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El Arzobispo Castrense, Monseñor don Juan Antonio Aznárez Cobo, presidió en la mañana de ayer, en la sede del Arzobispado, el acto de Imposición de la Gran Cruz Fidélitas al general de división, Juan Francisco Arrazola Martínez, Jefe del Mando de Apoyo a la Maniobra del Ejército de Tierra y la Cruz Fidélitas al teniente coronel del Ejército de Tierra, José Ignacio González Herrero.

18/4/2024 - Jueves de la 3ª semana de Pascua, feria.

1ª lectura: Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 8, 26‐40.

En aquellos días, el ángel del Señor le hablo a Felipe y le dijo:

«Levántate y marcha hacia el Sur, por el camino de Jerusalén a Gaza, que está desierto».

Se levantó, se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de
Etiopía e intendente del tesoro, que había ido a Jerusalén para adorar. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo
el profeta Isaías. El Espíritu dijo a Felipe:

«Acércate y pégate a la carroza».

Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó:

«¿Entiendes lo que estás leyendo?». Contestó:

«¿Y cómo voy a entenderlo, si nadie me guía?».

E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste:

«Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador,
así no abre su boca.

En su humillación no se le hizo justicia.

¿Quién podrá contar su descendencia?

Pues su vida ha sido arrancada de la tierra». El eunuco preguntó a Felipe:

«Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?».

Felipe se puso a hablarle y, tomando pie de este pasaje, le anunció la Buena Nueva de Jesús. Continuando el
camino, llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco:

«Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?».

Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco y lo bautizó. Cuando salieron del agua, el
Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su camino lleno de alegría. Felipe se encontró
en Azoto y fue anunciando la Buena Nueva en todos los poblados hasta que llegó a Cesarea.

Salmo: Sal 65, 8-9. 16-17. 20.

R. Aclamad al Señor, tierra entera.

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros pies. R.

Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua. R.

Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor. R

Aleluya Jn 6, 51

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo ‐ dice el Señor ‐;
el que coma de este pan vivirá para siempre. R.

Evangelio: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 44‐51.

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:

«Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día.

Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios.” Todo el que escucha al Padre y aprende viene a mí.

No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en
verdad os digo: el que cree tiene vida eterna.

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja
del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de
este pan vivirá para siempre.

Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».

1ª lectura: Iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 8, 1b‐8.

Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se
dispersaron por Judea y Samaria.

Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él.

Saulo, por su parte, se ensañaba con la Iglesia; penetrando en las casas y arrastrando a la cárcel a hombres y mujeres.
Los que habían sido dispersados iban de un lugar a otra anunciando la Buena Nueva de la Palabra. Felipe bajó a
la ciudad de Samaria y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe,
porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus
inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Salmo: Sal 65, 1b-3a. 4-5. 6-7a.

R. Aclamad al Señor, tierra entera.

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué terribles son tus obras!» R.

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R.

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con él,
que con su poder gobierna enteramente. R.

Aleluya Cf. Jn 6, 40

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Todo el que cree en el Hijo tiene vida eterna ‐ dice el Señor ‐;
y yo lo resucitaré en el último día. R.

Evangelio: Esta es la voluntad del Padre: que todo el que ve al Hijo tenga vida eterna.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 35‐40.

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:

«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero,
como os he dicho, me habéis visto y no creéis.

Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no
para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no
pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.

Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en
el último día».

Queridos hermanos y hermanas, buenos días, ¡feliz domingo!

Hoy el Evangelio nos traslada a la noche de Pascua. Los apóstoles están reunidos en el cenáculo, cuando desde Emaús vuelven los dos discípulos y relatan su encuentro con Jesús. Y, mientras expresan la alegría de su experiencia, el Resucitado se aparece a toda la comunidad. Jesús llega precisamente mientras están compartiendo el relato del encuentro con Él. Esto me hace pensar que es hermoso compartir, es importante compartir la fe. Este relato nos hace pensar en la importancia de compartir la fe en Jesús resucitado.

Cada día nos bombardean con mil mensajes. Muchos son superficiales e inútiles, otros revelan una curiosidad indiscreta o, peor aún, nacen de cotilleos y malicia. Son noticias que no sirven para nada, es más, hacen daño. Pero también hay noticias hermosas, positivas y constructivas, y todos sabemos lo bien que sienta escuchar cosas buenas y cómo nos sentimos mejor cuando eso ocurre. Y es hermoso también compartir las realidades que, en lo bueno y en lo malo, han tocado nuestra vida, de modo que podamos ayudar a los demás.

Sin embargo, hay algo de lo que a menudo nos cuesta hablar. ¿De qué nos cuesta hablar? De lo más hermoso que tenemos que contar: nuestro encuentro con Jesús. Cada uno de nosotros ha encontrado al Señor y nos cuesta hablar de ello. Cada uno de nosotros podría decir tanto al respecto: ver cómo el Señor nos ha tocado y compartir esto, no haciendo de maestro de los demás, sino compartiendo los momentos únicos en los que ha sentido al Señor vivo, cercano, que encendía en el corazón la alegría o enjugaba las lágrimas, que transmitía confianza y consuelo, fuerza y entusiasmo, o perdón, ternura. Estos encuentros, que cada uno de nosotros ha tenido con Jesús, compartidlos y transmitidlos. Es importante hacer esto en familia, en la comunidad, con los amigos. De igual modo que sienta bien hablar de las inspiraciones buenas que nos han orientado en la vida, de los pensamientos y de los sentimientos buenos que nos ayudan tanto a avanzar, también de los esfuerzos y de las fatigas que hacemos para entender y para progresar en la vida de fe, tal vez también para arrepentirnos y volver sobre nuestros pasos. Si lo hacemos, Jesús, precisamente como sucedió a los discípulos de Emaús la noche de Pascua, nos sorprenderá y hará aún más hermosos nuestros encuentros y nuestros ambientes.

Probemos entonces a recordar, ahora, un momento fuerte de nuestra vida, un encuentro decisivo con Jesús. Todos lo hemos tenido, cada uno de nosotros ha tenido un encuentro con el Señor. Hagamos un pequeño silencio y pensemos: ¿Cuándo encontré yo al Señor? ¿Cuándo el Señor se hizo cercano a mí? Pensemos en silencio. ¿Y este encuentro con el Señor, lo he compartido para dar gloria al propio Señor? Y también, ¿he escuchado a los demás cuando me hablan de este encuentro con Jesús?

Que la Virgen nos ayude a compartir la fe para que nuestras comunidades sean cada vez más lugares de encuentro con el Señor.

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Después del Regina Caeli

Queridos hermanos y hermanas:

Sigo en la oración y con preocupación, también dolor, las noticias que han llegado en las últimas horas sobre el agravamiento de la situación en Israel a causa de la intervención por parte de Irán. Hago un encarecido llamamiento para que se detenga toda acción que pueda alimentar una espiral de violencia con el riesgo de arrastrar a Oriente Medio a un conflicto bélico aún más grande.

Nadie debe amenazar la existencia ajena. Que todas las naciones, por el contrario, se posicionen del lado de la paz y ayuden a los israelíes y a los palestinos a vivir en dos Estados, uno al lado del otro, con seguridad. ¡Es su deseo profundo y legítimo y es su derecho! Dos Estados cercanos.

Que se alcance pronto un alto el fuego en Gaza y se recorran los caminos de la negociación, con determinación. Que se ayude a esa población, sumida en una catástrofe humanitaria, se libere inmediatamente a los rehenes secuestrados hace meses. ¡Cuánto sufrimiento! Recemos por la paz. ¡Basta con la guerra, basta con los ataques, basta con la violencia! ¡Sí al diálogo y sí a la paz!

Hoy en Italia se celebra la centésima Jornada nacional de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, sobre el tema «Demanda de futuro. Los jóvenes entre el desencanto y el deseo». Animo a este gran Ateneo a proseguir su importante servicio formativo, en la fidelidad a su misión y atento a las necesidades juveniles y sociales actuales.

De corazón dirijo mi bienvenida a todos vosotros, romanos y peregrinos llegados de Italia y de tantos países. Saludo, en particular, a los fieles de Los Ángeles, Houston, Nutley y  Riverside en los Estados Unidos de América; como también a los polacos, especialmente -¡cuántas banderas polacas!- a aquellos de Bodzanów y a los jóvenes voluntarios del Equipo de Ayuda a la Iglesia del Este. Acojo y animo a los responsables de las Comunidades de Santo Egidio de algunos países latinoamericanos.

Saludo a los voluntarios de las ACLI comprometidos en los patronatos en toda Italia; a los grupos de Trani, Arzachena, Montelibretti; a los muchachos de la profesión de fe de la parroquia de los Santos Silvestre y Martín en Milán; a los confirmandos de Pannarano; y al grupo juvenil “Arte y Fe”, de las hermanas Doroteas.

Saludo con afecto a los niños de varias partes del mundo, que han venido a recordar que el 25-26 de mayo la Iglesia vivirá la primera Jornada Mundial de los Niños. ¡Gracias! Invito a todos a acompañar con la oración el camino hacia este evento – la Primera Jornada de los Niños – y agradezco a todos los que están trabajando para prepararlo. Y a vosotros, niñas y niños, os digo: ¡Os espero! ¡A todos vosotros! Necesitamos vuestra alegría y vuestro deseo de un mundo mejor, un mundo en paz. Recemos, hermanos y hermanas, por los niños que sufren por las guerras – ¡son muchos! – en Ucrania, en Palestina, en Israel, en otras partes del mundo, en Myanmar. Recemos por ellos y por la paz.

Deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Saludo a los muchachos de la Inmaculada. Buen almuerzo y hasta pronto.

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Hoy, segundo domingo de Pascua -dedicado por san Juan Pablo II a la Divina Misericordia-, el Evangelio (cfr. Jn 20,19-31) nos dice que si creemos en Jesús, el Hijo de Dios, podemos tener vida eterna en su Nombre (v. 31). “Tener vida”: ¿qué significa?

Todos queremos tener vida, pero existen diversos puntos de vista sobre cómo lograrlo. Por ejemplo, hay quien reduce la existencia a una carrera frenética para gozar y poseer muchas cosas: comer y beber, divertirse, acumular dinero y objetos, sentir emociones fuertes y nuevas, etc. Este es un camino que a primera vista parece atractivo, pero que no sacia el corazón. No es así como se “tiene vida”, porque siguiendo los caminos del placer y del poder no se encuentra la felicidad. De hecho, quedan sin respuesta muchos aspectos de la existencia como, por ejemplo, el amor, las experiencias inevitables del dolor, las limitaciones y la muerte. Y, además, no se hace realidad el sueño que todos tenemos en común: la esperanza de vivir para siempre, de ser amados sin fin.

Hoy, el Evangelio dice que esta plenitud de vida, a la que cada uno de nosotros está llamado, se realiza en Jesús: es Él quien nos da la vida plena. Pero, ¿cómo acceder a ella, cómo experimentarla?

Veamos lo que les sucedió a los discípulos del Evangelio. Están atravesando el momento más trágico de su vida: después de los días de la Pasión, están encerrados en el Cenáculo, asustados y desanimados. El Resucitado se presenta en medio de ellos, y, en primer lugar, les muestra sus llagas (cfr. v. 20): son los signos del sufrimiento y del dolor, podrían suscitar sentimientos de culpa, y, sin embargo, con Jesús se convierten en canales de misericordia y perdón. Así, los discípulos ven y tocan con la mano que con Jesús la vida vence siempre, la muerte y el pecado son derrotados. Y reciben el don de su Espíritu, que les da una vida nueva, de hijos amados -vida de hijos amados-, hecha de alegría, amor y esperanza. Os pregunto: ¿tenéis esperanza? Que cada uno se pregunte: ¿cómo va mi esperanza?

He aquí qué hacer cada día para “tener vida”: basta con fijar la mirada en Jesús crucificado y resucitado, encontrarlo en los Sacramentos y en la oración, reconocerlo presente, creer en Él, dejarse tocar por su gracia y guiar por su ejemplo, experimentar la alegría de amar como Él. Cada encuentro con Jesús, un encuentro vivo con Él, nos permite tener más vida. Hay que buscar a Jesús, dejarse encontrar -porque Él nos busca-, abrir el corazón al encuentro con Jesús.

Pero preguntémonos: ¿creo en el poder de la resurrección de Jesús, creo que ha resucitado? ¿Creo en su victoria sobre el pecado, el miedo y la muerte? ¿Me dejo implicar en la relación con el Señor, con Jesús? ¿Y dejo que Él me empuje a amar a los hermanos y las hermanas, y a tener esperanza todos los días? Que cada uno piense en esto.

Que María nos ayude a crecer cada vez más en la fe en Jesús resucitado, para que “tengamos vida” y difundamos la alegría de la Pascua.

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Después del Regina Caeli:

Queridos hermanos y hermanas:

Deseo recordar a las personas que murieron en el accidente del autobús que se salió de una carretera en Sudáfrica hace algunos días. Oremos por ellas y por sus familiares.

Ayer se celebró el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz. Todos sabemos que la práctica de un deporte puede educar a una sociabilidad abierta, solidaria, sin prejuicios. Pero para ello se necesitan dirigentes y formadores que no tengan como único objetivo la victoria o la ganancia. ¡Promovamos un deporte que fomente la amistad social y la fraternidad!

Que no disminuya nuestra oración por la paz, por una paz justa y duradera, especialmente en la atormentada Ucrania y en Palestina e Israel. Que el Espíritu del Señor Resucitado ilumine y sostenga a quienes trabajan para reducir la tensión y alentar gestos que hagan posible la negociación. Que el Señor conceda a los líderes la capacidad de detenerse un poco para tratar, para negociar.

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de Italia y de numerosos países. Saludo especialmente a los alumnos de la escuela católica Mar Qardakh de Erbil, capital del Kurdistán iraquí; y a los chicos de Castellón, España. Acojo con afecto a los grupos de oración que cultivan la espiritualidad de la Divina Misericordia, reunidos hoy en el Santuario del Espíritu Santo en Sassia.

Saludo al club de petanca La Perosina; al grupo ACLI de Chieti; a los participantes en la Conferencia Internacional para la abolición de la gestación subrogada; a los fieles de Modugno y de Alcamo; a los alumnos de la escuela San José de Bassano del Grappa; y a los confirmandos de Sant’Arcangelo di Romagna. Saludo a los numerosos polacos, ¡veo sus banderas!

Les deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen almuerzo y ¡hasta la vista!

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Teresa Denis, viuda desde hace 42 años de un capitán de la Guardia Civil, es la voluntaria encargada de organizar eventos sociales para nuestros beneficiarios.

El pasado 15 de abril organizó la visita a la exposición que la Fundación UNICAJA dispone en el palacio Episcopal de Málaga, con el título “VINO: ARTE Y SÍMBOLO”.

1ª lectura: Señor Jesús, recibe mi espíritu.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 7, 51‐8, 1a.

En aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas:
«¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! vosotros siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que
vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la
venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la Ley por mediación de ángeles, y
no la habéis observado». Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia.

Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de
Dios, y dijo:

«Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».

Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron
fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo
y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:

«Señor Jesús, recibe mi espíritu»

Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito:

«Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y, con estas palabras, murió.

Saulo aprobaba su ejecución.

Salmo: Sal 30. 3cd-4. 6 y 7b y 8a. 17 y 21 ab.

R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame. R.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás;
yo confío en el Señor.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas. R.

Aleluya Jn 6, 35ab

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el pan de vida ‐ dice el Señor ‐;
el que viene a mí no tendrá hambre. R.

Evangelio: No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero pan del cielo.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 30‐35.

En aquel tiempo, en gentío dijo a Jesús:

«¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná
en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”». Jesús les replicó:

«En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el
verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». Entonces le dijeron:

«Señor, danos siempre de este pan». Jesús les contestó:

«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed».

1ª lectura: No lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 6, 8‐15.

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos
cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir
con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.

Entonces indujeron a unos que asegurasen:

‐ «Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios».

Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y viniendo de improviso, lo agarraron y lo condujeron al
Sanedrin, presentando testigos falsos que decían:

‐ «Este individuo no para de hablar contra el Lugar Santo y la Ley, pues le hemos oído decir que ese Jesús el
Nazareno destruirá este lugar y cambiará las tradiciones que nos dio Moisés». Todos los que estaban sentados en
el Sanedrin fijaron su mirada en él y su rostro les pareció el de un ángel.

Salmo: Sal 118, 23-24. 26-27. 29-30.

R. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.

Aunque los nobles se sienten a murmurar de mí,
tu siervo medita tus decretos;
tus preceptos son mi delicia,
tus enseñanzas son mis consejeros. R.

Te expliqué mi camino, y me escuchaste:
enséñame tus mandamientos;
instrúyeme en el camino de tus mandatos,
y meditaré tus maravillas. R.

Apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu ley;
escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos. R.

Aleluya Mt 4, 4b

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

No solo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. R.

Evangelio: Trabajad no por el alimento que perece, sino por el que perdura para la
vida eterna.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 22‐29.

Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar.

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una
barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor
había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún
en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:

«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?». Jesús les contestó:

«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.

Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo
del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios». Ellos le preguntaron:

«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?». Respondió Jesús:

‐ «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado».

El día 10, nuestro arzobispo, D. Juan Antonio Aznárez Cobo, junto al vicario de tierra, D, Miguel Ángel García Arteaga, se trasladó a Salamanca para realizar la visita pastoral a dicha plaza militar.

Fue recibido en el Acuartelamiento General Arroquia por el General del Mando de Ingenieros, Julio Rayos Varas y por los Jefes de las Unidades que se alojan en dicho Acuartelamiento.

Después de que el capellán realizase una breve exposición sobre la atención que presta el servicio religioso en Salamanca el Sr. Arzobispo se trasladó a la capilla del acuartelamiento donde firmó los libros sacramentales.

Los días 11 y 12 de abril de 2024, los equipos de apoyo religioso de las unidades de la OTAN con base en FOS Adazi, Letonia y Polonia , participaron en un grupo de trabajo (NLFC3), desarrollando una lista de tareas comunes para proporcionar/realizar RS (Religious Support) en los grupos de batalla de la OTAN Estonia, Letonia y Lituania. Como parte de la iniciativa Multinacional de Interoperabilidad de Apoyo Religioso (MRSI), el Dr. Matt Woodbery (Oficial de Interoperabilidad y Movilización de Apoyo Religioso - USAREUR-AF), se unió a la conferencia para informar sobre el concepto de MSRI en el contexto del Grupo de Batalla de la OTAN.

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