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Mayo, el mes de la Virgen María

Arranca el mes de mayo que, durante siglos, la Iglesia Católica ha dedicado a honrar a la Virgen María.

La idea de un mes dedicado específicamente a María se remonta al siglo XVII, la época del Barroco.

En el mes de mayo se multiplican las celebraciones y devociones organizadas por los fieles, como las romerías o peregrinaciones a Santuarios marianos, en los que nuestra madre la Virgen María, nos ayuda a conseguir esas intenciones que ponemos en sus manos.

1ª lectura: El Señor se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 1-8

Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anuncié y que vosotros aceptasteis, en el que además
estáis fundados, y que os está salvando, si os mantenéis en la palabra que os anunciamos; de lo
contrario, creísteis en vano.

Porque yo os transmití en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros
pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y
que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos
juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago,
más tarde a todos los apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí.

Salmo: Sal 18.

R. A toda la tierra alcanza su pregón.
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra. R.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón,
y hasta los límites del orbe su lenguaje. R.

Aleluya Jn 14, 6b. 9c

Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el camino la verdad y la vida - dice el Señor -;
Felipe, quien me ha visto a mí ha visto al Padre. R.

Evangelio: Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces?

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 6-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a Tomás:

«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí».

« Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto»
Felipe le dice:

«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

Jesús le replica:

«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al
Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí?
Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las
obras, Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún
mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre
sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

1ª lectura: A mi parecer, no hay que molestar a los gentiles que se convierten a Dios.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 15, 7-21

En aquellos días, después de una fuerte discusión, se levantó Pedro y dijo a los apóstoles y a los presbíteros:
«Hermanos, vosotros sabéis que, desde los primeros días, Dios me escogió entre vosotros para que
los gentiles oyeran de mi boca la palabra del Evangelio, y creyeran. Y Dios, que penetra los corazones,
ha dado testimonio a favor de ellos dándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros. No hizo distinción
entre ellos y nosotros, pues ha purificado sus corazones con la fe. ¿Por qué, pues ahora intentáis tentar
a Dios, queriendo poner sobre el cuello de esos discípulos un yugo que ni nosotros ni nuestros padres
hemos podido soportar? No; creemos que lo mismo ellos que nosotros nos salvamos por la gracia
del Señor Jesús». Toda la asamblea hizo silencio para escuchar a Bernabé y Pablo, que les contaron
los signos y prodigios que Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles. Cuando terminaron,
Santiago tomó la palabra y dijo:

«Escuchadme, hermanos: Simón ha contado como Dios por primera vez se ha dignado escoger para
su nombre un pueblo de entre los gentiles. Con esto concuerdan las palabras de los profetas, como
está escrito:

“Después de esto volveré y levantaré de nuevo la choza caída de David; levantaré sus ruinas y la
pondré en pie, para que los demás hombres busquen al Señor, y todos los gentiles sobre los que ha
sido invocado mi nombre: lo dice el Señor, el que hace esto sea conocido desde antiguo”.

Por eso, a mi parecer, no hay que molestar a los gentiles que se convierten a Dios; basta escribirles
que se abstengan de la contaminación de los ídolos, de las uniones ilegítimas, de animales estrangulados
y de la sangre. Porque desde tiempos antiguos Moisés tiene en cada ciudad quienes lo predican, ya
que es leído cada sábado en las sinagogas».

Salmo: Sal 95.

R. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor,
bendecid su nombre. R.

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R.

Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente.» R.

Aleluya Jn 10, 27

Aleluya, aleluya, aleluya.

Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Señor-,
y yo las conozco, y ellas me siguen. R.

Evangelio: Permaneced en mi amor para que vuestra alegría llegue a plenitud.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 9-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos
de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud».

1ª lectura: Se decidió que subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 15, 1-6

En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se
circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta
discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más de entre ellos subieran
a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia. Ello, pues, enviados por
la Iglesia provistos de lo necesario, atravesaron Fenicia y Samaría, contando cómo se convertían los
gentiles, con lo que causaron gran alegría a todos los hermanos. Al llegar a Jerusalén, fueron acogidos
por la Iglesia, los apóstoles y los presbíteros; ellos contaron lo que Dios había hecho con ellos.

Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron, diciendo:

«Es necesario circuncidarlos y ordenarles que guarden la ley de Moisés».

Los apóstoles y los presbíteros se reunieron a examinar el asunto.

Salmo: Sal 121.

R. Vamos alegres a la casa del Señor.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
“Vamos a la casa del Señor”!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor. R.

Según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R.

Aleluya Jn 15, 4a. 5b

Aleluya, aleluya, aleluya.

Permaneced en mí, y yo en vosotros - dice el Señor -;
el que permanece en mí da fruto abundante. R.

Evangelio: El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca,
y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no
permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante;
porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento,
y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras
permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.

Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

1ª lectura: Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 14, 19‐28.

En aquellos días, llegaron unos judíos de Antioquía y de Iconio y se ganaron a la gente; apedrearon a Pablo y lo
arrastraron fuera de la ciudad, dándole por muerto. Entonces lo rodearon los discípulos; él se levantó y volvió a la
ciudad.

Al día siguiente, salió con Bernabé para Derbe. Después de predicar el Evangelio en aquella ciudad y de ganar
bastantes discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar
en la fe, diciéndoles que hay que pasar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios.

En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído.

Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Y después de predicar la Palabra en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron
para Antioquía, de donde los habían encomendado a la gracia de Dios para la misión que acababan de cumplir. Al
llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los
gentiles la puerta de la fe. Se quedaron allí bastante tiempo con los discípulos.

Salmo: Sal 144, 10-11. 12-13ab. 21.

R. Tus amigos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R.

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R.

Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás. R.

Aleluya Lc 24, 46. 26

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Era necesario que el Mesías padeciera y resucitara
de entre los muertos;
y entrará así en su gloria. R.

Evangelio: Mi paz os doy.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 27‐31a.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se
acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado.” Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre,
porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí,
pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo».

1ª lectura: La sangre de Jesús nos limpia de todo pecado.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 1, 5 ‐ 2, 2.

Queridos hermanos:

Este es el mensaje que hemos oído de Jesucristo y que os anunciamos: Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna.
Si decimos que estamos en comunión con él y vivimos en las tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero, si
caminamos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos en comunión unos con otros, y la sangre de
su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en
nosotros. Pedro, sí confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará
de toda justicia. Si decimos que no hemos pecado lo hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros.

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre:

a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no solo por los nuestros, sino también por
los del mundo entero.

Salmo: Sal 102, 1b-2. 8-9. 13-14. 17-18a.

R. Bendice, alma mía, al Señor.

Bendice, alma mía al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor.
y no olvides sus beneficios. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo. R.

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por los que lo temen;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro. R.

La misericordia del Señor
dura desde siempre y por siempre,
para aquellos que lo temen;
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza. R.

Aleluya Mt 11,25

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has relevado los misterios del reino a los pequeños. R.

Evangelio: Has escondido estas cosas a los sabios, y las has relevado a los pequeños.

Lectura del santo Evangelio según Mateo 11, 25‐30.

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:

«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos,
y se las has revelado a los pequeños. Si, padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y
nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended
de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero
y mi carga ligera».

28/4/2024 - Domingo de la 5ª semana de Pascua.

1ª lectura: Él les contó cómo había visto al Señor en el camino.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 9, 26‐31.

En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo,
porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo.

Entonces Bernabé, tomándolo consigo, lo presentó a los apóstoles y él les contó cómo había visto al Señor en el
camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había actuado valientemente en el nombre de Jesús.

Saulo se quedó con ellos y se movía con libertad en Jerusalén, actuando valientemente en el nombre del Señor.
Hablaba y discutía también con los helenistas, que se propusieron matarlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a
Cesarea y lo enviaron a Tarso. La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y
progresaba en temor del Señor, y se multiplicaba con el consuelo del Espíritu Santo.

Salmo: Sal 21, 26b-27. 28 y 30. 31-32.

R. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan.
¡Viva su corazón por siempre! R.

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán los que duermen en la tierra,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R.

Mi descendencia lo servirá;
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
«Todo lo que hizo el Señor». R.

2ª lectura: Éste es su mandamiento: que creamos y que nos amemos.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3,18‐24.

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.

En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestro corazón ante él, en caso de que nos
condene nuestro corazón, pues Dios es mayor que nuestro corazón y lo conoce todo. Queridos, si el corazón no nos
condena, tenemos plena confianza ante Dios. Cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos
y hacemos lo que le agrada.

Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal
como nos lo mandó.

Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros:
por el Espíritu que nos dio.

Aleluya Jn 15, 4a. 5b

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Permaneced en mí, y yo en vosotros ‐ dice el Señor ‐;
el que permanece en mí da fruto abundante. R.

Evangelio: El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 1‐8.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo
el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado;
permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis
en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí
no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y
los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y
se realizará.

Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

27/4/2024 - Sábado de la 4ª semana de Pascua.

1ª lectura: Sabed que nos dedicamos a los gentiles.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 13, 44‐52.

El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra del Señor. Al ver el gentío, los judíos se llenaron
de envidia y respondían con blasfemias a las palabras de Pablo.

Entonces Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía:

«Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis
dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te he puesto
como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra”». Cuando los gentiles oyeron esto,
se alegraron y alababan la palabra del Señor; y creyeron los que estaban destinados a la vida eterna.

La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas,
adoradoras de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los
expulsaron de su territorio.

Estos sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se fueron a Iconio. Los discípulos, por su parte, quedaban
llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Salmo: Sal 97, 1bcde. 2-3ab. 3cd-4.

R. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Aleluya Jn 8, 31b-32

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Si permanecéis en mi palabra ‐ dice el Señor ‐,
seréis de verdad discípulos míos, y conoceréis la verdad. R.

Evangelio: Quien me ha visto a mí ha visto al Padre.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 7‐14.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». Felipe le dice:

«Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Jesús le replica:

«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo
dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo
por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí.
Si no, creed a las obras.

En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque
yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me
pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

1ª lectura: Vuestra fe se apoye en el poder de Dios.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1‐10.

Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia
o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado.

También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva
sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría
de los hombres, sino en el poder de Dios. Sabiduría, sí, hablamos entre los perfectos; pero una sabiduría que no es
de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina,
misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de
este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.

Sino, como está escrito:

«Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman». Y Dios
nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.

Salmo: Sal 118, 99-100. 101-102. 103-104.

R. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero.

Soy más docto que todos mis maestros,
porque medito tus preceptos.
Soy más sagaz que los ancianos,
porque cumplo tus mandatos. R.

Aparto mi pie de toda senda mala,
para guardar tu palabra;
no me aparto de tus mandamientos,
porque tú me has instruido. R.

¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la boca!
Considero tus mandatos,
y odio el camino de la mentira. R.

Aleluya Mt. 5, 16

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Brille así vuestra luz ante los hombres,
para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre. R.

 

Evangelio: Vosotros sois la luz del mundo.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 13‐19.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla
fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que
alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den
gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

Durante los días 23, 24 y 25 de abril se celebró la Convivencia anual de Cáritas Castrense en la Residencia de descanso ¨Castañón de Mena¨ de Málaga.

Se trata ya de la séptima actividad de estas características que se realiza, con el objetivo de unificar criterios de actuación, fomentar el conocimiento mutuo y, en definitiva, mejorar la calidad de nuestra actuación en los diferentes programas y actividades dirigidas a ayudar a quienes más lo necesitan.

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