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El Arzobispo Castrense de España, Don Juan Antonio Aznárez Cobo, ha nombrado al Vicario General del Arzobispado Castrense, D. Carlos Jesús Montes, Delegado Episcopal para el Jubileo 2025.

El nombramiento se rubricó ayer al término del Consejo Episcopal celebrado en la sede del Arzobispado Castrense.

La Santa Iglesia celebra cada 25 años un Año Santo y en esta ocasión se desarrollará, del 24 de diciembre de 2024 al 24 de diciembre de 2025, bajo el lema: “Peregrinos de la Esperanza”, que fue elegido por el Papa Francisco, porque el próximo Jubileo puede ayudar a restablecer ese clima de esperanza y confianza, como signo de un nuevo renacimiento.

S.T.S. el Patriarca ecuménico Bartolomé I ha visitado, el miércoles 18 de octubre, la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE) donde ha sido recibido, por el vicepresidente, el cardenal Carlos Osoro, y el secretario general, Mons. Francisco César García Magán.

El jueves 28 de septiembre, la Unidad Militar de Emergencias de la isla de Tenerife realizó una marcha a la ermita de Machado, ubicada en el municipio del Rosario, con motivo de la festividad de su patrona la Virgen del Rosario, y que se celebró el pasado 7 de octubre.

La caminata comenzó a las 8 de la mañana en el Acuartelamiento de Los Rodeos, lugar en el cual la unidad tiene sus dependencias. Al cabo de dos horas, los participantes llegaban a la plaza de la ermita, siendo recibidos por el capellán castrense Marcos J. Albertos. Tras un descanso, todos pasaron a la ermita para participar en la Eucaristía en honor a su patrona, la Virgen del Rosario. En dicha Eucaristía, el páter los animó a seguir siendo caritativos no solo en el trabajo, sino en la vida social y familiar.

El domingo día 8 de octubre, a las 13:00 horas, se dio comienzo al curso de Catequesis de Primera Comunión, aprovechando para hacer una celebración en honor de los Santos Ángeles Custodios, por lo que se colocó en el Altar Mayor el cuadro del Santo Ángel con el niño, que se venera en esta Real Iglesia, para la celebración de la Santa Misa. Hubo un nutrido grupo de personas, ya que en este año para primero y segundo de Catequesis de Comunión, hay un total de 38 niños y niñas.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de hoy nos habla de un rey que prepara un banquete de bodas para su hijo (cf. Mt 22,1-14). Es un hombre poderoso, pero sobre todo es un padre generoso, que nos invita a compartir su alegría. En particular, revela la bondad de su corazón en el hecho de que no obliga a nadie, sino que invita a todos, aunque esta manera de actuar lo exponga a la posibilidad de ser rechazado. Fijémonos: prepara un banquete, ofreciendo gratuitamente una ocasión para encontrarse, para celebrar. Esto es lo que Dios prepara para nosotros: un banquete, para estar en comunión con Él y entre nosotros. Y nosotros, todos nosotros, somos por tanto los invitados de Dios. Pero un banquete de bodas requiere de nuestra parte tiempo e involucrarse: requiere un "sí": acudir, acudir a la invitación del Señor, Él invita, pero nos deja libres.

Este es el tipo de relación que nos ofrece el Padre: nos llama a estar con Él, dejándonos la posibilidad de aceptar o de no aceptar No nos ofrece una relación de sometimiento, sino de paternidad y filiación, que está necesariamente condicionada por nuestro libre asentimiento. Dios es muy respetuoso de la libertad, muy respetuoso. San Agustín utiliza una expresión muy bella al respecto, diciendo: "Dios, que te creó sin ti, no puede salvarte sin ti" (Sermo CLXIX, 13). Y ciertamente no porque no tenga capacidad -¡es omnipotente! - sino porque, siendo amor, respeta al máximo nuestra libertad. Dios se propone, no se impone, nunca.

Así, volvamos a la parábola: el rey -dice el texto- "envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero éstos no quisieron venir" (v. 3). He aquí el drama de la historia: el "no" a Dios. Pero, ¿por qué rechazan los hombres su invitación? ¿Acaso era una invitación desagradable? No, y sin embargo -dice el Evangelio- "no les importó, y se fueron unos a su campo y otros a sus negocios" (v. 5). No les importa, porque piensan en sus propios asuntos. Y aquel rey, que es padre, Dios, ¿qué hace? No se da por vencido, sigue invitando, es más, amplía la invitación, hasta que encuentra quien la acepte, entre los pobres. Entre ellos, que saben que disponen de poco, acuden muchos, hasta llenar la sala (cf. vv. 8-10).

Hermanos y hermanas, ¡cuántas veces no atendemos a la invitación de Dios porque estamos ocupados pensando en nuestras cosas! A menudo luchamos por tener nuestro tiempo libre, pero hoy Jesús nos invita a encontrar el tiempo que libera: aquel tiempo para dedicar a Dios, que nos alivia y sana el corazón, que aumenta en nosotros la paz, la confianza y la alegría, que nos salva del mal, de la soledad y de la pérdida de sentido. Vale la pena, porque es bueno estar con el Señor, hacerle un espacio. ¿Dónde? En la Misa, en la escucha de la Palabra, en la oración y también en la caridad, porque ayudando a quien es débil o pobre, haciendo compañía a quien está solo, escuchando a quien pide atención, consolando a quien sufre, se está con el Señor, que está presente en quien padece necesidades. Muchos, sin embargo, piensan que estas cosas son "pérdida de tiempo", y por eso se encierran en su mundo privado; y eso es triste. Y esto produce tristeza. ¡Tantos corazones tristes por esto, por estar cerrados!

Preguntémonos, entonces: ¿cómo respondo yo a las invitaciones de Dios? ¿Qué espacio le doy en mis jornadas? ¿La calidad de mi vida depende de mis negocios y de mi tiempo libre, o más bien de mi amor al Señor y a mis hermanos, especialmente a los más necesitados?

Que María, que con un "sí" hizo espacio a Dios, nos ayude a no ser sordos a sus invitaciones.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Sigo con mucho dolor lo que sucede en Israel y Palestina. Pienso en tantos..., especialmente en los pequeños y en los ancianos. Renuevo mi llamado para la liberación de los rehenes y pido con fuerza que los niños, los enfermos, los ancianos, las mujeres y todos los civiles no sean víctimas del conflicto. Que se respete el derecho humanitario, especialmente en Gaza, donde es urgente y necesario garantizar corredores humanitarios y socorrer a toda la población. Hermanos y hermanas, ya han muerto muchísimos. Por favor, ¡que no se derrame más sangre inocente, ni en Tierra Santa, ni en Ucrania, ni en ningún otro lugar! ¡Basta ya! ¡Las guerras son siempre una derrota, siempre!

La oración es la fuerza suave y santa para oponerse a la fuerza diabólica del odio, del terrorismo y de la guerra. Invito a todos los creyentes a unirse a la Iglesia en Tierra Santa y a dedicar el próximo martes, 17 de octubre, a la oración y al ayuno. Y ahora recemos a la Virgen.

[Ave María]

Mi preocupación por la crisis de Nagorno-Karabaj no ha disminuido. Además de la situación humanitaria de los desplazados -que es grave-, quisiera hacer un llamado especial a la protección de los monasterios y lugares de culto de la región. Espero que, empezando por las Autoridades y todos los habitantes, puedan ser respetados y protegidos como parte de la cultura local, expresiones de la fe y signo de una fraternidad que hace posible convivir en la diferencia.

Hoy se publica una Exhortación apostólica sobre Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, titulada "C'est la confiance": en efecto, como dio testimonio esta gran santa y Doctora de la Iglesia, es la confianza en el amor misericordioso de Dios el camino que nos conduce al corazón del Señor y de su Evangelio.

Expreso mi cercanía a la comunidad judía de Roma, que mañana conmemora el 80º aniversario de la redada nazi.

Los saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos de Italia y de muchas partes del mundo, especialmente a la Archicofradía del Gonfalone de Subiaco y al Club “Fiat 500” de Roma.

Saludo a los más de 400 jóvenes misioneros de “Nuovi Orizzonti” y de otras asociaciones y comunidades, que desde ayer y hasta el próximo domingo están comprometidos en la “Misión de calle” aquí en Roma, yendo a los lugares de encuentro de los jóvenes, a las escuelas, a los hospitales, a las cárceles y a las calles para anunciar la alegría del Evangelio. ¡Qué listos son ellos! Los apoyamos con la oración en su compromiso de escuchar el grito de tantos jóvenes y de tantas personas necesitadas de amor. Miro las banderas de Ucrania… no olvidemos a la atormentada Ucrania.

Les deseo a todos un buen domingo. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

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El pasado sábado, 07 de octubre de 2023, el Regular Víctor Pino Cobacho, acompañado de su padrino, el Cbo Regular Santiago Valenzuela Badilla, del Capellán D. José Manuel Moreno Domínguez y de la comunidad cristiana de habla hispana que realiza la misión en Zona de Operaciones en Bagdad-Irak, fue agregado al número de los catecúmenos adultos que desean hacerse cristianos, durante la Misa dominical que se celebró dicho día.

Conferencia Internacional preparatoria EIMP

Recientemente la delegación Española para el Encuentro Internacional de Militares por La Paz ha participado activamente,  en la Conferencia Internacional Preparatoria (CIP) para el 64 EIMP en Cervaux, Luxemburgo del 03 al 07 de octubre de 2023. 

Entre los participantes se encontraban las delegaciones de: Reino Unido, Luxemburgo, Alemania, Austria, Bélgica, Croacia, Estados Unidos, Francia, Hungría, Irlanda, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal, Suiza, Costa de Marfil, Hospitalidad Nuestra Señora de los Ejércitos de Francia y el Responsable de la pastoral Internacional del Santuario de Lourdes. 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio nos presenta hoy una parábola dramática con un final triste (cfr. Mt 21,33-43). El dueño de un terreno planta una viña y la cuida bien; luego, como tiene que irse al extranjero, la arrienda a unos viñadores. Cuando llega el momento de la vendimia, envía a sus siervos para recibir los frutos. Pero los viñadores los maltratan y los matan; entonces, el dueño manda a su hijo, y ellos lo matan también. ¿Por qué? ¿Qué ha salido mal? Esta parábola encierra un mensaje de Jesús.

El propietario hizo todo bien, con amor: trabajó con esfuerzo, plantó la viña, la rodeó con una cerca para protegerla, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia (cfr. v. 33). Luego confió la viña a unos viñadores, arrendándoles su preciado bien y tratándolos de manera justa, para que estuviese bien cultivada y diese fruto. Con estas premisas, la vendimia debería haber concluido felizmente, en un clima de fiesta, con una justa compartición de la cosecha para la satisfacción de todos.

Sin embargo, en la mente de los viñadores se insinúan pensamientos ingratos y ávidos. En la raíz de los conflictos siempre hay algo de ingratitud y pensamientos codiciosos, de poseer las cosas enseguida. “No tenemos necesidad de dar nada al dueño. El producto de nuestro trabajo es solamente nuestro. ¡No tenemos que rendir cuentas a nadie!”. Este es el razonamiento de estos trabajadores. Pero no es cierto: deberían estar agradecidos por todo lo que han recibido y por el modo en que han sido tratados. En cambio, la ingratitud alimenta la avidez, y crece en ellos un sentimiento progresivo de rebelión que los lleva a ver la realidad de manera distorsionada, a sentirse acreedores en vez de deudores del propietario que les había dado trabajo. Cuando ven a su hijo, llegan incluso a decir: «Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia» (v. 38). Y de viñadores se convierten en asesinos. Es todo un proceso, y este proceso sucede muchas veces en el corazón de la gente, también en nuestro corazón.

Con esta parábola, Jesús nos recuerda lo que sucede cuando el hombre se cree que se hace a sí mismo y olvida la gratitud, olvida la realidad fundamental de la vida: que el bien viene de la gracia de Dios, que el bien viene de su don gratuito. Cuando uno olvida esto, la gratuidad de Dios, termina por vivir la propia condición y el propio límite no ya con la alegría de sentirse amado y salvado, sino con la triste ilusión de no tener necesidad de amor ni de salvación. Uno ya no se deja querer, y se encuentra prisionero de su propia codicia, prisionero de la necesidad de tener más que los demás, de querer estar por encima de los demás. Este proceso es feo, y nos sucede muchas veces. Pensémoslo en serio. De ahí provienen muchas insatisfacciones y recriminaciones, tantas incomprensiones y tantas envidias; y, a causa del rencor, se puede caer en el torbellino de la violencia. Sí, queridos hermanos y hermanas, ¡la ingratitud genera violencia, nos roba la paz, nos hace hablar gritando, sin paz, mientras que un simple “gracias” puede restablecer la paz!

Preguntémonos entonces: ¿me doy cuenta de que he recibido la vida como un don? ¿Soy consciente de que yo mismo, yo misma, soy un don? ¿Creo que todo comienza por la gracia del Señor? ¿Comprendo que soy beneficiario de ella sin méritos, que he sido amado y salvado gratuitamente? Y, sobre todo, ¿sé decir “gracias” como respuesta a la gracia?  ¿Sé decir "gracias"? Estas tres palabras son el secreto de la convivencia humana: gracias, permiso, perdón. ¿Sé decir estas tres palabras? Gracias, permiso, perdón. ¿Sé decir estas palabras? "Gracias" es una palabra pequeña -es una palabra pequeña, "permiso"; "perdón" es una palabra pequeña para pedir disculpas- que esperan cada día Dios y los hermanos y hermanas. Preguntémonos si estas pequeñas palabras, 'gracias', 'permiso', 'perdón, lo siento', están presentes en nuestras vidas. ¿Sé decir "gracias"? ¿Sé pedir perdón, perdonar? ¿Sé no ser invasivo, pedir "permiso"? Gracias, perdón, permiso.

Que María, cuya alma proclama la grandeza del Señor, nos ayude a hacer de la gratitud la luz que surge todos los días del corazón.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

sigo con aprensión y dolor cuanto está sucediendo en Israel, donde la violencia ha estallado aún más ferozmente, provocando centenares de muertos y heridos. Expreso mi cercanía a las familias de las víctimas, rezo por ellas y por cuantos están viviendo horas de terror y angustia. ¡Que los ataques y las armas se detengan, por favor! ¡Comprendan que el terrorismo y la guerra no conducen a ninguna solución, sino sólo a la muerte y al sufrimiento de muchos inocentes! La guerra es una derrota: ¡toda guerra es una derrota! ¡Recemos por la paz en Israel y Palestina!

En este mes de octubre, dedicado, además de a las misiones, al rezo del Rosario, no nos cansemos de invocar, por intercesión de María, el don de la paz sobre los numerosos países del mundo marcados por guerras y conflictos; y sigamos acordándonos de la querida Ucrania, que sufre mucho cada día, tan martirizada.

Doy las gracias a todos los que siguen y, sobre todo, acompañan con la oración el Sínodo en curso, evento eclesial de escucha, compartición y comunión fraterna en el Espíritu. Invito a todos a confiar los trabajos al Espíritu Santo.

Os saludo a todos, romanos y peregrinos de Italia y de muchas partes del mundo, especialmente a los estudiantes y profesores del Centro de Formación Stimmatini de Verona, y a los jesuitas de distintos países que son huéspedes del Colegio San Roberto Belarmino de Roma. Hay muchos polacos: veo aquí muchas banderas polacas. Un saludo a todos vosotros y a los jóvenes de la Inmaculada.

Os deseo a todos un feliz domingo y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y ¡hasta la vista!

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¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

Hoy el Evangelio habla de dos hijos, a los que el padre pide que vayan a trabajar a la viña (cf. Mt 21,28-32). Uno de ellos responde inmediatamente "sí", pero luego no va; el otro dice "no", pero luego se arrepiente y va.

¿Qué se puede decir de ambos comportamientos?  Se puede inmediatamente pensar que ir a trabajar a la viña requiere sacrificio y santificarse; sacrificarse cuesta, no es espontáneo, aun con lo hermoso de saberse hijos y herederos. El problema no está aquí tan ligado a la resistencia a ir a trabajar en la viña, sino en la sinceridad o al menos frente al padre y frente a uno mismo. Si de hecho ninguno de los dos hijos se porta de manera impecable, uno miente, mientras que el otro se equivoca, pero permanece sincero.  

Miremos al hijo que dice “sí”, pero luego no va. Él no quiere hacer la voluntad del padre, pero tampoco quiere ponerse a discutir y hablar. Así se esconde detrás de un “sí”, detrás de un falso asenso, que esconde su pereza y por el momento le salva la cara. Es un hipócrita. Se escabulle sin conflictos, pero engaña y desilusiona a su padre, faltándole el respeto de peor forma de lo que habría hecho un franco “no”. El problema de un hombre que se comporta así es que no es solo un pecador, sino también un corrupto, porque miente sin problemas para cubrir y camuflar su desobediencia, sin aceptar algún dialogo, o enfrentamiento honesto.  

El otro hijo, aquel que dice “no” pero luego va, es en cambio sincero. No es perfecto pero sincero. Ciertamente, nos hubiera gustado verlo decir “sí” inmediatamente. Pero no es así, al menos, manifiesta de manera franca y en un cierto sentido valiente su reticencia. Se asume, por lo tanto, la responsabilidad de su comportamiento y actúa bajo la luz del sol. Luego, con esta honestidad de base, termina poniéndose en discusión, llegando a entender que se ha equivocado y regresando por sus pasos. Es, podremos decir, un pecador, pero no un corrupto. Escuchen esto: éste es un pecador, pero no es un corrupto. Y para el pecador hay siempre esperanza de redención; para el corrupto, en cambio, es mucho más difícil. De hecho, sus falsos “sí”, aparentemente elegantes pero hipócritas y sus ficciones convertidas en habito son como un grueso “muro di goma”, detrás del cual se resguarda de la voz de la conciencia. Y estos hipócritas hacen tanto daño. Hermanos y hermanas, pecadores sí, todos somos pecadores, ¡corruptos no! ¡Pecadores sí, corruptos no!

Mirémonos ahora a nosotros mismos y, a la luz de todo esto, hagámonos alguna pregunta. ¿Frente al cansancio de vivir una vida honesta y generosa, de comprometerme yo -cada uno dice, me comprometo- según la voluntad del Padre, estoy dispuesto a decir “sí” cada día, aunque cueste? Y cuando no lo consigo, soy sincero en el enfrentarme con Dios sobre mis dificultades, mis caídas, ¿mis fragilidades? Y cuando digo "no", ¿vuelvo atrás? Habla con el Señor sobre esto. ¿Cuándo me equivoco, estoy dispuesto a arrepentirme y a regresar sobre mis pasos? ¿O hago como si nada y vivo llevando una máscara, preocupándome solo en aparecer como bueno y correcto? En definitiva, soy un pecador, como todos, ¿o hay en mi algo de corrupto? No lo olviden: pecadores sí, corruptos no.

Que María, espejo de santidad, nos ayude a ser cristianos sinceros.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas

        Ayer, en Piacenza, fue proclamado beato el padre Giuseppe Beotti, asesinado por odio a la fe en 1944. Pastor según el corazón de Cristo, no dudó en ofrecer su vida para proteger el rebaño que se le había confiado. ¡Aplaudamos al nuevo beato!

He seguido estos días la dramática situación de los desplazados en Nagorno-Karabaj. Renuevo mi llamamiento al diálogo entre Azerbaiyán y Armenia, con la esperanza de que las conversaciones entre las partes, con el apoyo de la comunidad internacional, propicien un acuerdo duradero que ponga fin a la crisis humanitaria. Prometo mis oraciones por las víctimas de la explosión del depósito de combustible cerca de la ciudad de Stepanakert.

Hoy comienza el mes de octubre, el mes del Rosario y de las misiones. Exhorto a todos a experimentar la belleza de rezar el Rosario, contemplando con María los misterios de Cristo e invocando su intercesión por las necesidades de la Iglesia y del mundo. Recemos por la paz, en la martirizada Ucrania y en todas las tierras heridas por la guerra. Recemos por la evangelización de los pueblos. Y recemos también por el Sínodo de los Obispos, que este mes celebrará su primera Asamblea sobre el tema de la sinodalidad de la Iglesia.

Hoy celebramos a Santa Teresa del Niño Jesús, Santa Teresa, la santa de la confianza. El próximo 15 de octubre se publicará una Exhortación Apostólica sobre su mensaje. Oremos a Santa Teresita y a la Virgen. Que Santa Teresita nos ayude a confiar y a trabajar por las misiones.

Saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos de Italia y de muchos países. En particular, saludo al grupo del Santuario de la Virgen de la Revelación en las Tre Fontane de Roma, a los fieles de una parroquia de Catania, a los confirmandos de Porto Sant'Elpidio, a los scouts de Afragola y a las cofradías de Arqueros Históricos y de Caballeros de San Sebastián. Mis pensamientos y mi aliento se dirigen a la Asociación Nacional de Mujeres Operadas del Seno.

Hoy están aquí a mi lado, como pueden ver, cinco niños, que representan a los cinco continentes. Junto a ellos, quiero anunciarles que el 6 de noviembre por la tarde, en el Aula Pablo VI, tendré un encuentro con niños de todo el mundo. El evento, patrocinado por el Dicasterio para la Cultura y la Educación, tendrá como tema "Aprendamos de los niños y de las niñas". Es un encuentro para manifestar el sueño de todos: volver a tener sentimientos puros como los niños, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como niños. Los niños nos enseñan la claridad de las relaciones y la aceptación espontánea del extraño y el respeto de toda la creación. Queridos niños, los espero a todos para aprender yo también de ustedes.

Les deseo a todos un buen domingo. Y, por favor, no olviden rezar por mí. ¡Buen almuerzo y adiós!

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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de la Liturgia del día nos presenta una parábola sorprendente: el propietario de una viña sale desde las primeras horas del alba hasta la noche para llamar a algunos jornaleros, pero, al final, paga a todos del mismo modo, incluso a los que han trabajado solamente una hora (cf. Mt 20,1-16). Podría parecer una injusticia, pero no hay que leer la parábola a través de criterios salariales; más bien nos quiere mostrar los criterios de Dios, que no hace el cálculo de nuestros méritos, sino que nos ama como hijos.

Detengámonos sobre dos acciones divinas que emergen del relato. En primer lugar, Dios sale a todas las horas para llamarnos; en segundo lugar, paga a todos con la misma “moneda”.

Ante todo, Dios es Aquel que sale a todas las horas para llamarnos. La parábola dice que el propietario «al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña» (v. 1), pero después continúa saliendo a varias horas del día hasta el atardecer, para buscar a aquellos a los que nadie había incorporado al trabajo todavía. Comprendemos así que en la parábola los trabajadores no son solamente los hombres, sino Dios, que sale siempre, sin cansarse, todo el día. Así es Dios: no espera nuestros esfuerzos para venir a nosotros, no nos hace un examen para valorar nuestros méritos antes de buscarnos, no se rinde si tardamos en responderle; al contrario, Él a menudo ha tomado la iniciativa y en Jesús “ha salido” hacia nosotros, para manifestarnos su amor. Y nos busca a todas las horas del día que, como afirma San Gregorio Magno, representan las diversas fases y estaciones de nuestra vida hasta la vejez (cf. Homilías sobre el Evangelio,19). Para su corazón nunca es demasiado tarde, Él nos busca y nos espera siempre. No nos olvidemos de esto: El Señor nos busca y nos espera siempre, ¡siempre!

Precisamente porque tiene el corazón tan amplio, Dios – es la segunda acción – paga a todos con la misma “moneda”, que es su amor. He aquí el sentido último de la parábola: los jornaleros de la última hora son pagados como los primeros, porque, en realidad, la de Dios es una justicia superior. Va más allá. La justicia humana dicta “dar a cada uno lo suyo, según lo que merece”, mientras que la justicia de Dios no mide el amor en la balanza de nuestros rendimientos, de nuestras prestaciones y de nuestros fallos: Dios nos ama y basta, nos ama porque somos hijos, y lo hace con un amor incondicional, un amor gratuito.

Hermanos y hermanas, a veces corremos el riesgo de tener una relación “mercantil” con Dios, centrándonos más en nuestras propias bondades que en su generosidad y su gracia. A veces también como Iglesia, en vez de salir a cada hora del día y tender los brazos a todos, podemos sentirnos los primeros de la clase, juzgando a los demás lejanos, sin pensar que Dios los ama también a ellos con el mismo amor que tiene para nosotros.

Y también en nuestras relaciones, que son el tejido de la sociedad, la justicia que practicamos a veces no es capaz de salir de la jaula del cálculo y nos limitamos a dar según lo que recibimos, sin atrevernos a más, sin apostar por la eficacia del bien hecho gratuitamente y del amor ofrecido con amplitud de corazón. Hermanos, hermanas, preguntémonos: Yo cristiano, yo cristiana, ¿sé salir hacia los demás? ¿Soy generoso, soy generosa hacia todos, sé dar ese “más” de comprensión, de perdón, como Jesús hizo conmigo y hace todos los días conmigo?

Que la Virgen nos ayude a convertirnos a la medida de Dios, esa de un amor sin medida.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy se celebra el Día Internacional del Migrante y del Refugiado, sobre el tema «Libres de elegir si migrar o quedarse», para recordar que migrar debería ser una elección libre y nunca la única posible. El derecho a migrar, de hecho, hoy para muchos se ha convertido en una obligación, mientras que debería existir el derecho a no emigrar para permanecer en la propia tierra. Es necesario que a todo hombre y a toda mujer se le garantice la posibilidad de vivir una vida digna, en la sociedad en la que se encuentra. Desafortunadamente, miseria, guerras y crisis climáticas obligan a tantas personas a huir. Por eso, estamos todos llamados a crear comunidades preparadas y abiertas para acoger, promover, acompañar e integrar a quienes llaman a nuestras puertas.

Este desafío estuvo en el centro de los Rencontres Méditerranéennes, que se llevaron a cabo los días pasados en Marsella y en cuya sesión concluyente participé ayer, dirigiéndome a esa ciudad, cruce de caminos de pueblos y culturas.

Agradezco de manera especial a los obispos de la Conferencia Episcopal Italiana que hacen de todo para ayudar a nuestros hermanos y hermanas migrantes. Hace poco, hemos escuchado a mons. Baturi en televisión, en el programa “A Sua Immagine” que explicaba esto.

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de Italia y de tantos países, en particular al Seminario diocesano internacional Redemptoris Mater de Colonia, en Alemania. Como también saludo al grupo de personas afectadas por la enfermedad rara denominada “ataxia”, con sus familiares.

Renuevo la invitación a participar en la Vigilia ecuménica de oración, titulada “Together – Insieme” (juntos), que tendrá lugar el próximo sábado 30 de septiembre en la Plaza de San Pedro, en preparación de la Asamblea sinodal que iniciará el 4 de octubre.

Recordemos a la martirizada Ucrania y recemos por este pueblo que sufre tanto.

Os deseo a todos un feliz domingo. por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

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