En su carta al comienzo del curso pastoral, el Arzobispo Castrense invita a fieles y pastores del Arzobispado a afrontar sus tareas familiares y profesionales desde la confianza en un Dios que “no sabe hacer otra cosa que amar”. Una presencia que, señala, aporta paz y seguridad y ayuda a crecer en sabiduría, humildad, valentía y capacidad de entrega, siempre desde un “gozo profundo, estable y contagioso”.

