Santa Teresa de Lisieux
San Pablo de la Cruz (fundador de los Pasionistas)
El pasado jueves 2 de febrero la Real Parroquia Castrense del Santo Ángel Custodio y la Hermandad de Nuestra Señora de los Desamparados celebraron la Festividad de la Presentación de Jesús en el Templo, estando la Bendita Imagen de Nuestra Señora de los Desamparados en Solemne Besamanos para Veneración a sus Fieles en el templo castrense.
A continuación se expone la sintesis del Sinodo para la Etapa Continental Europea, elaborada por la Conferencia Episcopal Española el pasado dia 28 de enero de 2023
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
El Evangelio de la liturgia de hoy (cfr. Jn 1,29-34) recoge el testimonio de Juan el Bautista sobre Jesús después de haberlo bautizado en el río Jordán. Dice así: « Éste es de quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo» (vv. 29-30).
Esta declaración, este testimonio, revela el espíritu de servicio de Juan. Él fue enviado a preparar el camino al Mesías, y lo hizo sin ahorrar esfuerzos. Humanamente, se podría pensar que le será entregado un “premio”, un puesto relevante en la vida pública de Jesús. En cambio, no. Una vez cumplida su misión, Juan sabe hacerse a un lado, se retira de la escena para dejar el sitio a Jesús. Ha visto al Espíritu descender sobre Él (cfr. vv. 33-34), lo ha señalado como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y ahora se dispone a escucharlo humildemente. De ser profeta pasa a ser discípulo. Ha predicado al pueblo, ha reunido discípulos y los ha formado durante mucho tiempo. Y, sin embargo, no ata a nadie a sí. Esto es difícil, pero es el signo del verdadero educador: no atar a las personas a uno mismo. Juan sitúa a sus discípulos sobre las huellas de Jesús. No está interesado en tener seguidores, en obtener prestigio y éxito, sino que presenta su testimonio y luego da un paso atrás para que muchos tengan la alegría de encontrar a Jesús. Podríamos decir: abre la puerta y se va.
Con este espíritu de servicio, con su capacidad de hacer sitio a Jesús, Juan el Bautista nos enseña una cosa importante: la libertad respecto a los apegos. Sí, porque es fácil apegarse a roles y posiciones, a la necesidad de ser estimados, reconocidos y premiados. Y esto, aunque es natural, no es algo bueno, porque el servicio implica la gratuidad, el cuidar de los demás sin ventajas para uno mismo, sin segundos fines, sin esperar algo a cambio. Nos hará bien cultivar, como Juan, la virtud del hacernos a un lado en el momento oportuno, testimoniando que el punto de referencia de la vida es Jesús. Hacerse a un lado, aprender a despedirse: he cumplido esta misión, he realizado este encuentro, me hago a un lado y dejo sitio al Señor. Aprender a hacerse a un lado, no pretender algo a cambio para nosotros.
Pensemos en lo importante que es esto para un sacerdote, que está llamado a predicar y celebrar no por afán de protagonismo o por interés, sino para acompañar a los demás hacia Jesús. Pensemos en lo importante que es para los padres, que crían a sus hijos con muchos sacrificios y luego deben dejarlos libres de emprender su propio camino en el trabajo, en el matrimonio, en la vida. Es hermoso y justo que los padres sigan asegurando su presencia diciendo a los hijos: «no os dejamos solos»; pero con discreción, sin intromisión. La libertad de crecer. Y lo mismo vale para otros ámbitos como la amistad, la vida de pareja, la vida comunitaria. Liberarse de los propios apegos y saber hacerse a un dado cuesta, pero es muy importante: es el paso decisivo para crecer en el espíritu de servicio sin pretender nada a cambio.
Hermanos, hermanas, probemos a preguntarnos: ¿somos capaces de hacer sitio a los demás? ¿De escucharlos, de dejarlos libres, de no atarlos a nosotros pretendiendo gratitud? También, a veces, de dejarlos hablar. No decir: “¡Tú no sabes nada!”, sino dejar hablar, hacer sitio a los demás. ¿Atraemos a los demás hacia Jesús o hacia nosotros mismos? Y aún más, siguiendo el ejemplo de Juan: ¿sabemos alegrarnos de que las personas emprendan su propio camino y sigan su llamada, incluso si eso implica un poco de desapego respecto a nosotros? ¿Nos alegramos de sus logros, con sinceridad y sin envidia? Esto es dejar crecer a los demás.
Que María, la sierva del Señor, nos ayude a librarnos de los apegos para hacer sitio al Señor y dar espacio a los demás.
Después del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas:
Del 18 al 25 de enero tendrá lugar la tradicional Semana de Oración por la unidad de los cristianos. El tema de este año está tomado del profeta Isaías: «Haz el bien; busca la justicia» (1, 17)». Demos gracias al Señor que con fidelidad y paciencia guía a su pueblo hacia la plena comunión, y pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine y nos sostenga con sus dones.
El camino hacia la unidad de los cristianos y el camino de conversión sinodal de la Iglesia están vinculados. Por eso, aprovecho esta ocasión para anunciar que el sábado 30 del próximo mes de septiembre, en la plaza de San Pedro, tendrá lugar una Vigilia ecuménica de oración, con la que encomendaremos a Dios los trabajos de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. Para los jóvenes que acudan a la Vigilia habrá un programa especial durante todo ese fin de semana, a cargo de la Comunidad de Taizé. Desde ahora, invito a los hermanos y hermanas de todas las confesiones cristianas a participar en esta reunión del Pueblo de Dios.
Hermanos y hermanas, ¡no nos olvidemos del martirizado pueblo ucraniano, que sufre tanto! Permanezcamos junto a ellos con nuestros sentimientos, con nuestra ayuda, con nuestra oración.
Y ahora os saludo a vosotros, romanos y peregrinos reunidos aquí. En especial, saludo a los fieles españoles de Murcia y a los de Sciacca, en Sicilia. Que la visita a la tumba de Pedro fortalezca vuestra fe y vuestro testimonio.
Os deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta la vista.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy el Evangelio de la Liturgia (Mt 4,12-23) narra la llamada de los primeros discípulos que, en el lago de Galilea, lo dejan todo para seguir a Jesús. Algunos de ellos ya lo conocían gracias a Juan el Bautista, y Dios había sembrado en ellos la semilla de la fe (cf. Jn 1,35-39). Y ahora Jesús vuelve a buscarlos al lugar donde viven y trabajan. El Señor nos busca siempre; el Señor siempre se acerca a nosotros, siempre. Y esta vez les hace un llamamiento directo: «Venid conmigo» (Mt 4,19). Y ellos «al instante, dejando las redes, le siguieron» (v. 20). Detengámonos en esta escena: es el momento del encuentro decisivo con Jesús, el momento que recordarán durante toda su vida y que entra en el Evangelio. Desde entonces siguen a Jesús, y para seguirlo, lo dejan todo.
Dejar para seguir. Siempre es así con Jesús. Se puede comenzar de alguna manera a sentir su atracción, quizás gracias a otros. Luego el conocimiento puede ser más personal y encender una luz en el corazón. Se convierte en algo hermoso que compartir: “Mira, ese pasaje del Evangelio me ha emocionado, esa experiencia de servicio me ha conmovido”. Algo que te toca el corazón. Lo mismo habrán hecho los primeros discípulos (cf. Jn 1,40-42). Pero antes o después llega el momento en que hay que dejarlo todo para seguirle (cf. Lc 11,27-28). Y aquí hay que decidir: ¿dejo atrás algunas certezas y me embarco en una nueva aventura, o me quedo como soy? Es un momento decisivo para todo cristiano, porque se juega el sentido de todo lo demás. Si no se encuentra la valentía de ponerse en marcha, se corre el riesgo de quedarse como espectador de la propia existencia y vivir la fe a medias.
Permanecer con Jesús, por lo tanto, requiere la valentía de dejar, de ponerse en camino. ¿Qué debemos dejar? Nuestros vicios, nuestros pecados, por supuesto, que son como anclas que nos sujetan a la orilla y nos impiden remar mar adentro. Para empezar a dejar es justo que empecemos pidiendo perdón, perdón por las cosas que no fueron buenas: dejo esas cosas y sigo adelante. Pero hay que dejar también lo que nos impide vivir plenamente, por ejemplo, los miedos, los cálculos egoístas, las garantías seguridad viviendo una vida mediocre. Y también hay que renunciar al tiempo que se pierde en tantas cosas inútiles. Qué hermoso es dejar todo esto para vivir, por ejemplo, el arduo pero gratificante riesgo del servicio, o dedicar tiempo a la oración para crecer en la amistad con el Señor. Pienso también en una familia joven, que deja una vida tranquila para abrirse a la impredecible y hermosa aventura de la maternidad y de la paternidad. Es un sacrificio, pero basta una mirada a los hijos para comprender que era justo dejar ciertos ritmos y comodidades, para vivir esta alegría. Pienso en ciertas profesiones, por ejemplo, en un médico o en un profesional sanitario que han renunciado a mucho tiempo libre para estudiar y prepararse, y ahora hacen el bien dedicando muchas horas del día y de la noche, muchas energías físicas y mentales a los enfermos. Pienso en los trabajadores que dejan sus comodidades, que dejan el "dolce far niente", el placer de no hacer nada, para llevar el pan a casa. En fin, para realizar la vida hay que aceptar el reto de dejar. A ello nos invita Jesús a cada uno de nosotros.
Y sobre esto os dejo algunas preguntas. En primer lugar: ¿recuerdo algún “momento fuerte” en el que ya haya encontrado a Jesús? Cada uno de nosotros piense en su propia historia: ¿ha habido en mi vida algún momento fuerte en el que encontré a Jesús? ¿Y algo hermoso y significativo que sucedió en mi vida por haber dejado atrás cosas menos importantes? Y hoy, ¿hay algo a lo que Jesús me pide que renuncie? ¿Cuáles son las cosas materiales, las formas de pensar, las actitudes que necesito dejar atrás para decirle “sí” a Él? Que María nos ayude a decir, como ella, un sí pleno a Dios, a saber dejar algo atrás para seguirle mejor. No tengáis miedo de dejarlo todo si es para seguir a Jesús, siempre estaremos mejor y seremos mejores.
Después del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas:
Este tercer domingo del Tiempo Ordinario está dedicado de manera especial a la Palabra de Dios. Redescubramos con asombro el hecho de que Dios nos habla, especialmente a través de las Sagradas Escrituras. Leámoslas, estudiémoslas, meditémoslas, recémoslas. Leamos todos los días un pasaje de la Biblia, especialmente del Evangelio: ahí Jesús nos habla, nos ilumina, nos guía. Y os recuerdo lo que he dicho en otras ocasiones: tened un pequeño Evangelio, un Evangelio de bolsillo, para llevarlo en el bolso, siempre con nosotros; y cuando haya un momento durante el día leed algo del Evangelio. Es Jesús que nos acompaña. Un pequeño Evangelio de bolsillo, siempre con nosotros.
Hoy deseo expresar mis votos de paz y todo bien a aquellos que celebran el Año Nuevo lunar en el Extremo Oriente y en varias partes del mundo. En esta alegre ocasión, sin embargo, no puedo dejar de expresar mi cercanía espiritual a todos los que atraviesan momentos de prueba provocados por la pandemia del coronavirus, en la esperanza de que pronto se superen las dificultades actuales. Finalmente, deseo que la amabilidad, la sensibilidad, la solidaridad y la armonía que viven las familias tradicionalmente reunidas en estos días, puedan impregnar y caracterizar siempre nuestras relaciones, familiares y sociales, para poder vivir una vida serena y feliz. ¡Feliz año nuevo!
Mi pensamiento, con dolor, va en particular a Myanmar, donde ha sido incendiada y destruida la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción en la aldea de Chan Thar, uno de los lugares de culto más antiguos e importantes del país. Estoy cerca de la población civil indefensa, que en muchas ciudades está sometida a duras pruebas. Quiera Dios que este conflicto termine pronto y comience un nuevo tiempo de perdón, amor y paz. Recemos juntos a Nuestra Señora por Myanmar. [“Dios te salve María…”]
Os invito a rezar también para que cesen los actos de violencia en Perú. La violencia apaga la esperanza de una solución justa de los problemas. Animo a todas las partes involucradas a emprender el camino del diálogo entre hermanos de una misma nación, en el pleno respeto de los derechos humanos y del Estado de derecho. Me uno a los obispos peruanos para decir: ¡No a la violencia, venga de donde venga! ¡No más muertes! Veo que hay peruanos en la plaza.
Llegan señales positivas de Camerún, que permiten esperar en un progreso hacia la solución del conflicto en las regiones anglófonas. Animo a todas las partes firmantes del Acuerdo a perseverar en el camino del diálogo y la comprensión mutua, porque solo en el encuentro se puede planificar el futuro.
Dirijo mi saludo a todos vosotros, procedentes de Italia y de otros países. Saludo a los peregrinos de Split, de Varsovia —hay muchos polacos, veo las banderas— y de Mérida, en Badajoz (España), así como a los de Ascoli Piceno, Montesilvano y Gela, al grupo de la Escuela "Ángel de la Guarda" de Alessandria, al de la Juventud Ardiente Mariana de Roma y a los miembros de la Asociación Católica de Psicología.
En estos días, mientras rezamos en particular por la unidad plena de todos los cristianos, no nos olvidemos, por favor, de invocar la paz para la martirizada Ucrania: ¡que el Señor consuele y sostenga a ese pueblo que tanto sufre! ¡Sufre mucho!
Os deseo a todos un feliz domingo. También a los chicos de la Inmaculada. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En la Liturgia de hoy se proclaman las bienaventuranzas según el Evangelio de Mateo (cfr. Mt 5,1-12). La primera es fundamental y dice así: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos» (v. 3).
¿Quiénes son los “pobres de espíritu”? Son aquellos que saben que no se bastan consigo mismos, que no son autosuficientes, y viven como “mendicantes de Dios”: se sienten necesitados de Dios y reconocen que el bien viene de Él, como don, como gracia. Quien es pobre de espíritu atesora lo que recibe; por eso desea que ningún don se desperdicie. Hoy quisiera detenerme sobre este aspecto típico de los pobres de espíritu: no desperdiciar. Los pobres en espíritu buscan no desperdiciar nada. Jesús nos muestra la importancia de no desperdiciar, por ejemplo, después de la multiplicación de los panes y de los peces, cuando pide que se recoja la comida que ha sobrado para que nada se pierda (cfr. Jn 6,12). No desperdiciar nos permite apreciar el valor de nosotros mismos, de las personas y de las cosas. Pero lamentablemente es un principio a menudo desatendido, sobre todo en las sociedades más ricas, en las que domina la cultura del derroche y la cultura del descarte: ambas son una peste. Quisiera proponeros tres desafíos contra la mentalidad del derroche y del descarte.
Primer desafío: no desperdiciar el don que nosotros somos. Cada uno de nosotros es un bien, independientemente de las cualidades que tiene. Cada mujer, cada hombre es rico no solo de talentos, sino de dignidad, es amado por Dios, vale, es valioso. Jesús nos recuerda que somos bienaventurados no por lo que tenemos, sino por lo que somos. Y cuando una persona se deja ir y se abandona, se desperdicia a sí misma. Luchemos, con la ayuda de Dios, contra la tentación de considerarnos inadecuados, equivocados, y de compadecernos a nosotros mismos.
Después, segundo desafío: no desperdiciar los dones que tenemos. Resulta que en el mundo cada año se desperdicia cerca de un tercio de la producción total de alimentos. ¡Y esto mientras muchos mueren de hambre! Los recursos de la creación no se pueden usar así; los bienes deben ser custodiados y compartidos, de forma que a nadie le falte lo necesario. ¡No malgastemos lo que tenemos, difundamos una ecología de la justicia y de la caridad, del compartir!
Finalmente, tercer desafío: no descartar a las personas. La cultura del descarte dice: te uso hasta que me sirves; cuando ya no me intereses o seas un obstáculo para mí, te tiro. Y se tratan así especialmente a los más frágiles: los niños todavía no nacidos, los ancianos, los necesitados y los desfavorecidos. Pero las personas no se pueden tirar, ¡los desfavorecidos no se pueden tirar! Cada uno es un don sagrado, y cada uno es un don único, a cualquier edad y en cualquier condición. ¡Respetemos y promovamos la vida siempre! ¡No descartemos la vida!
Queridos hermanos y hermanas, planteémonos algunas preguntas. En primer lugar, ¿cómo vivo la pobreza de espíritu? ¿Sé hacer espacio a Dios, creo que Él es mi bien, mi verdadera y gran riqueza? ¿Creo que Él me ama o me dejo ir con tristeza, olvidando que soy un don? Y también: ¿estoy atento a no desperdiciar, soy responsable en el uso de las cosas, de los bienes? ¿Y estoy dispuesto a compartirlos con los otros o soy un egoísta? Finalmente: ¿considero a los más frágiles como dones valiosos que Dios me pide que custodie? ¿Me acuerdo de los pobres, de quién está privado de lo necesario?
Que nos ayude María, Mujer de las bienaventuranzas, a testimoniar la alegría de que la vida es un don y la belleza de hacernos don.
Después del Ángelus
¡Queridos hermanos y hermanas!
Con gran dolor recibo las noticias que llegan desde Tierra Santa, en particular de la muerte de diez palestinos, entre los cuales una mujer, muertos durante las acciones militares israelíes de antiterrorismo en Palestina; y de lo sucedido cerca de Jerusalén el viernes por la noche, cuando un palestino mató a siete judíos israelíes y otro hirió a tres a la salida de la sinagoga. La espiral de muerte que aumenta cada día no hace otra cosa que cerrar los pocos destellos de confianza que hay entre los dos pueblos. Desde el inicio del año decenas de palestinos han muerto en los tiroteos con el ejército israelí. Hago un llamamiento a los dos Gobiernos y a la Comunidad internacional, para que se encuentren, enseguida y sin demora, otros caminos, que incluyan el diálogo y la búsqueda sincera de la paz. ¡Recemos por esto, hermanos y hermanas!
Renuevo mi llamamiento por la grave situación humanitaria en el corredor de Lachín, en el Cáucaso Meridional. Estoy cerca de todos aquellos que, en pleno invierno, están obligados a hacer frente a estas condiciones deshumanas. Es necesario realizar todo esfuerzo a nivel internacional para encontrar soluciones pacíficas por el bien de las personas.
Se celebra hoy la 70ª Jornada mundial de los enfermos de lepra. Lamentablemente, el estigma vinculado a esta enfermedad sigue provocando graves violaciones de los derechos humanos en distintas partes del mundo. Expreso mi cercanía a los que la sufren y aliento al empeño por la plena integración de estos hermanos y hermanas nuestros.
Dirijo mi saludo a todos vosotros, venidos desde Italia y de otros países. Saludo al grupo de quinceañeras de Panamá y a los estudiantes de Badajoz, en España. Saludo a los peregrinos de Moiano y Monteleone de Orvieto, a los de Acqui Terme y a los chicos del grupo Agesci Cercola Primo.
¡Y ahora con gran afecto saludo a los chicos y las chicas de Acción Católica de la diócesis de Roma! Habéis venido en la “Caravana de la Paz”. Os doy las gracias por esta iniciativa, más valiosa este año porque, pensando en la martirizada Ucrania, nuestro esfuerzo y nuestra oración por la paz deben ser todavía más fuertes. Pensemos en Ucrania y recemos por el pueblo ucraniano, tan maltratado. Escuchemos ahora el mensaje que vuestros amigos, aquí junto a mí, nos leerán.
[Lectura del mensaje]
Queridos hermanos y hermanas, pasado mañana partiré para un viaje apostólico en la República Democrática del Congo y en la República de Sudán del Sur. Doy las gracias a las autoridades civiles y a los obispos locales por las invitaciones y por los preparativos de estas visitas, saludo con afecto a esas queridas poblaciones que me esperan.
Esas tierras están probadas por largos conflictos: la República Democrática del Congo sufre, sobre todo en el este del país, por los enfrentamientos armados y por la explotación; mientras que Sudán del Sur, desgarrado por años de guerra, no ve la hora de que terminen las violencias constantes que obligan a tantas personas a vivir desplazadas y en condiciones de gran penuria. A Sudán del Sur llegaré con el arzobispo de Canterbury y el moderador de la Asamblea General de la Iglesia de Escocia: viviremos así juntos, como hermanos, una peregrinación ecuménica de paz.
Os pido a todos, por favor, que me acompañéis en este viaje con la oración.
Y os deseo a todos un feliz domingo. Y por favor no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.
Durante los días 28 y 29 de enero se celebró en la Real Parroquia Castrense del Santo Ángel Custodio, el 83º aniversario de la bendición y puesta al culto de la imagen de María Santísima de la Victoria, Titular de la Cofradía de la Expiración.
La imagen fue bendecida el 28 de enero de 1940 con el nombre de Nuestra Madre María Santísima de la Victoria. Por ello la Cofradía, en los últimos años, celebra con orgullo el aniversario de su Titular con una serie de actos en torno a la Madre de Dios en su advocación de Victoria.
El pasado martes 31 de enero, la Agrupación de Apoyo Logístico nº81 de la isla de Tenerife también celebró los actos en honor de San Juan Bosco, patrón de los Especialistas, de la Logística del Ejército de Tierra, que hace un par de meses fue declarado también patrón de las Brigadas Logísticas del Ejército de Tierra.
El pasado 31 de enero, festividad de San Juan Bosco, Patrón de la Brigada Logística y de los Especialistas del Ejército de Tierra, se celebró en la Basílica-Catedral de Nuestra Señora del Pilar, una ofrenda a la Virgen que comenzó con la lectura de la misma por parte del General Jefe de la Brigada Logística, y a continuación se realizó la ofrenda floral a los pies de la Virgen.
Con motivo de la celebración de Nuestra Señora del Monte Carmelo, en el 125.º aniversario de su patronazgo sobre la Armada, se llevó a cabo la
...Entre los días 9 y 12 de julio ha tenido lugar en Guadarrama el Encuentro Nacional de Delegados de Familia y Vida. Este año, la reflexión ha girado en
...Con motivo del 125 Aniversario de la proclamación de Nuestra Señora la Santísima Virgen del Carmen como Patrona de la Armada, se ha celebrado esta
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