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Las familias de los militares

Articulo publicado en AlfayOmega 

En los actos más solemnes, en los más festivos como la celebración del patrón de la brigada, del regimiento, del batallón, del barco, en las despedidas y reunión de las promociones tras los 25 o 30 años fuera de las academias, en los homenajes a los caídos por España, en las juras de Bandera, siempre están ahí, detrás de cada uniforme de nuestros Ejércitos y Guardia Civil: nuestras familias.

Desde el soldado y el marinero hasta el militar de mayor empleo, las familias de los militares nos acompañan en la distancia de los lejanos destinos donde el peligro y el riesgo son mayores, y en la cercanía cotidiana de casa. Son nuestras familias, en especial cuando navegamos o cumplimos órdenes en las periferias de Occidente, las que iluminan el cumplimiento de nuestro deber, las que ocupan, cuando las obligaciones del servicio lo permiten, nuestra mente y nuestro corazón, las que rezan por nosotros con los niños pequeños arrodillados como ángeles antes de ir a dormir, y por quienes los desvelos y penalidades de cada operación internacional quedan en nada al meditar, con una sonrisa del alma, el amor familiar.

La esposa, los hijos, los padres, son el sentimiento más hermoso que late en el corazón de cada militar. Son parte de nuestra razón de ser. Son la esencia de la defensa de la patria, porque no hay patria sin familias. Son el motivo de nuestras mejores obras castrenses. Sin ellos nosotros no encontraríamos en el servicio cotidiano el sentido que implica darlo todo, hasta la vida, por la patria. Porque la patria son nuestras familias y amigos, nuestros compañeros y vecinos, nuestros hogares, pueblos y ciudades.

Sean estas líneas un homenaje a los que tanto sufren nuestras ausencias, padecen en silencio la preocupación por los peligros, atentados, combates en la línea del frente y en cada misión. Los que bregan con las dificultades cada jornada en nuestra casa, con los niños al colegio, los viaje obligados, las circunstancias cotidianas que permiten a nuestros hijos seguir con la normalidad de sus vidas en el domicilio, en el colegio y la universidad, en la vida. Son ellos, nuestras familias, los que rezan por nosotros y por quienes rezamos. Son lo más hermoso de nuestra vida militar.

Alberto Gatón Lasheras
Capellán castrense

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