free joomla extensions

        

 900px Escudo de España mazonado.svg    et    armada    escudo ejercito del aire    EscudoGuardiaCivil.svg    National Police Corps of Spain Badge.svg

Cabecera Noticia Arzobispado

 

Noticias del Arzobispado Castrense

EL ÚLTIMO MARINERO DE REEMPLAZO QUE SIGUE HACIENDO LA MILI

Juan-Manuel Igualada Durán, 27 años en Estado Vegetativo Persistente

La imagen marinera de Juanma parece perpetuarse en una fatídica jornada acaecida en medio de sus juveniles y florecientes 19 años cuando cumplía el servicio militar en la Armada.

Estaba entonces destinado en Ferrol, lejos de su Cuenca natal, y en cierta ocasión con unos cuantos compañeros fue comisionado para realizar unas maniobras militares, un simulacro, a la comunidad de Madrid, a Santorcaz; el vehículo donde era transportado sufrió un accidente y el cuerpo del joven soldado, consecuencia de ese nefasto percance, quedó atrapado en un preciso momento, como acrisolado, como si sus funciones humanas y vitales fuesen metamorfoseadas propiamente en un vegetal.

Le llevaron enseguida al Hospital Central de la Defensa “Gómez Ulla” y aquí sigue, 27 años después, alargando ese estado fatal de manera ininterrumpida.

Fue en este hospital donde tras ser observado minuciosamente le descubrieron unas lesiones cerebrales muy graves, lo suficientemente serias para diagnosticar que se encontraba en “estado vegetativo persistente” (EVP), expresión científica más o menos afortunada que desde 1972 se refiere a pacientes que mantienen sus funciones cardiovasculares, respiratorias, renales, termorreguladoras y endocrinas, así como la alternancia sueño-vigilia, pero que no muestran ningún tipo de contacto con el medio externo y ninguna actividad voluntaria. El diagnóstico efectivamente conlleva una observación detalladísima pues obliga a descartar actividades que impliquen intencionalidad o contacto con el entorno exterior, para lo cual se valoran un sin fin de circunstancias. El adjetivo persistente lo que hace es añadir una connotación temporal para diferenciarlo de los estados vegetativos transitorios, en cualquier caso, si se admite que un mes es el tiempo requerido para que un estado vegetativo se convierta en persistente, casi 28 años lo avalan rotundamente.

Indudablemente una persona en EVP configura una situación clínica especialmente delicada no solamente desde una vertiente médica, sino también moral, legal y, por supuesto, religiosa.

A Juanma los profesionales del hospital lo han tratado y lo siguen tratando con especial cuidado, simpatía y cariño, algo que excede al tratamiento que requiere su peculiar enfermedad, y ese trato no se limita al personal sanitario, sino a todos aquellos que por una u otra razón ofrecen sus servicios en la planta y en la habitación del enfermo. No obstante hay una persona que emerge sin duda alguna sobre todas y, es muy probable, que gracias a ella se mantenga con vida tras tantos años postrado. Así lo creo, y, esa persona es su madre.

Milagros Durán López tiene cuatro hijos, Juanma es el pequeño, y es él ahora quien acapara sus cuitas, no porque sea el menor de los hermanos, sino por la tragedia que le sobrevino, aunque ella aprovecha la oportunidad que se le brinda para recordar que fue un niño la mar de sano y un joven alegre y muy saludable. Antes la madre trabajaba en casa de Antonio Saura. Le gusta recordar aquella época y cómo pasaban por la casa del pintor toda clase de artistas a cada cual más relevante: el hermano de Antonio, Carlos, el cineasta; Fernando Zobel, otro gran pintor conquense …, pero cuando aconteció el accidente no dudo ni un instante en abandonar su trabajo, dejar su vida en Cuenca y venirse a Madrid para convertirse en la más ferviente cuidadora de “su Juanma” y prodigarse por entero en su hijo, en “cuerpo y alma”, y no es una frase hecha.

En Madrid Milagros no tiene casa, le basta y le sobra con morar en la habitación hospitalaria de Juanma. Paulatinamente ese cuarto de hospital ha ido convirtiéndose en un santuario lleno de estampas de santos y de imágenes de advocaciones de la Virgen, alrededor de la cama del hijo enfermo. No falta la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, por ser la patrona de la Sanidad Militar ni la de Nuestra Señora de Guadalupe, por detalle con este servidor.

Realmente es la presencia de ese cuerpo inerme, debajo de la cruz, la que llena la estancia. Su madre desliza la cama de cuando en cuando para atrapar los rayos de sol que entran por la ventana; la menuda mujer acciona el lecho articulado en función de lo que necesita su hijo, de esa manera Juanma parece colaborar cuando la madre lo lava, lo afeita, lo unta con cremas, lo llena de colonia, todo sin parar de hablarle, en un coloquio consigo misma o en un diálogo del que sólo ella parece darse cuenta de otras voces. Nadie mejor atendido que el hijo, ninguna mejor enfermera que la madre.

En ocasiones, la familia reemplaza en sus quehaceres a Milagros, muy a su pesar, sucede cuando está muy cansada, entonces son sus otros hijos los que cuidan, también con extremada solicitud, del hermano: son Luis o Pedro-José, y María Soledad o su marido José. El caso es que nunca esté sin la familia. Cuando la matriarca no está la puerta del cuarto está cerrada, me doy cuenta porque Milagros mantiene la puerta abierta, como si sacrificase la intimidad por el orgullo de que se sepa que allí está su hijo y que ella es su madre.

El paciente combina etapas de sueño aparentes, con los ojos cerrados, alternándolos con etapas de vigilia, con los ojos abiertos, realizando en estos últimos casos oscilaciones oculares carentes de intención, independientes a cualquier estímulo. Es posible que el periodo de sueño se mude en vigilia en respuesta a estímulos intensos, quizá dolorosos, o sea, que aparece una reacción, más bien débil, que lo despierta, sin que por ello pueda apreciarse alguna actividad voluntaria. Los ojos de Juanma van de un lugar a otro, incontrolados, sin posarse en ninguna cosa, sin estímulos; asimismo y también espontáneamente se le escapan movimientos sin significado y mastica sin masticar nada, rechina lo dientes sin saberlo, o gime, medio sonríe, lanza suspiros, inspira, se le saltan las lágrimas … sin saber lo que está haciendo. Es Milagros la que lo interpreta y me cuenta lo que significa, por mucho que en el fondo, ella lo sabe, dude de tener esa facultad que se arroga, motivada más por el cariño que por la certeza. Descubro su secreto cuando se me confía y me pide con la mirada, más que con palabras, que le dé la razón o una respuesta a tanta confusión.

Una vez llevé conmigo al Arzobispo castrense para que visitara a Juanma, no fue la única ocasión que D. Juan del Río lo hiciera porque enseguida lo tomó por costumbre y, cuando acudía al hospital procuraba no faltar a esa cita, si no le era posible me mandaba su bendición y recuerdo para Juanma y para su madre. Me acuerdo perfectamente de ese primer día en el cual el prelado se encontró con Juanma, y no es para menos porque Milagros me lo recuerda una y otra vez, de cómo “sin miramiento alguno, pero sí con mucho sentimiento le besó los pies a su hijo”; la madre se quedó sobre todo con ese gesto, “porque ningún señorcura había llegado a tanto”. Hace unos meses vino por última vez el Arzobispo al hospital por sentirse enfermo y no pudo acudir a la cita al ser diagnosticado de Covid, naturalmente no procedía visita alguna a los enfermos; desde luego que no procedía porque a los pocos días el Señor se lo llevó. Milagros lo sintió profundamente.

No dejo de preguntarme cuando estoy delante de Juanma sobre las mismas preguntas que Milagros se hace a cada rato: ¿cuáles son los sentimientos de su hijo?, ¿será consciente de dónde está y de lo que le ha ocurrido?

El murmullo que le dedica constantemente su madre se empeña en recrear de nuevo el pasado de Juanma: su niñez, su juventud hasta que devino la tragedia, y lo hace para que no lo olvide, para que sepa quién es; también le cuenta dónde está y las noticias que le llegan del tiempo presente …, pero ¿servirá de algo? Yo creo, o lo creo porque me gustaría, que Juanma tiene que notar al menos esa abnegada y dulce presencia materna, quizá también la cercanía de sus hermanos y los cuidados permanentes que le ofrece el personal del hospital …

Milagros ante tantas cuestiones sin respuesta pone su confianza en el Señor de la Vida, pidiéndole ahora no tanto que sane a su hijo, sino que “se lo conserve”. Jamás he oído de su labios aquello de “mejor sería que en tales circunstancias se lo llevara Dios” pues no me parece una oración cristiana y ella lo es y lo es a mucha honra, además “qué haría ella entonces sin su Juanma”.

En estos tiempos convulsos en los cuales se debate sobre el final de la vida natural y se quiere gestionar legalmente sobre formas alternativas y artificiales de la muerte, pienso sinceramente que el testimonio de Juanma y su entorno, tanto familiar como hospitalario, son sumamente esclarecedores: el testimonio de “un joven de casi 48 años”, Juan Manuel Igualada Durán, paciente ingresado en este hospital hace más de 27 que, para ser preciso, son los mismos años, que como soldado de reemplazo lleva sirviendo en la Armada.

Pater Julián ESTEBAN SERRANO, H.C.D. “GÓMEZ ULLA”
DELEGADO EPISCOPAL CASTRENSE DE PASTORAL SANITARIA​

Roma

Capellanes Santos y Ejemplares

Homilias

Causa Padre Huidobro

Estampita Padre Huidobro

Volver