Soy consciente de que ese día abandoné este mundo, y fui a reunirme con Dios en el Cielo, allí pude observar el movimiento y ajetreo que había, la gente estaba muy alegre y contenta. Pasados unos días me despierto y veo que estoy en la UCI, rodeado de máquinas y cables por todo mi cuerpo.
Hoy, dos años después, quiero dar testimonio de que la esperanza no tiene fecha de caducidad.
Nací en 1952, y a pesar de la gravedad de mi proceso y de ser una persona de Alta Sensibilidad (PAS) - lo que me hace vivir cada emoción de forma muy intensa-, puedo decir que estoy en el mejor momento de mi vida. Gracias a la fe, al milagro de ponerme en pie yo solo, sin ayuda de nadie, el primer viernes del mes de marzo frente a Jesús de Medinacelli, y al apoyo incondicional de los míos, hoy mi vida es plena, viajo (no podré olvidar la inolvidable peregrinación a Roma, por motivo del Jubileo de las Fuerzas Armadas), disfruto de la cultura, del ajedrez, asisto a conferencias, vivo intensamente mi fe en procesiones y, sobre todo, agradezco “no me cansaré de repetirlo, porque la gratitud es la memoria del corazón”.
Escribo esto para decirte a ti, que quizás estás en una cama de hospital o atravesando un momento oscuro, que no te rindas. Estuve a punto de hacerlo, pero la fe y la voluntad me trajeron de vuelta. Mi sensibilidad ahora no es una carga, sino el motor que me impulsa a querer ayudar y dar ánimos a quien sufre.
Sin Dios y sin vosotros, yo no estaría aquí. Gracias por la vida.
Testimonio de Luis D. Fagundo

