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“ELCANO” EN SANTANDER

Alberto Gatón Lasheras, Capellán castrense.
Publicado en “El Diario Montañés” el 20 de junio del 2022.

Nunca pensé que, después de caminar como cura de aldea las verdes brañas y escalar las grises cimas del hermosísimo valle de Lamasón, surcaría como capellán castrense en sendos cruceros los azules océanos del planeta en este blanco bergantín-goleta de recio porte, ágil casco, esbelto velamen y cuatro mástiles que acarician el firmamento estrellado como metamorfoseados cipreses: el “Juan Sebastián de Elcano”. Son estas líneas un homenaje a nuestras Fuerzas Armadas, presentes en nuestro buque escuela, acogido estos días por nuestra ciudad de Santander.

Pero no crea el lector que el crucero de instrucción que cada año realiza nuestro “Elcano” se corresponde con la imagen romántica de los veleros de siglos pasados, evocada por Byron, Conrad o Espronceda. Como compuse en los versos del Himno del mundial de vela en Santander 2014, hay una belleza estremecedora al ver desde la guindola cómo se “dibujan en la agitada mar/ estelas de plata y de espuma,/ rastros de luna y de bruma/ del velero al navegar”. Hermosura al volar sobre las olas, al contemplar el rayo verde cuando se esconde el sol en un mar en calma, en los amaneceres que tiñen las glaucas aguas en enrojecido espejo, cuando la proa desafía con firmeza la tempestad o cuando el negro universo estrellado del hemisferio Sur refleja un distinto mapa cósmico que en su infinitud destaca la insignificancia del hombre.

Lírica marina que no puede ocultar la ciencia naval, la capacidad técnica, las cualidades personales, el esfuerzo mental y físico que aúna los valores y ciencia militares y marinos en una empresa común: servir a España educando a nuestros oficiales de la Armada española. El “Elcano” es una academia militar, donde los guardiamarinas cambian sus libros y enseres en Marín por cartas de navegación y sextantes de guía, arneses para escalar los palos hasta las cofas o trajes de agua con los que resistir el embate de las olas cuando la galerna barre la cubierta de nuestro bergantín-goleta.

Nuestros alumnos son la razón de ser del “Elcano”, y de su pericia marítima, integridad personal, sabiduría espiritual y forja castrense deben sentirse orgullosas Santander, La Montaña, España. Adiestramiento militar y marino en la disciplina y el horario a golpe de silbato y de campana, la convivencia en los minúsculos catres en los sollados, el deporte, y la habilidad manual bamboleándose en las cofas y mástiles al largar la maniobra, desplegar las velas o cargar el aparejo cuando amenaza tormenta, faenas armonizadas con el estudio universitario.

Forja global del guardia marina para conocer los secretos y exigencias de la mar, que es misteriosa, hermosa y cruel, capaz de robar el último aliento al osado que desafíe su verde mirada. Porque quien una jornada es cercana y cariñosa en un instante se transforma en una fuerza desbocada de zarpazos de huracanes y olas que hacen de los mayores buques un juguete del destino, las maromas se travisten de hilos de las Parcas y las ninfas tienden redes de las que nunca escaparán los mortales esclavizados a su gélido servicio en el reino de las algas.

Juego de vida y muerte, hombre y mar, en las maniobras generales cuando la dotación sube a los palos para recoger o dar el aparejo, se da la voz de alarma de hombre al agua arrastrado por una ola que barre la cubierta en la tempestad o ante un problema de salud que si en tierra es solucionado con facilidad en alta mar, a cientos de millas de cualquier puesto médico, puede resultar mortal. Romanticismo y belleza en el duelo con la mar, sí, pero asimismo formación militar, espiritual, intelectual, social, física y personal de los guardiamarinas en su trato con ella.

Formación militar y marina, como soldados de España listos al combate en los océanos, mares y piélagos del planeta. Espiritual, presente cada puesta de sol en la oración al Señor de la Calma y de la Tempestad. Intelectual, porque lo humanista y la virtud hacen del militar español al tiempo que guerrero, sabio. Social, porque el “Elcano” representa a España en actos y recepciones internacionales donde el idioma, la simpatía y la cortesía son las armas de la diplomacia. Física, cada maniobra general, cuando dotación y alumnos escalan la cofa y la galleta de los mástiles, despliegan las velas para cazar el viento favorable o las recogen cuando la tormenta acosa. Y personal, porque lo estudiado es sólo letra muerta si cada guardia marina no aprende lo esencial: ser hombre de honor, marino de ciencia y militar ejemplar.

Nos visita en Santander este nuevo crucero de instrucción del “Juan Sebastián de Elcano”, buscando la derrota a Marín donde esperan las familias de dotación y alumnos. Y aquellos que al zarpar eran sólo alumnos, regresan como marinos de nuestra Armada del Reino de España. Bienvenidos a Santander, queridos compañeros, querido buque escuela “Juan Sebastián de Elcano”.

 

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