecado por ti, para salvarte!” – Pero tú, Señor, no eres un pecador” – “No, pero yo sufrí todas las consecuencias del pecado para salvarte”. ¡Es hermoso esto!
Fijemos en el corazón esta imagen que Jesús nos entrega: Dios es el que te toma de la mano y te levanta, el que se deja tocar por tu dolor y te toca para curarte y darte de nuevo la vida. Él no discrimina a nadie porque ama a todos.
Y entonces podemos preguntarnos: ¿Nosotros creemos que Dios es así? ¿Nos dejamos tocar por el Señor, por su Palabra, por su amor? ¿Entramos en relación con los hermanos ofreciéndoles una mano para levantarse o nos mantenemos a distancia y etiquetamos a las personas en base a nuestros gustos y a nuestras preferencias? Nosotros etiquetamos a las personas. Os hago una pregunta: Dios, el Señor Jesús, ¿etiqueta a las personas? Que cada uno responda. ¿Dios etiqueta a las personas? Y yo, ¿vivo constantemente etiquetando a las personas?
Hermanos y hermanas, miremos al corazón de Dios, para que la Iglesia y la sociedad no excluyan, no excluyan a nadie, para que no traten a nadie como “impuro”, para que cada uno, con su propia historia, sea acogido y amado sin etiquetas, sin prejuicios, para que sea amado sin adjetivos.
Recemos a la Virgen Santa: que Ella que es Madre de la ternura interceda por nosotros y por el mundo entero.
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Después del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas:
Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de diversos países.
Saludo en particular a los niños del Círculo misionero “Misyjna Jutrzenka” de Skoczów, en Polonia; y a los fieles de California y de Costa Rica.
Saludo a las monjas Hijas de la Iglesia, que, en estos días, junto a un grupo de laicos, han vivido un peregrinaje sobre los pasos de su fundadora, la Venerable Maria Oliva Bonaldo. Y saludo a los chicos de Gonzaga, en Mantova.
Hoy se recuerda a los Protomártires romanos. También nosotros vivimos en tiempos de martirio, aún más que en los primeros siglos. En varias partes del mundo tantos hermanos y hermanas nuestros sufren discriminaciones y persecuciones a causa de su fe, fecundando así la Iglesia. Otros se enfrentan a un martirio “con guante blanco”. Apoyémosles y dejémonos inspirar por su testimonio de amor por Cristo.
En este último día de junio, imploremos al Sagrado Corazón de Jesús que toque los corazones de quienes quieren la guerra, para que se conviertan a proyectos de diálogo y de paz.
Hermanos y hermanas, no nos olvidemos de la martirizada Ucrania, Palestina, Israel, Myanmar y tantos otros lugares donde se sufre tanto a causa de la guerra.
Os deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto. Gracias.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy, Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, en el Evangelio Jesús dice a Simón, por Él llamado Pedro: "A ti te daré las llaves del reino de los cielos" (Mt 16,19). Por eso vemos a menudo a San Pedro representado con dos grandes llaves en la mano, como en la estatua de esta plaza. Esas llaves representan el ministerio de autoridad que Jesús le confió para servir a toda la Iglesia. Porque la autoridad es un servicio, y la autoridad que no es servicio es dictadura.
Tengamos cuidado, sin embargo, de comprender bien el significado de esto. Las llaves de Pedro, en efecto, son las llaves de un Reino, que Jesús no describe como una caja fuerte o una caja blindada, sino con otras imágenes: una semilla pequeña, una perla preciosa, un tesoro escondido, un puñado de levadura (cf Mt 13,1-33), es decir, como algo precioso y rico, sí, pero al mismo tiempo pequeño y poco visible. Para alcanzarlo, por tanto, no es necesario accionar mecanismos y cerrojos de seguridad, sino cultivar virtudes como la paciencia, la atención, la constancia, la humildad, el servicio.
Por eso, la misión que Jesús confía a Pedro no consiste en atrancar las puertas de la casa, dejando entrar sólo a unos pocos invitados selectos, sino en ayudar a todos a encontrar el camino de entrada, en fidelidad al Evangelio de Jesús. A todos: todos, todos, todos pueden participar.
Y Pedro lo hará durante toda su vida, fielmente, hasta su martirio, después de haber experimentado por sí mismo, no sin esfuerzo y con muchas caídas, la alegría y la libertad que vienen del encuentro con el Señor. Fue el primero, para abrir la puerta a Jesús, tuvo que convertirse, y entender que la autoridad es un servicio. Y no fue fácil para él. Piensa que, justo después de decirle a Jesús: "Tú eres el Cristo", el Maestro tuvo que reprenderle, porque se negaba a aceptar la profecía de su pasión y su muerte en cruz (cf. Mt 16,21-23).
Pedro recibió las llaves del Reino no porque fuera perfecto -no, es un pecador- sino porque era humilde, honesto y el Padre le había dado una fe franca (cf. Mt 16,17). Por eso, confiando en la misericordia de Dios, pudo sostener y fortalecer, como se le pedía, también a sus hermanos (cf. Lc 22,32).
Hoy podemos preguntarnos: ¿cultivo el deseo de entrar, con la gracia de Dios, en su Reino, y de ser, con su ayuda, su guardián acogedor también para los demás? Y para ello, ¿me dejo "pulir", suavizar, modelar por Jesús y su Espíritu, el Espíritu que habita en nosotros, en cada uno?
Que María, Reina de los Apóstoles, y los santos Pedro y Pablo nos consigan, con sus oraciones, ser unos para otros guía y apoyo para el encuentro con el Señor Jesús.
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Después del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas.
Saludo a todos los que han venido en la fiesta de los santos Pedro y Pablo, y de modo especial saludo al pueblo de Roma. Hoy quisiera que mi saludo llegara a todos los habitantes de Roma, a todos, junto con mi oración: por las familias, especialmente por las que más luchan; por los ancianos, los que están más solos; por los enfermos, los encarcelados y los que por diversos motivos se encuentran en dificultades. Deseo que cada uno tenga la experiencia de Pedro y Pablo, es decir, que el amor de Jesucristo salva la vida y empuja a darla, empuja a darla con alegría, gratuitamente. ¡La vida no se vende!
Saludo a los Canónigos Regulares de la Inmaculada Concepción, reunidos en Roma para su Capítulo General; y les felicito por la gran infiorata organizada por la "Pro Loco" en la Piazza Pio XII, realizada por maestros floristas de varias partes de Italia. Gracias, ¡muchas gracias! Puedo verlas desde aquí, ¡son preciosas!
Pienso con dolor en nuestros hermanos y hermanas que sufren a causa de la guerra: pensemos en todos los pueblos heridos o amenazados por los combates, que Dios los libere y los apoye en su lucha por la paz. Y doy gracias a Dios por la liberación de los dos sacerdotes greco-católicos. ¡Que todos los prisioneros de esta guerra vuelvan pronto a casa! Recemos juntos: que todos los prisioneros vuelvan a casa.
Les deseo a todos unas felices fiestas. Por favor, no olviden rezar por mí. Buen provecho y ¡hasta luego!
San Juan Pablo II
Esta mañana el Arzobispo castrense, monseñor don Juan Antonio Aznárez, ha presidido en la sede del Arzobispado, la ceremonia de profesión de fe y juramento de fidelidad de los capellanes castrenses, recién incorporados a diversas unidades de las Fuerzas Armadas, Guardia Civil y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Con anterioridad, el Vicario General del Arzobispado, Carlos Jesús Montes, ha presidido la celebración de la Eucaristía en la Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas, que ha sido concelebrada por los nuevos capellanes castrenses.
En el Arzobispado Castrense de España, nuestra misión es acompañar a los miembros de las Fuerzas Armadas y sus familias en su camino de fe, brindando apoyo espiritual y humano en cada etapa de sus vidas. Las peregrinaciones que organizamos no son solo un viaje físico, sino una oportunidad para renovar el espíritu, fortalecer la fe y compartir la comunión fraterna con aquellos que comparten nuestra vocación de servicio a la patria.
Objetivos de las Peregrinaciones:
Fortalecer la fe: Cada peregrinación es una oportunidad para profundizar en nuestra relación con Dios, reflexionando sobre Su presencia en nuestras vidas y en nuestro servicio.
Fomentar la unidad: Al caminar juntos, miembros de diferentes cuerpos y rangos encuentran un espacio para el compañerismo, el entendimiento mutuo y el fortalecimiento de los lazos que nos unen.
Renovar el espíritu: Lejos de las obligaciones cotidianas, estas jornadas permiten un tiempo de introspección, oración y renovación espiritual.
Destinos de Peregrinación:
Santuario de Lourdes: Un lugar de sanación y esperanza, donde cada año miles de peregrinos castrenses se reúnen para vivir una experiencia de fe y devoción.
Camino de Santiago: Siguiendo los pasos de innumerables peregrinos, nos embarcamos en una travesía hacia la tumba del Apóstol Santiago, patrono de España, renovando nuestro compromiso con los valores cristianos.
Tierra Santa: Un viaje al corazón de nuestra fe, recorriendo los lugares donde Jesús vivió, murió y resucitó, y profundizando en el misterio de nuestra redención.
Testimonios:
"Peregrinar a Lourdes fue una experiencia transformadora. Sentí la presencia de la Virgen en cada paso que di y volví con un espíritu renovado para enfrentar mis responsabilidades."
"El Camino de Santiago me enseñó la importancia de la paciencia y la perseverancia. Cada kilómetro recorrido me acercó más a Dios y a mis hermanos en la fe."
Cómo Participar: Las peregrinaciones están abiertas a todos los miembros de las Fuerzas Armadas, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y sus familias. Para obtener más información sobre las próximas peregrinaciones y cómo inscribirse, contacte con la Delegacion de peregrinaciones del Arzobispado Castrense en nuestra página web: https://www.arzobispadocastrense.com/arzobispado/delegaciones
Descarga gratuita del Libro de Peregrinaciones
COLABORACION DE LA PARROQUIA VATICANA Y CASTRENSE DE SAN FRANCISCO DE ASÍS, SAN FERNANDO (CADIZ) AL PROYECTO DE EMERGENCIA EN TIERRA SANTA DE CÁRITAS CASTRENSE
El pasado día 24 de julio, víspera de Santiago Apóstol, se celebraron los siguientes actos en esta Plaza:
A las 9:45 horas, miembros de los Regimientos “España 11” y “Pavía 4”, con el Coronel Jefe de cada uno de los Regimientos al frente, en la Basílica de Nuestra Señora la Virgen del Pilar, fueron recibido por el Ilmo. y Rvdmo. Señor Dean del Cabildo de las Catedrales de Zaragoza, D. Joaquín Aguilar, entrando hasta la Santa Capilla, para realizar la Ofrenda a la Santísima Virgen.
La Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal organizó, del 4 al 7 de julio, el tradicional Curso de Formación para agentes de Pastoral de Familia y Vida en la localidad de Guadarrama (Madrid) sobre La pastoral de la vida humana, a la luz de la declaración Dignitas Infinita. Estas Jornadas contaron con la presencia del Delegado diocesano de Familia y Vida.
Fuente: https://jesuitasmaldonado.es/
Los restos mortales del padre Fernando Huidobro Polanco, SJ ya descansan en el claustro de la parroquia San Francisco de Borja. El viernes 19 de julio tuvo lugar el acto de inhumación presidido por Don José Cobo, cardenal arzobispo de Madrid. Entre las autoridades religiosas y militares que acompañaron la celebración estuvieron presentes el arzobispo castrense, Don Juan Antonio Aznárez y Don Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid. Así mismo, José Agustín Carreras Postigo, general jefe de la brigada de la Legión y el teniente general Antonio Jesús Cabrerizo Calatrava, general jefe del mando de personal del ejército de tierra.