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Festividad del Carmen en el Puerto de Yibuti

El pasado 16 de Julio la Fragata Navarra (F 85) se engalanaba por dos motivos importantes, en primer lugar porque celebrábamos nuestra patrona la Virgen del Carmen y en segundo lugar porque recibimos la visita de nuestro JEMAD el Almirante General Teodoro López Calderón para tal ocasión.

Durante su visita, estuvo acompañado por el comandante del Mando de Operaciones Teniente General Francisco Braco Carbó y el embajador de España en Etiopía, Yibuti y Seychelles don Manuel Salazar Palma.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de la Liturgia de este domingo narra el célebre episodio de la multiplicación de los panes y los peces, con los que Jesús sacia el hambre de cerca de cinco mil personas que se habían congregado para escucharlo (cf. Jn 6,1-15). Es interesante ver cómo ocurre este prodigio: Jesús no crea los panes y los peces de la nada, no, sino que obra a partir de lo que le traen los discípulos. Dice uno de ellos: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es esto para tantos?» (v. 9). Es poco, no es nada, pero le basta a Jesús.

Tratemos ahora de ponernos en el lugar de ese muchacho. Los discípulos le piden que comparta todo lo que tiene para comer. Parece una propuesta sin sentido, es más, injusta. ¿Por qué privar a una persona, sobre todo a un muchacho, de lo que ha traído de casa y tiene derecho a quedárselo para sí? ¿Por qué quitarle a uno lo que en cualquier caso no es suficiente para saciar a todos? Humanamente es ilógico. Pero no para Dios. De hecho, gracias a ese pequeño don gratuito y, por tanto, heroico, Jesús puede saciar a todos. Es una gran lección para nosotros. Nos dice que el Señor puede hacer mucho con lo poco que ponemos a su disposición. Sería bueno preguntarnos todos los días: “¿Qué le llevo hoy a Jesús?”. Él puede hacer mucho con una oración nuestra, con un gesto nuestro de caridad hacia los demás, incluso con nuestra miseria entregada a su misericordia. Nuestras pequeñeces a Jesús, y Él hace milagros. A Dios le encanta actuar así: hace grandes cosas a partir de las pequeñas, de las gratuitas.

Todos los grandes protagonistas de la Biblia, desde Abrahán hasta María y el muchacho de hoy, muestran esta lógica de la pequeñez y del don. La lógica del don es muy diferente de la nuestra. Nosotros tratamos de acumular y aumentar lo que tenemos; Jesús, en cambio, pide dar, disminuir. Nos encanta añadir, nos gustan las adiciones; a Jesús le gustan las sustracciones, quitar algo para dárselo a los demás. Queremos multiplicar para nosotros; Jesús aprecia cuando dividimos con los demás, cuando compartimos. Es curioso que en los relatos de la multiplicación de los panes presentes en los Evangelios no aparezca nunca el verbo “multiplicar”. Es más, los verbos utilizados son de signo opuesto: “partir”, “dar”, “distribuir” (cf. v. 11; Mt 14,19; Mc 6,41; Lc 9,16). Pero no se usa el verbo “multiplicar”. El verdadero milagro, dice Jesús, no es la multiplicación que produce orgullo y poder, sino la división, el compartir, que aumenta el amor y permite que Dios haga prodigios. Probemos a compartir más, probemos a seguir este camino que nos enseña Jesús.

Tampoco hoy la multiplicación de los bienes resuelve los problemas sin una justa distribución. Me viene a la mente la tragedia del hambre, que afecta especialmente a los niños. Se ha calculado —oficialmente— que alrededor de siete mil niños menores de cinco años mueren a diario en el mundo por motivos de desnutrición, porque carecen de lo necesario para vivir. Ante escándalos como estos, Jesús nos dirige también a nosotros una invitación, una invitación similar a la que probablemente recibió el muchacho del Evangelio, que no tiene nombre y en el que todos podemos vernos: “Ánimo, da lo poco que tienes, tus talentos y tus bienes, ponlos a disposición de Jesús y de los hermanos. No temas, nada se perderá, porque, si compartes, Dios multiplica. Echa fuera la falsa modestia de sentirte inadecuado, ten confianza. Cree en el amor, cree en el poder del servicio, cree en el poder de la gratuidad”.

Que la Virgen María, que dijo “sí” a la inaudita propuesta de Dios, nos ayude a abrir nuestros corazones a las invitaciones de Dios y a las necesidades de los demás.


Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Acabamos de celebrar la Liturgia con motivo de la Primera Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores. ¡Un aplauso a todos los abuelos, a todos! Abuelos y nietos, jóvenes y viejos juntos han manifestado uno de los rostros bellos de la Iglesia y han mostrado la alianza entre generaciones. Invito a celebrar esta Jornada en todas las comunidades y a visitar a los abuelos y a los ancianos, a los que están más solos, para entregarles mi mensaje, inspirado en la promesa de Jesús: “Yo estoy contigo todos los días”. Le pido al Señor que esta fiesta nos ayude a los más entrados en años a responder a su llamamiento en esta etapa de la vida, y muestre a la sociedad el valor de la presencia de los abuelos y los ancianos, especialmente en esta cultura del descarte. Los abuelos necesitan a los jóvenes y los jóvenes necesitan a los abuelos: ¡tienen que hablar, tienen que encontrarse! Los abuelos tienen la savia de la historia que sube y da fuerza al árbol que crece. Me viene a la mente —creo que ya lo he citado— ese pasaje de un poeta: “lo que el árbol tiene de florido, vive de lo que tiene sepultado”. Sin diálogo entre jóvenes y abuelos, la historia no sigue, la vida no sigue: hay que retomar esto, es un desafío para nuestra cultura. Los abuelos tienen derecho a soñar mirando miran a los jóvenes, y los jóvenes tienen derecho al coraje de la profecía tomando la savia de sus abuelos. Por favor, haced esto: encontrar abuelos y jóvenes y hablar, dialogar. Y hará felices a todos.

En los últimos días, lluvias torrenciales han azotado la ciudad de Zhengzhou y la provincia de Henan, en China, provocando devastadoras inundaciones. Rezo por las víctimas y sus familias, y expreso mi cercanía y solidaridad a todos los que sufren esta calamidad.

El pasado viernes se inauguraron en Tokio los 32 Juegos Olímpicos. Que en esta época de pandemia, los Juegos sean un signo de esperanza, un signo de hermandad universal conforme a un sano agonismo. ¡Dios bendiga a los organizadores, a los atletas y a todos los que colaboran en esta gran fiesta del deporte!

Os saludo cordialmente a todos vosotros, romanos y peregrinos. En particular, saludo al grupo de abuelos de Rovigo —¡gracias por venir!—; a los jóvenes de Albinea que recorrieron la Vía Francígena desde Emilia a Roma; y a los participantes en el “Rally di Roma Capitale”. Saludo también a la comunidad del Cenáculo. Os deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto! ¡Felicitaciones por la aprobación definitiva, muchachos de la Inmaculada!

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Fiesta de la Virgen del Carmen

El pasado día 15 de julio, vísperas de la festividad de la Virgen del Carmen, la Jefatura de la 41 Escuadrilla de Escoltas de la base naval de Rota, celebró su fiesta a bordo de la fragata Santa María.

Confirmaciones en Rota

El pasado día 3 de julio, un grupo de jóvenes y adultos recibieron el sacramento de la confirmación en la parroquia de la base naval de Rota.

Firma de acuerdo histórico

FRANCISCO ROMERO ZAFRA

LA GUBIA QUE ESCULPIRÁ LA DOLOROSA DE LA CONGREGACIÓN DEL CRISTO DE LOS ALABARDEROS.

El pasado viernes 9 de junio del presente, la ciudad de Córdoba fue testigo de la firma de un acuerdo histórico entre el imaginero victoreño D. Francisco Romero Zafra y la Real Congregación del Cristo de los Alabarderos. El taller del prestigioso artista acogió a una reducida representación de la Congregación, encabezada por su Hermano Mayor el Teniente Coronel D. Luis Alfonso Choya, y engrosada por su asistente religioso, el capellán castrense D. Iván Manuel Cote Benitez, y el mayordomo de la misma, D. Antonio Calahorro. Esta firma compromete al imaginero cordobés a entregar para mayo del próximo año la ansiada imagen titular mariana de la corporación, María Santísima Inmaculada Reina de los Ángeles.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La actitud de Jesús que observamos en el Evangelio de la Liturgia de hoy (Mc 6,30-34) nos ayuda a comprender dos aspectos importantes de la vida. El primero es el descanso. A los Apóstoles que regresan de las fatigas de la misión y, con entusiasmo, se ponen a contar todo lo que han hecho, Jesús les dirige con ternura una invitación: «Venid vosotros solos a un lugar desierto, para descansar un poco» (v. 31). Les invita al descanso.

Haciendo esto, Jesús nos da una valiosa enseñanza. A pesar de que se alegra de ver a sus discípulos contentos por los prodigios de su predicación, no se alarga en felicitaciones y preguntas, sino que se preocupa de su cansancio físico e interior. ¿Y por qué hace esto? Porque quiere ponerles en guardia contra un peligro que está siempre al acecho, también para nosotros: el peligro de dejarse llevar por el frenesí del hacer, de caer en la trampa del activismo, en el que lo más importante son los resultados que obtenemos y el sentirnos protagonistas absolutos. Cuántas veces sucede también en la Iglesia: estamos atareados, vamos deprisa, pensamos que todo depende de nosotros y, al final, corremos el riesgo de descuidar a Jesús y ponernos siempre nosotros en el centro. Por eso Él invita a los suyos a reposar un poco en otro lugar, con Él. No se trata solo de descanso físico, sino también de descanso del corazón. Porque no basta “desconectar”, es necesario descansar de verdad. ¿Y esto cómo se hace? Para hacerlo, es preciso regresar al corazón de las cosas: detenerse, estar en silencio, rezar, para no pasar de las prisas del trabajo a las de las vacaciones. Jesús no se sustraía a las necesidades de la multitud, pero cada día, antes que nada, se retiraba en oración, en silencio, en la intimidad con el Padre. Su tierna invitación —descansad un poco— debería acompañarnos: guardémonos, hermanos y hermanas, del eficientismo, paremos la carrera frenética que dicta nuestras agendas. Aprendamos a detenernos, a apagar el teléfono móvil, a contemplar la naturaleza, a regenerarnos en el diálogo con Dios.

Sin embargo, el Evangelio narra que Jesús y los discípulos no pueden descansar como querían. La gente los encuentra y acude desde todas partes. Entonces el Señor se compadece. He aquí el segundo aspecto: la compasión, que es el estilo de Dios. El estilo de Dios es cercanía, compasión y ternura. Cuántas veces, en el Evangelio, en la Biblia, encontramos esta frase: “Tuvo compasión”.

Conmovido, Jesús se dedica a la gente y comienza a enseñar (cfr. vv. 33-34). Parece una contradicción, pero en realidad no lo es. De hecho, solo el corazón que no se deja secuestrar por la prisa es capaz de conmoverse, es decir, de no dejarse llevar por sí mismo y por las cosas que tiene que hacer, y de darse cuenta de los demás, de sus heridas, de sus necesidades. La compasión nace de la contemplación. Si aprendemos a descansar de verdad, nos hacemos capaces de compasión verdadera; si cultivamos una mirada contemplativa, llevaremos adelante nuestras actividades sin la actitud rapaz de quien quiere poseer y consumir todo; si nos mantenemos en contacto con el Señor y no anestesiamos la parte más profunda de nuestro ser, las cosas que hemos de hacer no tendrán el poder de dejarnos sin aliento y devorarnos. Necesitamos —escuchad esto—, necesitamos una “ecología del corazón” compuesta de descanso, contemplación y compasión. ¡Aprovechemos el tiempo estivo para ello! Nos ayuda mucho.

Y ahora, recemos a la Virgen, que cultivó el silencio, la oración y la contemplación, y que se conmueve siempre con ternura por nosotros, sus hijos.

Después del Ángelus

Expreso mi cercanía a las poblaciones de Alemania, Bélgica y Holanda, afectadas por catastróficos aluviones. Que el Señor acoja a los difuntos y conforte a sus familiares. Que sostenga el esfuerzo de todos para socorrer a quien ha sufrido daños graves.En esta última semana han llegado, desgraciadamente, noticias de episodios de violencia que han agravado la situación de muchos de nuestros hermanos de Sudáfrica, ya afectados por  dificultades económicas y sanitarias a causa de la pandemia. Junto con los Obispos del país, hago un apremiante llamamiento a todos los responsables para que trabajen por la paz y colaboren con las Autoridades a fin de proporcionar asistencia a los necesitados. ¡Que no se olvide el deseo que ha guiado al pueblo de Sudáfrica para renacer en la concordia entre todos sus hijos!Estoy también cerca del querido pueblo cubano en estos momentos difíciles, especialmente de las familias que más sufren. Rezo al Señor para que lo ayude a construir en paz, diálogo y solidaridad una sociedad cada vez más justa y fraterna. Exhorto a todos los cubanos a encomendarse a la protección materna de la Virgen María de la Caridad del Cobre. Ella los acompañará en este camino.Saludo a los numerosos jóvenes presentes, especialmente a los grupos del Oratorio San Antonio de Nova Siri, de la parroquia María Reina de todos los Santos de Parma, de la parroquia del Sagrado Corazón de Brescia, y del Oratorio Don Bosco de San Severo. Queridos jóvenes, ¡buen camino por la vía del Evangelio!Saludo a las novicias de las Hijas de María Auxiliadora, y a los fieles de la Unidad pastoral de Camisano y Campodoro en la Diócesis di Vicenza. Deseo saludar de corazón a los chicos del CVS de la Apulia, que están conectados con nosotros a través de la televisión.Y deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

 

 

En 1970, don Jesús Santos Calero (1938 - 2008), hijo del célebre imaginero sevillano,  don Sebastián Santos, talló una imagen de la  Virgen de Loreto, Patrona del Ejército del Aire, destinada a la Capilla de la Base Aérea de Morón. Se trata de una imagen tallada en madera, policromada y estofada, que presenta a la Virgen erguida, portando con ambos brazos al Niño, levantada al aire sobre una nube por un ángel niño, que traslada en sus manos la casa de Loreto. En la parte baja de todo el conjunto, podemos ver policromado, el escudo del Ejército del Aire.

Primeras Confirmaciones en Líbano

En la capilla de la Base española “Miguel de Cervantes” en Marjayoun, Líbano, el día doce de julio del presente año, de los cincuenta y un militares que se están preparando para recibir el sacramento de la Confirmación, además de cuatro para la Primera Comunión y dos para el Bautismo, han recibido el sacramento de la Confirmación un primer grupo de seis confirmandos.

El pasado 10 de julio se celebró en la Parroquia Castrense de San Francisco (Ferrol) una solemne Misa dentro de la cual se confirieron tres bautismos, cuatro primeras comuniones y se ungió con el Santo Crisma en la Confirmación a un total de 89 alumnos pertenecientes a los cursos de acceso a la escala de suboficiales y de militar de tropa y marinería de las Escuelas de la Armada en Ferrol, ANTONIO DE ESCAÑO y ESENGRA.

Pepe se va a Letonia

A mi buen amigo José Fernández Macías,
Capellán Castrense de la Base Aérea de Talavera la Real

y Ala 23.

Es Pepe para los amigos, aunque a mí me enseñaron que a los sacerdotes siempre se les trataba de don. Y lo he mantenido, bien lo sabe Dios, hasta que me he visto obligado por unos y por otros, por la amistad personal trabada o por la diferencia de edad en algunos casos abultada, a apearles a algunos el tratamiento.

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