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La familia y los signos de esperanza

Con este sugerente título ha tenido lugar en Guadarrama (Madrid), entre los días 10 y 13 de julio, el curso de formación de agentes de Pastoral de Familia y Vida contando con la presencia de un gran número de Delegados de Pastoral Familiar y de los equipos que componen las Delegaciones.

El curso fue abierto por D. José Mazuelos, obispo de Canarias y Presidente de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida, que desgranó la Bula de convocatoria del Jubileo, Spes non confundit. Frente a la sociedad líquida en la que nos encontramos y los signos de la “cultura de la muerte” que encierra la vida y la elimina, el cristiano tiene una llamada particular: ser signo e instrumento de la esperanza que a su vez se enraíza en la certeza de la vida eterna.

Desde aquí, la esperanza se convierte en una fuerza transformadora que ha de encarnarse en la vida de cada día, puesto que sólo Cristo es capaz de saciar la sed de eternidad que hay en cada uno de nosotros. Esta realidad hace que la vida Cristian no se reduzca a una teoría sino una vivencia.

El segundo día estuvo marcado por experiencias que nos ayudan a descubrir los signos de esperanza en medio del mundo. En primer lugar, se mostró la realidad de la infertilidad que hay que aprender a acompañar así como saber presentar la distinción entre fertilidad y fecundidad. Mientras que la primera es una realidad que es sólo para algunas parejas, la segunda es para todas las personas ya que estamos hablando de la capacidad de dar fruto.

Por la tarde, se presentó el Proyecto Ruth de acompañamiento a personas mayores que están en residencias y no reciben visitas. El propósito es que estas personas puedan reconstruir su dignidad a través del cariño y del acompañamiento venciéndose así dos realidades que atenazan nuestra sociedad: el edadismo y la soledad no deseada.

El sábado, en la mañana, tuvo lugar la presentación de los itinerarios de acompañamiento de la vida matrimonial que resultan tan necesarios, singularmente, para los primeros años del matrimonio y que supone una fusión entre la iniciación cristiana y los cursillos prematrimoniales.

Por la tarde, se presentó el trabajo que hace Cáritas Canarias con los migrantes para acompañarles y ayudarles en el proceso de integración en una nueva sociedad en la que han de enfrentarse con numerosos retos y dificultades. Igualmente, se presentó el Servicio de Atención Psicológica a hijos de personas en prisión y sus familias (HIPRIFAM) cuyo objetivo es ayudar tanto a los niños como a sus familias en todo el proceso de separación, visita a la cárcel, aprovechar el tiempo de la visita y lo que supone e implica la despedida, así como ayudar al cuidador para que pueda encontrar el descanso que necesita.

La tarde del sábado concluyó con la charla de Monseñor Antonio Prieto, obispo de Alcalá de Henares sobre el documento La vida es siempre un bien del Dicasterio de los Laicos, Familia y Vida que viene a recordar y actualizar las enseñanzas de la encíclica Evangelium Vitae de la que se cumplen 30 años.

Por último, el domingo 13 tuvo lugar la última ponencia acerca del mensaje de Dilexit nos para las familias. La familia es el ambiente natural a la devoción del corazón de Cristo, de ahí que haya que entender la misericordia divina la clave de bóveda para las relaciones familiares puesto que sitúa en el centro a la persona capaz así de descubrir la sed de amor que Dios experimenta por nosotros, y como eso implica y conlleva una respuesta personal.

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