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1ª lectura: Empeñémonos en entrar en aquel descanso.

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 1-5. 11

Hermanos:

Temamos, no sea que, estando aún en vigor la promesa de entrar en su descanso, alguno de vosotros
crea que ha perdido la oportunidad.

También nosotros hemos recibido la buena noticia, igual que ellos; pero el mensaje que oyeron no les
sirvió de nada a quienes no se adhirieron por la fe a los que lo habían escuchado. Así pues, los creyentes
entremos en el descanso, de acuerdo con lo dicho:

«He jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso», y eso que sus obras estaban terminadas
desde la creación del mundo. Acerca del día séptimo se dijo:

«Y descansó Dios el día séptimo de todo el trabajo que había hecho». En nuestro pasaje añade:
«No entrarán en mi descanso».

Empeñémonos, por tanto, en entrar en aquel descanso, para que nadie caiga, imitando aquella desobediencia.

Salmo: Sal 77, 3 y 4bc. 6c-7. 8

R. ¡No olvidéis las acciones de Dios!

Lo que oímos y aprendimos,
lo que nuestros padres nos contaron,
lo contaremos a la futura generación:
las alabanzas del Señor, su poder. R.

Que surjan y lo cuenten a sus hijos,
para que pongan en Dios su confianza
y no olviden las acciones de Dios,
sino que guarden sus mandamientos. R.

Para que no imiten a sus padres,
generación rebelde y pertinaz;
generación de corazón inconstante,
de espíritu infiel a Dios. R.

Aleluya Lc 7, 16
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Un gran Profeta ha surgido entre nosotros.
Dios ha visitado a su pueblo. R.

 

Evangelio: El Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 2, 1-12

Cuando a los pocos días entró Jesús en Cafarnaún, se supo que estaba en casa.

Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Y les proponía la palabra.

Y vinieron trayéndole un paralítico llevado entre cuatro y, como no podían presentárselo por el gentío,
levantaron la techumbre encima de donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde
yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dice al paralítico:

«Hijo, tus pecados te son perdonados».

Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:

«Por qué habla este así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo uno, Dios?». Jesús se dio
cuenta enseguida de lo que pensaban y les dijo:

«¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados” o decirle
“levántate, coge la camilla y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad
en la tierra para perdonar pecados - dice al paralítico -:

“Te digo: levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”».

Se levantó, cogió inmediatamente la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban
gloria a Dios, diciendo:

«Nunca hemos visto una cosa igual».

Boletín Eclesiástico 2023

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Necrología

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy celebramos la Fiesta del Bautismo del Señor y el Evangelio nos presenta una escena asombrosa: es la primera vez que Jesús aparece en público después de su vida oculta en Nazaret; llega a la orilla del río Jordán para que Juan lo bautice (Mt 3,13-17). Era un rito con el que la gente se arrepentía y se comprometía a convertirse; un himno litúrgico dice que el pueblo iba a bautizarse “desnuda el alma y desnudos los pies” —un alma abierta, desnuda, sin ocultar nada—, es decir, con humildad y con el corazón transparente. Pero, viendo que Jesús se mezcla con los pecadores, uno se queda sorprendido y se pregunta: ¿por qué Jesús tomó esta decisión? Él, que es el Santo de Dios, el Hijo de Dios sin pecado, ¿por qué tomó esa decisión? Encontramos la respuesta en las palabras que Jesús dirige a Juan: «Deja ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia» (v. 15). Cumplir toda justicia: ¿Qué quiere decir?

Haciendo que Juan le bautice, Jesús nos desvela la justicia de Dios, esa justicia que Él ha venido a traer al mundo. Muchas veces tenemos una idea limitada de la justicia, y pensamos que significa que el que se equivoca, paga, y así repara el mal que ha hecho. Pero la justicia de Dios, como enseña la Escritura, es mucho más grande: no tiene como fin la condena del culpable, sino su salvación y su regeneración, volverlo justo: de injusto a justo. Es una justicia que proviene del amor, de esas entrañas de compasión y misericordia que son el corazón mismo de Dios, Padre que se conmueve cuando estamos oprimidos por el mal y caemos bajo el peso de los pecados y de las fragilidades. Así, la justicia de Dios no busca distribuir penas y castigos sino, como afirma el apóstol Pablo, consiste en hacernos justos a nosotros, sus hijos (cfr. Rm 3,22-31), librándonos de las ataduras del mal, resanándonos, levantándonos. El Señor está siempre con la mano tendida para ayudarnos a levantarnos, no está nunca listo para castigarnos.  Y entonces comprendemos que, en la orilla del Jordán, Jesús nos revela el sentido de su misión: Él ha venido para llevar a cabo la justicia divina, que es salvar a los pecadores; ha venido para tomar sobre sus hombros el pecado del mundo y descender a las aguas del abismo, de la muerte, con el fin de recuperarnos e impedir que nos ahoguemos. Él nos muestra hoy que la verdadera justicia de Dios es la misericordia que salva. Nos da miedo pensar que Dios es misericordia, pero Dios es misericordia, porque su justicia es la misericordia que salva, es el amor que comparte nuestra condición humana, que se hace cercano, solidario con nuestro dolor, entrando en nuestras oscuridades para restablecer la luz.

Benedicto XVI afirmó que «Dios ha querido salvarnos yendo él mismo hasta el fondo del abismo de la muerte, con el fin de que todo hombre, incluso el que ha caído tan bajo que ya no ve el cielo, pueda encontrar la mano de Dios a la cual asirse a fin de subir desde las tinieblas y volver a ver la luz para la que ha sido creado» (Homilía, 13 de enero de 2008).

Hermanos y hermanas, tenemos miedo de pensar en un justicia tan misericordiosa, pero sigamos adelante, Dios es misericordia. Su justicia es misericordia. Dejemos que Él nos tome de la mano. También nosotros, discípulos de Jesús, estamos llamados a ejercer de este modo la justicia en las relaciones con los demás, en la Iglesia, en la sociedad: no con la dureza de quien juzga y condena dividiendo las personas en buenas y malas, sino con la misericordia de quien acoge compartiendo las heridas y las fragilidades de las hermanas y de los hermanos para levantarlos. Quisiera decirlo así: no dividiendo, sino compartiendo. No dividir, sino compartir. Hagamos como Jesús: compartamos, llevemos los pesos los unos de los otros, en vez de chismorrear y destruir, mirémonos con compasión, ayudémonos mutuamente. Preguntémonos: ¿yo soy una persona que divide o que comparte? Reflexionemos: ¿soy un discípulo del amor de Jesús o un discípulo del chismorreo que divide? El chismorreo es un arma letal: mata, mata el amor, mata la sociedad, mata la fraternidad. Preguntémonos: ¿soy una persona que divide o una persona que comparte?

Y ahora recemos a la Virgen, que dio a la luz a Jesús sumergiéndolo en nuestra fragilidad para que recuperásemos la vida.



Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Esta mañana, siguiendo la tradición, bauticé en la Capilla Sixtina a algunos recién nacidos, hijos de empleados de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano. Ahora, en la fiesta del Bautismo del Señor, me complace extender mi saludo y mi bendición a todos los niños y niñas que han recibido o recibirán el Bautismo hoy o en este período. Y al mismo tiempo renuevo a todos —a mí el primero— la invitación a celebrar la fecha en que fuimos bautizados, es decir, en que nos hicimos cristianos. Os pregunto a cada uno ¿sabéis la fecha de vuestro Bautismo? Seguro que alguno no la sabe. Preguntar a vuestros padres, familiares, padrinos: ¿cuál es la fecha de mi Bautismo? Y luego, cada año, celebrad esa fecha, porque es un nuevo cumpleaños, el cumpleaños de la fe. Esta es la tarea para hoy, para cada uno: cuál es la fecha de mi Bautismo, para poder celebrarlo.

Y ahora os saludo a vosotros, romanos y peregrinos. ¡Hay muchos polacos en la plaza!

Saludo en particular al coro “La voz de los Ángeles” de Belén. Queridos amigos, gracias de todo corazón porque, junto con vuestros cantos, traéis el “perfume de Belén” y el testimonio de la comunidad cristiana de Tierra Santa. ¡Gracias! Rezamos por vosotros y estamos a vuestro lado!

¡Y no olvidemos a nuestros hermanos y hermanas ucranianos! ¡Sufren tanto por la guerra! Esta Navidad en guerra, sin luz, sin calor, ¡sufren mucho! Por favor, no los olvidemos. Y hoy, viendo a la Virgen que tiene en su regazo al niño en el Pesebre, amamantándolo, pienso en las madres de las víctimas de la guerra, de los soldados que han caído en esta guerra en Ucrania. Las madres ucranianas y las madres rusas han perdido a sus hijos. Este es el precio de la guerra. Recemos por las madres que han perdido a sus hijos soldados, tanto ucranianas como rusas.

Os deseo a todos un feliz domingo. Nos os olvidéis, por favor, de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.

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1ª lectura: Animaos, los unos a los otros mientras dure este “hoy”.

Lectura de la carta a los Hebreos 3, 7-14

Hermanos:

Dice el Espíritu Santo:

«Si escucháis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como cuando la rebelión, en el día de la
prueba en el desierto, cuando me pusieron a prueba vuestros padres y me provocaron, a pesar de haber
visto mis obras cuarenta años. Por eso me indigné contra aquella generación, y dije: Siempre tienen el
corazón extraviado; no reconocieron mis caminos, por eso he jurado en mi cólera que no entrarán en mi
descanso».

¡Atención, hermanos! Que ninguno de vosotros tenga un corazón malo e incrédulo, que lo lleve a desertar
del Dios vivo.

Animaos, por el contrario, los unos a los otros, cada día, mientras dure este “hoy”, para que ninguno
de vosotros se endurezca, engañado por el pecado. En efecto, somos partícipes de Cristo, si conservamos
firme hasta el final la actitud del principio.

Salmo: Sal 94, 6-7c. 7d-9. 10-11

R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masa en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso» R.

Aleluya Cf. Mt 4, 23

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Jesús proclamaba el evangelio del reino,
y curaba toda dolencia en el pueblo. R.

Evangelio: La lepra se la quitó, y quedó limpio.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:

«Si quieres, puedes limpiarme».

Compadecido, extendió la mano y lo tocó, diciendo:

«Quiero: queda limpio».

La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente:

«No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación
lo que mandó Moisés, para que sirva de testimonio».

Pero, cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía
entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a el de
todas partes.

1ª lectura: Tenía que parecerse en todo a sus hermanos para ser misericordioso.

Lectura de la carta a los Hebreos 2. 14-18

Lo mismo que los hijos participan de la carne y de la sangre, así también participó Jesús de nuestra
carne y sangre, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo, y liberar a
cuantos, por miedo a la muerte, pasaban la vida entera como esclavos.

Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenia que parecerse en
todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar
los pecados del pueblo. Pues, por el hecho de haber padecido sufriendo la tentación, puede auxiliar a los
que son tentados.

Salmo: Sal 104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9

R. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas. R.

Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro. R.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R.

Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R.

Aleluya Jn 10, 27
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor,
y yo las conozco, y ellas me siguen. R.

 

Evangelio: Curó a muchos enfermos de diversos males.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés.

La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la
cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.

Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera
se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como
los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy
oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y,
al encontrarlo, le dijeron:

«Todo el mundo te busca». Él les responde:

«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido».

Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz fiesta!

Hoy, solemnidad de la Epifanía, el Evangelio nos habla de los Magos que, al llegar a Belén, abren sus cofres y ofrecen a Jesús oro, incienso y mirra (cf. Mt 2,11). Estos sabios de Oriente son famosos por los regalos que hicieron; pero pensando en su historia, podríamos decir que, ante todo, reciben tres dones: han recibido tres dones, tres preciosos dones que también nos conciernen a nosotros. Traen oro, incienso y mirra, pero ¿qué dones recibieron?

El primero es el don de la llamada. Los Magos no la intuyeron leyendo las Escrituras o a través de una visión de ángeles, sino que la sintieron mientras estudiaban las estrellas. Esto nos dice algo importante: Dios nos llama a través de nuestros mayores deseos y aspiraciones. Los Magos se dejaron asombrar e incomodar por la novedad de la estrella y se pusieron en camino hacia lo que no conocían. En cuanto hombres cultos y sabios, les fascinaba más lo que no sabían que lo que ya sabían: se abrieron a lo que no conocían. Se sintieron llamados a ir más allá, no se sintieron felices quedándose donde estaban, sino sintiéndose llamar a ir más allá. Esto también es importante para nosotros: estamos llamados a no contentarnos, a buscar al Señor saliendo de nuestra comodidad, caminando hacia Él con los demás, sumergiéndonos en la realidad. Porque Dios llama cada día, aquí y hoy. Dios nos llama, llama a cada uno, cada día, nos llama aquí y nos llama ahora, en nuestro mundo.

Pero los Magos nos hablan luego de un segundo don: el discernimiento. Como buscan un rey, van a Jerusalén para hablar con el rey Herodes, quien, sin embargo, es un hombre ávido de poder y quiere utilizarlos para eliminar al Mesías niño. Pero los Magos no se dejan engañar por Herodes. Saben distinguir entre la meta del viaje y las tentaciones que encuentran en el camino. Podían haberse quedado tranquilos en la corte de Herodes, pero siguen adelante. Abandonan el palacio de Herodes y, atentos a los signos de Dios, ya no pasarán por allí, sino que volverán por otro camino (cf. v. 12). ¡Qué importante, hermanos y hermanas, es saber distinguir la meta de la vida de las tentaciones del camino! Una cosa es la meta de la vida, otra las tentaciones del camino. ¡Saber renunciar a lo que seduce, pero lleva por mal camino, para comprender y elegir los caminos de Dios! El discernimiento es un gran don, y nunca hay que cansarse de pedirlo en la oración. ¡Pidamos esta gracia! Señor, danos la capacidad de discernir el bien del mal, lo mejor de lo que no es mejor.

Por último, los Reyes Magos nos hablan de un tercer don: lasorpresa. Tras un largo viaje, ¿qué encuentran estos hombres de alta posición social? Un niño con su madre (cf. v. 11): una escena ciertamente tierna, pero no asombrosa. No ven ángeles como los pastores, sino que encuentran a Dios en la pobreza. Tal vez esperaban un Mesías poderoso y prodigioso, y se encuentran con un niño. Sin embargo, no creen haberse equivocado, saben reconocerlo. Acogen la sorpresa de Dios y viven llenos de asombro su encuentro con Él, adorándole: en la pequeñez reconocen el rostro de Dios. Humanamente todos estamos inclinados a buscar la grandeza, pero es un don saber encontrarla de verdad: saber encontrar la grandeza en la pequeñez que Dios tanto ama. Porque así es como se encuentra al Señor: en la humildad, en el silencio, en la adoración, en los pequeños, en los pobres.

Hermanos y hermanas, todos somos llamados —primer don: la llamada— por Jesús; todos podemos discernir —segundo don: el discernimiento— su presencia; todos podemos experimentar sus sorpresas —tercer don: la sorpresa—. Hoy sería bueno recordar estos dones: la llamada, el discernimiento y la sorpresa, dones que ya hemos recibido: recordar cuándo sentimos una llamada de Dios en nuestra vida; o cuándo, quizá después de mucho esfuerzo, fuimos capaces de discernir su voz; o también, en una sorpresa inolvidable que Él nos ha dado, asombrándonos. Que la Virgen nos ayude a recordar y custodiar los dones recibidos.



Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Expreso de corazón mis mejores deseos a las comunidades de las Iglesias Orientales, tanto católicas como ortodoxas, que mañana celebran la Navidad del Señor. Quisiera que llegara especialmente a los hermanos y hermanas del martirizado pueblo ucraniano. Que el nacimiento del Salvador infunda consuelo, infunda esperanza e inspire pasos concretos que puedan finalmente conducir al fin de los combates y a la paz. Recemos muchos por Ucrania y por la paz.

En la fiesta de la Epifanía se celebra la Jornada Mundial de la Infancia Misionera. Saludo a todos los niños y niñas, chicos y chicas que en todas las partes del mundo difunden la alegría de ser amigos de Jesús y se comprometen, con la oración, los sacrificios y las ofrendas, a sostener a los misioneros del Evangelio.

Os saludo a todos vosotros, fieles de Roma y peregrinos de varios países. En particular, saludo a los participantes en la manifestación histórico-folclórica "Viva la Befana", organizada este año por el Ayuntamiento de Foligno sobre los temas de la paz, la solidaridad y la fraternidad entre los pueblos. Doy las gracias al alcalde y al obispo de Foligno, a las demás autoridades, asociaciones, escuelas, bandas de música y a todos los que dan vida a la histórica “Justa de la Quintana”. Y extiendo también mi saludo al "Cortejo de los Reyes Magos" que hoy tiene lugar en muchas ciudades y pueblos de Polonia.

Saludo a los confirmandos de Romano di Lombardia, de la Asociación de Solidaridad entre las Familias de Podenzano (diócesis de Piacenza), y a los amigos y voluntarios de la "Fraterna Domus". Y saludo a los chicos de la Inmaculada.

Os deseo a todos una feliz fiesta. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.

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El Arzobispo Castrense de España, Monseñor Don Juan Antonio Aznárez, presidió el domingo 8 de enero, la misa conmemorativa de la 56 jornada de la Paz en la Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas.

La Eucaristía fue concelebrada por el Vicario general del Arzobispado, Don Carlos Jesús Montes y por los Vicarios Episcopales del Ministerio de Defensa, Ejército de Tierra, de la Armada, del Ejército del Aire, de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía junto al Secretario General, y el Rector del Seminario, que contaron además con la colaboración de los seminaristas del Arzobispado castrense.

1ª lectura: Convenía perfeccionar mediante el sufrimiento al jefe que iba a guiarlos
a la salvación.

Lectura de la carta a los Hebreos 2, 5-12

Dios no sometió a los ángeles el mundo venidero, del que estamos hablando; de ello dan fe estas palabras:

«¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el ser humano, para que mires por él? Lo hiciste
poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, todo lo sometiste bajo sus pies». En efecto,
al someterle todo, nada dejó fuera de su dominio. Pero ahora no vemos todavía que le esté sometido todo.

Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y
honor por su pasión y muerte. Pues, por la gracia de Dios, gusto la muerte por todos.

Convenía que aquel, para quien y por quien existe todo, llevará muchos hijos a la gloria perfeccionando
mediante el sufrimiento al jefe que iba a guiarlos a la salvación.

El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos
hermanos, cuando dice:

«Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré».

Salmo: Sal 8, 2a y 5. 6-7. 8-9

R. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos.

¡Señor, Dios nuestro,
qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para mirar por él? R.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos.
Todo lo sometiste bajo sus pies. R.

Rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar. R.

Aleluya Cf. 1 Tes 2, 13
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Acoged la palabra de Dios, no como palabra humana,
sino, cual es en verdad, como palabra de Dios. R.

 

Evangelio: Les enseñaba con autoridad.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 21b-28

En la ciudad de Cafarnaún, el sábado entró Jesús en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de
su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas. Había precisamente en su
sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar:

«¿Qué tenemos que ver nosotros, contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé
quién eres: el Santo de Dios». Jesús lo increpó:

«Cállate y sal de él».

El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaron
estupefactos:

«¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos
y lo obedecen». Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Solidaridad en la Guardia Civil

Como preparación para las fiestas navideñas, todo el mes de diciembre, coordinado por Cáritas Parroquial Guardia Civil-Vicaría Episcopal, ha tenido lugar la recogida y posterior entrega de alimentos a distintas organizaciones civiles y eclesiales. Las unidades implicadas han sido la Dirección General, la Agrupación de Tráfico, la Academia de Oficiales de Aranjuez, la Academia de Guardias de Baeza, la Comandancia de Guipúzcoa y la Comandancia de la Coruña junto al Sector de Tráfico de Galicia. Significar que el Colegio de Guardias Jóvenes (Valdemoro) realiza su campaña solidaria durante el mes de febrero.

1ª lectura: Dios nos ha hablado por el Hijo.

Comienzo de la carta a los Hebreos 1, 1-6

En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas.
En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del
cual ha realizado los siglos.

Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo
realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto
más encumbrado sobre los ángeles cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel
dijo jamás:

«Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy»; y en otro lugar:

«Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo?» Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito,
dice:

«Adórenlo todos los ángeles de Dios».

Salmo: Sal 96, 1 y 2b. 6 y 7c. 9

R. Adorad a Dios, todos sus ángeles.

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Justicia y derecho sostienen su trono. R.

Los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.
Adoradlo todos sus ángeles. R.

Porque tú eres, Señor,
Altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R.

Aleluya Mc 1, 15
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Está cerca el reino de Dios - dice el Señor -;
Convertíos y creed en el Evangelio. R.

 

Evangelio: Convertíos y creed en el Evangelio.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 14-20

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:

«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».

Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón. echando las redes en
el mar, pues eran pescadores.

Jesús les dijo:

«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca
repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros
y se marcharon en pos de él.

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