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Queridos hermanos y hermanas, ¡buen domingo!

Hoy el Evangelio nos presenta a Jesús en la barca con los discípulos, en el lago de Tiberíades. De repente llega una fuerte tormenta y la barca corre peligro de hundirse. Jesús, que estaba durmiendo, se despierta, amenaza al viento y todo vuelve a la calma (cf. Mc 4,35-41).

Pero en realidad él no se despierta, ¡lo despiertan ellos! Con tanto miedo, son los discípulos los que despiertan a Jesús. La noche anterior, Jesús mismo había dicho a los discípulos que subieran a la barca y cruzaran el lago. Tenían experiencia, eran pescadores y ése era su ambiente de vida; pero una tormenta podía ponerles en dificultades. Parece que Jesús quiere ponerlos a prueba. Sin embargo, no los deja solos, se queda con ellos en la barca, tranquilo, incluso durmiendo. Y cuando estalla la tormenta, con su presencia los tranquiliza, los anima, los incita a tener más fe y los acompaña más allá del peligro. Pero podemos hacernos esta pregunta: ¿Por qué Jesús actúa así?

Para fortalecer la fe de los discípulos y para hacerlos más valientes. En efecto, salen de esta experiencia más conscientes del poder de Jesús y de su presencia en medio de ellos y, por tanto, más fuertes y dispuestos a afrontar los obstáculos y las dificultades, incluido el miedo a aventurarse a proclamar el Evangelio. Habiendo superado esta prueba con Él, sabrán afrontar muchas otras, incluso hasta la cruz y el martirio, para llevar el Evangelio a todos los pueblos.

Y Jesús hace lo mismo con nosotros, particularmente en la Eucaristía: nos reúne en torno a Sí, nos da su Palabra, nos alimenta con su Cuerpo y su Sangre, y luego nos invita a ponernos en camino, a transmitir a todos lo que hemos oído y a compartir con todos lo que hemos recibido, en la vida cotidiana, incluso cuando es difícil. Jesús no nos ahorra las contrariedades, pero sin abandonarnos nunca, nos ayuda a afrontarlas. Nos vuelve valientes. Así también nosotros, superándolas con su ayuda, aprendemos cada vez más a aferrarnos a Él, a confiar en su poder, que va mucho más allá de nuestras capacidades, a superar incertidumbres y hesitaciones, cerrazones y prejuicios, con valentía y grandeza de corazón, para decir a todos que el Reino de los Cielos está presente, está aquí, y que con Jesús a nuestro lado podemos hacerlo crecer juntos más allá de todas las barreras.

Preguntémonos entonces: en tiempos de prueba, ¿soy capaz de hacer memoria de los momentos de mi vida en los que he experimentado la presencia y la ayuda del Señor? Pensemos: Cuando llega alguna tormenta, ¿me dejo arrollar por la agitación, o me aferro a Él, - hay muchas tormentas interiores - para encontrar la calma y la paz en la oración, en el silencio, en la escucha de la Palabra, en la adoración y en el compartir fraterno de la fe?

Que la Virgen María, que aceptó la voluntad de Dios con humildad y valentía, nos conceda, en los momentos difíciles, la serenidad del abandono en Él.
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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas

Saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos de Italia y de varios países.

Saludo en particular a los fieles de Sant Boi de Llobregat (Barcelona) y a los de Bari. Saludo a los participantes en la manifestación "Elegimos la vida", al coro "Edelweiss" de la Sección Alpina de Bassano del Grappa y a los ciclistas de Bollate que han venido en bicicleta.

Seguimos rezando por la paz, especialmente en Ucrania, Palestina e Israel. Miro la bandera de Israel... Hoy la he visto en el balcón de su casa cuando venía de la Iglesia de los Santi Quaranta Martiri... ¡es una llamada a la paz! ¡Recemos por la paz! Palestina, Gaza, en el norte del Congo... ¡Recemos por la paz! Y paz en la atormentada Ucrania, que tanto sufre, ¡que haya paz! Que el Espíritu Santo ilumine la mente de los gobernantes, les infunda sabiduría y sentido de la responsabilidad, para evitar cualquier acción o palabra que alimente la confrontación y, en su lugar, apuntar decididamente a una solución pacífica de los conflictos. Se necesita negociación. 

Anteayer falleció el padre Manuel Blanco, franciscano que vivió durante cuarenta y cuatro años en la iglesia Santi Quaranta Martiri e San Pasquale Baylon de Roma. Fue superior, confesor y hombre de consejo. Al recordarlo, quisiera hacer memoria de tantos hermanos franciscanos, confesores, predicadores, que honraron y honran a la Iglesia de Roma. ¡Gracias a todos ellos!

Y a todos les deseo un buen domingo. Por favor, no olviden rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

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El pasado 18 de junio del 2024 A.D., a las 19:30 horas, se celebró en la Capilla de la Academia Básica del Aire y del Espacio sita en la Virgen del Camino (León), una misa en la que se administró el Sacramento de la Confirmación a 37 bautizados adultos.

La celebración fue presidida por el Vicario Episcopal y Jefe del Servicio Religioso del Aire y del Espacio, Ilmo. Sr. D. José Obrador Castro, que había sido designado por el Exmo. Sr. Arzobispo Castrense de España, para conferir el Sacramento.

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Hoy el Evangelio de la liturgia nos habla del Reino de Dios a través de la imagen de la semilla (cf. Mc 4,26-34). Varias veces Jesús usa esta similitud (cf. Mt 13,1-23; Mc 4,1-20; Lc 8,4-15), y hoy lo hace invitándonos a reflexionar en particular sobre una actitud importante vinculada con la imagen de la semilla y la actitud es la espera confiada.

En efecto, en la siembra, por buena y abundante que sea la simiente que esparce el agricultor y por bien que prepare la tierra, las plantas no brotan inmediatamente: ¡hace falta tiempo y hace falta paciencia! Por ello, es necesario que después de sembrar este sepa esperar con confianza, para permitir a las semillas que se abran en el momento preciso y a los brotes que germinen en la tierra y crezcan, lo suficientemente fuertes como para asegurar, al final, una cosecha abundante (cf. vv. 28-29). Debajo de la tierra ya se está produciendo el milagro (cf. v. 27), hay un enorme desarrollo, pero es invisible, se necesita paciencia y, mientras tanto, es necesario seguir cuidando las tierras labrantías, regarlas y mantenerlas limpias, a pesar de que en la superficie parezca que no sucede nada.

También el Reino de Dios es así. El Señor deposita en nosotros las semillas de su Palabra y de su gracia, semillas buenas y abundantes, y después, sin dejar de acompañarnos, espera con paciencia. El Señor sigue cuidándonos, con la confianza de un Padre, pero nos da tiempo – el Señor es paciente –   para que las semillas se abran, crezcan y se desarrollen hasta dar fruto de buenas obras. Y esto porque quiere que en su campo no se pierda nada, que todo llegue a la plena maduración; quiere que todos nosotros podamos crecer como espigas cargadas de grano.

No solo. Haciendo así, el Señor nos da un ejemplo: nos enseña también a nosotros a sembrar con confianza el Evangelio allí donde estemos y después a esperar que la semilla plantada crezca y dé fruto en nosotros y en los demás, sin desanimarnos y sin dejar de apoyarnos y ayudarnos unos a otros, incluso allí donde, a pesar de los esfuerzos, nos parece que no se ven resultados inmediatos. A menudo, de hecho, también entre nosotros, más allá de las apariencias, el milagro está ya en marcha y a su debido tiempo dará frutos abundantes.

Por ello, podemos preguntarnos: ¿Yo dejo sembrar en mí la Palabra? ¿A su vez, siembro con confianza la Palabra de Dios en los ambientes en los que vivo? ¿Soy paciente a la hora de esperar, o me desanimo porque no veo inmediatamente los resultados? Y, ¿sé confiar todo serenamente al Señor, al tiempo que doy lo mejor de mí para anunciar el Evangelio?

Que la Virgen María, que acogió e hizo crecer en su interior la semilla de la Palabra, nos ayude a ser sembradores generosos y confiados del Evangelio.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Ayer, en Cracovia fue beatificado Michele Rapacz, sacerdote y mártir, pastor según el corazón de Cristo, fiel y generoso testigo del Evangelio que experimentó tanto la persecución nazista como la soviética, y respondió con el ofrecimiento de su vida. ¡Un aplauso para el nuevo beato!

Continúan llegando noticias dolorosas de enfrentamientos y masacres que se han producido en la parte oriental de la República Democrática del Congo. Dirijo mi llamamiento a las Autoridades nacionales y a la Comunidad internacional, para que se haga todo lo posible para detener la violencia y por la salvaguardia de la vida de los civiles. Entre las víctimas, muchos son cristianos asesinados in odium fidei. Son mártires. Su sacrificio es una semilla que germina y da fruto y nos enseña a testimoniar el Evangelio con valentía y coherencia.

No dejemos de rezar por la paz en Ucrania, en Tierra Santa, en Sudán, Myanmar y en todos los lugares en los que se sufre por la guerra.

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos. En particular, saludo a los fieles procedentes de Líbano, Egipto y España; a los estudiantes de la “London Oratory School”; a los de la diócesis de Opole en Polonia y a los de Budapest-Albertfalva; a los participantes del Fórum Europeo de los Laicos, sobre el tema “Fe, arte y sinodalidad”; y al grupo de madres de la comunidad católica congoleña de Roma. ¡Estas madres cantan bien! Me gustaría escucharos cantar otra vez.

Saludo a los fieles de Carini, Catania, Siracusa y Messina; a los muchachos de la Comunión y de la Confirmación de Mestrino, a los confirmandos de Castelsardo (Sassari), de Bolgare (Bérgamo) y de Camin (Padua); y finalmente, un pensamiento de gratitud para los donantes de sangre, que acaban de celebrar su Jornada nacional.

Os saludo a todos vosotros y deseo a todos un feliz domingo. por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.

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El domingo 16 de junio, los miembros del Regimiento de Artillería N.º 93 de la isla de Tenerife, tuvieron un acto formalizando el acogimiento a la protección del Santísimo Cristo de la Laguna, que concedió el Arzobispo Castrense D. Juan Antonio Aznárez Cobo en el mes de abril.

Por ese motivo, el Arzobispo Castrense se trasladó a la isla de Tenerife para presidir dichos actos que comenzaron a las 12 horas con una Eucaristía, celebrada en el atrio del Santuario del Cristo y oficiada por el Arzobispo Castrense y por el Obispo de la Diócesis Nivariense, D. Bernardo Álvarez, y acompañado del Vicario General de la Diócesis de Tenerife y rector del Santuario, D. Víctor Álvarez Torres y por los capellanes castrenses D. Marcos J. Albertos, destinado en el RACA 93, D. Ramón Luis García Guardado, destinado en el Tenerife 49 y D. Jorge David Lorenzo Pérez, destinado en el Canarias 50.

En la mañana del viernes 14 de junio tuvo lugar en el Arsenal Militar de La Carraca de San Fernando, Cádiz, la ceremonia de la bendición del mar. Esta celebración que viene celebrándose desde 1755, se remonta al voto que hizo la Armada en ese año para solemnizar el escaso efecto que tuvo el maremoto que surgió tras del terrible terremoto de Lisboa sobre la entonces llamada Real Isla de León (hoy San Fernando) y, en particular, sobre el Arsenal de La Carraca.  

Proceso de Acceso

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 ARZOBISPADO CASTRENSE
Secretaría del Tribunal de Oposición

 

LISTADO DE ADMITIDOS AL PROCESO SELECTIVO PARA
CAPELLÁN TEMPORAL Y CAPELLÁN PERMANENTE DEL SARFAS 2026

 

Finalizado el plazo de presentación de solicitudes y una vez revisada la documentación aportada por los aspirantes,
se hace público el listado de candidatos admitidos al proceso selectivo para el acceso a la condición de Capellán Temporal y Capellán Permanente del
Servicio de Asistencia Religiosa de las Fuerzas Armadas (SARFAS), correspondiente al año  2026.

 

 

 

Los interesados podrán consultar la relación de admitidos en los documentos PDF que se indican a continuación.
(Pulsa sobre el nombre del documento para ver o descargar)

  

 →  ADMITIDOS EN EL CONCURSO OPOSICION PARA OCUPAR PLAZA DE CAPELLÁN TEMPORAL  DEL SARFAS 2026 ← 

  →  ADMITIDOS EN EL CONCURSO OPOSICION PARA OCUPAR PLAZA DE CAPELLÁN PERMANENTE DEL SARFAS 2026 ← 

 

 

 

El 9 de junio de 2024 celebramos el «Día Internacional de los Archivos» («International Archives Day»), fecha en que conmemoramos la creación en 1948 (auspiciada por la UNESCO) del Consejo Internacional de Archivos (ICA) una organización internacional no gubernamental destinada a promover la gestión y uso eficientes de los documentos de archivo, así como la preservación del patrimonio archivístico de la humanidad.

El pasado sábado día 8 de junio a las 12.30 horas se celebraron en la parroquia castrense de San Fernando, Cádiz, las Confirmaciones.  

La celebración estuvo presidida por el Vicario General del Arzobispado Castrense, D. Carlos Jesús Montes Herreros, y concelebrada por el párroco de la misma, D. Gonzalo Núñez del Castillo y el vicario parroquial D. Pablo Roger junto con el Rvdo. P. D. José Luis Palacio.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz domingo!

El Evangelio de la liturgia de hoy (cfr. Mc 3,20-35) nos dice que Jesús, después de haber iniciado su ministerio público, se encontró ante una doble reacción: la de sus parientes, que estaban preocupados y temían que hubiera vuelto un poco loco; y la de las autoridades religiosas, que lo acusaban de actuar movido por un espíritu maligno. En realidad, Jesús predicaba y sanaba a los enfermos con la fuerza del Espíritu Santo. Y el Espíritu lo hacía divinamente libre, es decir, capaz de amar y de servir sin medida y sin condiciones. Jesús es libre. Detengámonos un poco a contemplar esta libertad de Jesús.

Jesús era libre respecto a las riquezas: por eso dejó la seguridad de su pueblo, Nazaret, para abrazar una vida pobre y llena de incertidumbres (cfr. Mt 6,25-34), curando gratuitamente a los enfermos y a cualquiera que viniese a solicitarle ayuda, sin pedir nunca nada a cambio (cfr. Mt 10,8). La gratuidad del ministerio de Jesús es esta. Es también la gratuidad de todo ministerio.

Era libre respecto al poder: efectivamente, aunque llamó a muchos a seguirlo, nunca obligó a nadie a hacerlo; y jamás buscó el apoyo de los poderosos, sino que estuvo siempre de la parte de los últimos, y enseñó a sus discípulos a hacer lo mismo que Él había hecho (cfr. Lc 22,25-27).

Finalmente, Jesús era libre respecto a la búsqueda de la fama y de la aprobación, y por eso nunca renunció a decir la verdad, aun a costa de no ser comprendido (cfr. Mc  3,21) y de hacerse impopular hasta morir en la cruz; y no se dejó intimidar, ni comprar, ni corromper por nada ni por nadie (cfr. Mt 10,28).

Jesús era un hombre libre. Libre respecto a las riquezas, libre ante el poder, libre respecto a la búsqueda de la fama. Y esto es importante también para nosotros. De hecho, si nos dejamos condicionar por la búsqueda del placer, del poder, del dinero o de la aprobación, nos convertimos en esclavos de estas cosas. Si, en cambio, permitimos que amor gratuito de Dios nos llene y nos ensanche el corazón, y si dejamos que rebose espontáneamente donándolo a los demás, con todo nuestro ser, sin miedos, cálculos o condicionamientos, entonces crecemos en la libertad, y difundimos su buen perfume a nuestro alrededor.

Entonces, podemos preguntarnos: ¿soy una persona libre? ¿O me dijo aprisionar por los mitos del dinero, del poder y del éxito, sacrificándoles mi serenidad, mi paz y las de los demás? ¿Difundo, en los ambientes en los que vivo y trabajo, aire fresco de libertad, de sinceridad, de espontaneidad?

Que la Virgen María nos ayude a vivir y a amar como Jesús nos enseñó, en la libertad de los hijos de Dios (cfr. Rm 8,15.20-23).

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Después del Ángelus

Pasado mañana, en Jordania, tendrá lugar una conferencia internacional sobre la situación humanitaria en Gaza, convocada por el rey de Jordania, el presidente de Egipto y el secretario general de las Naciones Unidas. Les agradezco esta importante iniciativa y, al mismo tiempo, animo a la comunidad internacional a que actúe urgentemente, con todos los medios necesarios, para socorrer a la población de Gaza, exhausta a causa de la guerra. Las ayudas humanitarias han de poder llegar a quien las necesita, y nadie debe impedirlo.

Ayer se celebró el 10° aniversario de la Invocación por la paz en el Vaticano, en la que estuvieron presentes el presidente de Israel, el recordado Shimon Peres, y el de Palestina, Abu Mazen. Aquel encuentro testimonia que es posible darse la mano, y que para hacer la paz hace falta valentía, mucha más valentía que para hacer la guerra. Por tanto, animo las negociaciones en curso entre las partes, aunque no son fáciles, y deseo que las propuestas de paz, para el alto el fuego en todos los frentes y para la liberación de los rehenes, sean aceptadas inmediatamente, por el bien de los palestinos y de los israelíes.

Y no olvidemos al atormentado pueblo ucraniano, que cuanto más sufre, más anhela la paz. Saludo a este grupo ucraniano con las banderas que está allí. ¡Estamos con vosotros! Es un deseo, el de la paz; por eso, apoyo todos los esfuerzos que se realizan para que se pueda construir la paz cuanto antes, con la ayuda internacional. Y no nos olvidemos de Myanmar.

Los saludo a ustedes, romanos y peregrinos de muchos países, en especial a los docentes del instituto “San Juan Pablo II” de Kyiv (Ucrania), a quienes animo en su misión educativa en este tiempo tan difícil y doloroso. Saludo a los profesores y a los alumnos de la escuela diocesana “Cardenal Cisneros” de la diócesis de Sigüenza- Guadalajara, en España; así como a los fieles de Assemini (Cagliari), a los niños de la escuela “Giovanni Prati” de Padua y a los chicos de la parroquia de Sant’Ireneo de Roma.

Renuevo mi saludo a los cantores que han venido a Roma desde todas las partes del mundo para participar en el cuarto Encuentro Internacional de las Corales. Queridos, con su canto pueden siempre dar gloria a Dios y transmitir la alegría del Evangelio.

Les deseo a todos un feliz domingo. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

En Italia y en otros países celebramos hoy la solemnidad del Corpus Christi. El Evangelio de la liturgia hoy nos habla de la última Cena (Mc 14, 12-26), durante la cual el Señor realiza un gesto de entrega: de hecho, en el pan partido y en el cáliz ofrecido a los discípulos, es Él mismo quien se entrega por toda la humanidad y se ofrece por la vida del mundo.

En aquel gesto de Jesús al partir el pan, hay un aspecto importante que el Evangelio subraya con las palabras «se lo dio» (v. 22). Fijemos estas palabras en nuestro corazón: se lo dio. En efecto, la Eucaristía recuerda ante todo la dimensión del don. Jesús toma el pan no para consumirlo solo, sino para partirlo y darlo a los discípulos, revelando así su identidad y su misión. No retuvo para sí la vida, sino que nos la dio; no consideró su ser de Dios como un tesoro celoso, sino que se despojó de su gloria para compartir nuestra humanidad y hacernos entrar en la vida eterna (cf. Flp 2, 1-11). Jesús hizo donación de toda su vida. Recordemos esto: de toda su vida, Jesús hizo un don.

Entendemos, pues, que celebrar la Eucaristía y comer este Pan, como hacemos especialmente los domingos, no es un acto de culto desvinculado de la vida o un mero momento de consuelo personal; debemos recordar siempre que Jesús tomó el pan, lo partió y se lo dio y, por tanto, la comunión con Él nos hace capaces de convertirnos también en pan partido para los demás, capaces de compartir lo que somos y lo que tenemos. San León Magno decía: «Nuestra participación en el cuerpo y la sangre de Cristo no tiende a otra cosa que a convertirnos en lo que comemos» (Sermón XII sobre la Pasión, 7).

A esto, hermanos y hermanas, estamos llamados: a convertirnos en lo que comemos, a ser «eucarísticos», es decir, personas que ya no viven para sí mismas (cf. Rm 14,7), no, en la lógica de una posesión y de consumo, no, personas que saben hacer de su vida un don para los demás, sí. Así, gracias a la Eucaristía, nos convertimos en profetas y constructores de un mundo nuevo: cuando superamos el egoísmo y nos abrimos al amor, cuando cultivamos los lazos de fraternidad, cuando compartimos los sufrimientos de nuestros hermanos y compartimos nuestro pan y nuestros recursos con los necesitados, cuando ponemos nuestros talentos a disposición de todos, entonces partimos el pan de nuestra vida como Jesús.

Hermanos y hermanas, preguntémonos entonces: ¿Guardo mi vida sólo para mí o la doy como Jesús? ¿Me gasto por los demás o me encierro en mi pequeño yo? Y, en las situaciones cotidianas, ¿sé compartir o busco siempre mi propio interés?

Que la Virgen María, que acogió a Jesús, Pan bajado del Cielo, y se entregó enteramente con Él, nos ayude también a nosotros a convertirnos en don de amor, unidos a Jesús en la Eucaristía.

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Palabras después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas

Les invito a rezar por Sudán, donde la guerra que dura desde hace más de un año aún no ha encontrado una solución pacífica. Que se silencien las armas y, con el compromiso de las autoridades locales y de la comunidad internacional, se ayude a la población y a los numerosos desplazados; que los refugiados sudaneses encuentren acogida y protección en los países vecinos.

Y no olvidemos a la atormentada Ucrania, Palestina, Israel, Myanmar… Hago un llamamiento a la sensatez de los gobernantes para que detengan la escalada y pongan todo su empeño en el diálogo y la negociación.

Saludo a los peregrinos de Roma y de diversas partes de Italia y del mundo, especialmente a los de Croacia y Madrid. Saludo a los fieles de Bellizzi e Iglesias; al Centro cultural «Luigi Padovese» de Cucciago; a las postulantes de las Hijas del Oratorio; y al grupo «Pedalea por los que no pueden», que ha venido en bicicleta de Faenza a Roma. Saludo a los chicos de la Inmaculada.

Les deseo a todos un buen domingo. Por favor, no olviden rezar por mí. Buen provecho y hasta luego.

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