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San Pablo nos ha recordado que «Cristo es fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (1 Co 1,24). Jesús reveló esta fuerza y esta sabiduría sobre todo con la misericordia y el perdón. No quiso hacerlo con demostraciones de fuerza o imponiendo su voz desde lo alto, ni con largos discursos o exhibiciones de una ciencia incomparable. Lo hizo dando su vida en la cruz. Reveló la sabiduría y la fuerza divina mostrándonos, hasta el final, la fidelidad del amor del Padre; la fidelidad del Dios de la Alianza, que hizo salir a su pueblo de la esclavitud y lo guio por el camino de la libertad (cf. Ex 20,1-2).

Qué fácil es caer en la trampa de pensar que debemos demostrar a los demás que somos fuertes, que somos sabios… En la trampa de fabricarnos falsas imágenes de Dios que nos den seguridad… (cf. Ex 20,4-5). En realidad, es lo contrario, todos necesitamos la fuerza y la sabiduría de Dios revelada por Jesús en la cruz. En el Calvario, Él ofreció al Padre las heridas por las cuales nosotros hemos sido curados (cf. 1 P 2,24). Aquí en Irak, cuántos de vuestros hermanos y hermanas, amigos y conciudadanos llevan las heridas de la guerra y de la violencia, heridas visibles e invisibles. La tentación es responder a estos y a otros hechos dolorosos con una fuerza humana, con una sabiduría humana. En cambio, Jesús nos muestra el camino de Dios, el que Él recorrió y en el que nos llama a seguirlo.

En el Evangelio que acabamos de escuchar (Jn 2,13-25), vemos que Jesús echó del Templo de Jerusalén a los cambistas y a todos aquellos que compraban y vendían. ¿Por qué Jesús hizo ese gesto tan fuerte, tan provocador? Lo hizo porque el Padre lo mandó a purificar el templo, no sólo el templo de piedra, sino sobre todo el de nuestro corazón. Como Jesús no toleró que la casa de su Padre se convirtiera en un mercado (cf. Jn 2,16), del mismo modo desea que nuestro corazón no sea un lugar de agitación, desorden y confusión. El corazón se limpia, se ordena, se purifica. ¿De qué? De las falsedades que lo ensucian, de la doblez de la hipocresía; todos las tenemos. Son enfermedades que lastiman el corazón, que enturbian la vida, la hacen doble. Necesitamos ser limpiados de nuestras falsas seguridades, que regatean la fe en Dios con cosas que pasan, con las conveniencias del momento. Necesitamos eliminar de nuestro corazón y de la Iglesia las nefastas sugestiones del poder y del dinero. Para limpiar el corazón necesitamos ensuciarnos las manos, sentirnos responsables y no quedarnos de brazos cruzados mientras el hermano y la hermana sufren. Pero, ¿cómo purificar el corazón? Solos no somos capaces, necesitamos a Jesús. Él tiene el poder de vencer nuestros males, de curar nuestras enfermedades, de restaurar el templo de nuestro corazón.

Para confirmar esto, como signo de su autoridad dice: «Destruyan este Templo y en tres días lo levantaré de nuevo» (v. 19). Jesucristo, sólo Él, puede purificarnos de las obras del mal, Él que murió y resucitó, Él que es el Señor. Queridos hermanos y hermanas: Dios no nos deja morir en nuestro pecado. Incluso cuando le damos la espalda, no nos abandona a nuestra propia suerte. Nos busca, nos sigue, para llamarnos al arrepentimiento y para purificarnos. «Juro por mi vida —oráculo del Señor Dios— que no me complazco en la muerte del malvado, sino en que se convierta de su mala conducta y viva» (33,11). El Señor quiere que nos salvemos y que seamos templos vivos de su amor, en la fraternidad, en el servicio y en la misericordia.

Jesús no sólo nos purifica de nuestros pecados, sino que nos hace partícipes de su misma fuerza y sabiduría. Nos libera de un modo de entender la fe, la familia, la comunidad que divide, que contrapone, que excluye, para que podamos construir una Iglesia y una sociedad abiertas a todos y solícitas hacia nuestros hermanos y hermanas más necesitados. Y al mismo tiempo nos fortalece, para que sepamos resistir a la tentación de buscar venganza, que nos hunde en una espiral de represalias sin fin. Con la fuerza del Espíritu Santo nos envía, no a hacer proselitismo, sino como sus discípulos misioneros, hombres y mujeres llamados a testimoniar que el Evangelio tiene el poder de cambiar la vida. El Resucitado nos hace instrumentos de la paz de Dios y de su misericordia, artesanos pacientes y valientes de un nuevo orden social. Así, por la potencia de Cristo y de su Espíritu, sucede lo que profetizó el apóstol Pablo a los Corintios: «Lo que parece locura en Dios es más sabio que todo lo humano, y lo que parece debilidad en Dios es más fuerte que todo lo humano» (1 Co 1,25). Comunidades cristianas formadas por gente humilde y sencilla se convierten en signo del Reino que llega, Reino de amor, de justicia y de paz.

«Destruyan este Templo y en tres días lo levantaré de nuevo» (Jn 2,19). Hablaba del templo de su cuerpo y, por tanto, también de su Iglesia. El Señor nos promete que, con la fuerza de su Resurrección, puede hacernos resurgir a nosotros y a nuestras comunidades de los destrozos provocados por la injusticia, la división y el odio. Es la promesa que celebramos en esta Eucaristía. Con los ojos de la fe, reconocemos la presencia del Señor crucificado y resucitado en medio de nosotros, aprendemos a acoger su sabiduría liberadora, a descansar en sus llagas y a encontrar sanación y fuerza para servir a su Reino que viene a nuestro mundo. Por sus llagas hemos sido curados (cf. 1 P 2,24); en sus heridas, queridos hermanos y hermanas, encontramos el bálsamo de su amor misericordioso; porque Él, Buen Samaritano de la humanidad, desea ungir cada herida, curar cada recuerdo doloroso e inspirar un futuro de paz y de fraternidad en esta tierra.

La Iglesia en Irak, con la gracia de Dios, hizo y está haciendo mucho por anunciar esta maravillosa sabiduría de la cruz propagando la misericordia y el perdón de Cristo, especialmente a los más necesitados. También en medio de una gran pobreza y dificultad, muchos de ustedes han ofrecido generosamente una ayuda concreta y solidaridad a los pobres y a los que sufren. Este es uno de los motivos que me han impulsado a venir como peregrino entre ustedes, a agradecerles y confirmarlos en la fe y en el testimonio. Hoy, puedo ver y sentir que la Iglesia de Irak está viva, que Cristo vive y actúa en este pueblo suyo, santo y fiel.

Queridos hermanos y hermanas: Los encomiendo a ustedes, a sus familias y a sus comunidades, a la materna protección de la Virgen María, que fue asociada a la pasión y a la muerte de su Hijo y participó en la alegría de su resurrección. Que Ella interceda por nosotros y nos lleve a Él, fuerza y sabiduría de Dios.


Saludo al final de la Santa Misa

Saludo con afecto a Su Santidad Mar Gewargis III, Catholicós-Patriarca de la Iglesia Asiria de Oriente, que reside en esta ciudad y que nos honra con su presencia. Gracias, gracias, querido hermano. Junto a él abrazo a los cristianos de las distintas confesiones, muchos de los cuales aquí han derramado su sangre sobre el mismo suelo. Pero nuestros mártires resplandecen juntos, estrellas en el mismo cielo. Desde allí arriba nos piden caminar juntos, sin vacilar, hacia la plenitud de la unidad.

Al final de esta Celebración, agradezco al arzobispo Mons. Bashar Matti Warda, como también a Mons. Nizar Semaan y mis otros hermanos obispos, que han trabajado tanto por este viaje. Les agradezco a todos ustedes que lo han preparado y acompañado con la oración y me han acogido con afecto. Saludo en particular al querido pueblo kurdo. Expreso mi profunda gratitud al Gobierno y a las autoridades civiles por su indispensable contribución; agradezco a todos los que, de diversas maneras, han colaborado en la organización de todo el viaje, las autoridades iraquíes —todas— y a los numerosos voluntarios. Gracias a todos.

En estos días vividos junto a ustedes, he escuchado voces de dolor y de angustia, pero también voces de esperanza y de consuelo. Y esto es mérito, en gran medida, de esa incansable obra de bien que ha sido posible gracias a las instituciones de cada confesión religiosa, gracias a sus Iglesias locales y a las distintas organizaciones caritativas, que asisten a la gente de este país en la obra de reconstrucción y recuperación social. De modo particular, agradezco a los miembros de la ROACO y a los organismos que ellos representan.

Ahora, se acerca el momento de regresar a Roma. Pero Irak permanecerá siempre conmigo, en mi corazón. Les pido a todos ustedes, queridos hermanos y hermanas, que trabajen juntos en unidad por un futuro de paz y prosperidad que no discrimine ni deje atrás a nadie. Les aseguro mi oración por este amado país. Rezo, de manera especial, para que los miembros de las distintas comunidades religiosas, junto con todos los hombres y las mujeres de buena voluntad, cooperen para estrechar lazos de fraternidad y solidaridad al servicio del bien y de la paz. Salam, salam, salam. Shukrán! [Gracias] Que Dios bendiga a todos. Que Dios bendiga a Irak. Allah ma’akum! [Que Dios esté con ustedes].

El pasado viernes 5 de marzo tuvo lugar en la Catedral Castrense la presentación del nuevo grupo de jóvenes universitarios del Arzobispado Castrense. Esta novedosa iniciativa, que comenzó a tomar forma a finales del mes de octubre del pasado año y que se está consolidando con las propuestas que se llevarán a cabo próximamente entre los jóvenes militares, fue impulsada por don Juan Del Río, quien ha dejado parte de su legado en las manos del delegado de Juventud y Capellán de la Guardia Real, don Iván Cote.

Este primer viernes de marzo, fecha en la que estaba prevista la presentación de los jóvenes ante don Juan Del Río, la Catedral se sobrecogió ante la reverente oración que presidió la devota imagen del Cristo de los Alabarderos.

La solemnidad y el recogimiento conformaron las líneas directrices de esta adoración, dirigida por el Ordinario Castrense, don Carlos Jesús Montes Herreros, en la que se compartieron cantos de Taizé, se dedicó un tiempo de contemplación tras la Lectio Divina, y se presentaron las oraciones y preocupaciones de los jóvenes de nuestro Arzobispado.

A ella acudieron el Vicesecretario para Asuntos Generales de la Conferencia Episcopal, el primer Consejero de la Nunciatura en España, representación de la Congregación del Cristo de los Alabarderos, con su hermano mayor a la cabeza, y un nutrido grupo de capellanes castrenses junto con jóvenes procedentes de sus respectivos lugares de destino.

Rogamos al Señor que esta celebración sea la primera de muchas y que esta recién iniciada pastoral juvenil de muchos frutos y vocaciones a nuestra Iglesia particular.

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Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

Agradezco al Señor la oportunidad de estar con ustedes esta mañana. He esperado con impaciencia este momento. Agradezco a Su Beatitud el Patriarca Ignace Youssif Younan su saludo, como también a la señora Doha Sabah Abdallah y al padre Ammar Yako por sus testimonios. Mirándolos, veo la diversidad cultural y religiosa de la gente de Qaraqosh, y esto muestra parte de la belleza que vuestra región ofrece al futuro. Vuestra presencia aquí recuerda que la belleza no es monocromática, sino que resplandece por la variedad y las diferencias.

Al mismo tiempo, con mucha tristeza, miramos a nuestro alrededor y percibimos otros signos, los signos del poder destructivo de la violencia, del odio y de la guerra. Cuántas cosas han sido destruidas. Y cuánto debe ser reconstruido. Nuestro encuentro demuestra que el terrorismo y la muerte nunca tienen la última palabra. La última palabra pertenece a Dios y a su Hijo, vencedor del pecado y de la muerte. Incluso ante la devastación que causa el terrorismo y la guerra podemos ver, con los ojos de la fe, el triunfo de la vida sobre la muerte. Tienen ante ustedes el ejemplo de sus padres y de sus madres en la fe, que adoraron y alabaron a Dios en este lugar. Perseveraron con firme esperanza en su camino terreno, confiando en Dios que nunca defrauda y que siempre nos sostiene con su gracia. La gran herencia espiritual que nos han dejado continúa viviendo en ustedes. Abracen esta herencia. Esta herencia es su fortaleza. Ahora es el momento de reconstruir y volver a empezar, encomendándose a la gracia de Dios, que guía el destino de cada hombre y de todos los pueblos. ¡No están solos! Toda la Iglesia está con ustedes, por medio de la oración y la caridad concreta. Y en esta región muchos les han abierto las puertas en los momentos de necesidad.

Muy queridos: Este es el momento de reconstruir no sólo los edificios, sino ante todo los vínculos que unen comunidades y familias, jóvenes y ancianos. El profeta Joel dice: «Sus hijos e hijas profetizarán; sus ancianos tendrán sueños, y sus jóvenes, visiones» (cf. Jl 3,1). Cuando los ancianos y los jóvenes se encuentran, ¿qué es lo que sucede? Los ancianos sueñan, sueñan un futuro para los jóvenes; y los jóvenes pueden recoger estos sueños y profetizar, llevarlos a cabo. Cuando los ancianos y los jóvenes se unen, preservamos y trasmitimos los dones que Dios da. Miremos a nuestros hijos, sabiendo que heredarán no sólo una tierra, una cultura y una tradición, sino también los frutos vivos de la fe que son las bendiciones de Dios sobre esta tierra. Los animo a no olvidar quiénes son y de dónde vienen, a custodiar los vínculos que los mantienen unidos y a custodiar sus raíces.

Seguramente hay momentos en los que la fe puede vacilar, cuando parece que Dios no ve y no actúa. Esto se confirmó para ustedes durante los días más oscuros de la guerra, y también en estos días de crisis sanitaria global y de gran inseguridad. En estos momentos, acuérdense de que Jesús está a su lado. No dejen de soñar. No se rindan, no pierdan la esperanza. Desde el cielo los santos velan sobre nosotros: invoquémoslos y no nos cansemos de pedir su intercesión. Y están también “los santos de la puerta de al lado”, «aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 7). Esta tierra está llena de ellos, es una tierra de muchos hombres y mujeres santos. Dejen que los acompañen hacia un futuro mejor, un futuro de esperanza.

Algo que dijo la señora Doha me conmovió; dijo que el perdón es necesario para aquellos que sobrevivieron a los ataques terroristas. Perdón: esta es una palabra clave. El perdón es necesario para permanecer en el amor, para permanecer cristianos. El camino hacia una recuperación total podría ser todavía largo pero les pido, por favor, que no se desanimen. Se necesita capacidad de perdonar y, al mismo tiempo, valentía para luchar. Sé que esto es muy difícil. Pero creemos que Dios puede traer la paz a esta tierra. Nosotros confiamos en Él y, junto con todas las personas de buena voluntad, decimos “no” al terrorismo y a la instrumentalización de la religión.

El padre Ammar, recordando los horrores del terrorismo y de la guerra, agradeció al Señor que siempre los haya sostenido, en los tiempos buenos y en los malos, en la salud y en la enfermedad. La gratitud nace y crece cuando recordamos los dones y las promesas de Dios. La memoria del pasado forja el presente y nos hace avanzar hacia el futuro.

En todo momento, demos gracias a Dios por sus dones y pidámosle que conceda paz, perdón y fraternidad a esta tierra y a su gente. No nos cansemos de rezar por la conversión de los corazones y por el triunfo de una cultura de la vida, de la reconciliación y del amor fraterno, que respete las diferencias, las distintas tradiciones religiosas, y que se esfuerce por construir un futuro de unidad y colaboración entre todas las personas de buena voluntad. Un amor fraterno que reconozca «los valores fundamentales de nuestra humanidad común, los valores en virtud de los que podemos y debemos colaborar, construir y dialogar, perdonar y crecer» (Carta enc. Fratelli tutti, 283).

Mientras llegaba con el helicóptero, miré la estatua de la Virgen María colocada sobre esta iglesia de la Inmaculada Concepción, y le confié el renacer de esta ciudad. La Virgen no sólo nos protege desde lo alto, sino que desciende hacia nosotros con ternura maternal. Esta imagen suya incluso ha sido dañada y pisoteada, pero el rostro de la Madre de Dios sigue mirándonos con ternura. Porque así hacen las madres: consuelan, reconfortan, dan vida. Y quisiera agradecer de corazón a todas las madres y las mujeres de este país, mujeres valientes que siguen dando vida, a pesar de los abusos y las heridas. ¡Que las mujeres sean respetadas y defendidas! ¡Que se les brinden cuidados y oportunidades! Y ahora recemos juntos a nuestra Madre, invocando su intercesión por vuestras necesidades y vuestros proyectos. Los pongo a todos bajo su protección. Y les pido, por favor, que no se olviden de rezar por mí.

El Ordinario Castrense de España, D. Carlos Jesús Montes Herreros, ha renovado en sus cargos al Director General de Cáritas Castrense, Teniente General, Rafael Barbudo Gironza y al Secretario, General de División, José Luis Falcó Capilla.

Los nombramientos se han hecho a propuesta del Delegado de Cáritas Castrense y de Acción Social del Arzobispado Castrense, D. José Benito Pérez Lopo, y tendrán una duración de cuatro años.

La renovación de los cargos de Director General y Secretario se produce en virtud de lo establecido en los vigentes Estatutos de Cáritas Castrense.

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El pasado día 2 de los corrientes se celebró en Badajoz un Solemne Funeral por el alma de quien fuera Arzobispo Castrense de España, Mons. Juan del Río Martín, fallecido el pasado día 28 de enero en Madrid, víctima del Covid-19.

La Delegación de Extremadura de la Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge (S.M.O.C.S.J.), con la anuencia de la Presidencia de la Real Comisión para España, y en coordinación con el Capellán Castrense de la Base Aérea de Talavera la Real y Ala 23, consideró como acto de caridad necesario la celebración de este funeral por quien fuera Capellán Gran Cruz de Justicia de la Orden.

Presidió la celebración eucarística el Arzobispo de Mérida-Badajoz, Mons. Celso Morga Iruzubieta, a quien la Delegación de Extremadura de la S.M.O.C.S.J. quiere agradecer las facilidades mostradas para llevar a cabo esta celebración. Concelebraron con Mons. Morga el rector del templo, D. Marceliano Guerrero Montero, Vicario Judicial de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz; el Capellán Castrense de la Base Aérea de Talavera la Real y Ala 23, D. José Fernández Macías; el Secretario General Canciller de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, D. Carlos Torres Muñoz, y el Deán Presidente del Cabildo Catedral Metropolitano de Badajoz,  D. Pedro Fernández Amo.

Por parte de la S.M.O.C.S.J. asistió el Presidente de la Real Comisión para España, Excmo. Sr. D. Álvaro Zuleta de Reales y Ansaldo, Duque de Linares (G. de E.), Caballero Gran Cruz de Justicia, acompañado del Delegado para Extremadura, Ilmo. Sr. D. Fernando de Vargas-Zúñiga y Mendoza, Caballero de Justicia. El Secretario de la Delegación de Extremadura, Ilmo. Sr. D. Felipe Benicio Albarrán Vargas-Zúñiga, Caballero de Iure Sanguinis, agradeció, al principio de la celebración, la presencia de concelebrantes y autoridades, así como también al rector del templo y al Capellán Castrense de la Base Aérea de Talavera la Real y Ala 23 su colaboración.

Asistieron al acto la Dña. María José Solana Barras, 2ª Teniente de Alcalde del Excmo. Ayuntamiento de Badajoz; el General Jefe de la Brigada Extremadura XI y Comandante Militar de esta plaza, D. Francisco Javier Romero Marí, acompañado de su esposa, Dña. María Teresa Cano Pellejero; el  General de División (R) de la Guardia Civil, D. Antonio Dichas Gómez, a su vez Delegado de Cáritas Castrense en Badajoz; el Coronel Delegado de Defensa en Extremadura, D. Jesús Antonio Caballero Calzada; el Coronel Jefe de la Base Aérea de Talavera la Real y Ala 23, D. Jesús Rodríguez de Castro; el Coronel Jefe de la Plana Mayor de la Guardia Civil en Extremadura, D. José María Martínez Rangel; el Coronel Jefe del Regimiento Castilla nº. 16, D. Jesús Moreno del Valle; el  Coronel Jefe del Regimiento Saboya nº. 6, D. Manuel Jesús Gómez Reyes; el Coronel exDelegado de Defensa en Extremadura, D. Ángel Freixinet Imbroda; el Comisario Jefe Provincial de Policía, D. José Berrocal González; el Suboficial Mayor de la Brigada Extremadura XI, D. Manuel Rodríguez Parra, y el Suboficial Mayor de la Base Aérea de Talavera la Real y Ala 23, D. José Luis Cuellas Marqués. 

En su homilía, Mons. Morga Iruzubieta agradeció, en nombre de todos los presentes, “a la Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge que haya querido organizar este funeral por el eterno descanso de quien fuera Arzobispo castrense, nuestro querido Don Juan del Río”. Hizo un repaso de su vida pastoral, tanto a las Fuerzas Armadas como a la Casa Real, y expresó el dolor por la pérdida de su hermano en el episcopado, del que resaltó las virtudes que pudo descubrir en él merced a la relación de ambos en los encuentros de la Conferencia Episcopal y en otras ocasiones, finalizando pidiendo que “… recordemos con gratitud la vida de nuestro querido Don Juan y de todos aquellos familiares, amigos y conocidos que nos han dejado una estela de fe, de amor y de esperanza cristiana. Recemos por los miembros y las familias de nuestras Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad, de la Casa Real y por la paz y prosperidad de nuestra Patria”.

Al finalizer el acto,el Presidente de la Real Comisión para España agradeció a todos los asistentes su presencia.

Descanse en Paz Don Juan del Río. 

Badajoz, jueves, 4 de marzo del 2021
Felipe Benicio Albarrán Vargas-Zúñiga
Caballero de Iure Sanguinis
Secretario de la Delegación de Extremadura
de la S.M.O.C.S

 

En la mañana de hoy se ha celebrado un encuentro convocado por el departamento de gestión de personal, registro y asuntos generales de la Curia del Arzobispado, al mismo han acudido representantes de los archivos eclesiásticos de los tres ejércitos.

La reunión celebrada en dependencias del Arzobispado ha servido para poner en común algunos procedimientos y establecer líneas de actuación conjuntas. Además, se han estudiado temas de interés común y la influencia de la pandemia en los servicios de atención al público.

Al finalizar el encuentro los representantes de los distintos archivos han presentado diversas iniciativas con el objetivo de mejorar los sistemas de funcionamiento. Por otra parte, se estudiará la posibilidad de establecer cierta periodicidad a las reuniones que se han iniciado hoy.

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El II Domingo de Cuaresma, 28 de febrero, la parroquia castrense de Barcelona recibió la visita del Mons. Sergio Gordo Rodríguez, obispo auxiliar de Barcelona. Además de conocer el templo y sus dependencias presidió la Santa Misa.
La feligresía quedó encantada por la proximidad y cercanía del Obispo que en todo momento mostró su afecto y reconocimiento a la labor que desempeñan las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Al inicio de la celebración el párroco, Don Javier Orpinell, dirigió unas palabras de saludo y agradecimiento al Obispo por el detalle de querer celebrar la Eucaristía con la familia castrense de Barcelona.

En las palabras que dirigió Mons. Sergio tuvo un recuerdo lleno de cariño para el que fue arzobispo castrense Mons. Juan del Rio y que hacía, en ese día, un mes de su fallecimiento.

Al finalizar la celebración saludó al Comandante Militar de Barcelona General de Brigada Joaquín Broch, a los miembros del Consejo de la Delegación de Cataluña de la Orden Constantiniana, así como a diferentes feligreses presentes en la celebración.

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El pasado miércoles día 24 de febrero, celebramos en nuestra Parroquia Vaticana y Castrense de San Francisco de Asís, en San Fernando (Cádiz), una misa funeral por el eterno descanso del alma de nuestro Arzobispo Castrense, recientemente fallecido, Don Juan del Río Martín.

Cumpliéndose con todas las medidas de seguridad encaminadas a evitar el contagio por COVID-19, así como respetando el aforo actual de la Parroquia, asistieron entre otros muchos feligreses, el Comandante General de la Infantería de Marina, Antonio Planells Palau, acompañado de varias comisiones militares entre las que cabe destacar al Almirante Segundo Jefe del Arsenal de Cádiz, Contralmirante Cornago Diufaín y al Jefe de la Brigada de Infantería de Marina “Tercio de Armada”, General Roldán Tudela, representantes de la Corporación Municipal y partidos políticos, Consejo Local de Hermandades y Cofradías, así como representantes de las diferentes realidades parroquiales. También asistió María Jesús, hermana de Don Juan del Río.

Presidió la ceremonia el Obispo de Cádiz y Ceuta, Don Rafael Zornoza Boy, quien destacó las cualidades que adornaban a Don Juan, expresando en su homilía que “Encomendamos a Dios a un Obispo, sucesor de los apóstoles, y nos conforta ver su apostolado, su vida apostólica, la misión que a lo largo de su vida le encomendó el Señor. El día 2 de febrero hubiese cumplido 47 años de sacerdote (se ordenó en 1974). Y en septiembre 21 años de obispo. El Señor le ha llamado en pleno ejercicio del ministerio. Jesús mismo nos advirtió: Estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.”

Destacó el Obispo los diferentes cargos desarrollados por Don Juan y continuó diciendo: “Es obvio que toda una vida se puede resumir en un puñado de cargos, fechas y títulos, pero lo verdaderamente importante es que percibió la llamada del Señor y decidió seguirle en el sacerdocio hasta su muerte entregándole su vida para servirle como instrumento suyo”. “Su vida ha estado llena de actividades, encuentros, compromisos, riesgo, y, sobre todo, personas a las que ha servido, consolado, amparado, predicado, administrado los sacramentos, etc., a las que ha hecho presente a Dios, activo y vivo junto a nosotros.

Sirvan las palabras finales de su homilía como colofón de esta noticia y como homenaje póstumo a Don Juan del Río Martín, Arzobispo Castrense de España: “El Señor, Buen Pastor, puso en las manos de discípulo de Don Juan del Río grandes responsabilidades para guiar a su pueblo con prudencia y verdad por el camino del evangelio. Ha cumplido su misión. Os aseguro que Cristo mismo, que ahora le llama a su presencia, le recompensará como Él sabe hacerlo. Descanse en paz. Amén”.

Homilia Don Rafael Zornoza Boy

 

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Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

Este segundo domingo de Cuaresma nos invita a contemplar la transfiguración de Jesús en el monte, ante tres discípulos (cf. Mc 9,2-10). Poco antes, Jesús había anunciado que, en Jerusalén, sufriría mucho, sería rechazado y condenado a muerte. Podemos imaginar lo que debió ocurrir en el corazón de sus amigos, de sus amigos íntimos, sus discípulos: la imagen de un Mesías fuerte y triunfante entra en crisis, sus sueños se hacen añicos, y la angustia los asalta al pensar que el Maestro en el que habían creído sería ejecutado como el peor de los malhechores. Y precisamente en ese momento, con esa angustia del alma, Jesús llama a Pedro, Santiago y Juan y los lleva consigo a la montaña.

Dice el Evangelio: «Los llevó a un monte» (v. 2). En la Biblia el monte siempre tiene un significado especial: es el lugar elevado, donde el cielo y la tierra se tocan, donde Moisés y los profetas vivieron la extraordinaria experiencia del encuentro con Dios. Subir al monte es acercarse un poco a Dios. Jesús sube con los tres discípulos y se detienen en la cima del monte. Aquí, Él se transfigura ante ellos. Su rostro radiante y sus vestidos resplandecientes, que anticipan la imagen de Resucitado, ofrecen a estos hombres asustados la luz, la luz de la esperanza, la luz para atravesar las tinieblas: la muerte no será el fin de todo, porque se abrirá a la gloria de la Resurrección. Jesús, pues, anuncia su muerte, los lleva al monte y les muestra lo que sucederá después, la Resurrección.

Como exclamó el apóstol Pedro (cf. v. 5), es bueno estar con el Señor en el monte, vivir esta "anticipación" de luz en el corazón de la Cuaresma. Es una invitación para recordarnos, especialmente cuando atravesamos una prueba difícil —y muchos de vosotros sabéis lo que es pasar por una prueba difícil—, que el Señor ha resucitado y no permite que la oscuridad tenga la última palabra.

A veces pasamos por momentos de oscuridad en nuestra vida personal, familiar o social, y tememos que no haya salida. Nos sentimos asustados ante grandes enigmas como la enfermedad, el dolor inocente o el misterio de la muerte. En el mismo camino de la fe, a menudo tropezamos cuando nos encontramos con el escándalo de la cruz y las exigencias del Evangelio, que nos pide que gastemos nuestra vida en el servicio y la perdamos en el amor, en lugar de conservarla para nosotros y defenderla. Necesitamos, entonces, otra mirada, una luz que ilumine en profundidad el misterio de la vida y nos ayude a ir más allá de nuestros esquemas y más allá de los criterios de este mundo. También nosotros estamos llamados a subir al monte, a contemplar la belleza del Resucitado que enciende destellos de luz en cada fragmento de nuestra vida y nos ayuda a interpretar la historia a partir de la victoria pascual.

Pero tengamos cuidado: ese sentimiento de Pedro de que “es bueno estarnos aquí” no debe convertirse en pereza espiritual. No podemos quedarnos en el monte y disfrutar solos de la dicha de este encuentro. Jesús mismo nos devuelve al valle, entre nuestros hermanos y a nuestra vida cotidiana. Debemos guardarnos de la pereza espiritual: estamos bien, con nuestras oraciones y liturgias, y esto nos basta. ¡No! Subir al monte no es olvidar la realidad; rezar nunca es escapar de las dificultades de la vida; la luz de la fe no es para una bella emoción espiritual. No, este no es el mensaje de Jesús. Estamos llamados a vivir el encuentro con Cristo para que, iluminados por su luz, podamos llevarla y hacerla brillar en todas partes. Encender pequeñas luces en el corazón de las personas; ser pequeñas lámparas del Evangelio que lleven un poco de amor y esperanza: ésta es la misión del cristiano.

Recemos a María Santísima para que nos ayude a acoger con asombro la luz de Cristo, a guardarla y a compartirla.


Después del Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas!

Uno mi voz a la de los obispos de Nigeria para condenar el vil secuestro de 317 alumnas, arrancadas de su escuela, en Jangebe, en el noroeste del país. Rezo por estas muchachas, para que pronto puedan volver a casa. Estoy cerca de sus familias y de ellas. Recemos a Nuestra Señora para que las proteja. Dios te salve María…

Hoy es el Día Mundial de las Enfermedades Raras… —[mira la Plaza] estáis aquí—. Saludo a los miembros de algunas asociaciones comprometidas en este campo, que han venido a la Plaza. En el caso de las enfermedades raras, la red de solidaridad entre familiares, impulsada por estas asociaciones, es más importante que nunca. Ayuda a no sentirse solos y a intercambiar experiencias y consejos. Animo las iniciativas que apoyan la investigación y el tratamiento, y expreso mi cercanía a los enfermos, a las familias, pero especialmente a los niños. Estar cerca de los niños enfermos, de los niños que están sufriendo, rezar por ellos, hacerles sentir la caricia del amor de Dios, la ternura... Curar a los niños con la oración, también... Cuando aparecen estas enfermedades que no se sabe qué son, o hay un diagnóstico no bueno. Recemos por todas las personas que padecen estas enfermedades raras, especialmente por los niños que sufren.

Os saludo cordialmente a todos, fieles de Roma y peregrinos de varios países. Os deseo a todos un buen camino en este tiempo de Cuaresma. Y os aconsejo un ayuno, un ayuno que no os dará hambre: ayunar de los chismes y las murmuraciones. Es una forma especial. En esta Cuaresma no voy a cotillear de los otros, no voy a chismorrear... Y todos podemos hacer esto, todos. Este es un buen ayuno. Y no olvidéis que también servirá cada día leer un pasaje del Evangelio, llevar el pequeño Evangelio en el  bolsillo, en el bolso, y tomarlo cuando se pueda, cualquier pasaje. Esto abre el corazón al Señor.

Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Feliz domingo, buen almuerzo y hasta pronto!

La Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), reunida en Madrid los días 23 y 24 de febrero, ha decidido renovar en sus cargos por un nuevo período de tres años a Manuel Bretón como presidente de Cáritas Española y a Natalia Peiro como secretaria general.

En un mensaje dirigido a toda la Confederación Cáritas, el presidente y la secretaria general expresan su “alegría y agradecimiento” a los obispos por esta confirmación que “para nosotros es un privilegio y una gran responsabilidad”.

“Sabéis que contáis con nuestra disponibilidad y compromiso inquebrantable –afirman en la nota—, y con todo el agradecimiento, porque nada de esto hubiera sido posible sin vuestra ayuda y vuestra confianza. Esto es para nosotros es importantísimo. Vuestro apoyo constante nos ha hecho más fuertes y, sin duda, mejores”.

Manuel Bretón y Natalia Peiro hacen, además, un reconocimiento expreso al delgado episcopal de Cáritas Española, Vicente Martín, y al vicepresidente, Enrique Carrero, a quienes agradecen “su compromiso con nosotros, con esta Confederación y con este Equipo Directivo unido y cómplice en intentar fortalecer y fortalecernos como Confederación y como familia en favor de los que más nos necesitan para cumplir la misión que nuestra Iglesia, sus pastores y el Evangelio que nos guía nos han encomendado”.

Manuel Bretón, presidente desde 2017

Manuel Bretón Romero fue nombrado presidente de Cáritas Española el 23 de febrero de 2017, cargo en el que tomaba el relevo de Rafael del Río Sendino y que asumía después de haber sido el primer director de la Cáritas Castrense, creada cuatro años antes.

Junto a la presidencia de Cáritas, Manuel Bretón desempeña también la presidencia de la Fundación FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada), vinculada a Cáritas.

Militar de carrera, Manuel Bretón es teniente general retirado. Nacido en 1946 en Madrid, ingresó en la Academia Militar de Zaragoza en 1964, donde cuatro años más tarde obtendría el despacho de teniente de Artillería. A lo largo de su carrera en las Fuerzas Armadas desempeñó diversas responsabilidades, entre las que destaca su etapa como ayudante de campo, primero, y posteriormente como secretario personal de S.M. El Rey. Ha sido, asimismo, jefe de gabinete de los ministros de Defensa Federico Trillo y José Bono.

Ha desarrollado también una intensa actividad profesional en el exterior, donde ha participado en el Eurocuerpo y ejercido como agregado de Defensa en las Embajadas de España en Alemania, Austria y Suiza. En la actualidad continúa ligado al mundo de la seguridad y la defensa como miembro de EuroDefense-España.

Casado, con cinco hijos y diez nietos, el nuevo presidente de Cáritas habla varios idiomas y está en posesión de diversas distinciones tanto civiles como militares.

Natalia Peiro, primera secretaria general

Nombrada por los obispos el 14 de diciembre de 2017, Natalia Peiro Pérez ha sido la primera mujer en desempeñar el cargo de secretaria general de Cáritas en sus más de 70 años de historia.

Accedió a la Secretaría General, donde sucedió a Sebastián Mora Rosado, desde la Dirección del Área de Comunicación, Sensibilización e Incidencia de Cáritas Española. Como secretaria general, desempeña también el cargo de directora ejecutiva de la Fundación FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada). Y desde mayo pasado, asume al mismo tiempo la Vicepresidencia de Cáritas Europa.

Nacida en Madrid el 19 noviembre de 1975, Natalia Peiro es licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad Complutense de Madrid. Ha completado su formación académica con un máster en Marketing Digital y Comercio electrónico, en la Escuela de Negocios de la Universidad Autónoma de Barcelona (2016-2017); otro máster en Cooperación Internacional y Gestión de Proyectos, en la Fundación Ortega y Gasset (2001-2002); y un postgrado en Liderazgo e Innovación social en Organizaciones No Gubernamentales, en ESADE Business & Law School (2008-2009). Es, asimismo, experta en Responsabilidad Social Corporativa y Procesos de Comunicación, por Formaselect Consulting (2007-2008).

Vinculada laboralmente a Cáritas Española en 2002, ha desempeñando la dirección del Área de Comunicación, Sensibilización e Incidencia, y del Área de Cooperación Internacional, técnico de Cooperación Internacional para los países de Europa Central y del Este, y secretaria de Dirección de Cáritas Española.

Natalia Peiro cuenta con una dilatada experiencia de trabajo en el exterior, derivada tanto de su participación como experta de Cáritas Española en los foros de trabajo la red internacional de Cáritas (Comité Representativo de Cáritas Internationalis y el Comité Ejecutivo de Cáritas Europa), como de su anterior etapa profesional como asistente en la Dirección General de Energía y Transporte de la Comisión Europea, en Bruselas (2000), y como técnico de la Fundación Centro de Estudios Comerciales del Ministerio de Economía y Hacienda y la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Madrid.

Natalia Peiro está casada y es madre de cuatro hijos.

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Causa Padre Huidobro

Estampita Padre Huidobro

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