Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
El Evangelio de este domingo (Mt 16,13-20) plantea una pregunta que nos interpela a cada uno en el camino de nuestra fe: ¿quién es realmente Jesús para mí?
Del relato evangélico se desprende lo decisiva que es esta pregunta para la experiencia del discipulado. De hecho, a pesar de que los doce apóstoles ya habían compartido gran parte de la vida y del ministerio del Maestro, Jesús no quiso dar por sentado que realmente lo conocieran y que hubieran comprendido el misterio del Reino de Dios. Entonces, tras preguntar qué opinaba la gente sobre Él, les dijo directamente a ellos: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» (Mt 16,15).
Hermanos y hermanas, este es un paso fundamental para los discípulos de todos los tiempos y para cada uno de nosotros. La fe, en efecto, no se nos da de una vez por todas; al contrario, siempre necesitamos redescubrir el rostro de Cristo y su Evangelio, profundizar en su mensaje y renovar las decisiones de nuestra vida, para que sean coherentes con lo que profesamos, venciendo la tentación de creer que ya lo sabemos todo y de convertir la fe en una mera costumbre.
La pregunta que nos hacemos cada día —quién es Jesús para mí y cuál es el significado de su presencia en mi vida— surge especialmente en la oración y cuando meditamos sobre el Evangelio; pero también cuando nos enfrentamos a las heridas y las necesidades de nuestros hermanos, o en las relaciones y situaciones que más interpelan nuestra conciencia. En definitiva, en el ámbito de nuestra vida podemos comprobar si, para nosotros, el Señor Jesús es sólo un gran personaje de la historia que dijo e hizo cosas importantes, o bien el Cristo de Dios, Aquel que fue enviado para hacernos partícipes del amor del Padre y transformar nuestra vida y el mundo en el que vivimos.
Queridos hermanos, aprendamos a no encerrarnos en nuestras convicciones y certezas religiosas, para permanecer abiertos a una relación auténtica con Cristo. A veces, en lo que respecta a la fe cristiana, nos conformamos con “lo que se dice”, con los tópicos, con lo que nos han transmitido, quizá incluso con buenas intenciones; pero Jesús nos llama a una respuesta personal, a conocerlo de cerca, a dejarnos transformar por la amistad con Él, en un encuentro siempre nuevo que tal vez podría exigirnos recorrer caminos inéditos y tomar decisiones diferentes a las que habíamos imaginado. Esto vale tanto para nuestro camino personal como para el camino de la Iglesia y para las decisiones pastorales, en las que a veces pensamos que basta con seguir como siempre hemos hecho. En cambio, es importante preguntarnos con frecuencia: ¿Quién es el Señor para mí? ¿Lo conozco realmente? ¿Qué me pide hoy su Evangelio? ¿Qué pasos y qué decisiones debería tomar?
Invoquemos a la Virgen María, que en su corazón buscaba la voluntad de Dios a través de su Hijo, para que nos guíe siempre en el camino de la fe.
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Después del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas:
Recuerdo a menudo en mi oración a la República Democrática del Congo, especialmente por las numerosas víctimas que, desgraciadamente, han sido provocadas por la difusión de la epidemia del ébola. Animo a la comunidad internacional a dar una respuesta con un plan preventivo, que involucre a las comunidades locales, para salvar muchas vidas humanas.
Manifiesto, además, mi cercanía a toda la población de la República Centroafricana, que lamenta las víctimas causadas por el colapso de una mina en Zamboyé. Que el Señor acoja a cuantos han perdido la vida y sostenga el compromiso por la garantía de seguridad y legalidad de los yacimientos mineros.
Mañana se cumple el décimo aniversario del terremoto que sacudió el Centro de Italia, entre Lacio, Umbría y Las Marcas. Rezo por los difuntos, por sus familias y por todas las comunidades afectadas. Que la fe y la solidaridad continúen sosteniendo las obras de reconstrucción.
Saludo con afecto a todos ustedes, romanos y peregrinos de distintos países.
Doy la bienvenida, de modo especial, al Coro Primacial de la Catedral de Gniezno, en Polonia; así como a los seminaristas y a los superiores del Pontificio Colegio Norteamericano; y a los jóvenes de Bormio y de la Valfurva.
¡Les deseo a todos un feliz domingo!
1ª lectura: Sobre los cimientos están los nombres de los doce apóstoles del Cordero
Lectura del libro del Apocalipsis 21, 9b-14
El ángel me habló diciendo:
«Mira, te mostraré la novia, la esposa del Cordero».
Y me llevó en espíritu a un monte grande y elevado, y me mostró la ciudad santa de Jerusalén que
descendía del cielo, de parte de Dios, y tenía la gloria de Dios; su resplandor era semejante a una piedra
muy preciosa, como piedra de jaspe cristalino. Tenía una muralla grande y elevada, tenía doce puertas y
sobre las puertas doce ángeles y nombres grabados que son las doce tribus de Israel.
Al oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y al poniente tres puertas, y la muralla de
la ciudad tenía doce cimientos y sobre ellos los nombres de los doce apóstoles del Cordero.
Salmo: Sal 144, 10-11. 12-13ab. 13cd-14
R. Tus santos, Señor, proclamen la gloria de tu reinado.
Que todas tus criaturas te den gracias,
Señor, que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R.
Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y la majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones.
Cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R.
Aleluya Jn 1, 49b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Rabí, tú eres el Hijo de Dios,
tú eres el Rey de Israel. R.
Evangelio: Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 45-51
En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dijo:
«Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de
José, de Nazaret».
Natanael le replicó:
«¿De Nazaret puede salir algo bueno?».
Felipe le contestó:
«Ven y verás».
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».
Natanael le contesta:
«¿De qué me conoces?».
Jesús le responde:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».
Natanael respondió:
- «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Jesús le contestó:
«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».
Y le añadió:
«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo
del hombre».
1ª lectura: Pongo sobre sus hombros la llave del palacio de David.
Lectura del libro de Isaías 22, 19-23
Así dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio:
«Te echaré de tu puesto, te destituiré de tu cargo.
Aquel día, llamaré a mi siervo, a Eliacin, hijo de Elquías: le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré
tus poderes; será padre para los habitantes de Jerusalén y para el pueblo de Judá.
Pongo sobre sus hombros la llave del palacio de David: abrirá y nadie cerrará, cerrará y nadie abrirá.
Lo clavaré como una estaca en un lugar seguro, será un trono de gloria para la estirpe de su padre».
Salmo: Sal 137, 1-2a. 2bc-3. 6 y Sbc
R. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R.
Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R.
El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R.
2ª lectura: De él, por él y para él existe todo.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 33-36
¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y
qué irrastreables sus caminos!
En efecto, ¿quién conoció la mente del Señor? O ¿quién fue su consejero? O ¿quién le ha dado primero,
para tener derecho a la recompensa?
Porque de él, por él y para él existe todo. A él la gloria por los siglos. Amén.
Aleluya Mt 16, 18
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia,
y el poder del infierno no la derrotará. R.
Evangelio: Tu eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-20
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Ellos contestaron:
«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie ni la carne ni la sangre,
sino mi Padre que está los cielos.
Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en los cielos, y lo que
desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
1ª lectura: La gloria del Señor entró en el templo.
Lectura de la profecía de Ezequiel 43, 1-7a
El ángel me condujo a la puerta oriental.
Vi la gloria del Dios de Israel que venía de Oriente, con un estruendo de aguas caudalosas. La tierra se
iluminó con su Gloria.
Esta visión fue como la visión que había contemplado cuando vino a destruir la ciudad, y como la visión
que había contemplado a orillas del río Quebar.
Caí rostro en tierra.
La Gloria del Señor entró en el templo por la puerta oriental.
Entonces me arrebató el espíritu y me llevó al atrio interior.
La Gloria del Señor llenaba el templo.
Entonces oí a uno que me hablaba desde el templo, mientras aquel hombre seguía de pie a mi lado, y
me decía:
«Hijo de hombre, este es el sitio de mi trono, el sitio donde apoyo mis pies y donde voy a residir para
siempre en medio de los hijos de Israel».
Salmo: Sal 84, 9ab y 10. 11-12. 13-14
R. La gloria del Señor habitará en nuestra tierra.
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R.
La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R.
El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R.
Aleluya Mt 23, 9b.10b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Uno solo es vuestro Padre, el del cielo;
y uno solo es vuestro maestro, el Mesías. R.
Evangelio: Ellos dicen, pero no hacen.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 23, 1-12
En aquel tiempo, habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo:
«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan;
pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.
Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover
un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto;
les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan
reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”,
porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.
El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
1ª lectura: Huesos secos, escuchad la palabra del Señor. Os haré salir de vuestros sepulcros, casa de Israel.
Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 1-14
En aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mí.
El Señor me sacó en espíritu y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar vueltas
y vueltas en torno a ellos: eran muchísimos en el valle y estaban completamente secos.
Me preguntó:
«Hijo del hombre: ¿podrán revivir estos huesos?».
Yo respondí:
«Señor, Dios mío, tú lo sabes».
Él me dijo:
«Pronuncia un oráculo sobre estos huesos y diles: “¡Huesos secos, escuchad la palabra del Señor! Esto dice
el Señor Dios a estos huesos: Yo mismo infundiré espíritu obre vosotros y viviréis. Pondré sobre vosotros los
tendones, haré crecer sobre la carne, extenderé sobre ella la piel, os infundiré espíritu, y viviréis. Y comprenderéis
que yo soy el Señor”». Y profeticé como me había ordenado y mientras hablaba se oyó un estrépito, y los
huesos se unieron entre sí. Vi sobre ellos los tendones, la carne había crecido, y la piel los recubría; pero no
tenían espíritu.
Entonces me dijo:
«Conjura al espíritu, conjúralo, hijo del hombre, y di al espíritu: “Esto dice el Señor Dios: ven de los cuatro
vientos, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan”».
Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu, y revivieron y se pusieron en pie. Era
una multitud innumerable.
Y me dijo:
«Hijo del hombre, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: “Se han secado nuestros huesos,
se ha desvanecido nuestra esperanza, ha perecido, estamos perdidos”. Por eso profetiza y diles: “Esto dice
el Señor Dios: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os sacaré de ellos, pueblo mío, y os llevaré a la tierra
de Israel. Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de ellos, pueblo mío, comprenderéis que soy el Señor.
Pondré mi espíritu, en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestra tierra y comprenderéis que yo, el Señor,
lo digo y lo hago”» - oráculo del Señor -».
Salmo: Sal 106, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9
R. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
Que lo confiesen los redimidos por el Señor,
los que él rescató de la mano del enemigo,
los que reunió de todos los países:
oriente y occidente, norte y sur. R.
Erraban por un desierto solitario,
no encontraban el camino de ciudad habitada;
pasaban hambre y sed,
se les iba agotando la vida. R.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Los guio por un camino derecho,
para que llegaran a ciudad habitada. R.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.
Calmó el ansia de los sedientos,
y a los hambrientos los colmó de bienes. R.
Aleluya Sal 24, 4bc
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Dios mío, instrúyeme en tus sendas,
haz que camine con lealtad. R.
Evangelio: Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar
y uno de ellos, un doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?».
Él le dijo:
«“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».
1ª lectura: Os daré un corazón nuevo y os infundiré mi espíritu.
Lectura de la profecía de Ezequiel 36, 23-28
Esto dice el Señor:
«Manifestaré la santidad de mi gran nombre, profanado entre los gentiles, porque vosotros lo habéis
profanado en medio de ellos. Reconocerán las naciones que yo soy el Señor - oráculo del Señor Dios -,
cuando por medio de vosotros les haga ver mi santidad. Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de
todos los países, y os llevaré a vuestra tierra.
Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os
he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el
corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis
preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios».
Salmo: Sal 50, 12-13. 14-15. 18-19
R. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará de todas vuestras inmundicias.
Oh Dios, crea en mi un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R.
Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R.
Aleluya Cf. Sal 94, 8a. 7d
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
No endurezcáis hoy vuestro corazón;
escuchad la voz del Señor. R.
Evangelio: A todos los que encontréis, llamadlos a la boda.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 1-14
En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del
pueblo, diciendo:
«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para
que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que dijeran a
los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto.
Venid a la boda”.
Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los
criados y los maltrataron y los mataron.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego
a la ciudad.
Luego dijo a sus criados:
“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos,
y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del
banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no
llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de boda?”.
El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los servidores:
“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos».
1ª lectura: Libraré mi rebaño de sus fauces, para que no les sirva de alimento.
Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 1-11
Me fue dirigida esta palabra del Señor:
«Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza y diles:
“¡Pastores!, esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben
los pastores apacentar las ovejas?
Os coméis las partes mejores, os vestís con su lana; matáis las más gordas, pero no apacentáis el rebaño.
No habéis robustecido a las débiles, ni curado a la enferma, ni vendado a la herida; no habéis recogido a
la descarriada, ni buscado a la que se había perdido, sino que con fuerza y violencia la habéis dominado.
Sin pastor, se dispersaron para ser devoradas por las fieras del campo. Se dispersó mi rebaño y anda
errante por montes y altos cerros; por todos los rincones del país se dispersó mi rebaño y no hay quien lo
siga ni lo busque.
Por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor: ‘¡por mi vida! - oráculo del Señor -; porque mi rebaño
ha sido expuesto al pillaje, y a ser devorado por las fieras del campo por falta de pastor; porque mis pastores
no cuidaban mi rebaño, y se apacentaron a sí mismos pero no apacentaron a mi rebaño, por eso, pastores,
escuchad la palabra del Señor: Esto dice el Señor Dios: Me voy a enfrentar con los pastores; les reclamaré
mi rebaño, dejaran de apacentar el rebaño, y ya no podrán apacentarse a sí mismos. Libraré mi rebaño de
sus fauces, para que no les sirva de alimento”».
Porque esto dice el Señor Dios:
«Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré».
Salmo: Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.
Aleluya Heb 4, 12ad
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
La palabra de Dios es viva y eficaz;
juzga los deseos e intenciones del corazón. R.
Evangelio: ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su
viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo:
“Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido”.
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
“¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.
Le respondieron:
“Nadie nos ha contratado”.
Él les dijo:
“Id también vosotros a mi viña”.
Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz:
“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario
cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo:
“Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado
el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos:
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete.
Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en
mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”
Así, los últimos serán los primeros y los primeros, últimos».
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
Ayer contemplamos a la Virgen María en su relación indisoluble con su Hijo: ni siquiera la muerte pudo interrumpir esa comunión de alma y cuerpo, que es vida eterna. Cada domingo nos recuerda que esa misma plenitud está reservada a quienes siguen a Jesús: su resurrección no es un acontecimiento del pasado, sino una vida nueva que nos compromete.
Así lo demuestra hoy la mujer cananea protagonista del Evangelio proclamado en la liturgia (cf. Mt 15,21-28). Aunque no pertenece a su pueblo y vive en una región extranjera, intenta con insistencia hablar con Jesús, siguiéndole como una discípula que ya tiene un vínculo con Él. Probablemente nunca se habían encontrado, pero, misteriosamente, la fe ya había surgido en ella. No desea algo para sí misma, sino la paz para su hija atormentada, y confía en Jesús, a quien reconoce como el Mesías, descendiente de David (cf. v. 22).
El evangelista no oculta los obstáculos a los que se enfrenta esta mujer. Los discípulos la ven como una persona molesta, y el propio Jesús se resiste a sus peticiones. De hecho, el Maestro se había retirado a aquella región (cf. v. 21) y podemos imaginar que, como en otras ocasiones, buscaba un lugar apartado donde orar y formar a los suyos. Sin embargo, en ese momento ocurre algo inesperado. Al meditar sobre ello, podemos comprender la obediencia de Jesús, que cumple su misión dejándose conmover por lo que ve y lo que oye. Al final le dice: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas» (v. 28).
También hoy la Iglesia puede dejarse sorprender por la obra de Dios y comunicar la paz de Cristo más allá de las fronteras ya trazadas. Su misión es anticipada por la gracia divina, que actúa en lo más recóndito de las conciencias, de modo que en cada encuentro, incluso en aquellos que trastocan nuestros planes, hay que aguzar el oído, abrir los ojos y el corazón a lo que Dios quiere decirnos.
De la mujer cananea aprendemos la humildad y la determinación. Gracias a su fe, aprendemos que la mesa de Dios está preparada para todos y que a nadie le corresponden las migajas (cf. vv. 26-27), porque cada uno tiene su propio lugar junto al Padre. A la luz de esta fe, resultan insoportables las desigualdades, las discriminaciones y las barreras que pisotean la dignidad de tantos hijos e hijas de Dios.
Queridos hermanos y hermanas: somos la Iglesia de Jesucristo en un mundo atormentado, en un mundo que busca la paz. A María, nuestra Madre, le pedimos que interceda por nosotros. «De sus labios brota el himno más fuerte e innovador que jamás se haya pronunciado, el Magníficat» (Magnifica humanitas, 244): es el canto de quien ya ve la realidad con la mirada de Dios y, por eso, no pierde la esperanza y actúa con caridad.
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Después del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas:
Reitero mi llamamiento para que cesen los repetidos actos de violencia contra la población civil palestina en Cisjordania y pido con urgencia a la comunidad internacional que vele por el avance de la solución de dos Estados, en pro de una paz justa y duradera.
Esta semana darán comienzo los Juegos del Mediterráneo, que se celebrarán en Taranto. En ellos participarán diversos países de África, Asia y Europa que pertenecen a la cuenca mediterránea. Deseo que este evento deportivo sea un presagio de paz y fraternidad entre los pueblos de esta región y del mundo entero.
Y ahora doy la bienvenida a todos ustedes, que se han reunido aquí, en Castel Gandolfo, para el Ángelus dominical.
Saludo con cariño a los peregrinos procedentes de diversos países. Al saludar a los polacos, extiendo mi bendición a las numerosas participantes en la tradicional peregrinación al Santuario de Piekary Śląskie, en Alta Silesia.
Les deseo a todos un feliz domingo.
1ª lectura: Eres hombre y no dios; pusiste tu corazón como el corazón de Dios
Lectura de la profecía de Ezequiel 28, 1-10
Me fue dirigida esta palabra del Señor:
«Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Esto dice el Señor Dios:
Se enalteció tu corazón, y dijiste: “Soy un dios y estoy sentado en el trono de los dioses en el corazón
del mar”.
Tú que eres hombre y no dios, pusiste tu corazón como el corazón de Dios.
Te dijiste: “¡Si eres más sabio que Daniel, ningún enigma se te resiste!
Con tu sabiduría e inteligencia, te has hecho una fortuna; acumulaste tesoros de oro y plata”.
Con gran habilidad para el comercio acrecentaste tu fortuna; y por tu fortuna te llenaste de presunción.
Por ello, así dice el Señor Dios:
“Por haber puesto tu corazón como el corazón de Dios, por eso, haré venir contra extranjeros los más
feroces de entre los pueblos.
Desenvainarán sus espadas contra tu brillante sabiduría y profanarán tu belleza.
Te hundirán en la fosa, y perecerás de muerte violenta en el corazón del mar.
¿Podrás seguir diciendo delante de tus verdugos: ‘Soy un dios’? Serás un hombre, y no un dios, en mano
de los que te apuñalen?
Morirás con muerte de incircunciso, a manos de gentes extrañas.
Porque lo he dicho yo.” - oráculo del Señor -».
Salmo: Salmo Dt 32, 26-36.
R. Yo doy la muerte y la vida.
Me dije: «Los aniquilaría,
y borraría su memoria entre los hombres»
Si no temiese las burlas del enemigo
y la mala interpretación del adversario. R.
No sea que digan: «Nuestra mano ha vencido,
no es el Señor quien ha hecho todo esto».
Porque es gente que ha perdido el juicio,
y que carece de inteligencia R.
¿Cómo puede uno perseguir a mil,
y dos poner en fuga a diez mil,
si no fuera porque los ha vendido su Roca
y el Señor los ha entregado? R.
El día de su ruina se acerca, y se precipita su destino.
El Señor justicia a su pueblo
y tendrá piedad de sus siervos. R.
Aleluya 2 Cor 8, 9
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre
para enriqueceros con su pobreza. R.
Evangelio: Más fácil le es a un camello entrar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el
reino de los cielos
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 19, 23-30
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a
un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos».
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados:
«Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
«Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo».
Entonces dijo Pedro a Jesús:
«Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria,
también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de
Israel.
Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien
veces más, y heredará la vida eterna.
Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros».
1ª lectura: Ezequiel os servirá de señal: haréis lo mismo que él ha hecho
Lectura de la profecía de Ezequiel 24, 15-24
Me fue dirigida esta palabra del Señor:
«Hijo del hombre, voy a arrebatarte repentinamente el encanto de tus ojos; pero tú no entones una
lamentación, no hagas duelo, no llores, no derrames lágrimas. Suspira en silencio no hagas ningún rito
fúnebre. Ponte el turbante y cálzate las sandalias; no te cubras la barba ni comas el pan del duelo». Yo había
hablado a la gente por la mañana, y por la tarde murió mi mujer. Al día siguiente hice lo que se me había
ordenado.
Entonces me dijo la gente:
«¿Quieres explicarnos qué significa lo que estás haciendo?».
Les respondí:
«He recibido esta palabra del Señor:
“Di a la casa de Israel: Esto dice el Señor Dios: ‘Voy a profanar mi santuario, el baluarte dl que estáis
orgullosos, encanto de vuestros ojos, esperanza de vuestra vida. Los hijos e hijas que dejasteis en Jerusalén
caerán a espada.
Entonces haréis lo que yo he hecho: no os cubriréis la barba ni comeréis el pan del duelo; seguiréis con
el turbante en la cabeza y las sandalias en los pies, no entonaréis una lamentación ni lloraréis; os consumiréis
por vuestras culpas y gemiréis unos con otros. Ezequiel os servirá de señal: haréis lo mismo que él ha hecho.
Y, cuando suceda, comprenderéis que yo soy el Señor Dios”‘».
Salmo: Salmo Dt 32, 18-21.
R. Despreciaste al Dios que te engendró.
Despreciaste al Dios que te engendró,
y olvidaste al Dios que te dio a luz.
Lo vio el Señor,
e irritado rechazó a sus hijos e hijas. R.
Pensando: «Les ocultaré mi rostro
y veré cuál es su suerte,
porque son una generación pervertida,
unos hijos desleales». R.
«Me han dado celos con un dios que no es dios,
me han irritado con sus ídolos vacíos;
pues yo les daré celos con un pueblo que no es pueblo,
con una nación fatua los irritaré». R.
Aleluya Mt 5, 3
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos. R.
Evangelio: Si quieres ser perfecto, vende tus bienes, así tendrás un tesoro en el cielo
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 19, 16-22
En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó:
«Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?».
Jesús le contestó:
«¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los
mandamientos».
Él le preguntó:
«¿Cuáles?». Jesús le contestó:
«No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu
madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo».
El joven le dijo:
«Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?».
Jesús le contestó:
«Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el
cielo - y luego ven y sígueme».
Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.