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Boletín Eclesiástico 2020

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Siguiendo estrictamente las medidas impuestas por las autoridades ante el Covid-19, en esta mañana invernal de miércoles salmantino, en la capilla de la Base Aérea de Matacán, nos hemos reunido los fieles de esta comunidad castrense para orar y pedir al Padre por nuestro hermano y Pastor “D. Juan” que hace pocos días nos dejó desconsolados, pero esperanzados de que goza ya de su paz y presencia.

En la capilla en la que celebró varias veces, en las que confirmó a muchos de sus fieles y en la que hizo sentir a todos su sencillez, alegría y calor andaluz hemos sentido una vez más su presencia y cercanía. Desde el Coronel Jefe de la Base, mandos, alumnos, tropa y personal civil hemos rezado juntos por El y hemos también dado gracias al Padre por todos estos años en los que nos ha guiado como Arzobispo y Pastor preocupado por cada una de sus ovejas.

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Tras el fallecimiento del Arzobispo Castrense Don Juan del Río Martín los capellanes y fieles de la jurisdicción han ido celebrando misas y funerales por toda la geografía del territorio nacional así como iniciando la celebración de misas gregorianas en diversos templos y capellanias.+

Funerales: 

Martes 9 

  • Las Palmas 12:00 Catedral de Santa Ana presidida por el Obispo

Miercoles 10

  • Ferrol 10:30 Funeral Oficial convocado por el Almirante de Ferrol, para toda la plaza y autoridades

Viernes 12

  • Burgos 11:00

Jueves 18

  • Zaragoza 18:00

D. Carlos Jesús Montes Herreros, Vicario General de este Arzobispado, ha asumido el cargo de Ordinario Castrense tras el fallecimiento de D. Juan del Río Martín la semana pasada.

El Ordinario Castrense realizó la Profesión de Fe y Juramento de Fidelidad pertinentes ante los Jefes del Servicio de Asistencia Religiosa de las Fuerzas Armadas y de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en la capilla del Arzobispado en la mañana de hoy.

DSC 0060D. Carlos Jesús Montes Herreros ejercerá las funciones de Ordinario Castrense en virtud a lo establecido en la legislación vigente, en concreto según contempla el artículo 4 del Acuerdo entre el Estado Español y la Santa Sede sobre Asistencia Religiosa a las Fuerzas Armadas y el artículo 8 de los Estatutos del Arzobispado Castrense de España desde el mismo momento de la sede impedida o vacante.

El pasado 29 de enero, la Agrupación de Apoyo Logístico nº 81 (AALOG 81) de la Cuesta, Tenerife, celebró los actos en honor a San Juan Bosco, patrón de los Especialistas y Logísticos del Ejército de Tierra.

La celebración comenzó a las 12,15 con una Eucaristía en la capilla del Acuartelamiento en la que participó un número reducido de asistentes, encabezados por el Coronel jefe de la AALOG 81, José Luis Bragado Candil y por el Teniente Coronel Especialista más antiguo de la plaza de Tenerife. La misa fue dada por nuestro capellán castrense Marcos J. Albertos que en su homilía nos habló sobre la vida de San Juan Bosco y nos pidió cautela y responsabilidad en estos momentos duros en los que nos encontramos. En la Eucaristía se pidió por lo fieles difuntos miembros del Cuerpo de Especialistas y de Logística, y por el reciente fallecimiento del Arzobispo Castrense Don Juan del Río.

Al finalizar la misa, los asistentes se trasladaron al patio de armas del Acuartelamiento para que diera comienzo el acto militar que presidió el Teniente General Carlos Palacios Zaforteza, en el transcurso del mismo se impusieron condecoraciones al personal militar de la unidad, después el Teniente Coronel especialista más antiguo pronunció unas palabras y la ceremonia finalizó con un acto a los caídos, en el que nuestro capellán castrense rezó un responso.

Tras el acto militar, hubo un pequeño acto social en una zona al aire libre del Acuartelamiento respetando las normas sanitarias en vigor.

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La muerte no es el final

Publicaco en https://omnesmag.com por Antonio Moreno 

En los días en los que estaba prevista la asamblea anual de delegados de medios de comunicación de toda España, pospuesta a causa del recrudecimiento de la pandemia, nos llegó la triste noticia del fallecimiento del arzobispo castrense y presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal Española, Mons. Juan del Río.

La información sobre su ingreso hospitalario a causa del coronavirus nos había llegado unos días antes de la fiesta del patrón de los periodistas, San Francisco de Sales, y todos los que compartimos esta doble vocación por la comunicación y el Evangelio pudimos rezar por él en las distintas eucaristías convocadas por este motivo en las diferentes diócesis.

En los días grandes de la comunicación eclesial en España, se nos fue uno de los más grandes de la comunicación católica. Toda su vida como sacerdote, 46 años, la dedicó a esta difícil misión pastoral. Los que fuimos testigos de primera mano de su celo apostólico y periodístico no tenemos dudas: era un apasionado del Evangelio y del uso de los medios de comunicación para transmitirlo.

En una entrevista durante el confinamiento para el programa Últimas Preguntas de TVE, afirmaba que, aunque en este tiempo de pandemia los hombres y mujeres de la comunicación tengamos que narrar situaciones de dolor y de enfermedad, es necesario que salgamos a “narrar verdaderas historias de milagros, de esperanza, de buena noticia que en medio de la pandemia se están dando”.

Mientras escribo este, mi primer artículo en esta nueva apuesta comunicativa que es Omnes, no puedo dejar de dar vueltas a esa frase profética. Y es que, junto a la historia de enfermedad y dolor que nos toca contar por la muerte de Mons. Del Río, no tenemos más remedio que alegrarnos también por la buena noticia, llena de esperanza, del relanzamiento de un medio de comunicación en el que se narrarán todos esos milagros cotidianos que también suceden a nuestro alrededor en tiempos del Covid.

En aquella misma entrevista, el arzobispo hablaba de la importancia que tiene la comunicación para que la sociedad “siga creciendo en libertad y en verdad porque, si no, quedamos dominados por una cultura de la mentira”.

Y es que nadie puede considerarse informado a través solo de lo que le llega por los grupos de Whatsapp, donde cunden los bulos y las fake news. La apuesta por medios de comunicación profesionales y comprometidos con la verdad es la única forma de protegernos del virus de la desinformación que tanto daña nuestras relaciones. Por eso, este nuevo medio es tan buena noticia.

Aquí se narrarán relatos de alegría y llanto, de victorias y derrotas frente al virus, de muerte y resurrección… La historia de Dios entremezclada en la vida particular de todos y cada uno de los hombres. Hoy la muerte no es el final, como canta el himno a los caídos de las Fuerzas Armadas, sino el principio de la historia. Gracias, D. Juan, por impulsarnos a contar buenas noticias y por haber sido Buena Noticia para todos.

 

EL AUTORAntonio Moreno
Periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y
Bachiller en Ciencias Religiosas. Trabaja en la Delegación
diocesana de Medios de Comunicación de Málaga. Sus
numerosos “hilos” en Twitter sobre la fe y la vida cotidiana
tienen una gran popularidad.

Los amigos del Cielo

Artículo publicado en https://omnesmag.com por Maria José Atienza Amores

“El mensaje que navega en internet y las redes llega en el presente, pero permanecerá para el futuro iluminando la vida de personas que quizá no han nacido todavía”. Con estas palabras, llenas de fe en el futuro y en los profesionales de la información, animaba Mons. D. Juan del Río el proyecto de Omnes, que conoció de primera mano el pasado octubre.

Por eso, cuando, casi al tiempo que veía la luz el portal de información religiosa, recibíamos la noticia de su marcha al Cielo, el equipo de Omnes recordaba esas palabras, que se recogieron también en la revista impresa del pasado octubre y puedes leer aquí.

Omnes nace con un amigo más en el cielo y, en este caso, se trata de alguien que conoció de primera mano las aspiraciones, los retos y también los problemas con los que se encuentra, irremisiblemente, un proyecto de estas características.

Este extraño periodo que nos ha tocado vivir nos está colocando, frente a frente, con la vida y con la muerte, con la futilidad y la eternidad, con lo efímero y lo perdurable. Por ello, al releer las líneas que encabezan este artículo, cualquiera de quienes nos dedicamos al noble y peligroso oficio de informar hemos de tener en cuenta qué luz queremos dejar para esas personas futuras que, aunque sea por casualidad, llegarán a conocer nuestras palabras. Si lo hacen, ojalá que estás iluminen el camino hacia quien es el Verbo.

Ser corredentores con Cristo a través de nuestro trabajo que son las palabras. Hacer posible que, como recogía el Papa Francisco en su Mensaje para la Jornada de las Comunicaciones Sociales del pasado año,“por obra del Espíritu Santo cada historia, incluso la más olvidada, incluso la que parece estar escrita con los renglones más torcidos, puede volverse inspirada, puede renacer como una obra maestra, convirtiéndose en un apéndice del Evangelio”. Una tarea para todos los comunicadores pero, más evidente si como en el caso de Omnes, su objeto es, precisamente, la información ligada a la Iglesia y a la vida de los católicos en la actualidad.

En la última carta pastoral de Mons. Del Río, en la que glosaba la Fratelli Tutti, se dirigía a los militares pidiéndoles ser puente y no trinchera, a través del “cultivo de la amabilidad”, que “facilita la búsqueda de consensos, abre caminos y evita la voladura de los puentes de entendimiento. Hay personas que lo hacen y se convierten en luz en medio de la oscuridad”. En una época donde la información -también en muchos casos la información religiosa- se ha convertido en un campo de batalla, estas palabras se convierten, como poco, en una guía preclara de nuestro cometido profesional y personal.

Con don Juan en el Cielo emprendemos este largo y, ojalá fructífero, camino, que esperamos que sea también nuestra vía de santidad.

Hace poco escuchaba que “la felicidad son los amigos del Cielo” y es verdad. La vida de un cristiano, la de todos, está encaminada al amor sin límites, a la verdadera ‘caritas’, el amor en esencia, divino, del que participan quienes gozan ya de la presencia sin tiempo.

La realidad es que el Cielo se nos está llenando de tantos amigos que no podemos permitirnos el lujo de no poner todos los medios, humanos y divinos, para llegar allí.

 

EL AUTORMaria José Atienza Amores
Redactora Jefe en Omnes. Licenciada en Comunicación, con
más de 15 años de experiencia en comunicación de la Iglesia.
Ha colaborado en medios como COPE o RNE.

Dos Estrellas de Cuatro Puntas...

A la memoria del Excmo. y Rvdmo. Mons. Juan del Río Martín, Arzobispo Castrense de España

Cuando me llegó la noticia del fallecimiento de Don Juan a través de un mensaje de whatsapp del Canciller Secretario General de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, el Padre Torres, cerré los ojos al tiempo que repetía lo que ha sido máxima de mi vida hasta ahora, y espero lo siga siendo: “La voluntad de Dios sea”. La hice mía cuando se la oí a mi abuela materna el entregarle mi mujer el ramo de novia, porque, a su edad, ya no fue a nuestra boda. Y esa ha sido la voluntad de Dios: llamar a la Gloria a Don Juan. El mensaje del Padre Torres era escueto: “Don Juan ha muerto”. No hacía falta más explicación de identidad alguna. Llevábamos unos días pendientes de su estado. Cuando me enteré del ingreso escribí a mi amigo José Fernández Macías, Páter de la Base Aérea de Talavera la Real y Ala 23: “Querido Pepe, buenas noches. Cuenta con mis oraciones para pedir por una buena evolución de Don Juan del Río. Espero que estés bien. Un abrazo fuerte. Felipe Albarrán”.

Imagen1Don Juan era Don Juan. Ha habido otro Don Juan en mi vida, pero éste hace ya pronto treinta años que marchó a la Casa del Padre. Nunca lo he olvidado, como creo que me costará trabajo olvidar a Don Juan del Río. Es más, no quiero olvidarlo. Lo voy a tener presente en mis jaculatorias nocturnas, antes de entregarme al sueño, y uniré su nombre al de Don Santiago García Aracil, quien fuera mi Arzobispo. Hoy lo es otro, pero Don Santiago lo seguirá siendo, y Don Juan también. Me siento parte de la milicia.

He dicho que cerré los ojos al recibir el mensaje: “Don Juan ha muerto”. Me imaginé entonces el revuelo en la corte de “Ángeles Soldados” que sirven en el Cielo. Y hubo dos, porque uno solo no puede, que se encargaron de poner dos estrellas en la bóveda de la Casa del Padre. Dos estrellas de cuatro puntas. Dos estrellas que lucen con luz propia, y que brillan sobremanera en el firmamento. Quizá los dos no pudieron, y hubo de llamarse a un pelotón para que ayudara a ello. Normal, si las estrellas eran reflejo de la personalidad de quien estaba a punto de pasar revista a la tropa celestial.

Porque imagino que Don Juan habrá sido recibido en el Cielo al son de la Marcha de Infantes, que por algo tenía tratamiento de General de División. Y, tras ello, recibidas las novedades por parte del más antiguo de la formación de mayor grado, habrá pasado revista a cuantos le esperaban en la Casa de Todos, que así es también la Casa del Padre. Habrá podido ver y sonreír, al pasar frente a ellos, a cuantos miembros de las Fuerzas Armadas le han “precedido en el signo de la Fe y durmieron antes que él el sueño de la Paz”. Y, tras pasar revista, los habrá llamado a todos a su alrededor, y habrá comentado con cada uno qué tal se encontraban allí, en la morada deseada y ansiada, en su día, eso sí, por todos los que sabemos apreciar el relucir de las estrellas que los Ángeles, por orden de Dios, encienden cada día en la bóveda celestial. Y cuando alguno le preguntó que por qué había sido llamado ya, que los designios de la Providencia son inescrutables, cuando aún tenía años de fuelle vital por delante, con la sonrisa que lo caracterizaba, con esa tranquilidad tan suya, aprendida de tantos años de valioso sacerdocio, no se recató en la respuesta: “Quizá Dios, nuestro Capitán General, necesita un Castrense más en el Cielo”. Y quienes rodeaban a Don Juan rieron, apreciando la sencillez humana y profundidad espiritual de un hombre nacido en una tierra donde abunda la gente sencilla pero de peso moral.

Hablé con Don Juan la última vez en mayo del 2019, hace casi dos años. Fue en el último acto de investidura de Caballeros y Damas de la Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge. Un año antes había presidido la celebración litúrgica en la que fui investido Caballero de Iure Sanguinis. Era Capellán Gran Cruz de Justicia de la Constantiniana. Conocí a Don Juan hace ya bastantes años, al poco de ser nombrado yo Jefe de Protocolo de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, en 2007, con motivo de una visita que hizo a Don Santiago en Palacio, pues vino a Badajoz a ver a sus diocesanos de la Castrense. Después, varias veces más, pues no faltó a las celebraciones episcopales a las que fue invitado, la última el 15 de abril de 2019, martes Santo, asistiendo a la Misa Crismal en la que se homenajeó a Don Antonio Montero, Arzobispo emérito de Mérida-Badajoz, con motivo del quincuagésimo aniversario de su ordenación episcopal.

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Don Juan se encontraba entre sus diocesanos como pez en el agua. Así lo viví en las Confirmaciones que llevó a cabo en la iglesia de La Concepción de Badajoz, el 31 de mayo del 2017, fecha a la que corresponde una de las fotografías adjuntas. Lo saludé y me atendió con cercanía y afecto singular. Ya estaba yo tramitando mi ingreso en la Constantiniana y se alegró mucho de ello. Volvió a impresionarme su sencillez, tanto durante la celebración en sí como en el acto que se celebró después en el Palacio de la antigua Capitanía de Badajoz.

He tenido la suerte de seguir algunas de sus celebraciones, y leer sus prédicas de otras. Creo que ha sido un buen sacerdote, un mejor obispo. Creo que ha sido, por lo que sé, un sin par Castrense, sin desmerecer a los que le precedieron en el cargo. Don Juan pasa a formar parte de esa lista de “mejores” que Dios se lleva para sí. Necesitaba un Castrense en edad de ejercer todavía, que el ejército celestial precisaba de un Pastor en edad de guiar a la milicia a la que el Supremo ha sido haciendo suya, llevándosela de aquí. Él sabrá; nosotros a aceptar su voluntad, aunque a veces nos resulte difícil, humanamente hablando, comprenderla. Aunque la voluntad de Dios no es para tratar de comprenderla, no, sino para acatarla. Somos creaturas suyas, y, por ello, sometidos a sus designios.

Suena en el Cielo la Marcha de Infantes… Dos estrellas de cuatro puntas lucen como ninguna otra… Y retumba una voz que dice: “A la orden de Vuecencia, mi General… La tropa está lista para ser revistada”. Y Don Juan baja de la tarima desde la que recibe novedades y pasa por delante de sus feligreses impartiendo su Bendición. Siento, de verdad, que yo también la he recibido.

Muchas gracias, Don Juan. Hasta siempre. Permítame, mi General, que este humilde Soldado de España se despida de Su Excelencia Reverendísima y le dé su abrazo de esta forma.

 

Badajoz, domingo, 31 de enero del 2021
Festividad de San Juan Bosco,
Patrón del Cuerpo de Especialistas del Ejército de Tierra.

Felipe Benicio Albarrán Vargas-Zúñiga
Caballero de Iure Sanguinis de la Sacra y Militar Orden
Constantiniana de San Jorge. exJefe de Protocolo de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz. Medalla de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz.
Diploma Plus Ultra de la Brigada Extremadura XI.

 

Homilía en el Funeral de Mons. Juan del Rio

El pasado 30 de enero se celebró el funeral de Juan del Río Martín, Arzobispo Castrense de España, el funeral se celebró “en la intimidad”, con sus familiares y una representación de los obispos, del clero castrense y de los fieles de su arzobispado, oficiado por el presidente de la CEE, cardenal Omella y acompañado por los también cardenales Osoro, Cañizares y Blázquez, asi como el Nuncio Auza y un grupo representativo de prelados españoles, entre ellos los obispos de Ávila, Toledo, Astorga.

Antes de iniciar la eucaristía, se colocó sobre su féretro el báculo y la mitra del difunto obispo, asi como su casulla y el Evangeliario.

Destacamos algunas de las palabras pronunciadas por el Cardenal Juna José Omella:

"Este virus no perdona ni hace diferencia entre personas, condición social, religión, culturas, razas. Este virus nos ha unidos a todos en la fragilidad, nos ha recordado a todos nuestra condición vulnerable"

"Dejamos en tus manos a sus familiares, amigos y compañeros, a sus amados sacerdotes, a las Fuerzas Armadas, que lo tenían como un padre o un hermano mayor"

"Trabajó en esa hermosa labor humanitaria de poner paz y solidaridad en todos los lugares del mundo y de la sociedad"

 

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A continuación la Homilia pronunciada por El Cardenal Juan José Omella Omella, Arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal Española, en el funeral del Arzobispo Castrense de España, fallecido el pasado dia 28 de enero por coronavirus. D.E.P.

"Queridos hermanos y hermanas, todos habíamos intensificado la oración cuando tuvimos noticia de que nuestro hermano y amigo obispo Don Juan del Río, estaba enfermo. No ha sido la voluntad del Señor dejarlo un tiempo más con nosotros.

Este virus no perdona, no hace diferencias entre personas, condición social, religión, culturas, razas, etc. Este virus nos ha unido a todos en la fragilidad, nos ha recordado a todos nuestra condición vulnerable.

Queridos hermanos, la muerte es un misterio. Ante ella siempre nos hacemos preguntas como estas: ¿Por qué tenemos que morir? ¿Por qué ahora? ¿Por qué tan pronto? A esas preguntas el Señor siempre responde diciendo: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre (Jn 11,25- 26).

Hoy, como pueblo de Dios que peregrina en España, en esta celebración de la Eucaristía por el eterno descanso de nuestro hermano Mons. Juan del Río, proclamamos con fe que Cristo ha vencido a la muerte, que el Resucitado vive y está en medio de nosotros, que en Él viven también, misteriosamente pero realmente, nuestros difuntos, y que en Él viviremos para siempre. Decimos con fe viva: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor, Jesús (dela Plegaria Eucarística).

Pero en estos momentos es bueno también recordar las preciosa Palabra de Dios recogida en el libro del profeta Isaias: "No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio -oráculo del Señor-, tu Redentor es el Santo de Israel... Los pobres y los indigentes buscan agua, pero no la encuentran.... Yo, Yahvé, los escucho... Haré brotar ríos en cumbres peladas y vertientes en medio de los valles. Convertiré el desierto en lagunas y la tierra seca en manantiales. (Isaías 41:14.17.18).

Son palabras que consuelan y que nos resitúan allí donde debemos estar, en las manos de Dios. No somos dueños de casi nada, ni de la vida ni de la muerte, ni de la pastoral, ni de la labor evangelizadora. Todo está en manos del Señor y Él sabe sacar fuerza de la debilidad. Sólo nos pide que sepamos confiar en Él, abandonamos a sus manos amorosas de Padre. Por eso decimos al Señor:

«Señor, dejamos en tus manos de Padre a nuestro hermano

Juan del Río. Dale el descanso y la paz. Perdónale todos los pecados que por fragilidad haya podido cometer. Tú eres misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. Y dejamos en tus manos a sus familiares, amigos y compañeros, a todos sus amados sacerdotes de la archidiócesis castrense de España, a tantos miembros de las Fuerzas armadas y de los Cuerpos de seguridad del Estado que lo tenían como un padre o como un hermano mayor.

Dales a todos ellos tu consuelo y tu paz. Que puedan experimentar lo que nos dices en el Evangelio: 'Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera'. Y te pedimos también por la archidiócesis castrense de España, por esta Iglesia que peregrina en medio de las tormentas, del sufrimiento, de la enfermedad, de la crisis económica, de la escasez de clero, de la fragilidad y de la pobreza. Que experimente también esa paz que tú les diste a los apóstoles, cuando se vieron zarandeados por las olas en medio del lago de Galilea. Tú les dijiste: 'Hombres de poca fe, ¿por qué dudáis? ' Danos la fe y la confianza en ti, que eres quien lleva y conduce la Iglesia a buen puerto».

Mons. Juan del Río había elegido como lema episcopal unas palabras del profeta Isaías: "Opus justitiae pax" ("La obra de la justicia será la paz") (Is 32,17). Él trabajó codo a codo con las Fuerzas armadas y de los Cuerpos de seguridad del Estado en esa hermosa labor humanitaria de poner paz y solidaridad en todos los lugares del mundo y de la sociedad. Y estaba contento y orgulloso de ver que las Fuerzas armadas y de los Cuerpos de seguridad del Estado colaboran tanto en ayudar a vencer la pandemia y a paliar sufrimientos a través de la Cáritas Castrense que creó en sus años de pastoreo en este Arzobispado.

Ponemos junto al Cristo Resucitado el cuerpo de Mons. Juan del Rio, nuestro hermano querido, y le pedimos que le dé la vida definitiva y le conceda gozar eternamente en su Reino.

Y le pedimos, también, que os conceda la paz, la esperanza y el consuelo a vosotros: sus familiares y amigos, a la familia Real, a todos los miembros de las Fuerzas armadas y de los Cuerpos de seguridad del Estado. Que el Señor os recompense por todo el cariño con el que habéis acompañado a vuestro arzobispo en la salud y en la enfermedad. Gracias por vuestro testimonio y vuestra generosa entrega.

Creemos que el Redentor vive, y que hemos de resucitar del polvo de la historia, y que nuestros propios ojos le contemplarán. Éste es nuestro consuelo. Ésta es nuestra firme esperanza. Éste es el misterio luminoso, el perfume intenso, la santa sábana en la que envolvemos los restos mortales de este pastor de la Iglesia, humilde trabajador en la viña del Señor.

Y quiero acabar con unas palabras muy hermosas de San Juan de Ávila, de quien era gran devoto Mons. Juan del Río por haberlo estudiado tanto a lo largo de su vida; palabras que podemos hacer nuestras, y que nos dicen lo que ha querido ser la vida de nuestro hermano y ojalá que nos sirvan de guía para nuestras propias vidas:

«Tú, Señor, lo sabes. No me turbaron las palabras de los que de mí murmuraban, de los que mal sentían y decían de mí y de los que me contradecían, porque yo te seguía a Ti, Pastor bueno, Pastor amoroso. Después que te seguí no deseé cosas de este mundo; no busqué favores de hombres ni riquezas que los hombres suelen desear, ni otra cosa que, según hombre, pudiera procurarme y desear. Tú, Señor, lo sabes que digo verdad, cuán de buena gana dejé todo lo que tenía y todo lo que pudiera tener por seguirte a ti, Señor mío, Pastor mío, Bien mío».

Descanse en paz."

 

+ Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona
Presidente de la Conferencia Episcopal Española

 

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Causa Padre Huidobro

Estampita Padre Huidobro

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