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En el día más grande de La Legión, el 20 de septiembre, en la Base “Alvarez de Sotomayor” sede de la Brigada de la Legión en Almería, se llevó a cabo una exposición de artículos al público para que sus donativos fuesen destinados para la Cáritas Parroquial Castrense “Padre Huidobro” Almería.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de la liturgia de hoy nos presenta las tres parábolas de la misericordia (cf. Lc 15,4-32), se llaman así porque muestran el corazón misericordioso de Dio. Jesús las relata en respuesta a las murmuraciones de los fariseos y de los escribas, que decían: “Este acoge a los pecadores y come con ellos” (v. 2), se escandalizaban porque Jesús estaba entre pecadores. Si para ellos esto es religiosamente escandaloso, Jesús, al acoger a los pecadores y comer con ellos, nos revela que Dios es justamente así: no excluye a nadie, desea que todos estén en su banquete, porque ama a todos como a hijos, a todos, nadie está excluido, nadie. Las tres parábolas, pues, resumen el corazón del Evangelio: Dios es Padre y viene a buscarnos cada vez que nos hemos extraviado.

De hecho, los protagonistas de las parábolas, que representan a Dios, son un pastor que busca a la oveja perdida, una mujer que encuentra la moneda perdida y el padre del hijo pródigo. Detengámonos en un aspecto común a estos tres protagonistas. Los tres, en el fondo, tienen un aspecto común que podríamos definir así: la inquietud por aquello que les falta, te falta la oveja, te falta la moneda, te falta el hijo. La inquietud por lo que falta, y los tres en estas parábolas están inquietos porque les falta algo. Los tres, en el fondo, si hicieran un poco de cálculos, podrían estar tranquilos: al pastor le falta una oveja, pero tiene otras noventa y nueve, que se pierda; a la mujer le falta una moneda, pero tiene otras nueve; e incluso el Padre tiene otro hijo, que es obediente, al cual dedicarse ¿por qué pensar en este que se ha ido para entregarse a una vida licenciosa? En cambio, en sus corazones —del pastor, de la mujer y del padre— hay inquietud por aquello que les falta: la oveja, la moneda, el hijo que se ha ido. El que ama se preocupa por quien falta, siente nostalgia por el que está ausente, busca al que está perdido, espera al que se ha alejado. Porque quiere que nadie se pierda.

Hermanos y hermanas, así es Dios: no se queda "tranquilo" si nos alejamos de Él, se aflige, se estremece en lo más íntimo y se pone a buscarnos, hasta que nos vuelve a tener en sus brazos. El Señor no calcula la pérdida y los riesgos, tiene un corazón de padre y madre, y sufre por la ausencia sus hijos amados. “Pero, ¿por qué sufre, si este hijo es un desgraciado, se fue” Sufre, sufre. Dios sufre por nuestra lejanía, y cuando nos perdemos, espera nuestro regreso. Recordemos: Dios nos espera siempre con los brazos abiertos, sea cual sea la situación de la vida en la que nos hayamos perdido. Como dice un salmo, Él no duerme, siempre vela por nosotros (cf. 121,4-5).

Mirémonos ahora a nosotros mismos y preguntémonos: ¿Imitamos al Señor en esto, es decir, tenemos la inquietud por aquello que nos falta? ¿Sentimos nostalgia por quien está ausente, por quien se ha alejado de la vida cristiana? ¿Tenemos esta inquietud interior, o nos mantenemos serenos e imperturbables entre nosotros? En otras palabras, ¿realmente echamos de menos a quien falta en nuestra comunidad o lo aparentamos y no nos toca el corazón? ¿El que falta en mi vida, falta de verdad? ¿O estamos cómodos entre nosotros, tranquilos y dichosos en nuestros grupos, “no, yo voy a un grupo apostólico, muy bueno…” sin tener compasión por quien está lejos? ¡No se trata solo de estar "abiertos a los demás", es el Evangelio! El pastor de la parábola no dijo: "Ya tengo noventa y nueve ovejas, ¿quién me obliga a ir a buscar la perdida a perder el tiempo?". Por el contrario, él fue. Reflexionemos, pues, sobre nuestras relaciones: ¿Rezo por quien no cree, por el que está lejos, por el que está amargado? ¿Atraemos a los alejados por medio del estilo de Dios, este estilo de Dios que es cercanía, compasión y ternura? El Padre nos pide que estemos atentos a los hijos que más echa de menos. Pensemos en alguna persona que conozcamos, que esté cerca de nosotros y que quizá nunca haya escuchado a nadie decirle: "¿Sabes? Tú eres importante para Dios". “Pero, por favor, yo estoy en situación irregular, he hecho aquello que es feo, y eso otro…”. Tú eres importante para Dios: hay que decirlo. Tú no lo buscas, pero Él te busca.

Dejémonos inquietar, seamos hombres y mujeres de corazón inquieto, dejémonos inquietar por estas preguntas y recemos a la Virgen, la madre que no se cansa de buscarnos y de cuidar de nosotros, sus hijos.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Pasado mañana saldré para un viaje de tres días a Kazajistán, donde participaré en el Congreso de jefes de religiones mundiales y tradicionales. Será una oportunidad para encontrar a tantos representantes religiosos y dialogar como hermanos, animados por el deseo común de paz, paz de la que nuestro mundo está sediento. Quisiera desde ya saludar cordialmente a los participantes, así como a las autoridades, a las comunidades cristianas y a toda la población de ese vasto país. Les agradezco los preparativos y el trabajo realizado para preparar mi visita. Pido a todos que acompañen con la oración esta peregrinación de paz.

Sigamos rezando por el pueblo ucraniano, para que el Señor le dé consuelo y esperanza. En estos días, el Cardenal Krajewski, Prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, se encuentra en Ucrania para visitar varias comunidades y dar un testimonio concreto de la cercanía del Papa y la Iglesia.

En este momento de oración, quiero recordar a la hermana María de Coppi, misionera comboniana, asesinada en Chipene, Mozambique, donde sirvió con amor durante casi sesenta años. Que su testimonio dé fuerza y valor a los cristianos y a todo el pueblo de Mozambique.

Deseo dirigir un saludo especial al querido pueblo de Etiopía, que hoy celebra su tradicional Año Nuevo: les aseguro mis oraciones y deseo a cada familia y a toda la nación el don de la paz y la reconciliación.

Y no nos olvidemos de rezar por los escolares que mañana o pasado mañana empiezan de nuevo las clases.

Y ahora los saludo a todos, romanos y peregrinos de varios países: familias, grupos parroquiales, asociaciones. En particular, saludo a los militares de Colombia, al grupo venido desde Costa Rica y a la representación femenina de Argentina en el Foro Económico Mundial. Saludo a los jóvenes de Profesión de Fe de Cantù, a los fieles de Musile di Piave, Ponte a Tressa y Vimercate, y a los miembros del Movimiento No Violento y a los muchachos de la Inmaculada.

Le deseo un buen domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Disfruten de su almuerzo y adiós.

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El domingo, día 25 de septiembre de 2022, en instalaciones de la Parroquia Castrense de Santa María de la Dehesa de Madrid, tuvo lugar la inauguración de la Exposición de obras artísticas a beneficio de Cáritas Castrense.

Dicho acto fue presidido por los generales Excmo,s. Sres. don Rafael Barbudo Gironza, Director Cáritas Castrense, don José Luis Falcó, Secretario General y el Delegado de Acción Social del Arzobispado Castrense y párroco de la Dehesa, Pater don Benito Pérez Lopo.

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

La parábola que el Evangelio de la Liturgia de hoy nos presenta (cf. Lc 16,1-13) parece un poco difícil de comprender. Jesús cuenta una historia de corrupción: un administrador deshonesto que roba y que cuando es descubierto por su amo actúa con astucia para salir de esa situación. Nos preguntamos, ¿en qué consiste esta astucia —es un corrupto el que la usa—, y qué quiere decirnos Jesús?

En la historia vemos que este administrador corrupto termina con problemas porque se ha aprovechado de los bienes de su amo; ahora tendrá que rendir cuentas y perderá su trabajo. Pero él no se da por vencido, no se resigna a su destino y no se hace la víctima; al contrario, actúa en seguida con astucia, busca una solución, es ingenioso. Jesús se inspira en esta historia para lanzarnos una primera provocación: «Los hijos de este mundo —dice— son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz» (v. 8). Sucede que, quien se mueve en las tinieblas según ciertos criterios mundanos, sabe salir adelante incluso en medio de los problemas, sabe ser más astuto que los demás; en cambio, los discípulos de Jesús, es decir, nosotros, a veces estamos dormidos, o somos ingenuos, no sabemos tomar la iniciativa para buscar salidas en las dificultades (cf. Evangelii gaudium, 24). Por ejemplo, pienso en los momentos de crisis personal, social, pero también eclesial: a veces nos dejamos vencer por el desánimo, o caemos en la queja y en el victimismo. En cambio —dice Jesús— podríamos también ser astutos según el Evangelio, estar despiertos y atentos para discernir la realidad, ser creativos para buscar soluciones buenas, para nosotros y para los demás.

Pero también hay otra enseñanza que Jesús nos ofrece. De hecho, ¿en qué consiste la astucia del administrador? Él decide hacer un descuento a los que están en deuda, y así se hace amigo de ellos, esperando que puedan ayudarle cuando el amo lo despida. Antes acumulaba las riquezas para sí mismo, ahora las usa para hacerse amigos que puedan ayudarle en el futuro. Haciendo lo mismo, robar. Y Jesús, entonces, nos ofrece una enseñanza sobre el uso de los bienes: «Haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas» (v. 9). Para heredar la vida eterna no es necesario acumular los bienes de este mundo, lo que cuenta es la caridad que habremos vivido en nuestras relaciones fraternas. Esta es la invitación de Jesús: no uséis los bienes de este mundo solo para vosotros y para vuestro egoísmo, sino utilizadlos para generar amistades, para crear relaciones buenas, para actuar en la caridad, para promover la fraternidad y ejercer el cuidado hacia los más débiles.

Hermanos y hermanas, también en el mundo de hoy hay historias de corrupción como la del Evangelio; conductas deshonestas, políticas injustas, egoísmos que dominan las decisiones de los individuos y de las instituciones, y tantas otras situaciones oscuras. Pero a los cristianos no se nos permite desanimarnos o, peor aún, dejarlo pasar, permanecer indiferentes. Al contrario, estamos llamados a ser creativos a la hora de hacer el bien, con la prudencia y la astucia del Evangelio, usando los bienes de este mundo —no solo los materiales, sino todos los dones que hemos recibido del Señor— no para enriquecernos, sino para generar amor fraterno y amistad social. Esto es muy importante: generar amistad social con nuestra actitud.

Pidamos a María Santísima que nos ayude a ser como ella, pobres en espíritu y ricos de caridad recíproca.


Después del Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas!

Doy gracias a Dios por el viaje que pude realizar los días pasados en Kazajistán, con ocasión del séptimo Congreso de los Líderes de las Religiones mundiales y tradicionales. Me propongo hablar de ello en la audiencia general del próximo miércoles.

Estoy afligido por los recientes combates entre Azerbaiyán y Armenia. Expreso mi cercanía espiritual a las familias de las víctimas, y exhorto a las partes a respetar el alto el fuego, en vista de un acuerdo de paz. No lo olvidemos: ¡la paz es posible cuando callan las armas e inicia el diálogo! Y sigamos rezando por el martirizado pueblo ucraniano y por la paz en cada tierra ensangrentada por la guerra.

Deseo asegurar mi oración por las poblaciones de Las Marcas, golpeadas por una violenta inundación. Rezo por los difuntos y por sus familiares, por los heridos y por quien ha sufrido graves daños. ¡El Señor dé fuerza a esas comunidades!

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de diferentes países. En particular, saludo a las Religiosas de María Inmaculada de varias comunidades en África, América Latina, Asia y Europa; como también a los fieles de Sevilla y el grupo Secular Nuestra Señora del Cenáculo.

Saludo al grupo de Caturano, diócesis de Capua; a los jóvenes de Confirmación de Gazzaniga (Bérgamo) y a los de Soliera (Módena); a los miembros de la comunidad “Hijos en Cielo”, a las Pro Loco del Lacio y al grupo de médicos veterinarios de la provincia de Verona, con sus familiares. Saludo también a los jóvenes de “Economy of Francesco”, que hoy están aquí en la plaza: ¡siempre adelante! Nos veremos pronto en Asís.

Un pensamiento especial dirijo a los pobres y a los voluntarios de la “Casa de Zaqueo”, de Mesagne: que el Señor os bendiga y la Virgen os custodie.

Os deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

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Con motivo de la festividad del Santísimo Cristo de La Laguna, los artilleros de la isla de Tenerife han participado en la ya tradicional procesión cívico-militar de la imagen del Santísimo Cristo que recorre las calles de la ciudad lagunera.

El pasado fin de semana se ha celebrado en Cádiz un acontecimiento de gran repercusión tanto en el mundo cofrade como en el cultural. Con motivo del 300 aniversario de la puesta de la primera piedra de la actual Catedral de la Ciudad, el obispado junto al Consejo Local de Hermandades y Cofradías ha llevado a cabo una Solemne procesión magna titulada “la resurrección a través de la Cruz” haciendo referencia a la cruz sobre las aguas emblema de la Diócesis de Cádiz y Ceuta. Los actos comenzaron con el Solemne Pontifical de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz el 14 de septiembre, presidido por el obispo diocesano, Monseñor D. Rafael Zornoza Boy.

EL EJÉRCITO DEL AIRE Y DEL ESPACIO PEREGRINÓ A TEROR

El pasado 15 de septiembre, una representación del Cuartel General del Mando Aéreo de Canarias realizó la tradicional peregrinación hacia la Villa de Teror, a través de las conocidas rutas de caminos reales que llegan al municipio.

El pasado viernes 9 de septiembre, la Agrupación de Apoyo Logístico Nº81 de la isla de Tenerife ha celebrado los actos de relevo de mando del Grupo Logístico de dicha unidad.

Los actos comenzaron en el Acuartelamiento Ofra-Vistabella a las 11,45 horas con una Eucaristía de acción de gracias oficiada por el capellán castrense Marcos J. Albertos y presidida por el jefe de la Agrupación, coronel José Luis Bragado Candil.

Cáritas Castrense de Tenerife, en el mes de junio, hizo una campaña de recogida de alimentos en todas las unidades de la plaza de esta isla, que luego fueron entregando a aquellas personas que mas lo necesitaban que realizan sus funciones en dichas unidades y en la Guardia Civil.

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

En el pasaje del Evangelio de Lucas de la Liturgia de este domingo, un hombre le pregunta a Jesús: «¿Son pocos los que se salvan?» Y el Señor responde: «Esforzaos por entrar por la puerta estrecha» (Lc 13,24). La puerta estrecha es una imagen que podría asustarnos, como si la salvación fuera destinada solo a pocos elegidos o a los perfectos. Pero esto contradice lo que Jesús nos ha enseñado en muchas ocasiones; de hecho, poco más adelante, Él afirma: «Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios» (v. 29). Por lo tanto, esta puerta es estrecha, ¡pero está abierta a todos! No hay que olvidar esto: a todos. ¡La puerta está abierta a todos!

Para entenderlo mejor, hay que preguntarse qué es esta puerta estrecha. Jesús extrae la imagen de la vida de esa época y, probablemente, se refiere a que, cuando llegaba el atardecer, las puertas de la ciudad se cerraban y solo quedaba abierta una, más pequeña y más estrecha: para regresar a casa se podía pasar únicamente por ahí.

Pensemos, pues, en cuando Jesús dice: «Yo soy la puerta. Si uno entra por mí, estará a salvo» (Jn 10,9). Nos quiere decir que, para entrar en la vida de Dios, en la salvación, hay que pasar a través de Él, no de otro, de Él; acogerlo a Él y a su Palabra. Así como para entrar en la ciudad, había que “medirse” con la única puerta estrecha que permanecía abierta, del mismo modo, la vida del cristiano es una vida “a medida de Cristo”, fundada y moldeada en Él. Esto significa que la vara de medir es Jesús y su Evangelio: no lo que pensamos nosotros, sino lo que nos dice Él. Así que se trata de una puerta estrecha no por ser destinada a pocas personas, sino porque pertenecer a Jesús significa seguirle, comprometer la vida en el amor, en el servicio y en la entrega de uno mismo como hizo Él, que pasó por la puerta estrecha de la cruz. Entrar en el proyecto de vida que Dios nos propone implica limitar el espacio del egoísmo, reducir la arrogancia de la autosuficiencia, bajar las alturas de la soberbia y del orgullo, vencer la pereza para correr el riesgo del amor, incluso cuando supone la cruz.

Para ser concretos, pensemos en esos gestos cotidianos de amor que llevamos adelante con esfuerzo: pensemos en los padres que se dedican a los hijos haciendo sacrificios y renunciando al tiempo para sí mismos; en los que se ocupan de los demás y no solo de sus propios intereses, ¡cuánta gente es así, buena!; pensemos en quien se dedica al servicio de los ancianos, de los más pobres y de los más frágiles; pensemos en quien sigue trabajando con esfuerzo, soportando dificultades y tal vez incomprensiones; pensemos en quien sufre a causa de la fe, pero continúa rezando y amando; pensemos en los que, en lugar de seguir sus instintos, responden al mal con el bien, encuentran la fuerza para perdonar y el valor para volver a empezar. Solo son algunos ejemplos de personas que no eligen la puerta ancha de su conveniencia, sino la puerta estrecha de Jesús, de una vida entregada en el amor. Estas personas, dice hoy el Señor, serán reconocidas por el Padre mucho más de los que se creen ya salvados y, en realidad, son los «malhechores» (Lc 13,27).

Hermanos y hermanas, nosotros, ¿de qué lado queremos estar? ¿Preferimos el camino fácil de pensar exclusivamente en nosotros mismos o elegimos la puerta estrecha del Evangelio, que pone en crisis nuestros egoísmos, pero nos vuelve capaces de acoger la vida verdadera que viene de Dios y que nos hace felices? ¿De qué lado estamos? Que la Virgen, que siguió a Jesús hasta la cruz, nos ayude a medir nuestra vida basándonos en Él, para entrar en la vida llena y eterna.


Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Sigo de cerca con preocupación y dolor la situación que se ha creado en Nicaragua y que afecta a personas e instituciones. Quisiera expresar mi convicción y mi deseo de que, por medio de un diálogo abierto y sincero, se puedan encontrar aún las bases para una convivencia respetuosa y pacífica. Pidamos al Señor, por la intercesión de la Purísima, que inspire en los corazones de todas las partes esta concreta voluntad.

Hermanos y hermanas, os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de varios países: familias, grupos parroquiales, asociaciones. En particular, saludo a la comunidad del Pontificio Colegio Norteamericano, especialmente a los nuevos seminaristas que acaban de llegar, y los exhorto al compromiso espiritual y a la fidelidad al Evangelio y a la Iglesia. Saludo a las consagradas del Ordo virginum y las animo a dar testimonio con alegría del amor de Cristo.

Saludo a los fieles de Verona, Trevignano, Pratissolo; a los jóvenes de Paternò, Lequile y a los del camino de la Via lucis que, apoyados por el ejemplo de los santos de “la puerta de al lado”, se encontrarán con los pobres que viven cerca de las estaciones del tren. Y también un saludo a los muchachos de la Inmaculada.

Perseveremos en la cercanía y en la oración por el querido pueblo ucraniano, que está viviendo una inmensa crueldad.

Os deseo un feliz domingo y por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

En el pasaje del Evangelio de Lucas de la Liturgia de este domingo, un hombre le pregunta a Jesús: «¿Son pocos los que se salvan?» Y el Señor responde: «Esforzaos por entrar por la puerta estrecha» (Lc 13,24). La puerta estrecha es una imagen que podría asustarnos, como si la salvación fuera destinada solo a pocos elegidos o a los perfectos. Pero esto contradice lo que Jesús nos ha enseñado en muchas ocasiones; de hecho, poco más adelante, Él afirma: «Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios» (v. 29). Por lo tanto, esta puerta es estrecha, ¡pero está abierta a todos! No hay que olvidar esto: a todos. ¡La puerta está abierta a todos!

Para entenderlo mejor, hay que preguntarse qué es esta puerta estrecha. Jesús extrae la imagen de la vida de esa época y, probablemente, se refiere a que, cuando llegaba el atardecer, las puertas de la ciudad se cerraban y solo quedaba abierta una, más pequeña y más estrecha: para regresar a casa se podía pasar únicamente por ahí.

Pensemos, pues, en cuando Jesús dice: «Yo soy la puerta. Si uno entra por mí, estará a salvo» (Jn 10,9). Nos quiere decir que, para entrar en la vida de Dios, en la salvación, hay que pasar a través de Él, no de otro, de Él; acogerlo a Él y a su Palabra. Así como para entrar en la ciudad, había que “medirse” con la única puerta estrecha que permanecía abierta, del mismo modo, la vida del cristiano es una vida “a medida de Cristo”, fundada y moldeada en Él. Esto significa que la vara de medir es Jesús y su Evangelio: no lo que pensamos nosotros, sino lo que nos dice Él. Así que se trata de una puerta estrecha no por ser destinada a pocas personas, sino porque pertenecer a Jesús significa seguirle, comprometer la vida en el amor, en el servicio y en la entrega de uno mismo como hizo Él, que pasó por la puerta estrecha de la cruz. Entrar en el proyecto de vida que Dios nos propone implica limitar el espacio del egoísmo, reducir la arrogancia de la autosuficiencia, bajar las alturas de la soberbia y del orgullo, vencer la pereza para correr el riesgo del amor, incluso cuando supone la cruz.

Para ser concretos, pensemos en esos gestos cotidianos de amor que llevamos adelante con esfuerzo: pensemos en los padres que se dedican a los hijos haciendo sacrificios y renunciando al tiempo para sí mismos; en los que se ocupan de los demás y no solo de sus propios intereses, ¡cuánta gente es así, buena!; pensemos en quien se dedica al servicio de los ancianos, de los más pobres y de los más frágiles; pensemos en quien sigue trabajando con esfuerzo, soportando dificultades y tal vez incomprensiones; pensemos en quien sufre a causa de la fe, pero continúa rezando y amando; pensemos en los que, en lugar de seguir sus instintos, responden al mal con el bien, encuentran la fuerza para perdonar y el valor para volver a empezar. Solo son algunos ejemplos de personas que no eligen la puerta ancha de su conveniencia, sino la puerta estrecha de Jesús, de una vida entregada en el amor. Estas personas, dice hoy el Señor, serán reconocidas por el Padre mucho más de los que se creen ya salvados y, en realidad, son los «malhechores» (Lc 13,27).

Hermanos y hermanas, nosotros, ¿de qué lado queremos estar? ¿Preferimos el camino fácil de pensar exclusivamente en nosotros mismos o elegimos la puerta estrecha del Evangelio, que pone en crisis nuestros egoísmos, pero nos vuelve capaces de acoger la vida verdadera que viene de Dios y que nos hace felices? ¿De qué lado estamos? Que la Virgen, que siguió a Jesús hasta la cruz, nos ayude a medir nuestra vida basándonos en Él, para entrar en la vida llena y eterna.


Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Sigo de cerca con preocupación y dolor la situación que se ha creado en Nicaragua y que afecta a personas e instituciones. Quisiera expresar mi convicción y mi deseo de que, por medio de un diálogo abierto y sincero, se puedan encontrar aún las bases para una convivencia respetuosa y pacífica. Pidamos al Señor, por la intercesión de la Purísima, que inspire en los corazones de todas las partes esta concreta voluntad.

Hermanos y hermanas, os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de varios países: familias, grupos parroquiales, asociaciones. En particular, saludo a la comunidad del Pontificio Colegio Norteamericano, especialmente a los nuevos seminaristas que acaban de llegar, y los exhorto al compromiso espiritual y a la fidelidad al Evangelio y a la Iglesia. Saludo a las consagradas del Ordo virginum y las animo a dar testimonio con alegría del amor de Cristo.

Saludo a los fieles de Verona, Trevignano, Pratissolo; a los jóvenes de Paternò, Lequile y a los del camino de la Via lucis que, apoyados por el ejemplo de los santos de “la puerta de al lado”, se encontrarán con los pobres que viven cerca de las estaciones del tren. Y también un saludo a los muchachos de la Inmaculada.

Perseveremos en la cercanía y en la oración por el querido pueblo ucraniano, que está viviendo una inmensa crueldad.

Os deseo un feliz domingo y por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

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