Esta peregrinación ha estado presidida por la amistad, por el hermanamiento y por el amor a Dios y al prójimo, que es lo que ha hecho que sea un viaje que nunca olvidaremos. Han sido días intensos de oración y reflexión; donde pudimos rezar por todos nuestros seres queridos, por todos nuestros compañeros y por todos los españoles; unos días que nos han servido para reafirmarnos en nuestra fe en Cristo Jesús.
El viernes 6, y tras un buen madrugón, acudíamos a la impresionante Basílica de San Pedro, donde nada más llegar celebramos la Santa Misa en la Capilla de San Juan XXIII, sobre su cuerpo incorrupto, donde el Páter Carlos nos hizo ver la importancia de los lugares que estábamos visitando. Para posteriormente admirar el resto de la Basílica Vaticana, deteniéndonos a orar unos minutos, como no podía ser de otra forma, sobre la tumba de San Juan Pablo II. Continuó nuestro día con la visita a los Museos Vaticanos y a la impresionante Capilla Sixtina, además de la vista a la Roma Barroca y al Coliseo Romano.
El sábado 7, y de nuevo tras un gran madrugón, acudíamos otra vez a la Basílica Vaticana, para celebrar la Santa Misa, pero esta vez seria, en la Cripta, en la Capilla de los Santos Patronos de Europa, muy cerquita ya de la tumba de San Pedro. Y por fin, a media mañana, pudimos pasar a visitar, mejor dicho, a peregrinar, por la Necrópolis Vaticana, donde nos esperaba el gran momento del viaje, ver la tumba del Apóstol Pedro, y allí ante su tumba, confesar una vez más nuestra fe.
Aún quedo tiempo en el sábado, para una cita con la solidaridad, pues acudimos a cenar al restaurante “Tractoria de Gil Amicci” que la Comunidad de San Egidio tiene en el popular barrio romano del Trastevere.
El domingo 8, día de la Inmaculada Concepción, Patrona de España, comenzamos el día con la Eucaristía, pero esta vez en las Catacumbas de San Calixto, lugar donde eran enterrados los mártires de los primeros siglos. Lugar impresionante, donde el Páter Carlos nos animó a no dejarnos vencer por las dificultades y sentirnos orgullosos de ser Guardias Civiles Cristianos.
Ya por la tarde, acudíamos a la Embajada de España ante la Santa Sede para asistir a la Ofrenda de flores del Papa ante el monumento a la Inmaculada Concepción. Sin duda el momento más emocionante de toda la peregrinación, y finalmente y cuando todo parecía indicar lo contrario, como algo improvisado y espontáneo, un grupo de nosotros consiguió saludar al Santo Padre y ponerle nuestro querido tricornio.
Fue él, quien al ser llamado por este grupo de Guardias Civiles, se acercó, reconociéndonos y exclamando “¡Que hace la Guardia Civil en Roma!”, para posteriormente, y con la ayuda de la Teniente Quesada, ponerse el tricornio y mandar un saludo a toda la familia de la Guardia Civil y al pueblo español.
Este hecho puso la guinda a nuestra peregrinación y supuso muchísimo para todos aquellos que, no solo vestimos de verde, sino para los que lo llevan en el corazón, nuestras familias y amigos; porque no hay que olvidar nunca que tanto la Guardia Civil como el ser cristianos están presididos por unos valores comunes como son el espíritu benemérito, la humildad o la abnegación.
Finalizada la Ofrenda, acudíamos en la Embajada, a la recepción que esta daba con motivo de la Inmaculada Concepción; donde fuimos recibidos por la Excma. Sra. Embajadora de España ante la Santa Sede, Dª. Carmen de la Peña, a quien, junto con el Padre Antonio Pelayo, asistente eclesiástico de la Embajada, entregamos un pequeño obsequio por posibilitarnos la asistencia a la Ofrenda de flores del Santo Padre.
Finalizaba así, nuestros días en Roma. Días que quedaran en la memoria de todos nosotros, que nunca podremos olvidar; al igual que el pueblo español y la familia de la Guardia Civil tampoco, “¿porque que mejor cierre para nuestro 175º aniversario fundacional, que el Papa con nuestro querido tricornio?”. Y sin más que añadir; porque hay cosas que no se pueden explicar con palabras y que nos llevaremos los doce para siempre en el corazón; GRACIAS.
Tte. GC. Oscar Palomares Casero

