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Noticias del Arzobispado Castrense

De Curas y Militares...en Misión

A Rafael Dengra Tello, Coronel Jefe del RI Saboya, nº. 6,
y a cuantos componen esa Unidad;
y a los miembros del contingente que marcha a Malí,
en especial, al Grupo de Caballería Calatrava,
del Regimiento Castilla, nº. 16,
con su Teniente Coronel Sergio Esparaber Díez. A Alejandro Espíritu y Fontes*,
Capellán Castrense con destino en Badajoz,
y a cuantos como él, sin temor al peligro,
los acompañan para mantener la paz del alma.A todos esos hombres y mujeres que,
fieles a su compromiso ante la Bandera,
engrandecen el nombre de la Patria de todos, ¡España!,
en cuantos lugares del mundo desarrollan su misión
de enseñar a buscar… ¡la Paz!

Recibí una llamada en el móvil el pasado 11 de noviembre, a las “dieciséis cero ocho”, por decirlo en jerga militar. No conocía el número, no lo tenía anotado en la agenda del aparato. Da igual, pues suelo coger todas las llamadas, o casi todas. Nunca sabe uno quién te puede llamar, o de dónde. O para qué. Mejor pasar la incertidumbre de saber si se trata de un vendedor de máquinas de coser o de enciclopedias ilustradas. No coso, y estoy surtido de fuentes del saber, aunque cada día, lo que es saber, sabemos menos. Quizá no nos haga falta saber tanto. Nos lo dan todo hecho, o deshecho, que da lo mismo. Y digo que da lo mismo a juzgar por el conformismo que mostramos el común de los mortales de este país llamado España. Parece como si nos diera igual ocho que ochenta, cuando entre tales números hay setenta y dos al medio... ¡Al asunto!, como diría Juani, la madre de un sacerdote que es buen amigo y mejor consejero, ¿verdad, Don José Luis León? Pues al asunto…

Al descolgar y responder con mi habitual “al aparato” cuando el llamante preguntó por mí, tardé poco en reconocer la voz. Casi al mismo tiempo de saber quién era me dijo “soy Rafa”. No obstante, como a los medio sordos nos parecen muchas voces iguales, dudé un momento hasta que me sacó de dudas. Yo tenía guardado su número oficial, pero no el particular. Rafa es Rafael Dengra Tello, y es, hoy por hoy, porque ya le quedan pocos días, un mes mal contado, Coronel Jefe del Regimiento de Infantería “Saboya”, número 6. Tiene sede en la Base General Menacho, de Bótoa, Badajoz, en esa zona donde la Reina de los Campos extremeños, la Virgen de Bótoa, copatrona de Badajoz, extiende la sombra de su floreada pamela para dar cobijo a cuantos se invocan a ella. Se invocan o la miran al pasar por la ermita pocos kilómetros antes de llegar a la entrada de la Base donde se asienta esa Unidad tan querida por mí como es la Brigada “Extremadura” XI.

Rafa, el Coronel Dengra, me llamaba para despedirse. Se va. Se va de Badajoz pronto. Tomó el mando del Saboya el 14 de diciembre de hace dos años. Poco tiempo. O mucho, según se mire. Poco si se cuentan los días como quien cuenta los coches que pasan por un semáforo. Mucho si se cuenta lo vivido en ese tiempo. Mucho si se trata de contar la buena amistad y relación que hemos creado entre los dos. Algo tienen los militares, pues me encariño con ellos. Ese 14 de diciembre le cedió el mando otro buen amigo: Toni Llorens, Antonio Ramón Llorens Pérez, que también estuvo otros dos años al mando de una de las unidades punteras del Ejército de Tierra. No lo digo yo, movido por los quereres, no: lo dicen quienes conocen del tema por los saberes y así me han contado. Y yo lo he comprobado cuando los he visto formar, cuando los he visto desfilar con “marcial apostura”, cuando los he visto entonar el himno de la Unidad. Pone los pelos de punta oír el lema que se corea tras el himno:

Sobre todo… ¡España!
Ante todo… ¡España!
Siempre… ¡España!

No se queda atrás el Castilla 16, regimiento de rancio abolengo en la historia militar española. Y pedestal importante en la particular de esta plaza fuerte que es Badajoz. Hoy, al mando, el Coronel Jesús Moreno del Valle vela porque tales páginas escritas con el sudor y la sangre de sus componentes se mantengan con el peso que siempre han tenido. Su tropa tampoco se queda atrás, pues, de hecho, de esta Unidad, concretamente del Grupo da Caballería Calatrava, es el grueso del personal. Al frente de ellos su Teniente Coronel, Sergio Esparaber Díez. Tienen asumido el credo de su Regimiento en forma de lema, coreado tras su himno:

¡Soldados, saber vencer o morir!
¡Castilla fue siempre así!

Pero vuelvo al asunto, que las emociones me despistan. Rafa se va. Se va a Malí. Ya lo sabía, pero me ha llamado para despedirse. Eso es prueba de amistad. La amistad es la distancia más corta entre el corazón de las personas, y la mía con el personal de la milicia se recorre enseguida. Sean lo que sean.

Tienen todo mi respeto, mi consideración y mi afecto. ¿Puedo decir cariño sin caer en sensiblerías? Pues eso, tienen todo mi cariño. Me siento uno más de ellos. Poco faltó para que me reenganchara al final del Servicio Militar –sí, sí, en mayúsculas, como debe ser, y a mucha honra-. Si no llega a ser por el maldito oído… Lamentarse no lleva a nada. No me arrepiento en absoluto de la vida que me ha tocado vivir, o que yo he elegido vivir, o las dos cosas a la vez, que nunca se sabe.

Rafa se va a Malí. Sabe a dónde va. Lo hablamos con claridad en la llamada que me hizo. Lo noté sereno. Lo noté, incluso, deseando que llegara el día de la partida. Pero Rafa no va solo. Rafa va con más gente. Gente de su gente, que también es la nuestra, la de todos. Gente como cualquiera de los que no vamos o de los que puedan leer estas líneas sin comprender qué sienten los que van para ir a tierras inciertas, muchos de ellos voluntarios. No están hechos de otra pasta, pero sí tienen claro qué es eso del Servicio –otra vez con mayúsculas- a España. Bien es cierto que todos, desde nuestro cometido, servimos a los intereses de nuestra Patria, de su engrandecimiento, pero no todos lo hacemos de la misma manera y con los mismos riesgos. Rafa sabe que lo va a correr, lo mismo que los hombres y mujeres, Soldados de España todos ellos –qué bonito título: Soldado de España-, que van con él. Los hay de varias Unidades, aunque ya he dicho que el grueso es del Castilla. Pero da igual, porque la unidad de procedencia es lo de menos. Son gentes de diversos puntos de nuestra geografía, regional o nacional, que en la tropa los hay de todos sitios.

Son gente, bella gente, buena gente, que tienen asumido aquello que acuñó Ortega y Gasset de que España es un conjunto de pueblos con destino en lo universal. Después hay quién parafraseó al filósofo español diciendo aquello de que “España es una unidad con destino en lo universal”. Me apuesto a que el noventa por ciento de los españoles no saben quién dijo eso. Fernando Valbuena dirá que son muchos más los que no lo saben.

Puede ser. Pero quien lo sepa y lo diga corre el riesgo de ser tachado de vete a saber qué. Y pronto hasta sancionado, que esta es la libertad de expresión de este país, de esta unidad con destino en lo universal. Y es que es así. Rafa y su gente van a llevar el nombre de España a lugares de incierta seguridad para cumplir con el deber que afecta a nuestro país de formar parte activa del mundo en que vivimos, buscando la paz, para lo que es preciso preparar a los nativos de otros países para contener la guerra. Lo llevamos haciendo ya mucho tiempo, y no sólo en Malí: Líbano, los Balcanes, Irak… qué se yo. También el Castilla se fue a Letonia. Si este papel de España de buscar la paz, que no la guerra, y enseñar a otras gentes a buscarla en otros países del mundo no es cumplir con ese destino en lo universal que alguien me explique entonces de qué se trata.

La primera vez que oí hablar de misiones de militares fue en 1980, en mi etapa inolvidable en la Compañía de Esquiadores Escaladores de Viella, en el Valle de Arán, tierra tan bella que casi podría ser el paraíso terrenal… Mi Capitán entonces, hoy General retirado, D. Epifanio Artigas Ainá, se marchó creo que a Guinea, a preparar a sus tropas. Si no fue Guinea fue cerca, qué más da. Hasta entonces, para mí, las misiones eran las del Héroe de Molokai y compañeros mártires. O las de los sacerdotes y monjas en la selva. O las de las huchas de cerámica imitando cabezas de chinitos, o de negritos, o de indios pequeñitos con pluma de halcón en la cabeza… No sabía de otras misiones. Pero resulta que hay más.

Rafa es el nombre de mi amigo. Dengra es el apellido de mi Coronel. Uno de tantos, porque para mí lo son todos. Hace algo más de quince años repetí mi juramento a la Bandera, a la Patria, besando la del Saboya, bajo la mirada firme del Coronel Juan de Nárdiz Prado. Vuelvo a Rafa. Su apellido es el que lleva en la placa del traje de bonito, o en el uniforme de faena. Pero lo mismo que él lo lleva muchos otros, todos, llevan los suyos. En las letras de sus nombres está impreso el valor que atesoran. En las letras de sus nombres se refleja el amor que sienten por su Patria, de la que un día besaron su Bandera con unción. Y eso es lo que me vale. En las letras de sus nombres se leen de alguna forma los de todos los españoles de bien que los apoyamos, que los queremos, que deseamos su pronta vuelta con la satisfacción del deber cumplido, sin humanas bajas y sin rebajas en su ilusión por seguir sirviendo con honor a España. En las letras de sus nombres, de alguna forma, llevan grabada la protección que pido a la Virgen de Guadalupe, patrona de Extremadura, representada en la imagen itinerante que un día les regalé. Y al Apóstol Santiago, Patrón de la Caballería. Volverán, gracias a la protección de la Morenita y de la Virgen de Bótoa, que los cubrirá con su pamela floreada. Santiago, a lomos de su corcel tordo, irá en vanguardia, allanando el camino de estos hombres y mujeres valientes. Volverán para volver a formar en la amplia explanada de formación de la Base General Menacho, y así, porque para todos el sentimiento es el mismo, poder volver a gritar aquello de…

Sobre todo… ¡España!
Ante todo… ¡España!
Siempre… ¡España!

No van solos. Va con ellos el Páter… Se llama Alejandro, Alejandro Espíritu y Fontes, y también es amigo mío. ¡Si es que soy amigo de todos! Él será el encargado de mantener alta la moral del espíritu cuando decaiga por algún motivo. Tienen algo especial estos Capellanes Castrenses. Lo viví en el entonces CIR número 9, hace pronto cuarenta y un años, que no es poco. Y lo he podido comprobar en cuantos he conocido: Ramón García Guardado, Arturo García Ruiz, Carlos Manjón Requena… y mi buen amigo José Fernández Macías. Alejandro encarna en esta misión a Malí lo que otros han hecho en otras misiones. No sólo hay misioneros con los chinitos, o con los niñitos desprotegidos de África, que decir negritos otra vez puede ser hasta motivo de condena. O con los nativos de los países iberoamericanos. También hay misioneros entre los soldados españoles. Y no es baladí el cometido de su actividad misionera. Y sé que extienden su misión más allá de los límites de sus bases, si los dejan.

Alejandro, y otros como él, son la cura del alma, la que se necesita en momentos de altibajos emocionales causados por la distancia, con todo lo que ello implica, o la tensión que allí se vive. Podría estar más cómodo en la capilla de la Base, pero ha querido irse. Quiere ir con su gente. Necesita ir con su gente. Ya escribí en su día sobre los Capellanes Castrenses. Los admiro. Los valoro. Cuentan con todo mi apoyo, que no es otro que en forma de oración.

Volverán. Rafa y Alejandro volverán. El Coronel Dengra y el Páter Espíritu volverán. Dos espíritus que son uno: el de las armas y el de las almas. Se complementan, se necesitan. Ambos buscan la paz. ¿Hay objetivo más digno, de más valor? Y con ellos volverán, Dios lo quiera, que querrá, todos los que forman esa misión. Yo los esperaré, y, si puedo, los recibiré. Y les daré un abrazo y les daré las gracias, porque yo me siento parte de esa unidad que tiene que proyectar el papel que les ha tocado vivir en estos tiempos en lo universal. De alguna forma somos todos los españoles los que vamos. Y en el abrazo que les dé irá el que me gustaría repartir a todos y cada uno de esos hombres y mujeres valientes que, por encima de todo, sueñan, sienten y padecen por una palabra y lo que significa: ¡España!

¡Que Dios, por intercesión de la Virgen de Guadalupe y Nuestra Señora de Bótoa, y de Santiago Apóstol, os proteja! Aquí, en Badajoz, sabed que hay alguien, quizá muchos, que así lo edirán. ¡Hasta la vuelta!

¡Viva España!
¡Viva el Rey!

*Alejandro Espíritu y Fontes es Capellán de Mérito de la Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge, y Capellán de la Delegación de Extremadura.

 

Badajoz, lunes, 16 de noviembre del 2020
Festividad de Santa Margarita de Escocia

 Felipe Benicio Albarrán Vargas-Zúñiga 

Diploma “Plus Ultra” de la Brigada Extremadura XI.
Caballero de Iure Sanguinis de la Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge – Secretario de la Delegación de Extremadura. 
ExJefe de Protocolo de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz.

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