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ELCANO: En el Feroz Atlántico

Artículo publicado en “El Diario Montañés” del Grupo Vocento el 10-3-2018.

Alberto Gatón Lasheras, Capellán del “Juan Sebastián de Elcano”

Nuestra tierra, La Montaña, siempre ha estado unida al mar. Un Cantábrico salvaje y libre, que en los inviernos se torna gris y golpea sin misericordia desde la isla de Mouro o los farallones que, desde Unquera pasando por Suances, La Virgen del Mar, cabo Mayor, cabo de Ajo, Loredo hasta Castro, intentan resistir sus crueles acometidas. Frío y gris Cantábrico en Invierno. Cálido y azul Cantábrico los días de sol veraniego y otoñal. Blanco y negro Cantábrico en las galernas norteñas, cuando no las sirenas sino el mismo Neptuno juega a cazar al marinero que, salvo la protección maternal de la Virgen del Carmen o la Todopoderosa del Señor de la Calma y de la Tempestad, firma con tinta de agua en cada ola el destino de su alma.

Atlántico en calma donde juegan los niños y los surfers cabalgan sus mansas crestas, Atlántico tempestuoso que en el galernazo del paso del Sur al Noroeste al protagonista de la perediana “Sotileza” hace gritar primero la protección de la Virgen del Mar cuando el temporal lleva en volandas de crines blancas y pozos negros la embarcación. Y, después, supremo esfuerzo de sus remos perdida hasta la vela “unción”, para trasponer a caballo de una ola monstruosa en su desarbolada lancha la punta de la Cerda y evitar los escollos de las Quebrantas, al grito de una sola voz: “Jesús, y adentro”. Para alcanzar, esa vez sí, la salvación del puerto seguro de nuestra bahía de Santander. Jesús, Señor de la Calma y de la Tempestad al que, como Andrés en “Sotileza”, cada ocaso nos encomendamos los hombres de mar para que tornemos al puerto seguro de nuestros hogares cuando Océano y Eolo se retan y juegan con los barcos como marionetas de un teatro infernal de viento, oleaje y lluvia.

Sin ser igual ni tempestad ni nave a los descritos por don José María de Pereda en “Sotileza” en el lejano noviembre de 1884, sí golpea hoy nuestro “Juan Sebastián de Elcano” una duro temporal, ahora que se ha puesto de moda bautizarlos con un nombre: la borrasca Emma. Ha nevado en las playas de Santander y nosotros, en este bergantín-goleta de la Armada española, peleamos contra el frío, el viento, el oleaje y una mar de fondo de ocho metros que ataca de través nuestro velero. Aunque sólo dos cántabros navegamos en el Elcano -el marinero de Maniobra David González Caviedes y, entre bandazos a estribor y babor, quien escribe como Hijo Adoptivo de Lamasón- toda la dotación de nuestro buque escuela está unida con la memoria del corazón a nuestra tierruca, como se demostró el año 2013 en su último atraque en nuestro puerto de Santander durante su LXXXIV crucero. Nuestros entonces guardiamarinas, hoy oficiales de nuestra Armada, recuerdan el cariño y respeto de los santanderinos cuando uniformados con sus guerreras de catorce botones paseaban por nuestra ciudad. Guardiamarinas que, como se explicará en otro artículo, son la razón de ser de este buque emblemático de nuestra Armada española, que celebra su XC aniversario en este exigente crucero en demanda de la circunnavegación de Hispanoamérica y, por primera vez y si los terribles temporales australes lo permiten, el cruce del mítico estrecho del Cabo de Hornos.

Nieva en Cantabria, la Nortada azota islas, calas y acantilados, y es el mismo Océano Atlántico metamorfoseado en Mar Cantábrico quien se agita aquí como Mar de las Azores, mientras resistimos a la espera de los propicios vientos alisios que nos llevarán favorables a la siguiente escala, Río de Janeiro. Y el autor de estas líneas evoca las verdes praderas del Valle de Lamasón donde, a pesar de la nieve, el blanco de los almendros y cerezos apunta a la Primavera, y las tudancas mugen en las cuadras con la intuición de que se acerca la pasá hacia las brañas y cimas de Tanea, Trespeñuela, Ajotu y Peña Sagra. Porque si no verde sí es glauco este mar que nos guerrea la caña y agita las velas. Blancas son las crestas de las olas, montañas a veces que sugieren las calizas cordilleras de La Montaña. Y, regalo de la madre Naturaleza, aunque no son nuestras guapas vacas tudancas de Lamasón, sí acabamos de contemplar, haciendo un alto en estas líneas, a la voz de ballenas a la amura de babor, una manada de estos cetáceos gigantes jugando con el casco de nuestro velero.

Naturaleza y vida en Lamasón, símbolo de nuestra región de Cantabria en las tierras de España. Naturaleza y vida en este bergantín-goleta, símbolo de nuestra Armada en los mares que antaño fueron España y que bajo nuestra bandera surcamos, hoy con vientos adversos y golpes de las olas, mañana con benditos alisios y un espejo de aguas, bajo el amparo de la Virgen del Carmen: el “Juan Sebastián de Elcano”.

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