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El apóstol de "Elcano"

Artículo de Nacho Gonzalez Ucelay en "El Diario Montañes"

El sacerdote cántabro Alberto Gatón inicia su segunda travesía a bordo del velero.

El capellán castrense permanecerá los próximos seis meses en el buque escuela de la Armada Española, que ya navega hacia el mítico cabo de Hornos.

El sacerdote cántabro Alberto Gatón Lasheras, capellán mayor de la Zona Militar Sur y párroco de la Base Naval de Rota, inició el domingo su segunda travesía en el Juan Sebastián de Elcano y, con ella, una nueva aventura a bordo del buque escuela de la Armada española, que se ha propuesto celebrar su noventa aniversario cruzando por primera vez el mítico Cabo de Hornos.

“El desafio no es baladí”, advertia hace unos días el capitán de navío Ignacio Paz llamando la atención sobre los peligros de adentrarse en uno de los enclaves marítimos más peligrosos del mundo. Si hay que encomendarse a Dios, la presencia de Gatón en ese velero tampoco lo va a ser.

Hombre de paz en barcos de guerra, el capellán castrense cántabro, que antes de incorporarse a su destino sacerdotal en la base de Rota sirvió “siete maravillosos años” en el Ejército de Tierra, será el centinela espiritual de la embarcación durante los próximos seis meses, tiempo que el bergantin goleta, que lleva 188 marineros a bordo, tardará en cubrir el plan de navegación de un crucero de instrucción que acabará el 11 de agosto en la  milenaria bahía de Cádiz.

“Entraremos en los puertos de Funchal, Las Palmas, Rio de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires, Ushuaia, Punta Arenas, Valparaíso, el Callao-Lima y Charleston”, memoriza el cura saludando a Blanca Almansa Asturias y Nautilus. Con ellos, los mástiles de “Elcano” convivirán 183 dias.

Sacerdote y compañero

Durante ese tiempo, el cántabro será “un sacerdote para los cristianos y un compañero para la dotación” a la que el capellán castrense animará en los momentos difíciles y ayudará en cualquier problema que se quiera compartir con él. A bordo del navío, además, Gatón procurar ser para los tripulantes no “solo un referente ético y moral sino también un modelo de educación, humildad y generosidad”. Un guia espiritual entrenado para “llevar sus almas a Dios”.

No será una misión nueva para él. Destinado hace casi tres años en la Base Naval de Rota, Alberto Gatón, “un hombre feliz personal, militar y sacerdotal mente hablando”, guarda en su petate otras tres experiencias similares. 

El párroco cántabro, que curiosamente se echó a la mar con el Ejército de Tierra y no con la Armada, embarco en el año 2013 en la Fragata “Numancia” para participar en la denominada Operación Atalanta contra la piratería en el Océano Indico “fue mi bautizo marino”, recuerda Gatón, que en el año 2015- cuando todavía estaba destinado en el Ejército de Tierra- fue enrolado en el Juan Sebastián de Elcano y en el año 2016 -ya en la Base Naval- desplegado en la Fragata “Navarra”. Como parte del contingente participante la Operación Sophia contra el tráfico ilegal de personas en el Mar Mediterráneo.

“Esa fue emocionalmente durísima para mí”, admite el párroco, que de la “Navarra” saltó al muelle cargando con su peor y su mejor momento el alta mar.

“El peor, aunque tuvo un final, feliz fue cuando uno de nuestros marineros, Antonio Pizarro, un héroe, se hundió en la mar embravecida con un bebé de meses en sus brazos. Aquel fue el momento de angustioso”, asegura el  sacerdote cántabro, que endereza el relato para contar que, recuperado el izado a bordo exhausto, magullado y sangrando, aquel marinero se volvió a lanzar al agua para recuperar a más niños de una muerte segura.

“Y el mejor, en el caso los mejores, porque fueron dos al tiempo, fue ver a una frágil adolescente trepar en plena tempestad a las cubierta de nuestro barco para entregarnos una mochila en la protegía a su bebe de tan solo una semana, y presencia,r el nacimiento de una niña en el buque aquel mismo día”. El 25 de diciembre del año 2016 “la Navidad más hermosa y más dura de toda la vida”. De la Numancia, Gatón desembarco su momento más divertido, este fraguado a medias con un Cabo que una noche, surcando el Indico, se le declaró ateo. “Le aposté que si al acabar el navegación no acaba creyendo en Dios yo invitaría  a una ronda de cervezas en tierra” semanas después, sacudida a la fragata por un Monzon, “alquel Cabo exclamó en el puente: ¡Ay, Virgen del Carmen, salvanos!”.

Y con el agua pasando por encima del barco, “un joven oficial que le escucho le respondió: “¡puntua!””. El marinero pago la primera ronda y Gatón, espléndido, se hizo cargo de la segunda.

 

 

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