El Ordinario Castrense, D. Carlos Jesús Montes Herreros, presidió hoy la Eucaristía en la Catedral de las Fuerzas Armadas con la que se inauguraba la fase de preparación de los nuevos capellanes.
Noticia publicada en el www.heraldo.es
La idea surgió de Antonio Usieto, comandante de la Guardia Civil y exjefe de los Grupos de Rescate de Montaña de Huesca, y fue aplaudida también por el General Jefe de la Brigada Javier Mur Lalaguna, ambos oscenses.
En el dia de ayer nuestro hermano Jesus Castro Guardia Civil falleció en acto de servicio cuando se dirigía a prestar auxilio en un accidente.
Desde este Arzobispado Castrense, elevamos oraciones por su eterno descanso. DEP.
En Catedral de Valladolid, y para toda la Plaza, hemos celebrado el Sacramento de la Confirmación.
Hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil que durante estos últimos años han caminado juntos recibiendo la catequesis en la Comandancia del Cuerpo. En esta última etapa por los capellanes Ramón y Mario.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Evangelio de la Liturgia de hoy, Jesús sigue predicando a la gente que ha visto el prodigio de la multiplicación de los panes. E invita a esas personas a dar un salto de calidad: después de haber recordado el maná, con el que Dios había saciado el hambre a los padres a lo largo del camino a través del desierto, ahora aplica el símbolo del pan a sí mismo. Dice claramente: «Yo soy el pan de la vida» (Jn 6,48).
¿Qué significa pan de la vida? Para vivir se necesita el pan. Quien tiene hambre no pide comidas refinadas y caras, pide pan. Quien no tiene trabajo no pide sueldos altos, sino el “pan” de un empleo. Jesús se revela como el pan, es decir lo esencial, lo necesario para la vida de cada día, sin Él no funciona. No un pan entre muchos otros, sino el pan de la vida. En otras palabras, nosotros, sin Él, más que vivir, sobrevivimos: porque solo Él nos nutre el alma, solo Él nos perdona de ese mal que solos no conseguimos superar, solo Él nos hace sentir amados aunque todos nos decepcionen, solo Él nos da la fuerza de amar, solo Él nos da la fuerza de perdonar en las dificultades, solo Él da al corazón esa paz que busca, solo Él da la vida para siempre cuando la vida aquí en la tierra se acaba. Y el pan esencial de la vida.
“Yo soy el pan de la vida”, dice. Permanecemos sobre esta bonita imagen de Jesús. Habría podido hacer un razonamiento, una demostración, pero – lo sabemos – Jesús habla en parábolas, y en esta expresión: “Yo soy el pan de la vida”, resume verdaderamente todo su ser y toda su misión. Esto se verá plenamente al final, en la Última Cena. Jesús sabe que el Padre le pide no solo dar de comer a la gente, sino darse a sí mismo, partirse a sí mismo, la propia vida, la propia carne, el propio corazón para que nosotros podamos tener la vida. Estas palabras del Señor despiertan en nosotros el estupor por el don de la Eucaristía. Nadie en este mundo, por mucho que ame a otra persona, puede hacerse alimento para ella. Dios lo ha hecho, y lo hace, por nosotros. Renovemos este estupor. Hagámoslo adorando el Pan de vida, porque la adoración llena la vida de estupor.
En el Evangelio, sin embargo, en vez de asombrarse, la gente se escandaliza, se rasga las vestiduras. Piensan: “¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?” (cfr vv. 41-42). También nosotros quizá nos escandalizamos: nos sería más cómodo un Dios que está en el Cielo sin entrometerse en nuestra vida, mientras nosotros podemos gestionar los asuntos de aquí abajo. Sin embargo Dios se ha hecho hombre para entrar en lo concreto del mundo, para entrar en nuestra concreción, Dios se ha hecho hombre por mí, por ti, por todos nosotros, para entrar en nuestra vida. Y le interesa todo de nuestra vida. Podemos hablarle de los afectos, el trabajo, la jornada, los dolores, las angustias, muchas cosas. Le podemos decir todo porque Jesús desea esta intimidad con nosotros. ¿Qué no desea? Ser relegado a segundo plano – Él que es el pan- ser descuidado y dejado de lado, o llamado solo cuando tenemos necesidad.
Yo soy el pan de la vida. Al menos una vez al día nos encontramos comiendo juntos; quizá por la noche, en familia, después de una jornada de trabajo o de estudio. Sería bonito, antes de partir el pan, invitar a Jesús, pan de vida, pidiéndole con sencillez que bendiga lo que hemos hecho y lo que no hemos conseguido hacer. Invitémosle a casa, recemos de forma “doméstica”. Jesús estará en la mesa con nosotros y seremos alimentados por un amor más grande.
La Virgen María, en la cual el Verbo se ha hecho carne, nos ayude a crecer día tras día en la amistad de Jesús, pan de vida.
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Después del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas,
os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de varios países: familias, grupos parroquiales, asociaciones y fieles. En particular, saludo al grupo de la pastoral juvenil de Verona, los jóvenes de Crevalcore, como también a los jóvenes de Scandiano y los de las casas salesianas de Triveneto que han llegado a Roma en bicicleta. ¡Muy bien, felicidades!
Os deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!
En los días previos a la festividad de Ntra. Sra., del Carmen, se celebró un Tríduo en la Parroquia Castrense Santa Margarita (Palma). En la víspera, la Dotación de la Estación Naval del Puerto de Sóller, celebró a la Patrona de la Armada, con una Eucaristía, aunque no se pudo celebrar la tradicional procesión por su bella bahía, dada la situación Covid-19.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La escena inicial del Evangelio en la liturgia de hoy (cf. Jn 6,24-35) nos muestra algunas barcas que se dirigen hacia Cafarnaúm: la multitud está yendo a buscar a Jesús. Podríamos pensar que sea algo muy bueno, sin embargo, el Evangelio nos enseña que no basta con buscar a Dios, también hay que preguntarse por qué lo buscamos. De hecho, Jesús dice: "Vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado". La gente, efectivamente, había asistido al prodigio de la multiplicación de los panes, pero no había captado el significado de aquel gesto: se había quedado en el milagro exterior y se había quedado en el pan material, solamente allí, sin ir más allá, al significado.
He aquí, una primera pregunta que podemos hacernos: ¿Por qué buscamos al Señor? ¿Por qué busco yo al Señor?¿Cuáles son las motivaciones de mi de, de nuestra fe? Necesitamos discernirlo porque entre las muchas tentaciones que tenemos en la vida, entre las tantas tentaciones hay una que podríamos llamar tentación idolátrica. Es la que nos impulsa a buscar a Dios para nuestro propio provecho, para resolver los problemas, para tener gracias a Él lo que no podemos conseguir por nosotros mismos, por interés. Pero así, la fe es superficial y -me permito la palabra- la fe es milagrera: buscamos a Dios para que nos alimente y luego nos olvidamos de Él cuando estamos satisfechos. En el centro de esta fe inmadura no está Dios, sino nuestras necesidades. Pienso en nuestros intereses, en tantas cosas...Es justo presentar nuestras necesidades al corazón de Dios, pero el Señor, que actúa mucho más allá de nuestras expectativas, desea vivir con nosotros ante todo en una relación de amor. Y el verdadero amor es desinteresado, es gratuito: ¡no se ama para recibir un favor a cambio! Eso es interés; y tantas veces en la vida somos interesados.
Nos puede ayudar una segunda pregunta que la multitud dirige a Jesús: "¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios? (v. 28). Es como si la gente, provocada por Jesús, dijera: "¿Cómo podemos purificar nuestra búsqueda de Dios?, ¿Cómo pasar de una fe mágica, que sólo piensa en las propias necesidades, a la fe que agrada a Dios?". Y Jesús indica el camino: responde que la obra de Dios es acoger a quien el Padre ha enviado, es decir, acogerle a Él mismo, a Jesús. No es añadir prácticas religiosas u observar preceptos especiales; es acoger a Jesús, es acogerlo en la vida y vivir una historia de amor con Jesús. Será Él quien purifique nuestra fe. No podemos hacerlo por nosotros mismos. Pero el Señor desea una relación de amor con nosotros: antes de las cosas que recibimos y hacemos, está Él para amar. Hay una relación con Él que va más allá de la lógica del interés y del cálculo.
Esto es así con respecto a Dios, pero también en nuestras relaciones humanas y sociales: cuando buscamos sobre todo la satisfacción de nuestras necesidades, corremos el riesgo de utilizar a las personas y explotar las situaciones para nuestros fines. Cuántas veces hemos escuchado de una persona: “Pero esta usa a la gente y luego se olvida” Usar a las personas por el interés proprio. Está muy mal. Y una sociedad cuyo centro sean los intereses en lugar de las personas es una sociedad que no genera vida. La invitación del Evangelio es ésta: en lugar de preocuparnos sólo por el pan material que nos quita el hambre, acojamos a Jesús como pan de vida y, a partir de nuestra amistad con Él, aprendamos a amarnos entre nosotros. Con gratuidad y sin cálculo. Amor gratuito y sin cálculos, sin usar a la gente, con gratuidad, con generosidad, con magnanimidad.
Recemos ahora a la Virgen Santa, a la que vivió la más bella historia de amor con Dios, para que nos dé la gracia de abrirnos al encuentro con su Hijo.
Después del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas
Saludo de todo corazón a todos vosotros, fieles de Roma y peregrinos de diversos países.
Este domingo, en particular, tengo la alegría de saludar a varios grupos de jóvenes: los de Zoppola, en la diócesis de Concordia-Pordenone, los de Bolonia, que han recorrido la Vía Francigena desde Orvieto hasta Roma, los del campamento itinerante organizado en Roma por las Hermanas Pías Discípulas del Divino Maestro.
También saludo con afecto a los jóvenes y educadores del grupo "Dopo di Noi" de Villa Iris de Gradiscutta di Varmo, en la provincia de Udine. Y veo algunas banderas peruanas y os saludo a vosotros peruanos, que tenéis un nuevo presidente. ¡Que el Señor bendiga siempre vuestro país!
Os deseo a todos un buen domingo y un mes de agosto sereno... demasiado caluroso, ¡pero que sea sereno!
Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí.¡Buen almuerzo y hasta pronto!
El pasado 16 de Julio la Fragata Navarra (F 85) se engalanaba por dos motivos importantes, en primer lugar porque celebrábamos nuestra patrona la Virgen del Carmen y en segundo lugar porque recibimos la visita de nuestro JEMAD el Almirante General Teodoro López Calderón para tal ocasión.
Durante su visita, estuvo acompañado por el comandante del Mando de Operaciones Teniente General Francisco Braco Carbó y el embajador de España en Etiopía, Yibuti y Seychelles don Manuel Salazar Palma.
Con motivo de la celebración de Nuestra Señora del Monte Carmelo, en el 125.º aniversario de su patronazgo sobre la Armada, se llevó a cabo la
...Entre los días 9 y 12 de julio ha tenido lugar en Guadarrama el Encuentro Nacional de Delegados de Familia y Vida. Este año, la reflexión ha girado en
...Con motivo del 125 Aniversario de la proclamación de Nuestra Señora la Santísima Virgen del Carmen como Patrona de la Armada, se ha celebrado esta
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